Guatemala. Clasificada por la Procuraduría General de la República (PGR) como una de las entidades con mayor presencia de narcotraficantes, en el estado de Chiapas cohabitan cinco de los siete cárteles que operan en el país y que lideran Joaquín Guzmán Loera, Vicente Carrillo Fuentes, los hermanos Arellano Félix, Osiel Cárdenas y Pedro Díaz Parada. Del otro lado, en Guatemala, sólo dos grupos mexicanos tienen presencia: “El Chapo” Guzmán, líder del cártel de Sinaloa, y Osiel Cárdenas, jefe del cártel del Golfo.
El punto fronterizo de Ciudad Cuahutémoc- La Mesilla, ubicado entre México y Guatemala, es quizá el principal corredor de droga, sobre todo cocaína y crack.
Los estupefacientes son trasladados vía terrestre a bordo de camiones de carga, escondidos entre mercancías de origen centroamericano, y parte de la droga se vende aquí en la frontera. La distribución al menudeo se hace lo mismo en improvisadas viviendas que en otras ubicadas a lo largo del accidentado camino que conduce hasta la capital.
Además de la venta de droga los asaltos son frecuentes, llevados a cabo por criminales armados con machetes, cuchillos, navajas o por las pandillas juveniles, conocidas como las maras, que hace tiempo cambiaron las chimbas (armas caseras hechas con tubos y clavos) por armas de alto poder y hasta granadas.
“En Guatemala las cosas se han complicado: asaltos, violaciones, asesinatos y venganzas son cosas de todos los días”, refiere una empleada de migración al cruzar la garita, quien afirma que por estas fechas, ante el enfado de los guatemaltecos, el presidente Berger puso un impuesto de dos dólares por cruce a sus connacionales que pasan todos los días a trabajar al “otro lado” mexicano, y que representa 10 por ciento de su salario diario en Chiapas.
La capital de Guatemala es considerada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) como la ciudad “más violenta de la región”. Actualmente la brutalidad, aseguran autoridades de Estados Unidos, es provocada por el narcotráfico. La DEA, por su parte, define a Guatemala como un “narcoestado”.
Los cárteles locales se fortalecen en Guatemala y los extranjeros, principalmente mexicanos como el de Sinaloa y el del Golfo, se disputan el territorio. El primer cártel que penetró en Guatemala, desde hace ya varios años, fue el de “El Chapo” Guzmán.
Guatemala es considerada por las autoridades antinarcóticos de Estados Unidos, lo mismo que por fiscales y procuradores de la región, como punto clave para el narcotráfico mundial y principal centro de distribución de cocaína y crack en la región que se envía hacia Estados Unidos.
Es también terreno en disputa entre los antagónicos cárteles de Sinaloa y del Golfo. En una lucha silenciosa Joaquín “El Chapo” Guzmán y Osiel Cárdenas Guillén pelean las alianzas y el dominio con los cárteles del país centroamericano.
La primera manifestación de que la añeja disputa entre ambos capos se ha llevado más allá de territorio mexicano, fue la emboscada ocurrida hace unos días a las afueras de la capital de Guatemala, por los hermanos José y Hermilio Javier Quezada García, originarios de Nayarit, presuntamente vinculados al Cártel de Sinaloa.
Datos de las indagatorias, indica una fuente interna de la Policía de Guatemala, indican que podría tratarse de una ejecución ordenada por “algún narcotraficante mexicano”. Así, todo apunta a que –con el supuesto reclutamiento de “kaibiles” guatemaltecos, como sicarios de Los Zetas por parte del cártel del Golfo– Osiel Cárdenas busca extender su influencia en Guatemala, territorio natural de Guzmán Loera desde hace varios años.
Las autoridades del país centroamericano consideran este caso como clave para establecer la nueva geografía del narcotráfico en territorio “chapín” y develar nuevas alianzas entre los ya tradicionales cárteles guatemaltecos con los mexicanos.
Desde 2003, durante los primeros meses de gobierno del presidente Óscar Berger, las autoridades antinarcóticos hablaban ya de la fuerza que tomaba el cártel de Sinaloa y sus alianzas con el narcotraficante guatemalteco Otto Herrera, quien al igual que su socio Guzmán Loera logró burlar a las autoridades mexicanas al fugarse del Reclusorio Sur apenas a unos días de que Estados Unidos solicitara su extradición por narcotráfico y lavado de dinero.
Hoy día las autoridades guatemaltecas no dudan en que Otto Herrera, lo mismo que el Chapo Guzmán, se encuentren escondidos en territorio de Guatemala; sin embargo, Daniel Guerrero, secretario de Análisis e Información Antinarcóticos (SAIA) de Guatemala, afirma que es uno de los asuntos prioritarios.
Respecto a la presencia del llamado cártel del Golfo, fue a finales de 2004 cuando las autoridades de Guatemala comprobaron la presencia de algunos de sus integrantes y, recientemente, la revelación de que el cártel del Golfo habría reclutado “exkaibiles” guatemaltecos para integrarlos a la plantilla de sicarios de Los Zetas.
Ya desde febrero de 2004, el ministro de Seguridad Pública de Honduras, Óscar Arturo Álvarez Guerrero, al finalizar la Cumbre Mundial de Fiscales en la ciudad de Antigua, Guatemala, declaró que había recibido información de “inteligencia” de reuniones periódicas entre narcotraficantes colombianos, guatemaltecos y mexicanos en el Petén (región selvática de Guatemala), en donde se definía y establecían las nuevas estrategias de movimiento de la droga en la región.
La Policía Nacional de Guatemala confirma que actualmente el Petén es el principal trasiego de la droga que los narcotraficantes trasladan vía aérea desde Cali y Medellín, Colombia, y de Perú y Ecuador, aprovechando las condiciones geográficas de este departamento.
Fue desde los primeros años de la administración de Vicente Fox en México cuando en Guatemala se comenzó a hablar de la presencia del cártel de Sinaloa en el corredor Petén-Chiapas, ubicado como la zona de aterrizaje de avionetas que trasladan la cocaína de Colombia.
Incluso varios mexicanos fueron detenidos el 12 de diciembre de 2004 en una residencia de la Zona 18 de la capital guatemalteca, por posesión de estupefacientes y acusados de pertenecer a dicha organización. A Pedro Martínez Cortez, Simón Corona, José Rafael Pérez Cruz, Mario Villa Herrera y Juan Antonio Trujillo Uribe, “sospechosos de pertenecer al cártel de Sinaloa”; se les decomisó tres kilos de cocaína y 395 mil dólares.
Narcoestado
Durante los últimos años, igual como ha sucedido en México, las oficinas antinarcóticos de Guatemala han estado marcadas por historias de corrupción de altos mandos. Creada hace tres años para sustituir al entonces Departamento de Operaciones Antinarcóticos (disuelto por el gobierno al descubrir el robo de 604 kilos de cocaína por parte de agentes antinarcóticos), en octubre de 2002 entró en funciones el Servicio de Análisis e Investigación Antinarcóticos (SAIA, ahora Secretaría).
En noviembre pasado autoridades de la DEA revelaron la complicidad del titular de la SAIA con narcotraficantes que operan en Guatemala, a quienes les brindaba protección para el trasiego de droga a México. Se trata de Adán Castillo López, un agente de la desaparecida Policía Nacional de Guatemala (hoy convertida en Policía Nacional Civil), quien ingresó a dicha organización en octubre de 1998.
Castillo llegó a la dirección del SAIA apenas en abril de 2005, gracias a la recomendación personal de la embajada de Estados Unidos para que fuera él quien se hiciera cargo de la SAIA.
En el momento en que arribaban a Virginia, Estados Unidos, en donde impartirían un curso de capacitación antidrogas, Castillo fue detenido junto con sus subalternos Jorge Aguilar García, jefe de Operaciones de la SAIA, y Rublillo Orlando Palacios, jefe de la subestación con sede en la zona Portuaria Santo Tomás de Castilla.
Luego de su detención, durante un cateo a la oficina de Castillo, se localizaron 23 mil dólares en un cajón de su escritorio y debajo de un lavabo 5 paquetes de cocaína y 14 de mariguana mezclada con efedrina.
Tras su detención, las autoridades de la Policía Nacional Civil confirmaron que sólo unas semanas después de que Castillo asumiera el cargo en la SAIA, la PNC inició una investigación interna en su contra, por la presunción de sus vínculos con el narcotráfico, desde que Castillo estuvo como comisario en los departamentos de Zacapa y Alta Verapaz.
Unos días antes de su arresto, Castillo López declaraba a medios locales sobre la presencia de “El Chapo” Guzmán en la zona del Petén y Alta Verapaz.
Un nuevo robo, ahora de 475 kilogramos de cocaína a la bodega de incautaciones, ocurrió apenas el 31 de diciembre de 2005, a unos días de que Castillo fuera detenido en Estados Unidos.
El involucrado jefe antinarcóticos de Guatemala tuvo efectos en 2004, cuando bajó considerablemente la incautación de drogas en el país hasta llegar a la mitad de decomisos que hicieron durante 2003. Según el Ministerio de Gobernación, de 9.1 toneladas de cocaína que se decomisaron en 2003, para el siguiente año sólo fueron confiscadas 4.5 toneladas.
El caso no está cerrado, además de las indagatorias judiciales contra Castillo y sus colaboradores –que se siguen en Estados Unidos– en la SAIA, todos los elementos que estuvieron al mando de Castillo son sometidos a una serie de pruebas, entre ellas el antidoping, poligráficas, además de entrevistas para indagar sobre su conducta y determinar si hubo o no vinculación con narcotraficantes, como lo hiciera el ex titular de la SAIA, Adán Castillo.
“Tenemos la esperanza de que algunos elementos de la administración que finalizó con la detención de Adán Castillo, todavía podamos rescatar a algunos que no sean malos”, confía el actual titular de la SAIA, Daniel Guerrero.
El jefe policiaco explica que la SAIA está en reestructuración. Entre los cambios se determinó elevar lo que antes era el Servicio de Análisis e Información Antinarcóticos a nivel de Secretaría de Estado, bajo la dirección de la Policía Nacional Civil.
Incluso, dice Daniel Guerrero, en la Secretaría se integrará a elementos de la PNC, aunque descarta que se integre a militares al servicio del Análisis e Información Antinarcóticos. Sin embargo, dice que se “fortalecerá más la relación con la DEA, sobre todo con la capacitación para el personal de la SAIA una vez que quede conformada la unidad”.
La embajada de Estados Unidos en Guatemala ya les “ofreció su ayuda” en materia de combate al narcotráfico, confirma Guerrero, quien agrega que sólo es pura “logística”.
Es precisamente desde Guatemala como Estados Unidos planea tomar el control de la lucha contra el narcotráfico en la región, con la creación del Centro Regional de Monitoreo Antinarcótico que involucra a todos los países de Centroamérica, México, Perú, Colombia, República Dominicana y el Caribe, y que comenzará a operar en unos meses.
En la entrevista con el titular de la SAIA, Daniel Guerrero declara que el narcotraficante mexicano con mayor presencia en Guatemala es el prófugo Joaquín Guzmán, gracias a la red de alianzas que tejió con Otto Herrera, su enlace con los narcotraficantes colombianos y líder del llamado cártel del Golfo (de Guatemala), además de que tiene alianzas con el cártel Luciano.
Guerrero dice que la localización de “El Chapo” Guzmán, de quien se asegura ha permanecido escondido en Guatemala en los últimos años, es para el gobierno de este país una prioridad, pues “con el Chapo Guzmán están involucrados muchos ciudadanos nuestros”.
El policía no descarta la posibilidad de que ambos narcotraficantes pudieran estar incluso juntos, aunque “al momento no los hemos podido ubicar”. La última noticia sobre Herrera, por ejemplo, es que estuvo hace poco en la zona de Izabal y luego en Cobán. Del Chapo se menciona incluso que el año pasado se paseaba por Quetzaltenango.
Que Guatemala y México compartan una frontera “porosa”, dice el jefe de antinarcóticos, ha facilitado alianzas entre los narcotraficantes de ambas naciones por “el acceso libre que hay en nuestros países”. Indica que actualmente hay “muchos mexicanos” en investigación por el gobierno de Guatemala por delitos ligados con el narcotráfico.
Por motivos de la propia investigación, argumenta, se niega a revelar el nombre de los mexicanos vinculados al narcotráfico, aunque asegura que hay en Guatemala “una gran cantidad de ciudadanos mexicanos metidos en esto”, la razón, dice, es que “los cárteles mexicanos tienen mucho arraigo acá”.
Según información de la SAIA, en Guatemala operan cuatro grandes cárteles del narcotráfico: el de Sayaxché, también conocido como Cártel del Norte, con presencia en los departamentos de Petén, Cobán e Izabal y liderado por el guatemalteco Otto Herrera, quien dirige también al Cártel del Golfo, con presencia en Izabal; el de Luciano, con presencia en Retahuleu y Suchitepéquez, y el Cártel de Zacapa, en el oriente del país, con presencia en Zacapa y Chiquimula, en la frontera con Honduras.
Los cargamentos más grandes de droga son transportados por medio de lanchas rápidas y otras embarcaciones desde Guatemala a lo largo del Pacífico, con destino hacia Estados Unidos, y son manejados por el Cártel del Golfo de Guatemala, aunque por esta vía las autoridades de este país, dice el funcionario policiaco, no han podido hacer grandes decomisos.
De almacén a consumidor
La descomposición social en Guatemala inició apenas unos meses después de la firma de paz que puso fin al conflicto con la guerrilla, que hizo evidentes también los efectos de la guerra: pobreza, exilio, miles de muertos, desaparecidos, y un país física y económicamente devastado, coinciden los investigadores Mario Rodríguez y Mayda de León, de la Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano.
A menos de 20 años del fin de la guerra en Guatemala, que dejó unos 250 mil muertos, más de 100 mil desaparecidos y otros tantos refugiados (60 por ciento de ellos en México), Guatemala enfrenta una nueva guerra, ahora entre narcos locales y extranjeros y con los maras disputándose el control de la droga y su distribución.
En un ambiente enrarecido por la incontable e insospechada presencia de miles de mareros, Guatemala se convirtió en país de paso para el traslado de droga y centro de abastecimiento de combustible para vehículos, lanchas y aviones que transportan drogas, en zona de distribución al menudeo en auge, principalmente en la capital.
La nueva guerra trae a diario una oleada de masacres a lo largo de los 22 departamentos en todo el país, lo mismo en las regiones selváticas, que en las serranas, las fronterizas y la capital.
Los campesinos guatemaltecos comienzan también a involucrarse en el negocio del narco. La Policía Nacional de Guatemala divulga que en las comunidades rurales como Tajumulco, Tacaná y San Marcos, en la frontera costera con México, cada vez son más los labriegos que siembran marihuana y amapola, mientras que en zonas urbanas, principalmente en la capital, se han detectado laboratorios clandestinos de procesamiento de cocaína y crack.
En la capital, dice el vocero de la Policía Nacional Civil, Carlos Rafael Caljú Hernández, operan principalmente dos cárteles, el de Maco y el de El Gallito, este último liderado por Juan Carlos García. Aunque se trata de dos grupos antagónicos que se disputan el control, a ambos les surte droga el cártel Luciano.
El temido Gallito
Cuando en Guatemala se menciona al barrio El Gallito, es hablar del símbolo del narcomenudeo y del control que tienen de Guatemala los narcotraficantes. Se localiza en el corazón de la capital, en la Zona 3.
Caljú Hernández, policía de carrera por más de 20 años, descarta la presencia de mexicanos en la distribución de droga en El Gallito, aunque, refiere, “se presume que este mismo cártel envía droga a las zonas de la frontera sur de México”.
Más allá de sus habitantes no hay paso a los extraños en El Gallito; si un taxi quiere entrar en la zona, un retén policiaco, establecido a unos 20 metros de la ruta de acceso donde los narcotraficantes mandaron poner bardas, alerta a los taxistas ocasionales: “si entras y te dicen para, te paras, si no te van a matar”. De regreso los mismos policías catean los automóviles que salen de esta zona, en busca de la droga que supuestamente se sacarían de este lugar.
En las esquinas de las zonas aledañas, son muchachitos menores de edad también los que sirven de banderas (aviso) para informar si la policía va a catear alguna “Electra” (lugares de venta de droga), término acuñado muchos años atrás de que la cadena de tiendas del mismo nombre, propiedad del mexicano Ricardo Salinas Pliego, inundara el país con su servicio de “dinero fácil” para recibir las remesas de millones de guatemaltecos que viven en Estados Unidos.
En El Gallito todo alrededor huele a miseria, violencia y miedo. Fuera de los vendedores de drogas al menudeo, el resto de la gente que se localiza en las zonas aledañas son casi todos inmigrantes del interior del país. Por las calles deambulan adultos mutilados, una mano, un pie, la pierna o ambas piernas, sello imborrable de un sueño frustrado.
Son los despojos de emigrantes que abordaron un día el tren de la empresa Chiapas-Mayab (filial de la estadounidense Genesee & Wyoming Inc.), “la bestia” que corre del Suchiate a Veracruz, en México, y que tuvieron mala fortuna.
El arraigo voluntario de El Chapo
Luego de la fuga de Guzmán Loera del Penal de Alta Seguridad de Puente Grande, Jalisco, el 19 de enero de 2001, los primeros indicios del narcotraficante presumían que se ocultaba en alguno de los ranchos ubicados en las zonas selváticas de Guatemala, específicamente en la zona de El Petén. Ya antes, en 1993, “El Chapo” fue detenido aquí y trasladado a México, por lo que desde su fuga se cree que retornó a Centroamérica para operar los negocios del Cártel de Sinaloa.
La explicación de porqué “El Chapo” estaría tan interesado en esconderse en Guatemala, se explica por los nexos que ha tejido en este país durante casi una década, y también por el interés de narcotraficantes a nivel mundial de posesionarse de esta misma zona que se ha convertido en punto medular del trasiego de la cocaína de Sudamérica, a grado tal, que las autoridades antinarcóticos de Estados Unidos aprobaron la instalación del Centro de Operación Regional Antinarcóticos.
El arraigo y poder que el sinaloense tiene en Centroamérica es atribuido por las autoridades antinarcóticos de Guatemala a las alianzas de amistad más allá de los negocios que comparte con el guatemalteco Otto Herrera.
Herrera y Guzmán tienen historias comunes entre sí, ambos son originarios de familias humildes que en pocos años se convirtieron en poderosos narcos de sus respectivos países de origen; se unieron para mover la cocaína de Sudamérica a Estados Unidos, cada uno en sus regiones y los dos fueron detenidos en distintos momentos por autoridades mexicanas y recluidos en penales de los que se fugarían, cuando el gobierno de Estados Unidos solicitaba su extradición, con la complicidad de custodios de los reclusorios donde permanecían presos. Se cree que ambos están en Guatemala.
De Herrera García (preso unos meses en el Reclusorio Sur), el director de Reclusorios del Distrito Federal, Hazael Ruiz, declaró que se trata de un “reo con un índice de estado peligro alto”. Se quedó corto, pues García es considerado por la DEA como uno de los cerebros principales del narcotráfico en la región, y uno de los narcos con mayor influencia a nivel mundial.
Originario del Departamento de Izabal, hijo de un peón de una finca bananera, a sus 35 años de edad Herrera García, alias “El Profe”, amasó una millonaria fortuna, hasta el momento no cuantificada por la SAIA. A sus 41 años (que cumplirá este 14 de marzo), de pescador se convirtió de la noche a la mañana en un “don” de Centroamérica, dueño de lujosos ranchos, mansiones, autos de lujo, un helicóptero y un yate.
A los 21 años de edad Otto Herrera habría viajado a Estados Unidos para emplearse como conductor de transporte pesado. Al cabo de los años, regresó a Guatemala casado con la estadounidense Shari Collen, pero ya no era el mismo jovencito de origen humilde, sino un padre de familia que viajaba en un automóvil de lujo y vestía ropas finas y joyas, mientras educaba a sus hijos en el Colegio Americano de Guatemala.
Luego se supo que Herrera era personaje clave en el lavado de dinero a gran escala y se encargaba también de recibir y verificar la autenticidad y calidad de la droga procedente de Colombia vía El Salvador para trasladarla de Guatemala a México.
En 2004, al saber que ya lo buscaba la DEA, se escapó hacia México, en donde fue detenido por autoridades judiciales; sin embargo, inexplicablemente, aunque se trataba del hombre más buscado durante 2004 en países como Estados Unidos, Guatemala y El Salvador, las autoridades mexicanas lo enviaron a un reclusorio de mediana seguridad, de donde a los pocos meses se fugó.
Tras su escape volvió a ser el centroamericano más buscado por la DEA, que ofrece una recompensa de 2 millones de dólares a quien informe sobre su localización.
El titular de la SAIA, Daniel Guerrero, asegura que recientemente han recibido indicios de que Herrera estaría en Izabal, su tierra natal, aunque la oficina antinarcóticos de Guatemala no ha logrado su ubicación.
En Guatemala se comenta que si Herrera García se fugó de México fue como pago a los favores que ha hecho a Guzmán Loera, así que se atribuye a “El Chapo” la fuga del reo ante la negligencia de las autoridades mexicanas.
Curiosamente, la ficha roja de Otto Herrera que incluye números telefónicos para reportar al narcotraficante prófugo –quien también es acusado de blanqueo de capitales– tiene registro abierto en las oficinas policiales en Guatemala, Tegucigalpa (Honduras), San José (Costa Rica), Panamá, San Salvador (El Salvador) y Managua (Nicaragua), pero no en México.
Otro acontecimiento que hace suponer a las autoridades antinarcóticos de Guatemala la presencia de Guzmán Loera en aquel país, es el asesinato de los hermanos José y Hermilio Javier Quezada García, originarios de Nayarit, quienes fueron emboscados en el kilómetro 23 de la carretera Guatemala-El Salvador. Cuando los lugareños detectaron sus cuerpos, Hermilio estaba muerto y Javier herido. A Hermilio intentaron quemarlo para no dejar huella. Eran cuatro personas las que viajaban en una camioneta Mitsubishi verde, que no fue localizada, según manifestó luego José, los otros dos eran guatemaltecos.
El esclarecimiento de este caso podría ser, dice una fuente interna de la Policía Nacional de Guatemala, la clave para definir cómo se están moviendo los capos mexicanos en territorio “chapín”.
La guerra entre el Chapo Guzmán y Osiel Cárdenas traspasó fronteras. Más allá de los violentos sucesos ocurridos durante el 2004, sobre todo en el estado de Tamaulipas, provocados por el antagonismo de ambos grupos. En noviembre de 2005 se hacía público el reclutamiento de ex kaibiles guatemaltecos por “Los Zetas”, sicarios al servicio del Cártel del Golfo, revelación provocada por la mala suerte de los exmilitares al ser detenidos por autoridades migratorias en El Sabinalito, municipio Frontera Comalapa.
Y para enero de 2006 aparecían asesinados dos guatemaltecos y un mexicano vinculados al Cártel de Sinaloa, mientras que el hermano de éste permanece en un hospital de la ciudad de Guatemala en calidad de detenido y las autoridades concluyen las investigaciones.
Al respecto, Julio Méndez, agente de investigación criminal de la Unidad de Delitos contra la Vida, de la Policía Nacional y encargado de la investigación de este caso, señala que en un inicio el mexicano que quedó vivo declaró que supuestamente él y su hermano (el occiso Hermilio) habían viajado de México a Guatemala “a comprar unos vehículos”. Minutos después se retractaba y decía que iban a comprar maquinaria, que viajaban en una camioneta propia y que traían 100 mil dólares y se los habían robado, pero la indagatoria, dice Julio Méndez, indica que podría tratarse de un ajuste de cuentas contra gente de “El Chapo” Guzmán. Ana Lilia Pérez
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Publicado: Contralínea No. 51, marzo 1a quincena / 2006
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