I.- “Con base en una rigurosa investigación periodística –escribe Lydia Cacho Ribeiro, en la Introducción de su trabajo: Los demonios del Edén. El poder que protege a la pornografía infantil–, se expone una historia [...] de pornografía infantil y abuso sexual de menores [...] Toda la información está respaldada por documentos oficiales, declaraciones directas de las víctimas e incluso grabaciones de video y voz en poder de peritos expertos de las autoridades judiciales. El seguimiento y respaldo de investigaciones, de colegas, periodísticas están documentados”. Periodista, pues, Lydia Cacho, con este libro de información ante la opinión pública, mata dos pájaros de un tiro.
II.- Primero que nada, cumple con su deber de defensora de niños y mujeres víctimas de las miserias y perversiones que maltratan y abusan, en una subcultura machista, dañando física y psicológicamente –la mayoría de las veces en forma irreversible–, a seres humanos que caen en las manos sádicas y depravadas de quienes tienen el poder económico y la complicidad del poder político. Y, no pocas veces, el silencio sicario del poder religioso, donde se comenten abusos sexuales que permanecen en la impunidad, más no en la oscuridad, gracias al trabajo de reporteros y críticos que, en algunos medios, irrumpen como información y análisis de ese fenómeno de la canalla social que abusa de mujeres y niños.
III.- En más de 200 páginas la autora deja un desgarrador relato, tejido con hechos, verificados y veraces, que desnudan una cadena de pederastas empresarios, políticos, gobernantes, autoridades judiciales y hasta abogados que, en lugar de defender, encubren esa criminalidad de poderosos eslabones, hasta que una periodista, indignada ante ese panorama de impunidad y corrupción, se atrevió a exhibir los actos y conducta de esa alevosía de los poderes (religioso, político, económico y gubernamental) “que protege a la pornografía infantil”.
IV.- No se puede (o al menos es el caso de este reseñador bibliográfico) leer el libro de un jalón. Sus páginas, sin metáfora, parten el corazón y provocan un profundo desgarramiento de los buenos sentimientos, ante la impotencia por no haber podido impedir los hechos, desgraciadamente consumados, que Lydia Cacho, al escribirlos, analizarlos y opinar, habrá quedado severamente dolida, ya que para defender a estas víctimas, su voluntad, su pensamiento y sus sentimientos debieron sufrir, pero no al grado de sobreponerse y haber escrito este valiente, fundamentado y oportuno documento que ha estremecido, no sólo a la opinión pública mexicana, sino que también cimbró a la internacional.
V.- Con un índice onomástico, que causa espanto al saber cuantos políticos, empresarios y gobernantes –el desgobernador de Puebla: Mario Marín Torres, quien no debe escapar de la picota de los juicios político y penal– están, directa o indirectamente, implicados. Esto quiere decir que no solamente el narcotráfico ha penetrado las estructuras político-administrativas federal y estatales junto con lo mutuos favores por el lavado del dinero, sino que hasta la desgraciada perversión sexual tiene ya su nicho dentro de los poderes Legislativo, Judicial y Ejecutivo del Estado.
VI.- Estamos en manos de la degeneración amparada en la impunidad total y, aunque parezca imposible: la impunidad absoluta. A diferencia de la Dinamarca de Shakespeare, donde “algo está podrido”, en nuestro país, todo está podrido en la cúpula de los poderes públicos y privados. No es posible que la Suprema Corte –mayoritariamente en manos de persignados maristas– esté apenas, no pensando, creyendo que debe investigar lo que Lydia Cacho, víctima de la complicidad política-judicial-empresarial, ha informado en su libro y a raíz de la persecución, encarcelamiento y amenaza de hacerle pagar su atrevimiento de informar sobre los pederastas y sus socios en esas perversiones, encubrimientos del poder en sus negocios para mutuos beneficios y favores judiciales.
VII.- Los demonios del Edén. El poder que protege a la pornografía infantil, en su segunda edición, nos ofrece un prefacio de la autora, en donde cuenta el vía crucis al que fue sometida desde mediados de diciembre del año pasado hasta finales de enero de 2006 cuando arreciaron las embestidas del “gober precioso” y los ataques de la Procuradora y la Jueza poblanas para cumplir la venganza del tipejo Kamel Nacif Borge, el multimillonario libanés naturalizado mexicano (por la red de la colonia libanesa que, hasta la fecha ha guardado silencio, en lugar de expulsarlo de su seno y dejarlo a la buena de la denuncia presentada por Lydia Cacho), tanto contra como en contra del desgobernador Mario Marín.
VIII.- En las grabaciones difundidas el más libanés que mexicano Nacif claramente le pide a su amigo-cómplice Marín que descargue toda la furia del abuso de poder contra la periodista, defensora de mujeres y niños objeto de maltrato y violaciones sexuales y autora del libro (detonador que provocó el escándalo político y abortó la alarma para su defensa gremial). “El gobernador de Puebla dijo que ya se ha explicado hasta el cansancio el tema de Lydia Cacho, y que para él es un asunto cerrado... dijo que para él, la escritora Lydia Cacho es una delincuente, y si no, que lo demuestre, y a la persona que comete un delito se le llama delincuente, para mí es un delincuente o una delincuente que cometió un delito”.
IX.- Las declaraciones de marras muestran a un desgobernador (para acabarla de rematar: priísta, cuando el PRI, en vísperas electorales, necesita gobernantes ejemplares), que no tiene ni idea de la separación de poderes y de que nadie es culpable hasta que se pruebe lo contrario, por lo que se es un delincuente hasta recibir resolución judicial de la última instancia. En Puebla como en Chihuahua, de Marín Torres a Reyes Baeza, se trata de continuar la campaña foxista contra la prensa y los periodistas, pero ya por la vía de las imputaciones penales. No obstante que, como bien dice Lydia Cacho, “la calumnia y la difamación son delitos de opinión” (que los jueces califican con sanciones penales), cuando deben juzgarse con penas del derecho civil.
X.- Son 31 los capítulos del libro, un epílogo, el prefacio y un índice onomástico. Insisto no se puede leer de un tirón, porque lo que nos cuenta del abuso sexual de niñas y niños, como la demás prostitución, venta de pornografía y todo eso mezclado con negocios textiles, complicidades con el poder político de los ejecutivos (Nacif resultó amigo de Fox) y de los poderes judiciales (incluyendo al ministerio público, que sigue manejando a su antojo cada “gober precioso”), hacen de ese cuadro demoníaco una muy seria descomposición institucional del Estado al que, también, ha penetrado la narcopolítica. Pero el libro debe ser leído, para saber hasta dónde, como reza el subtítulo del libro: El poder que protege a la pornografía infantil se ha corrompido absolutamente.
Ficha bibliográfica:
Autora: Lydia Cacho
Título: Los demonios del Edén
Editorial: Grijalbo.-2006.
cepedaneri@prodigy.net.mx
Publicado: Mayo 1a quincena de 2006 | Año 4 | No.55
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