“Tenemos un régimen en donde la sociedad se volvió plural y el sistema aún permanece en el pasado”, señala el sociólogo Guillermo Garduño.
“Todavía no se resuelve el conflicto electoral pero ya se creó un conflicto político; México finalmente sigue dividido y polarizado”, comenta el politólogo y periodista Yuri Serbolov.
“Derivado de un cierre tan pequeño se está generando un conflicto. El país se dividió en tercios y no puedes gobernar desde un solo tercio. Y se partió en mitades, el norte y el sur y no puedes gobernar solamente una parte”, advierte el académico de la UAM Iztapalapa, Guillermo Garduño. “Son dos Méxicos polarizados, que es lo primero que se tiene que desarticular en este caso”.
“El PRI ya se puede ir despidiendo, ya llegó su hora de decir adiós, entonces la sociedad mexicana se está dividiendo entre estos dos (PAN y PRD) y estos dos, que son los que sí van para arriba, están muy polarizados; México vuelve a decirnos que es el de los liberales y los conservadores del siglo XIX”, comenta el historiador Lorenzo Meyer.
Meyer hace un balance sobre los resultados y asegura que no le sorprende que la derecha siga cosechando votos. “A mí eso no me sorprende, me da pena, pero no me sorprende, el contenido de la cultura, tanto cívica como en general, en el significado más amplio del término, es muy conservadora, siempre lo ha sido”.
“Nos podemos hacer una pregunta similar: cómo es posible que una sociedad compuesta básicamente de indios, marginados, explotados, no se haya levantado en el siglo XVII o XVIII o en el XVI. Pues bueno, no se levantó, se requirió una coyuntura especial en la cual un cura criollo que no tenía nada de marginado, nada de pobre, nada de explotado, iniciara el levantamiento, porque ninguno de los millones de explotados era capaz, o de imaginar la rebelión, o se la imaginaban incapaz de dirigirla.
“Entonces, que el siglo XXI responda más o menos igual, yo lo explicaría así: porque ahora sí existe -ya no de manera caótica y espontánea como en 1810- sino que después de un largo proceso político, sí hay por lo menos un tercio de los mexicanos que sí están dispuestos a desafiar el orden, el statu quo y los intereses que se benefician de ese statu quo; más bien lo pondría al revés.
“Analizando la historia mexicana no me sorprende que la mayoría esté con la derecha, me sorprende que haya alguien que esté con la izquierda, no porque la estructura social y económica, o sea los factores objetivos llevan a pensar lo que usted decía, es lógica la pregunta, pero lo subjetivo es importantísimo, entonces, a veces casi lo que me sorprende es que Andrés Manuel (López Obrador) tenga seguidores”, advierte el historiador del Colegio de México.
“Si el antiguo gran centro se está desmoronando -dice Meyer-, se está desvaneciendo y se va a desvanecer más rápido de aquí en adelante, entonces quedan dos Méxicos, es lo que las elecciones nos están diciendo y están muy parejos, es lo increíble, lo que vamos a vivir por lo tanto es una política en donde esa fantasía del pasado que se vivió mucho durante el PRI, de que todo era consenso, que había una gran unidad en torno a ciertos principios básicos, era la unidad del autoritarismo.”
“Vemos que se están retroalimentando y expandiendo las polaridades y el centro va a irse quedando despoblado”, dice Lorenzo Meyer. “México está muy dividido, en realidad tenemos tres fuerzas pero una de ellas, la que dominó todo el siglo XX ya se está yendo, es en realidad su fiesta de despedida, de aquí en adelante se va a ver más claro lo que ya estaba presente en el 2000, que el PRI tiene mucha historia, bastante presente, sobre todo con las elecciones intermedias de 2003, pero sin futuro”.
“Y el PRI no tiene futuro porque su proyecto es muy ambiguo, en parte es algo del México revolucionario, en parte algo del neoliberalismo, no se decide y no tiene una clara cabeza y dirección, está muy dividido y fragmentado, no ha podido salir de algo que lo ha dejado en estado de shock permanente que es la pérdida de la Presidencia, si no tiene a su jefe nato, hay muchos conflictos entre ellos”, asegura Meyer.
“La clase media se asustó con el discurso de Andrés Manuel”, comenta Guillermo Garduño. Y Lorenzo Meyer hace un balance sobre esa clase media que en las pasadas elecciones votó por la derecha.
“En el 88 esa clase media se sentía despojada, traicionada, era de derecha, pero la única alternativa era la que daba el ingeniero Cárdenas, que era ligeramente de izquierda, pero también su temor: Habían, sido privados de su presente y su futuro por las devaluaciones, por la pésima conducción económica de la clase política y entonces en revancha votaban contra lo único que se presentaba como forma de cobrar la cuenta, el ingeniero Cárdenas, que por otro lado era 'El Ingeniero Cárdenas', es decir, un miembro de la clase alta y daba cierta confianza.
“En este caso ya tenemos la macro economía en orden, una situación al menos en la superficie positiva para esa clase media y ya no hay inflación, ya no se pierden sus ahorros. El líder que ahora desafía todo, lo dice abiertamente en nombre de los pobres; Cárdenas no se presentó en nombre de los pobres, se presentó en nombre de la democracia y ahora es con nombre y apellido, los pobres y lo dirige una persona que, bueno, es licenciado, en ciencias políticas, no tiene ese título rimbombante de ingeniero y además, viene de una clase media, pues muy media, muy mediocre (ironiza), viene además de Macuspana, de Tabasco, no habla bien, se apellida López, que sí hay una cierta diferencia con el Cárdenas, yo no sé por qué pero, sí hubo un presidente López, don Antonio López de Santa Ana, pero está muy lejos y el Cárdenas estaba todavía más cerca.
“Es una derecha reaccionaria en la estabilidad y revanchista en la crisis, no querían que primero fueran los pobres, querían que primero fuera la democracia, donde ellos tienen más posibilidades y saben de qué están hablando y ya si los pobres venían también como vinieron, bueno, no está mal, pero luego ya se serenó y en 94 votó por Zedillo”, rememora el historiador.
“La clase media se siente a gusto con un líder que es abiertamente católico, Andrés Manuel también lo es, pero no lo es abiertamente, es decir, él no usa la religión, el otro sí, el otro usa la religión, la decencia, la buena familia, el postgrado en Harvard, lo que toda buena clase media ve.
“Y esa última fórmula, mire, si hay pobres, pues así lo quiere Dios y en algún tiempo cuando la economía marche bien ya se irán yendo los pobres, pero el día de hoy esa economía me beneficia a mí y luego en el largo plazo beneficiará a los pobres, no quieran quemar etapas”, advierte Meyer.
“La clase media baja, según nos dicen las encuestas, votó bastante a favor de Felipe Calderón, se cree clase media, aspira a esa decencia, distinguirse de los que están abajo, se parece mucho a ellos pero pretende distinguirse, por eso una forma de distinguirse es aceptando y adoptando los valores de la clase media que está realmente arriba de ella; muchos no quieren verse como pobres”.
La izquierda es una izquierda moderna, dice Lorenzo Meyer. “Ya no habla de socialismo, usa términos muy sencillos, ya no recurre a Marx, es una izquierda que habla como Marcos, desde los indios, que es ya posmoderna y otra más conservadora, como la de Andrés Manuel, pero muy simple”.
El problema, agrega, es que la izquierda “ha estado muy ocupada en la lucha partidista y le ha tomado el 99.9 por ciento de su energía y no le ha dado tiempo a lo otro más allá del partido, a la conciencia política”.
El historiador asegura que la reforma del Estado es una realidad que se necesita urgentemente, “pero dudo que lo hagamos; ahora se van a hacer pedacitos de reformas y creo que la electoral es una que a todos les conviene, a la derecha y a la izquierda”.
“Estamos ahora guiándonos por las instituciones, no confiamos mucho en ellas pero como es lo único que hay, el país se está comportando de manera institucional, quizá eso es lo que va a ocurrir, se va a ser muy cruda la realidad entre pobres y ricos en sus opciones políticas, pero la institucionalidad puede echar más raíz y aguantar, pero sobre todo si la economía anda más o menos y el mercado interno se revive o si las exportaciones aumentan y viene la inversión externa.
“En buena medida va a depender de cómo se comporte la economía, si la economía crece un poco más de lo que ahora, el pastel se puede repartir inequitativamente, como ahora, pero puede repartirse”, dice Lorenzo Meyer.
Y lo que parece inevitable resulta poco probable para el sociólogo Guillermo Garduño: las movilizaciones del PRD. “Hay un problema estructural en el caso del PRD, primero tuvo candidato y el partido se descuidó, entonces no hay estructura”, dice.
Publicado: Julio 2a quincena de 2006 | Año 4 | No. 60
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