1. La falta de respeto a la Constitución y al Estado laico por parte del presidente de la República y de su secretario de Gobernación, Carlos Abascal. No sólo por la réplica del funcionario encargado de la política interior al discurso del escritor Carlos Monsiváis que éste expresó durante la entrega de premios a Ciencias, Arte y Literatura, sino también porque el mandatario prefirió hacer una ceremonia anticipadora y pasajera por el octogésimo noveno aniversario de la promulgación de la Carta Magna, y el día 6 de febrero irse a la capilla de San Felipe de Jesús con la señora Marta.
2. La expulsión de una delegación cubana del hotel Sheraton, que mostró al secretario de Relaciones Exteriores en todo su esplendor. Luis Ernesto Derbez dijo que el asunto era un incidente “entre particulares”, siendo que una empresa privada ligada al capital yanqui simplemente ignoró y violó leyes mexicanas.
3. El atentado al periódico El Mañana, de Nuevo Laredo, Tamaulipas, donde el reportero Jaime Orozco Tey recibió cinco impactos de bala y se encuentra en estado grave. En este caso, la acción ocurre 10 días después de que la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) hubiera reunido a más de 40 informadores de diversos lugares y tomara la determinación de investigar colectivamente la desaparición de Alfredo Jiménez, de El Imparcial de Hermosillo.
Antes del encuentro, muchos señalaron como peligroso realizar la reunión de periodistas en dicha ciudad, pues en ese sitio habían asesinado a Roberto Mora, director editorial de El Mañana, y a la periodista radiofónica, Guadalupe García. Pero se creyó que una manera de enfrentar este tipo de presiones y amenazas era mostrar la solidaridad de los periodistas con todos aquéllos que sufren intimidaciones de grupos agresivos, especialmente el narcotráfico.
Luego del asalto perpetrado el 6 de febrero a las 19.50 horas, el subdirector, Roberto Cantú Deándar, sobrino de la propietaria de El Mañana, Ninfa Deándar, señaló apesadumbrado que no podía dar datos acerca de los agresores, ya que “no había garantías para los informadores” y desgraciadamente lo único que quedaba era “tragar camote” (noticiero Hoy por hoy de Carmen Aristegui). Es decir, se vive una impotencia mayúscula ante esas situaciones.
Lo anterior se había manifestado en un reportaje aparecido en la revista Proceso (número 1527), firmado por Alejandro Gutiérrez, en que un grupo serie de compañeros reiteran que investigar, incluso de cuestiones aparentemente nimias, lleva a que los intimiden, persigan, secuestren, golpeen y hasta los baleen, cuando no los liquidan como los casos mencionados y el de Francisco Arratia, que en Matamoros, Tamaulipas, fue encontrado con los dedos quebrados uno por uno y destrozados con ácido.
En lo que va de la administración foxista han sido asesinados 20 periodistas, y existen 50 demandas por difamación. Algo que muestra el estado de indefensión de los reporteros y cómo se ha deteriorado la libertad de información.
Por ello parece una burla las palabras del vocero presidencial Rubén Aguilar, quien dijo “este gobierno ha luchado por la libertad de expresión y en esta administración se han dado las garantías, como en ningún otro, para que el ejercicio periodístico se realice de manera amplia en el país” (El Universal, 7 de febrero).
La verdad es que la administración federal ha sido omisa, y no es sino hasta luego de la balacera en El Mañana cuando se decide a atraer la acción criminal. Pero tampoco realizaron su tarea los gobiernos estatales a cargo de Tomás Yarrington, en su momento -quien ahora participa en la campaña de Roberto Madrazo y desea una senaduría para el próximo sexenio- y el actual de Eugenio Hernández Flores.
Y es que ninguna autoridad ha metido en cintura a los mañosos. Más bien la corrupción de todas las fuerzas policíacas ha facilitado que Tamaulipas y otros lugares sean tierra de pistoleros. Tan grave es la situación, que luego del atentado contra Jaime Orozco hubo una disputa abierta entre la Policía Federal Preventiva (PFP) y la Agencia Federal de Investigaciones (AFI).
jamelendez@prodigy.net.mx
Publicado: Contralínea No. 51, marzo 1a quincena / 2006
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