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Marcos: Zedillo un baboso y Fox un imbécil

Zósimo Camacho/David CIlia, fotos / enviados
En el centro del país, los despojados acuden al paso del convoy que encabeza el Subcomandante Marcos para denunciar la pérdida de
ejidos, cooperativas, fábricas y lagunas. Invariablemente su lucha es contra empresas trasnacionales que desarrollan proyectos inmobiliarios, comerciales o turísticos

 

 


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Tepeji del Río, Hidalgo. El Subcomandante Marcos se reúne en un modesto taller con 30 adherentes a La Sexta Declaración de la Selva Lacandona. No es necesario utilizar micrófono. Ni siquiera levantar la voz. Apenas dos bombillas disipan las penumbras cuando la noche amaciza. De las bancas, improvisadas con vigas carcomidas, se levantan quienes exponen sus problemas y quieren discutir la organización de la rebelión pacífica en Hidalgo.

El Delegado Zero viene de una ceremonia fastuosa en el balneario El Tephé, en Ixmiquilpan. Ahí tendría lugar la reunión, pero finalmente se desarrolla en esta cabecera municipal. El encapuchado dejó el centro turístico donde le habían reservado salones alfombrados, restaurantes y albercas y canchas para él y todo el convoy de La Otra Campaña.

Cientos de personas lo ovacionaron durante la realización de los honores a la bandera en la que niños otomíes cantaron el himno nacional en su lengua, y la banda de guerra de adolescentes hizo sonar el toque de bandera. Marcos no habló. Concluido el acto, se retiró presurosamente.

“Cumplimos con una regla mínima de cortesía, para saludar a la gente que se había reunido. Pero de una vez les decimos que La Otra Campaña es otra campaña. No nos impresionan con acarreos de gentes y vehículos. Eso lo hacen los partidos políticos. Nosotros queremos hablar con los compañeros y escucharlos. Llegará el tiempo de las grandes movilizaciones, pero la gente que esté aquí va a estar por convicción propia y sin engaños”, diría más tarde.

Y es que algunos dirigentes de Ixmiquilpan le habían ocultado su decidida militancia perredista y pretendían usar su visita para apuntalar sus campañas electorales.

Rechazo al aeropuerto

 

Zapotlán aún huele a pueblo. En el ambiente se mezclan los aromas del zacate y el rastrojo de algunas milpas, y de borregos y vacas que rumian en los corrales de las casas. Por las calles solitarias se levantan pequeños remolinos que se disuelven al paso de algún jinete silencioso. Hombre y caballo se pierden en la siguiente esquina y poco a poco se apaga el sonido del golpe de los cascos contra el pavimento.

“El pueblo está muy lastimado. La gente camina con la cabeza inclinada. No sabe cómo remediar lo que ya es un hecho: ya no tienen tierra”, lamenta ante el Subcomandante Marcos una  mujer de  40 años.

Los campesinos explican que las autoridades presionaron a los ejidatarios para que vendieran las tierras. Primero los empobrecieron al pagarles muy poco por su trabajo y no otorgarles ninguna ayuda a través de los programas asistenciales. Luego cambiaron el uso de suelo para “hacerlos libres” de vender. Finalmente les pagaron por sus tierras entre 15 y 50 pesos por metro cuadrado.

Ahora, en poder del gobierno del estado, esas mismas tierras alcanzan hasta los 900 pesos por metro cuadrado. En ellas las autoridades federales y estatales planean construir el aeropuerto del valle de Tizayuca. Las 3 mil 500 hectáreas de Zapotlán y pueblos circunvecinos permitirán construir una terminal aérea y un parque industrial.

De acuerdo con información del gobierno del estado, además del aeropuerto se construirán “empresas manufactureras, industrias de alta tecnología, vivienda, nodo de servicios metropolitanos, recinto ferial y de convenciones, complejo hospitalario de especialidades y un parque de diversiones”.

“Por lo que se ve, el aeropuerto es un puñal que tienen clavado en el pecho”, les dice el Delegado Zero después de escucharlos. Entonces una mujer, queriendo adivinar la respuesta, le pregunta: “¿Y crees que la tierra se puede recuperar?” Ella y los demás asistentes esperan la respuesta de Marcos con los ojos muy abiertos.

—Sí se puede… Y se tiene que recuperar porque la tierra es de quien la trabaja.

Aplauden. Sonríen y festejan las palabras del Subcomandante como si ya fuera un hecho la recuperación de sus montes. El Delegado Zero les dice que ya no están solos, que no se “achicopalen”. Pero les advierte que es necesario que se organicen y busquen alianzas con los demás afectados por el proyecto aeroportuario.

En la reunión de adherentes a la Sexta, en Tulancingo, el auditorio, conmovido, aguarda a que el indígena nahua, representante de la comunidad de Axiostlán, controle el llanto. Pero el campesino no lo logra. Desesperado, explica que son perseguidos por recoger leña y yerbas comestibles del monte que siempre les ha pertenecido. Hay quienes han sido encarcelados, llevados a juicio y sentenciados a ocho años de prisión.

En cambio, lamenta, quienes con tráileres bajan madera y ni siquiera son de la comunidad no son molestados por las autoridades. El pueblo ya sabe que les han quitado la tierra y que el monte ya no es suyo.

“No podemos dejar nuestro monte. Venimos aquí con ustedes porque ya no tenemos otra esperanza”, dice entre sollozos. Agrega que son vistos como un estorbo y que cuando bajan a la ciudad a vender sus productos son desalojados y despojados de su mercancía. “Nos dejan sin dinero y ni podemos regresarnos”.

Más tarde, cuando Marcos toma la palabra, le dice a sus interlocutores: “Compañeros de Hidalgo, les presento a sus compañeros indígenas de su estado”. Tranquilamente les reprocha que los indígenas pasen inadvertidos para muchas organizaciones “revolucionarias” o “indigenistas” de Tulancingo. Agrega que de lo que se trata La Otra Campaña es que los de abajo se conozcan entre ellos.

 

Acoso policial

 

El mitin realizado en la Plaza La Floresta de este municipio gobernado por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) es vigilado por decenas de policías amenazantes. Los uniformados rodean a los 300 asistentes. Algunos portan AK 47 en ristre y otros llevan perros de ataque. Un día antes, en Ciudad Sahagún, las autoridades estatales también habían desplegado a varios uniformados en el acto de recepción de La Otra Campaña en Hidalgo.

Ahí Marcos dice que no es casualidad que en el Pacto de Chapultepec, impulsado por el empresario más acaudalado de Latinoamérica, Carlos Slim, el primer punto sea la seguridad pública. “Por lo que se ve, el miedo empieza a pasarse de ese lado, del de los poderosos. Ellos ya tienen miedo. Y cuando hablan de seguridad pública no están pensando en combatir a las bandas de secuestradores y violadores, sino en evitar que el pueblo se rebele, se levante”.

 

Zedillo un baboso y Fox un imbécil

 

La última parada del Subcomandante Marcos en el estado es frente a la presidencia municipal de Calpulalpan. Rogelio Gómez, campesino de 50 años, toma el micrófono. Usa pasamontañas. Nervioso, dice: “todos nosotros somos el Delegado Zero. Sí: los feos, los chaparros, los morenos, los pobres, los humillados. Pero a partir de ahora seremos los jefes”.

En el día de la bandera, Marcos fustiga a los políticos que rinden honores al lábaro patrio, pero que no son dignos representantes del pueblo mexicano. “Zedillo era un baboso y Fox un imbécil. Cómo será el que viene. No es posible que ellos sean los que la enarbolen. Nos han expulsado de ella; pero ha llegado el momento de rescatarla y poner nuestros nombres ahí”.

Marcos cabalga más de cinco kilómetros por la carretera que va de Acuitlapilco a San Sebastián. Viene de visitar la antigua laguna que ahora luce seca, sin rastros a primera vista de que alguna vez ahí desembocaran varios ríos. Los pobladores relatan el proceso de desecación del lugar en el que aún hace 15 años pescaban.

Primero se construyeron puentes, carreteras y unidades habitacionales alrededor de la laguna y, en consecuencia, todas contaminaron y secaron los ríos. El nivel de las aguas descendió sin que las autoridades se preocuparan por ello. Entonces no sabían que los gobiernos federal y estatal tenían un proyecto de urbanización para las más de 500 hectáreas con que contaba la laguna que alguna vez tuvo 200 metros de profundidad.

Por la mañana Marcos había visitado San Pedro Tlalcuapan, municipio de Santa Ana Chiauhtempan. Si los de Acuitlapilco perdieron su antiguo lugar de trabajo, la laguna, los pueblos de las faldas de La Malinche le dicen que están “a punto de perder a nuestra Malitzin”. La comunidad nahua los recibe con la representación de un ritual de casamiento. Jóvenes y viejos participan de las danzas y diálogos de Xochipitzáhuatl.

Denuncian la privatización de sus montes y aguas. Lamentan que mientras a ellos se les encarcela por recoger leña, las grandes trasnacionales como Pepsi Cola extraen agua y desecan los mantos acuíferos.

Marcos les habla como a la mayoría de los indígenas de todo el país: con parábolas. Les cuenta la historia de las personas del color de la tierra y de las arrugas que son señales que la propia madre tierra va dejando en ellas. Los viejos son los sabios a los que debe escucharse. También les asegura que la rebelión de La Otra Campaña no es a largo plazo, sino que las presentes generaciones verán su triunfo.

“El movimiento que ya se ha iniciado es como un río subterráneo. Sólo se da cuenta de él el que lo sabe escuchar. Pero va corriendo y, como el manantial, va a brotar.”

 

Sexoservidoras zapatistas

 

En la búsqueda de los desposeídos y rechazados, el Delegado Zero llega al local de las trabajadoras sexuales de Apizaco. En un pequeño cuarto de paredes de tabique sin aplanado, con una cortina que cubre el retrete y una mesa en el rincón como cocina, se escucha “la palabra rebelde” de las trabajadoras sexuales.

Denuncian que son extorsionadas por las autoridades municipales. Que les piden que trabajen en maquiladoras donde se paga a 10 centavos la prenda y, con mucho esfuerzo, lograrían apenas 15 pesos en un día.

“Nos desprecian y humillan. Pero nuestros hijos no trabajan ni trabajarán. Decidimos ser trabajadoras sexuales por amor a ellos, para que vayan a la escuela y no anden peligrando en las calles. Algunas mantenemos a nuestros padres viejos. No tuvimos de otra. Quisiéramos que en nuestro país la riqueza fuera repartida de manera más equitativa y que en el futuro ya no sea necesario que haya sexoservidoras.”

Marcos les dice que no están solas. Que cualquier acción de los gobiernos municipal o estatal en contra de ellas es en contra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Que  no son prostitutas, sino trabajadoras. “Prostitutas son quienes allá arriba venden su dignidad. Prostitutas, las que están con sus maridos por dinero, viajes, casas y carros aunque las traten mal y sepan que les ponen el cuerno”.

Les explica que quien las hizo sexoservidoras fue el sistema capitalista y el que las acosa  y reprime también.

“Benditos sean”

 

Por primera vez el Subcomandante Marcos aplaude. Decenas de canciones, obras de teatro y danzas no lo habían conmovido tanto hasta que llegó a la comunidad de Toluca de Guadalupe, municipio de Terrenate.

Niñas y ancianas participan en una obra de teatro que cuenta la historia de la mujer tlaxcalteca menospreciada y explotada, la que sostiene las luchas que en la historia oficial sólo ganan y pierden los hombres. Inicia en la época prehispánica con las leyendas de los volcanes y La Malinche ante la llegada de los españoles. Termina con la incorporación a La Otra Campaña de las adolescentes de la comunidad.

Al final, las palabras de la comandanta Ramona, incorporadas a la obra, hacen derramar lágrimas a algunos asistentes. Marcos, conmovido, aplaude y contiene el llanto.

“Después de esta reunión, afuera me preguntarán: ‘Qué te dieron los rebeldes'. Mucho, les contestaré. Me abrieron los ojos y me enseñaron a luchar. Benditos sean”, despide a la caravana un campesino de 80 años.

 

No al Tercer Diálogo Nacional

 

En la ciudad de Tlaxcala el Subcomandante Marcos se reúne con maestros de la sección 33 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, agrupados en el Movimiento de Bases Magisteriales de la CNTE. El Delegado Zero rechaza la alianza con el Tercer Diálogo Nacional. Aunque los profesores lo invitan a “la unidad” y a sumarse al Programa Mínimo No Negociable que enarbola ese movimiento, el Subcomandante Marcos les dice que “a eso no le vamos a entrar. Esa unidad no la queremos”.

Argumenta que ahí hay tres líderes charros: el del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social, Roberto Vega y Galina; el del Sindicato de Telefonistas, Francisco Hernández Juárez, y el del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, Agustín Rodríguez Fuentes.

Reconoce que en ese movimiento “hay organizaciones y personas honestas”, pero que los líderes están pensando en el proceso electoral y en el Proyecto Alternativo de Nación de López Obrador.

Apenas un día antes, el vocero del EZLN había propuesto una alianza a los integrantes de la Asamblea Nacional de Braceros. La mayoría de sus interlocutores superan los 70 años. Con voz pausada le contaron que el gobierno mexicano los despojó de más de 8 mil millones de pesos.

Los viejos exbraceros o sus viudas e hijos reclaman el dinero que se les retuvo. Trabajaron entre 1942 y 1966 en Estados Unidos y el 10 por ciento de su salario se fue a un fondo del que nunca tuvieron nada. Rechazan los 38 mil pesos por persona que les ha ofrecido el gobierno de Vicente Fox y el Congreso de la Unión. Denuncian que se les acosa para que acepten la “limosna”. Se deslindan del movimiento Braceroproa que agrupa a quienes sí han aceptado lo que les ofreció el gobierno federal.

“Sí” responden jubilosos y sin discutirlo cuando el Delegado Zero les propone que marchen junto con el EZLN como un solo contingente en la marcha del Primero de Mayo en la ciudad de México.

Marcos les dice que admira y respeta su lucha. Les encarga: “no se rindan, no se vendan, no se dejen engañar”. Y les dice que no lo hagan por sus hijos, sino “por sus muertos, por sus ancestros que lucharon y a los que les rendirán cuentas cuando se reúnan con ellos. Porque la herencia que les dejaron no es de terrenos o dineros, sino la del deber de luchar”.

 

Publicado: Marzo 2a quincena de 2006 | Año 4 | No.52



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