Así, pues, hasta sus enemigos históricos, herederos de los conservadores y reaccionarios “que al fin –dijo el mismo Juárez–, son mexicanos”, como los herederos de los cristeros (estos elevados a los altares por la política religiosa del Vaticano), han tenido que invocar al indio zapoteco, el Gran Estratega Republicano (1); porque, como el arte artesanal del México antiguo, son lo que constantemente, desde entonces a la fecha, presumen los gobiernos de izquierda, de centro y de derecha, no obstante que, sobre todo del centro a la derecha, desprecian y hasta combaten... en primerísimo lugar a Juárez. Éste cuya obra política, con el pueblo y la generación de la Reforma, de la República y de la Constitución de 1857, pusieron los fundamentos del Estado laico y encaminaron a la nación hacia la democracia, entonces elemental. Y ahora todavía tarea de los mexicanos para completarla por la vía de volver a ensayar otra alternancia, que nos conduzca a la transición “para resolver con más democracia los problemas de la democracia” (2).
Como escribió en memorables versos el más grandioso poeta, universalmente latinoamericano: “Juárez: Para nosotros eres pan y piedra, horno y producto de la estirpe oscura./Tu rostro fue nacido en nuestro barro./Tu majestad es mi región nevada/Tus ojos la enterrada alfarería.../Tú eres el muro hecho de nuestra sangre,/Tu rectitud impenetrable,/Sale de nuestra dura geología”. (3). Por esa concepción del sentimiento, en su creación estética nerudiana, es que Juárez también se mantiene presente “mientras palpite un corazón” y continúa siendo teoría y práctica republicanas “mientras... trabaje un cerebro” (4). De aquí, a su vez, su actualidad y más cuando los neocristeros buscan privilegiar una iglesia, antes que mantener la conquista del liberalismo político; el de la tolerancia religiosa para seguir consolidando la pluralidad de las creencias dentro de sus hogares y sus templos, antes que provocaciones callejeras que intentan, en vano, pisotear victorias constitucionales irreversibles.
La actual ultraderecha sexenal, que se acerca dramáticamente a su fugaz reinado, por su necedad de haber querido implantar la contrarrevolución antilaica, con su silencio frente al Bicentenario (y la risible expulsión de Los Pinos, del retrato del Benemérito, para arrumbarlo en Gobernación y, finalmente, devuelto al museo juarista de Palacio Nacional), solamente ha enseñado los dientes de los neorreaccionarios que no pudieron superar sus prejuicios antihistóricos. Y queriendo tapar con un dedo el sol que es Juárez, hoy más que nunca todavía en el cenit de su gloria como el estadista mexicano de talla universal.
Faro de la nación mexicana, el discurso de Juárez, de mediados de 1867, al triunfo de la República Restaurada y como continuidad de la Revolución de Independencia, con el pueblo de Hidalgo y Morelos; de la Revolución de la primera República Federal (5) y, consecuencia, de la República Restaurada, de la gloriosa Revolución de Ayutla y réplica contra el Estado unitario-centralista (6), resulta no solamente una pieza meramente histórica, sino que permanece como “un acerado texto político”, digno de las páginas del Tucídides de los pactos políticos (7). Esto por buscar y lograr instaurar la paz social en la pluralidad ideológica, la cultura laica y un Estado democrático, republicano y constitucional, cuyo eje es, contra “la verdad revelada, absoluta y definitiva... la libre búsqueda de las verdades relativas, a través del examen critico y la discusión (y) la del Estado laico, que indica lo contrario del Estado confesional... La noción de Estado laico se refiere a las corrientes políticas que sostienen la autonomía de las instituciones públicas y de la sociedad civil respecto al magisterio eclesiástico y (contra) las injerencias de las organizaciones confesionales; postula el régimen de separación jurídica entre Estado e iglesia(s) y la garantía de la libertad de los ciudadanos en relación con ambos poderes” (8).
El discurso de Juárez sintetiza esas conquistas a la luz de los liberalismos europeos, ingleses y estadounidenses. Más las lecturas del Juárez de 1821-1860, cuando ya circulaba en la capital del país, en edición de 1855 de la imprenta de Ignacio Cumplido, la mágnum opus de Tocquevielle, y otras obras y textos periodísticos de la ilustración (9), donde se educaron y formaron los de la generación de Juan Álvarez a Benito Juárez. Pieza política y piedra angular del republicanismo y la democracia liberal y no solamente por su justamente bien celebrada contribución de corte kantiana (10) de: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, como todo el discurso. Éste es un parteaguas entre el Estado del virreinato prelaico y el Estado laico, que nos ha permitido vivir y sobrevivir en la “insociable sociabilidad del género humano”.
Bicentenario del nacimiento de Juárez (1806-2006), que por esas “astucias de la Historia, en las que siempre hay... un elemento de sorpresa” (11), se le ocurrió irrumpir en el momento cuando la ultraderecha neofascista y antilaica, supuso que ponía las condiciones para un regreso al pasado. “Las ilusiones sobre el pasado abundan todavía más de la cuenta” (12), porque carecen de perspectiva histórica para “salir de las trabas del pasado” (13). Las embestidas de esa ultraderecha confesional, no cabe duda, intentaron hacer del “cambio” (y la metáfora de la caja de velocidades) para meter reversa y arrasar “el terreno ganado por una generación (y) regresar al Estado antilaico, a la sociedad antilaica y el gobierno antilaico, “por cauces que conducen al desastre y a la barbarie” (14).
Por eso en mala hora para el foxismo-abascalista se celebra, nacional y universalmente, el Bicentenario del natalicio de Juárez. Y cuando su neofascismo y desesperada lucha contra el Estado y la cultura laicas ya tocó fondo, en las agitadas aguas electorales donde se plantea, no la difícil conservación del poder presidencial, sino que será imposible, dado que la nación, mayoritariamente laica, habrá de cerrarles el paso después de que les dio la oportunidad histórica. Estos por andar queriendo gobernar con padresnuestros (15), dejaron pasar de largo esa crisis. No así Juárez (1858-1872), que en grandes crisis transforma la Presidencia de la República, apoyada en la Constitución de 1857, en la palanca para movilizar a los mexicanos a la conquista de una democracia que todavía es tarea. A una democracia laica, en un Estado laico, con una República laica y un gobierno laico. Laicidad contra el neofascismo foxista. Es decir, que la alternativa es: Estado laico o Estado confesional. Y también, contra la República o con ella.
Así que ante eso, no hay más que una divisa: volvamos a Juárez, ante la alternativa desafiante de sus nuevos enemigos que han iniciado el desmantelamiento del Estado laico. La alternativa es: con la Constitución o contra ella.
Citas bibliográficas:
1.- Álvaro Cepeda Neri: Ensayo Juárez: El Estratega Republicano, edición Contralínea.-2006.
2.- Al Smith: Estados Unidos. Una civilización. Editorial Labor.-1974
3.- Pablo Neruda: Canto General. Editorial Losada.-1955.
4.- Pablo Natorp: Kant y la Escuela de Marburgo. UNAM.-1956.
5.- Michael P. Costeloe: La primera república federal de México (1824-1835) F.C.E. 1996.
6.- Michael P. Costeloe: La República central en México (1835-1846) F.C.E.-2000.
7.- Tucídides: Historia de la Guerra del Peloponeso. Editorial Gredos.-1990.
8.- Noberto Bobbio y Nicola Matteucci: Diccionario de Política. Siglo Veintiuno editores.-1982.
9.- Humberto Musacchio: Historia gráfica del periodismo mexicano. Gráfica, Creatividad y Diseño, S.A.-2003.
10.- Immanuel Kant: La paz perpetua. Editorial Tecnos.-1985. Editorial Tecnos.-1996.
Y varios autores: La paz y el ideal cosmopolita de la Ilustración: A propósito Del bicentenario de Hacia la paz perpetua de Kant.
11.- J. H. Plumb: La muerte del pasado. Barral editores.-1974.
12.- Ibídem.
13.- Ibídem.
14.- H. A. L. Fisher: Historia de Europa. Editorial Sudamericana.-1946.
15.- J. G. A. Pocok: El momento maquiavélico. El pensamiento político florentino y la tradición republicana atlántica. Editorial Tecnos.-2002.