A las ocho y media de la noche del domingo 2 de julio, las pantallas de la macrosala de prensa del Instituto Federal Electoral (IFE) descubrieron una ventaja de Felipe Calderón sobre Andrés Manuel López Obrador de casi 10 puntos porcentuales. Apenas habían pasado 30 minutos del primer mensaje emitido por Luis Carlos Ugalde, en el que extendía una prórroga de dos horas para anunciar el nombre del presidente electo, pues era “científicamente imposible” adelantar al ganador.
El amplio margen exhibido en pantallas a los reporteros nacionales y extranjeros distaba de la “estrechez” a la que aludió Ugalde minutos antes: los números oficiales del Programa de Resultados Preliminares (PREP) lanzados por el IFE avanzaban premeditados: del primer reporte difundido a las ocho, que daba 37.67 por ciento al Partido Acción Nacional (PAN) y 32.28 por ciento al Partido de la Revolución Democrática (PRD), se pasaba a 41.42 por ciento contra 31.92 por ciento, respectivamente.
Con el paso del tiempo en el PAN cesó la euforia, dejaron de escucharse las consignas de “¡ya ganamos!”, y las matracas repartidas antes del segundo mensaje del presidente del IFE fueron guardadas: las tendencias se reducían hasta estacionarse en un margen de un punto porcentual. Aun así los panistas exigían al IFE que declarara a Calderón como el “vencedor” de la contienda dividida.
El escenario se repitió el miércoles 5 de julio durante el conteo de las actas: hasta las cuatro de la madrugada del día siguiente López Obrador se mantuvo al frente con sutiles variaciones, pero luego se revirtió la tendencia. El resultado final fue de 0.58 por ciento, que equivale a tan sólo 243 mil 954 sufragios, cifra que bastó para establecer el triunfo de Calderón. Las matracas, la euforia y las consignas de “¡ya ganamos!” regresaron al PAN, acompañadas por la supuesta legitimación de los resultados preliminares del IFE.
Aún con los números y la “ligera ventaja” repetida en dos ocasiones, la duda permanece. La vertiginosa caída del panista en el conteo rápido del PREP fue calificada como “atípica” por Wolf Luis Mochán Backal, investigador del Centro de Ciencias Físicas de la UNAM. De los 10 puntos porcentuales alcanzados la noche del 2 de julio -y luego del extraño conteo de 2 millones 581 mil 226 sufragios, de los 3 millones que López Obrador denunció como perdidos- el martes 4 se llegó a una brecha dramática de tan sólo 0.63 por ciento, que se traduce en una ventaja de 257 mil votos.
El extravío o la no contabilización de varias centenas de votos, reconocido públicamente por el IFE, no fue la única irregularidad detectada en la contienda electoral, el PREP y el manejo del padrón: urnas descubiertas en el basurero del Bordo de Xochiaca, casillas favorables al PAN contabilizadas en dos o más ocasiones, números alterados para disminuir los votos del PRD, registro total de actas para la elección de senadores superior al presidencial, a pesar de las casillas especiales.
Pero la alarma sobre las “inconsistencias” repicó antes del 2 de julio, justo con el escándalo del “cuñado incómodo” que hizo retroceder a Calderón en las encuestas previas a la elección: la participación oculta de Diego Hildebrando Zavala Gómez del Campo en el diseño de varios software puso en entredicho la imparcialidad del instituto.
La denuncia hecha por López Obrador en el segundo debate de los candidatos a la Presidencia, efectuado el pasado 6 de junio, y las anomalías documentadas con anterioridad alimentaron la idea colectiva de un “fraude cibernético”, técnicamente posible a través de la configuración, justamente, del software utilizado para el conteo de votos.
De acuerdo con Mochán Backal, la posibilidad de manipular los resultados depende de cómo se diseñó el software. El académico aclara que para determinar si eso es posible se tiene que tener información muy precisa del mismo, que obviamente no es pública.
El investigador advierte que “pretender que se puede hacer un fraude (cibernético) es muy arriesgado, porque después del conteo rápido viene la compulsa con las actas. Entonces, para no despertar dudas, no sólo se tendrían que intervenir las actas sino además hacerlo coordinadamente con los resultados arrojados por el PREP. En ese sentido me parece muy arriesgado que hayan intentado algo así”.
Añade que es muy posible que las autoridades electorales cuenten con una explicación científica de la caída “atípica” de Felipe Calderón en el conteo. Por tanto, dice, “no se puede tomar como una evidencia de algo fraudulento, sino como un indicativo que debe tener su explicación”.
“Hildebrando”, mano negra
La relación Hildebrando-IFE trascendió en el segundo debate de los entonces candidatos a la Presidencia de la República, cuando López Obrador enumeró las dependencias públicas que contrataron a las compañías del cuñado de Calderón Hinojosa.
Las acusaciones del perredista, que el lunes 3 de julio descalificó el conteo rápido del IFE, descubrieron que una de las empresas de software relacionada con Diego Zavala tuvo ingerencia en el diseño electrónico del padrón y del PREP.
Una de las pruebas aportadas por López Obrador consta en la página de Internet de Hildebrando S.A., pues la empresa menciona al IFE como uno de sus principales clientes. Pero ésta no es la única compañía con acceso a los datos del padrón electoral: Sagem Defénse Securité (SDS) fue contratada por el instituto para diseñar la “solución integral de identificación multibiométrica para el mejoramiento de la calidad del padrón electoral”.
La depuración de bajas y duplicados en el padrón mediante cotejo de huellas digitales fue contratada el 30 de noviembre de 2005 bajo la licitación pública internacional 00100001-001/2005, y según lo documentó Julio Hernández López, columnista del diario La Jornada, la empresa ganadora SDS presentó una oferta muy menor a las estimaciones de costo real, por 104 millones de pesos.
La información del periodista revela que la conexión de SDS con la empresa Hildebrando se da por intermediación de Identix Incorporated. Las tres firmas, señala Hernández López, no sólo dispusieron de los datos de 70 millones de votantes mexicanos, sino que los manipularon a favor del PAN.
La columna Astillero demostró documentalmente que en el caso de la depuración de las bajas del padrón, “el IFE manipuló resultados, haciendo multiplicaciones sospechosas y confirmando por primera vez en la historia electoral mexicana que los datos oficiales dados a conocer en pantallas de computadoras pueden ser aumentados o disminuidos conforme a factores de programación que producirían 'verdades' oficiales”.
Pero éstos no son los únicos indicios de un manejo irregular del padrón, previo a la contienda electoral. El lunes 26 de junio la periodista Carmen Aristegui accedió a un portal de intranet de las Redes por México, vinculadas al PAN y a la campaña de Calderón, con una clave que le fue proporcionada por una fuente anónima.
Con el usuario “Hildebrando117” y la contraseña “captura”, la periodista tuvo acceso a información privilegiada del padrón que no se reduce a los nombres y apellidos de los ciudadanos, sino que incluye las preferencias electorales.
Las evidencias exhibidas en el noticiario radiofónico conducido por Aristegui obligaron al IFE a presentar una denuncia de hechos ante la Fiscalía Especializada para la Atención a Delitos Electorales. Interpuesta el 27 de junio, la indagatoria es en contra de quien resulte responsable del presunto mal uso de datos del padrón.
Al cúmulo de irregularidades se le sumó el anuncio del ganador hecho por el presidente del IFE. Y es que, a pesar de que dicha declaración compete al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, y no al instituto, la tarde del 6 de julio Luis Carlos Ugalde afirmó: “el candidato que obtuvo el mayor porcentaje de la votación presidencial es Felipe Calderón, del PAN. La regla de oro de la democracia establece que gana el candidato que tenga más votos”.
Publicado: Julio 2a quincena de 2006 | Año 4 | No. 60
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