Tututepec, Oaxaca.– Profundos surcos les atraviesan la cara; acaso tan nítidos como los que por décadas araron en las milpas de sus patrones. La mayoría ya no tiene dientes y su caminar es lento y tembloroso. Son los dueños legales y legítimos de casi 10 mil hectáreas solicitadas en 1946 que los hacendados nunca cedieron.
Después de 60 años de persecución, asesinatos y largas horas en juzgados, los casi octogenarios campesinos de Río Grande, perteneciente a este municipio, saben que los terratenientes sólo esperan la muerte de los últimos 46 viejos del total de 246 solicitantes de tierras.
Luego de décadas de litigio, en 1997 el Tribunal Superior Agrario emitió la sentencia en donde “dota” a los campesinos de 9 mil 339 hectáreas, cantidad inferior a las 35 mil publicadas en el Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Oaxaca el primero de junio de 1946.
Hoy como entonces los finqueros mantienen a raya a los labriegos con pistoleros a su servicio y dilaciones leguleyas. El tiempo está a su favor: la ley no reconoce como “derechosos” a los hijos de los solicitantes ni demás habitantes del pueblo. Una vez que hayan muerto todos los ancianos no habrá quien les dispute los terrenos.
En un local a medio construir y sobre una mesa apolillada y desvencijada, los campesinos presentan los documentos que los acreditan como dueños de las tierras que siempre trabajaron como peones. Con cuidado y lentitud casi ceremonial, los viejos despliegan sobre la mesa los papeles herrumbrosos que casi se les deshacen entre las manos.
Relatan con la misma intensidad los hechos de hace apenas unas semanas que los que ocurrieron hace 60 años. No han tenido representante que no haya ido, al menos, a la cárcel. Otros han sido secuestrados, torturados y asesinados, dicen, por los caciques de este pueblo, “donde la Revolución nunca pasó y donde la tierra nunca ha sido de quien la trabaja”.
Wenceslao Sánchez Mendoza, de 72 años de edad, presidente del Comité Ejecutivo Agrario y quien junto con sus contemporáneos Manuel Hernández Luna y Roberto Gopar son los “chavos de la lucha”, dice que no entienden por qué el gobierno se tarda tanto en ejecutar.
“Lo único que nos falta es que nos den posesión física de las tierras que ya declaró el Tribunal que son nuestras. El gobierno, junto con los finqueros, sólo quiere alargar más el conflicto. Espera a que nos muramos todos poco a poco, como de por sí lo hemos ido haciendo, para que ya no haya quien les dispute las tierras. La semana pasada velamos al número 200. Ya nada más quedamos 46 de los originales.”
La mayoría trabajó al interior de las fincas. Fueron jornaleros de las propias haciendas que ocupan sus terrenos. Se organizaron secretamente a principios de la década de 1940, temerosos de que los terratenientes los descubrieran y no sólo les negaran el trabajo, sino los desaparecieran. Noches después de haber solicitado formalmente ante el gobierno de Oaxaca la dotación de tierras, el pueblo fue atacado por pistoleros. Se inició entonces una serie de asesinatos que tan sólo el año pasado cobró la vida de cinco personas.
Los últimos dos crímenes en este añejo conflicto ocurrieron el 17 de abril de 2005, cuando los campesinos intentaron hacer valer la sentencia del Tribunal Agrario y trataron de ocupar las tierras en disputa. Los hermanos Pablo y Luis Carmona Canseco, de 33 y 26 años de edad, respectivamente, integrantes del Frente Popular Revolucionario, fueron abatidos a tiros antes de bajarse de la camioneta que los transportaba. Ninguno de los 300 campesinos que los acompañaba portaba arma alguna.
El terror causado entre los labriegos incluso permitió a los pistoleros trasladar los cuerpos a una choza de palma para tratar de aparentar una invasión.
Corredor turístico
Río Grande es un pueblo de calles polvorientas, sin pavimentar, en el que empiezan a aparecer los hoteles y restaurantes a la orilla de la carretera costera. Nuevos compradores acechan las tierras, las cuales, de acuerdo con el “Programa Especial de Apoyo al Desarrollo”, serán parte del “corredor turístico” que impulsan los gobiernos federal y estatal como parte del Plan Puebla Panamá.
Y es que las tierras de selva subhúmeda reclamadas por el Comité Particular Ejecutivo Agrario, que representa a los lugareños, cuentan con playas, lagunas y una biodiversidad que incluye iguanas, venados, culebras y aves. De acuerdo en el programa elaborado por el gobierno del estado, en un lapso de 20 años se construirán 13 mil cuartos de hotel en 107 kilómetros de litoral de Huatulco a Chacahua.
Las inversiones privadas proyectadas son de más de 10 mil millones de pesos. El gobierno federal ha anunciado que será una empresa española la encargada de “comercializar” y “vender un nuevo tipo de turismo” en la costa oaxaqueña.
Los caciques
Las tierras de los campesinos están ocupadas, principalmente, por las fincas El Encanto, La Polar, La Aurora y La Concha. De acuerdo con los estudios topográficos ordenados por el Tribunal Superior Agrario en 1994, que se realizaron sin la colaboración de los finqueros, las tres primeras haciendas poseen más de 700 hectáreas cada una. La última detenta más de 200. Sin embargo, los campesinos señalan que cada propiedad supera las mil hectáreas, pero que “están repartidas” entre prestanombres y trabajadores como supuestos dueños.
El Encanto es propiedad de Israel Nogueda Otero, quien fuera gobernador de Guerrero de 1971 a 1975 y que se separó del cargo después de haber sido acusado de fraude contra campesinos de su propio estado; la Aurora, de Israel Soberanes Otero; la Polar, de los hermanos Gutiérrez Aja y, la Concha, de Santiago Navarrete. A instancias de ellos se creó la Colonia Federal Agrícola y Ganadera Río Grande, la cual es la que mantiene supuestamente la disputa por las tierras con los campesinos del pueblo.
La colonia fue creación del antiguo latifundista Antonio del Valle y sus peones y compradores. Poseedor de más de 36 mil hectáreas y ante el inminente reparto agrario a principios de la década de 1940, la “Casa Valle” fundó “voluntariosamente” una colonia agrícola con sus propios trabajadores, quienes se convirtieron en prestanombres. Finalmente el cacique vendería ilegalmente, según concluye la sentencia emitida por el Tribunal Superior Agrario, todos sus terrenos a los finqueros que desde entonces mantienen la posesión de cerca de 12 mil hectáreas.
Los hacendados tuvieron el cuidado de proporcionar a sus peones y a algunos del pueblo de 1 a 20 hectáreas para justificar la creación de la Colonia Agrícola; así, se jactan de que su organización está integrada por más de 200 “colonos”. Los campesinos solicitantes del ejido aseguran que todos reciben órdenes de los finqueros y que la palabra de los 200 supuestos pequeños propietarios “nada vale frente a la de los cuatro finqueros. Ahí avientan a que den la cara unos cuantos que son del pueblo, pero ellos no deciden”.
Cuando se solicita hablar con el presidente de la Colonia en sus oficinas, los “colonos” prefieren que quien hable sea “un asesor” de la confianza de los hacendados. El tesorero de la Colonia, Félix Manuel Hernández León, sin ambages, dice: “a mí ni me pregunten; aquí me pusieron y yo ni quería, pues no sé nada. Además no sé leer”.
El “asesor” Bulfrano Cruz Chávez, quien ha sido integrante de anteriores comités directivos de la Colonia, reconoce que su organización está vendiendo las tierras que el Tribunal Agrario declaró que pertenecen a los campesinos.
Incluso dice que cualquier persona puede comprar sin importar su nacionalidad. “Han comprado un italiano, un alemán y un colombiano. Todos ellos son gente que da trabajo a la gente de aquí y hacen producir las tierras”.
¿Cuáles son sus nombres?
-El del colombiano es Helman (Pérez Ramírez). Bueno, no sé. Es que todo lo hacen a través de representantes.
Dice que los extranjeros “han comprado poco, como 50 o 100 hectáreas por persona”. Sin embargo, en el pueblo se comenta que disponen de más de 500 hectáreas cada uno y que son violentos y están armados. Pobladores que solicitan el anonimato denuncian que en la zona de playa comprada por “el colombiano” se reciben embarques de droga. Bulfrano Cruz rechaza la versión y dice que se trata de un ganadero que “trae trabajo para los habitantes del pueblo”.
Los campesinos observan, detrás de alambrados de púas, pastar a las decenas de toros y vacas en los terrenos que les pertenecen. Gabriel Cruz Ramírez ve sus huaraches y susurra: “No se crean, no nomás es la edad lo que ando cargando, sino la muina y la tristeza. Ya si nos dan las tierras a estas alturas de mi edad por lo menos los cuelgo contento”
Publicado: Contralínea No. 51, marzo 1a quincena / 2006
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