Contralínea  

Las izquierdas de la rebelión silenciosa

Zósimo Camacho / David Cilia, fotos
“El río subterráneo que corre y no se oye va a ser un gran ojo de agua. No falta mucho”, dice el anciano nahua Ruperto García. Por primera vez confluyen en un mismo movimiento indígenas, estalinistas, trotskistas, zapatistas, trabajadoras sexuales, anarquistas. Están en todo el país. Se prometen derrocar al sistema y se organizan para ello

 

 


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Al margen de los partidos políticos electorales, sin la cobertura de los grandes medios de comunicación, pero con un seguimiento puntual por parte de los aparatos de espionaje del país, se aglutinan en La Otra Campaña miles de organizaciones e individuos que se definen de izquierda y anticapitalistas.

El objetivo de todos ellos, dicho abiertamente en todas las plazas, es derrocar al gobierno y quitarles a los ricos las empresas antes de expulsarlos del país o meterlos en la cárcel. No ocultan que se organizan para ello. Aseguran que lo que vendrá será una rebelión nacional civil y pacífica que acabará con el sistema capitalista.

De acuerdo con datos del colectivo Rebeldía, al 31 de enero pasado, 67 organizaciones políticas habían suscrito la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y formaban parte de La Otra Campaña; lo mismo, 218 organizaciones sociales; 128 organizaciones indígenas; 596 colectivos y organizaciones no gubernamentales y 2 mil 441 personas a título individual.

Entonces apenas había transcurrido un mes del recorrido del Delegado Zero y sólo se habían visitado los estados de Chiapas, Quintana Roo, Yucatán, Campeche y Tabasco. Las adhesiones se multiplicarían durante el recorrido por otros tres meses por los estados de Veracruz, Oaxaca, Puebla, Tlaxcala, Hidalgo, Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes, Jalisco, Nayarit, Colima, Michoacán, Guerrero, Morelos, el Estado de México y el Distrito Federal.

Sin embargo, los adherentes de la Sexta Declaración también se encuentran en estados que aún no han sido visitados por el subcomandante Marcos y la caravana de La Otra Campaña. De acuerdo con activistas cercanos al Delegado Zero, los integrantes del “movimiento silencioso de insurrección nacional” se cuentan ya por cientos de miles y están en toda la República.

En palabras del jefe militar del EZLN se está creando “el movimiento más chingón que jamás ha existido en este país” y “la lección de amor más grande que han parido estas tierras”. Los únicos “requisitos” que deben cumplir los adherentes es “ser de abajo, de izquierda, anticapitalista y consecuente”. Esto significa identificar como fuente de la desigualdad y explotación al sistema capitalista, luchar por deponerlo y no tener esperanzas en que algún cambio se puede lograr por la vía electoral.

Los militantes se consideran “auténticamente de izquierda” para diferenciarse de los “marxistas de pantuflas” y de los partidos que en el espectro electoral así se identifican, como el Partido de la Revolución Democrática, el Partido del Trabajo o el Partido Socialdemócrata y Campesino.

Por lo pronto ya es el movimiento más diverso del país: aglutina a marxistas de diversas corrientes: trotskistas, maoístas, estalinistas; pero también anarquistas, anarquistas libertarios, anarcopunks y anarcodarks; religiosos católicos de las comunidades eclesiales de base, jesuitas, “teólogos de la liberación” y protestantes; y posmodernistas, ecologistas, místicos, pacifistas e indigenistas, entre otros.

Y la multiplicidad es mayor si se dejan de lado las diferencias ideológicas y se observan los sectores sociales de los que proceden los adherentes: trabajadoras sexuales, indígenas, lesbianas, homosexuales, transgéneros, obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales, pequeños comerciantes, vendedores ambulantes.

Participan desde organizaciones con registro ante alguna entidad gubernamental con la que gestionan la solución de algunas demandas, hasta otras que trabajan en la clandestinidad -que no son armadas- y no les interesa tener ningún tipo de relación con las instituciones del Estado mexicano. También hay algunas a las que se les ha calificado, sin comprobarlo, como bases de apoyo de otras organizaciones político militares distintas al EZLN.

Durante el recorrido del subcomandante Marcos por distintas ciudades y pueblos de la República se han visto escenas como la observada en Guadalajara, donde en una de las vallas de seguridad del Delegado Zero un punk adolescente, con argollas en nariz, orejas y labios, vestimenta negra y peinado a manera de grandes crestas, entrelaza un brazo con un indígena wirárika de huaraches, sombrero y ropas multicolores; el otro brazo lo tiene igualmente trenzado con el de una monja de hábito claro y largo hasta el suelo.

El recorrido del subcomandante ha sido atropelladamente seguido no sólo por patrullas de la Policía Federal Preventiva, sino por agentes del Centro de Investigación y Seguridad Nacional y la Sección Segunda de la Secretaría de la Defensa Nacional. Una camioneta pick up blanca sin placas con dos tripulantes y al menos cuatro automóviles compactos siguen puntualmente el convoy del guerrillero. Registran en foto, video y audio los rostros y palabras de los adherentes, sus domicilios y lugares de reunión. Elaboran “fichas” de los integrantes de la Karavana que acompaña al Delegado Zero

Pero no sólo las instancias federales recaban información. Los enviados de los gobiernos estatales garrapatean apresuradamente las direcciones de las casas en las que se recibe al subcomandante Marcos. Preguntan burdamente a los vecinos los nombres de los integrantes de las familias adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y con frecuencia se enfrentan con los anfitriones del encapuchado.

La gama roja

Decenas de organizaciones políticas reivindican al marxismo como la guía para comprender al mundo y construir un nuevo modelo de sociedad. Socialistas y comunistas de distintas tendencias pugnan por la expropiación de los medios de producción en manos de los empresarios. Entre las más visibles de La Otra Campaña se encuentran el Partido Comunista de México Marxista Leninista; el Partido de los Comunistas; el Partido Obrero Socialista; el Movimiento de Lucha Popular y el Partido Revolucionario de los Trabajadores. Cada una de estas organizaciones asegura que su militancia supera las 7 mil personas por agrupación.

Partido Comunista de México Marxista Leninista (PCMML). “Nuestro partido es fundamentalmente conspirativo y es de la clase obrera; de obreros industriales, principalmente. Nuestro partido busca la Revolución”, dice Bertín Réyez Ramos, vocero de la organización, al explicar las causas de que se trate de una organización política cuya dirigencia trabaja en la clandestinidad.

“Nosotros no negamos ninguna forma de lucha: la legal y la ilegal. Efectivamente las estructuras del partido son clandestinas por las condiciones en las que se realiza la lucha de clases pero nuestra política es pública. No nos escondemos pero no se sabe quiénes son parte del comité central. Nuestra función como partido es aglutinar todo el descontento hacia un cambio revolucionario, que es la Revolución socialista”.

Réyez Ramos dice que para su organización el mundo está dominado por el modo de producción capitalista en su fase imperialista. “El dominio fundamental de las decisiones económicas y políticas que afectan a todo el pueblo está en manos de los grandes monopolios y sus dueños: la oligarquía financiera”.

De acuerdo con el vocero del PCMML e integrante del comité central del Frente Popular Revolucionario -organización de masas del partido- el instituto político pugna por la socialización de los medios de producción que están en manos de la burguesía y la pequeña burguesía, la planificación central de la economía en función de las necesidades de la sociedad y, entre otras cosas, la creación de consejos en las fábricas que a su vez se congreguen en organizaciones superiores para tomar las decisiones económicas y políticas.

Partido de los Comunistas (PC). La situación en la que se encuentra el país, de acuerdo con Sergio Almaguer Cosío, secretario general del PC, es de “destrucción de la ganadería y la agricultura nacionales y de la producción en el campo; aniquilación total de la industria; el desarrollo en manos del capital internacional; la antigua banca nacional en manos del imperialismo, deudas externa e interna que ahogan el desarrollo.”

Almaguer Cosío dice que la solución sólo se encontrará en la Revolución. “Pero para que sea una revolución auténtica, ésta debe estar en las manos del pueblo, del hombre de la calle. No será de gabinete. Y por nuestra parte será civil y pacífica; pero el pueblo decidirá de qué manera se defenderá si los de arriba reprimen”.

Partido Obrero Socialista (POS). “El punto culminante de nuestros objetivos es la instauración de la sociedad socialista, en donde se expropien los medios de producción, donde sean los trabajadores los que controlen el proceso. No vemos otra posibilidad para que realmente el país tenga un desarrollo económico con empleo, salud, educación y se satisfagan las necesidades básicas de la población. Y eso solamente es a través de que la clase trabajadora gobierne el país. Esa es la finalidad fundamental”, dice Enrique Gómez, integrante de la dirección colegiada del partido

Explica que aunque el POS cuenta con registro como agrupación política nacional bajo el nombre de Movimiento al Socialismo, el partido no vislumbra que se puedan realizar cambios profundos en el país por la vía electoral. Agrega que de ésta sólo esperan que les sirva para difundir sus planteamientos y lucha.

“El sistema de partidos es totalmente corrupto y está controlado. Beneficia solamente a los sectores pudientes del país. Para ser candidato se necesita formar parte de la elite política. No se abren realmente posibilidades para que organizaciones de izquierda accedan al poder.”

Movimiento de Lucha Popular (MLP). “El país al que aspiramos es uno en el que quepamos todos, donde la industria, la ciencia, la educación, la salud sean los ejes principales para reactivar la nueva sociedad. Y lo queremos construir a través del poder popular”, dice Efrén Cortés, vocero de la organización.

“El poder popular es que el pueblo decida qué tipo de gobierno se debe llevar a cabo; que sea el que tome las decisiones y construya su destino; que los gobernantes estén sujetos a la revocación del mandato cuando el pueblo así lo decida.

“Tenemos mucha coincidencia con el EZLN. Queremos construir un proyecto de nación en el que las sociedades, las regiones participen y no se deje ese trabajo a unos cuantos. Debe haber una gran consulta.”

Efrén Cortés dice que no es momento de ponerle nombre al tipo de sistema que se va a construir. “Primero construyamos el poder popular, que el pueblo vaya desarrollando sus nuevas formas de gobierno nacionales y locales. Se compone por cuatro ejes: la autonomía, la autogestión y autosuficiencia, la democracia directa y participativa del pueblo y la autodefensa integral”.

 

Banderas negras

La Otra Campaña demostró que los anarquistas son una fuerza creciente en el país y que están en todos los estados y ciudades de la República. Aún en las comunidades rurales aparecen anarquistas solitarios o pequeños colectivos que reivindican la bandera de la A anarquista. De esta corriente ideológica se desprenden varias más: libertarios, anarcopunks, anarcodarks y otras.

A pesar de que se cuentan por miles no existe una organización estatal o nacional. Sin embargo, en el marco de La Otra Campaña han empezado las reuniones para crear la Organización Nacional Anarquista.

Yazmín Núñez, de la organización Caravana libertaria Carlo Giuliani, dice que los gobiernos se caracterizan por robar y reprimir; pero ahora sus fuerzas represoras, “los policías, están cada vez más enfermos. No detienen para evitar o prevenir nada, sino para humillar y torturar”.

La activista dice que los anarquistas están en contra del consumismo e individualismo que caracteriza a la sociedad capitalista y que inhibe el libre desarrollo del ser humano.

“Los anarquistas somos optimistas y queremos no sólo un país mejor, sino un mundo mejor. Tenemos que empezar por algún lado y se tiene que ir de lo particular a lo general: empezar desde el barrio, la escuela, la casa. Y sí, debemos llegar al comunismo libertario, que no es el que impulsan los de las organizaciones marxistas.

“Hay dos grandes diferencias entre el comunismo libertario del anarquismo y el comunismo autoritario de los partidos comunistas: el anarquismo dice que la libertad no sólo es el fin, sino es el camino. Tú no puedes decir: Vamos a hacer el comunismo instaurando una dictadura, aunque sea la del proletariado, y a través de un partido o las llamadas vanguardias. Y la otra diferencia es la relación que tenemos con el lumpen proletario. Los marxistas dicen que con el lumpen, nada porque lo que necesitan son clases con conciencia. Pero el anarquismo dice que de entre la mierda saldrán las flores.”

Explica que los principios de todas las corrientes anarquistas son la autogestión, la acción y la democracia directa. “No debe haber partidos, sino que directamente en asambleas se empiezan a construir las cosas. Y las cosas las debemos hacer nosotros mismos, no debemos esperar que otros lo hagan”.

Comunidades eclesiales de base

Los grupos católicos que son parte de La Otra Campaña no necesariamente cuentan con la participación del párroco o sacerdote del lugar pero su principal inspiración la encuentran los llamados “teólogos de las liberación”, jesuitas y religiosos de “la opción por los pobres”. Encuentran en el sermón de la montaña, del evangelio de Mateo y en los resultados del Concilio Vaticano Segundo el proyecto de país que desean construir.

Ernestina Gutiérrez, integrante de una comunidad eclesial de Anenecuilco, Morelos, dice que “en el plan de Dios está la creación de una sociedad más justa, en la que podamos vivir como hermanos e hijos del Creador. No está bien que la injusticia siga creciendo y se sigan cometiendo atropellos contra los trabajadores y campesinos. Recordemos que Cristo vino a buscar al desvalido, al rechazado, al humillado”.

Rechaza que busquen imponer una religión a la totalidad de la sociedad. “Nada más alejado de eso. Nosotros estamos con el ecumenismo. Respetamos a los hermanos de otras religiones y a los que no tienen ninguna. No queremos que sean como nosotros. Nuestra participación es porque vemos que el capitalismo es lo contrario al plan de Dios y debemos oponernos a él. Hasta ahora hemos recibido respeto de todas las corrientes de pensamiento y nosotros ofrecemos lo mismo. Podemos vivir como hermanos”.

Posmodernistas

Son los colectivos más numerosos pero también los más diversos y pequeños. Por lo regular no superan los 20 integrantes pero llegan a ser decenas en una misma localidad. Aquí se encuentran los ecologistas, los promotores del comercio justo, los que abogan por el fin de la modernidad y una economía sin dinero. También se encuentran los herederos del movimiento hippie. No tienen una coordinación que los aglutine a todos, pero ya construyen lo que se llamará “Los Otros de La Otra” o el Movimiento Posmodernista.

Viaje Herbal. “El sistema político mexicano y particularmente el sistema electoral es una telenovela”, dice Claudia Hermann. El trabajo principal de este colectivo es a favor del ecosistema con comunidades autosuficientes. Explica que promueven el desarrollo autosustentable de los pueblos. Y para ello desarrollan instrucción ecológica e impulsan la medicina herbolaria y los “métodos alternativos de sanación”.

Aarón Quijano agrega que intentan “recuperar la esencia primera que dan las plantas y el trabajo en el campo. También hacemos rescate ambiental. Pensamos que la principal preocupación debe ser la situación del planeta”.

Los integrantes de este colectivo reivindican los principios del movimiento hippie. “Organización, libertad, pacifismo. Continuamos con la esencia de ese movimiento que ha ido mutando pero que tiene principios que no cambian”, dice Claudia. Por su parte, Aarón indica que “somos pacifistas y tratamos de solucionar las cosas pacíficamente. Nos preocupamos por el entorno social, político y ecológico”.

Cosmovisión Madre Tierra. “Pensamos que el sistema mundo va a colapsar en los próximos años. Un análisis detenido nos muestra que no podemos seguir con el tipo de sociedad que llevamos. Y no me refiero sólo al sistema capitalista, sino a todo el modernismo. La tierra ya no da para seguir explotando, como hasta ahora y después de la revolución industrial, a gran escala”, dice Mauricio Villegas, integrante de la organización.

Explica que la modernidad, además de generar desigualdad económica y social, ha llevado a una crisis ambiental que se dejará sentir en no más de 50 años. Dice que ni la energía ni el agua alcanzarán para la mayoría de la población.

Aclara que no están en contra del desarrollo científico y tecnológico, sino de la manera en que se lleva a cabo: “atendiendo a los intereses de las grandes trasnacionales y con la visión de producción a gran escala. Cuando en lo que se debe pensar es en lo pequeño y lo local, que sirva a las comunidades”.

Indigenistas

Son los pueblos indios, principalmente los que se aglutinan en el Congreso Nacional Indígena junto con los zapatistas del EZLN. Reclaman el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés: autonomía y respeto a su cultura y territorios.

“Nuestros reclamos son antiguos. Pero ahora, cuando vemos la voracidad de los ricos que tienen el apoyo del gobierno, nos ponemos de pie. No vamos a dejar que muera en nosotros, en nuestra generación, la cultura de los antepasados”, dice don Ruperto García, nahua de 78 años de Ocoyoacac, estado de México.

“Porque si nos quitan las tierras, como quieren hacer para que pase una carretera, vamos a perder la cultura, la identidad. Queremos que se cumplan los acuerdos de San Andrés para que nosotros decidamos que hacer con nuestros recursos y sigamos siendo lo que somos: hombres de la tierra, del maíz.”

 

 

Publicado: Julio 1a quincena de 2006 | Año 4 | No. 59



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