Los periodistas, entre otros sectores, constantemente han de vivir y sobrevivir en el estira y afloja de la vida política, sorteando las embestidas gubernamentales y las amenazas cumplidas sobre todo de la delincuencia que ve afectados sus intereses por el periodismo de investigación. El periodismo audiovisual, oral y escrito (incluyendo el Internet), más cuando es crítico y siempre que informa con veracidad, molesta a todos aquellos que irrumpen en el escenario de lo público y cuando se roza lo privado de los actores, se apresuran a enderezar acciones penales y civiles para, con éxito o sin él, infligirle inquisiciones judiciales y administrativas a quienes ejercen las libertades de prensa.
Un juez de lo civil (que de Hans Kelsen no conoce ni las solapas de sus libros) invocando a éste como su clásico (cuando debió citar a Carl Schmitt, el ideólogo del fascismo nazi), sancionó al semanario Proceso y a la reportera Olga Wornat con una multa millonaria, por haber publicado y comentado un documento auténtico (filtrado a la prensa) y, por lo tanto, verídico y contrastado, para conocimiento de tribunales religiosos ni siquiera reconocidos por el derecho positivo mexicano. El servilismo a la “pareja presidencial” salta a la vista, con una interpretación antidemocrática de los contenidos de la legislación civil.
En ese océano de males para los medios de comunicación, hay una gota de alegría: los premios de periodismo que otorga el Consejo Ciudadano del Premio Nacional de Periodismo.
Con reconocimiento para Ricardo Alemán, Jesús Blancornelas, Salvador Camarena, Pablo Hiriart, José Antonio Baz, Luis Vicente Castillo, María Idalia Gómez, Darío Fritz, Felipe Soto y Silvia Cherem. Un ramillete de pluralismo del periodismo en todos sus géneros. Y muy mal hecho declaró desierto lo de la Entrevista. Se trata de premiar y no de castigar, y menos pasar por alto trabajos de los reporteros que entrevistan, cuyos ejemplos sobran.
Por otra parte, persiste la autoritaria espada del sistema judicial sobre el periodista Sergio Sarmiento, acusado por el manoseado delito de difamación (al que recurren quienes confunden la magnesia con la gimnasia). Sarmiento opinó sobre un documento auténtico, veraz y contrastado. El actor y demandante, en vez de enfocar sus baterías contra el emisor
del documento, se fue encima del columnista. Éste no incurrió ni presumiblemente en ese delito que, motivado por la vanidad del supuesto ofendido, le imputan en la demanda.
En la Fiscalía Especial para Delitos Contra Periodistas, en lo que va de este año del final foxista, hay registrados 3 homicidios, un secuestro (el del Alfredo Jiménez, de Sonora); once atentados, 3 agresiones y 5 amenazas. Y el abuso de poder contra Lydia Cacho.
Todo esto pareciera sacado de las páginas de Dostoyevsky, tanto de Los hermanos Karamazov como de Crímen y Castigo. Pero no. Es la realidad mexicana “y la realidad es más pródiga que la más febril fantasía”.
cepedaneri@prodigy.net.mx
Publicado: Junio 1a quincena de 2006 | Año 4 | No.57
|