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Sergio Dorantes, periodista prófugo espera justicia

Nydia Egremy
Irregularidades en la averiguación previa aumentan la desconfianza en un proceso por homicidio .

 

 

 


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Su lente atrapó paisajes, miradas, guerras y abrazos, arte y muerte en un periplo que cubrió desde Indonesia hasta la sierra Tarahumara. Se trata del periodista Sergio Dorantes, quien hasta enero de 2004 era un reconocido fotógrafo que escudriñaba todos los ángulos de la iconografía social; en el presente, es un fugitivo de la justicia mexicana que lo acusa de homicidio con muy pocas evidencias, según lo declaró el mismo procurador general de Justicia del Distrito Federal, Bernardo Bátiz, quien aceptó que revisaría personalmente el caso, lo cual hasta ahora no ha ocurrido.

Sobre Dorantes pesa la probable sentencia de 50 años de prisión por homicidio calificado en la persona de su pareja Alejandra Dehesa, administradora de la oficina en México de la revista Newsweek. La PGJDF investiga el caso desde la madrugada del 4 de julio de 2003; sin embargo, apenas tres horas después de encontrar a la víctima la institución atribuía el crimen a Dorantes.

Este caso atrajo la atención de periodistas mexicanos y del extranjero con los que colaboró Sergio Dorantes. Uno de ellos, John Carlin (Londres, 1956), periodista de la BBC y de The Independent, galardonado con el Premio Ortega y Gasset al mejor reportaje en 2000 por Viaje por la emigración y corresponsal del diario británico, publicó el domingo 4 de diciembre de 2005 un reportaje por demás interesante en el diario madrileño El País.

Se trata de la investigación del asesinato de la gerente del semanario Newsweek en México que, afirma, revela la incompetencia y la corrupción de jueces y policías en el país azteca. El título es elocuente: Culpable sin pruebas: una historia mexicana y ha dado la vuelta al mundo como un ejemplo más de la injusticia en México.

En el proceso que se le sigue a Dorantes cuatro abogados penalistas de México han encontrado incongruencias, contradicciones, fabricación de testigos, falta de evidencias en su contra, así como la total alteración de la escena del crimen.

Entre ellos, la desatacada abogada de asuntos sociales Bárbara Zamora, en su análisis jurídico del expediente penal del fotoperiodista, señala que “se advierten una serie de omisiones y errores cometidos por el agente del Ministerio Público, que hacen suponer que existe una manipulación en la investigación y en las constancias que obran en autos”.

La penalista, subraya que no se profundizó en la investigación hacia el taxista Oscar Sánchez, quien visitó a Alejandra el día de su muerte y fue detenido en calidad de probable responsable del delito, pero inexplicablemente fue liberado por orden del ministerio público Ricardo Cortéz Bonilla y no se ha vuelto a saber de él.

Un tenis de Oscar tenía rastros de sangre, si bien el dictamen pericial determinó que no correspondía con las huellas encontradas en el lugar de los hechos, “también es de hacerse notar que la esposa del taxista mencionó en su declaración que este sujeto antes fue policía en el estado de México, cosa que el propio individuo no mencionó en su declaración” observa el análisis jurídico de la abogada Zamora.

Sin acusar a nadie, la abogada señala que el Ministerio Público no investigó si efectivamente Sánchez había sido policía ni la razón por la cual causó baja en la policía.

De nuevo, el análisis jurídico de Zamora atrae la atención a otro dato relevante, el dictamen de necropsia de Alejandra no establece la hora aproximada de la muerte, es más no se establecen ninguna hora. “El hecho es importante puesto que a partir de la hora aproximada de la muerte se pueden establecer las líneas de investigación y sin este elemento es inexacta cualquier hipótesis desarrollada durante la investigación”, puntualiza la penalista.

El dictamen de criminalista de los peritos que examinó Bárbara Zamora establece: “por los signos cadavéricos observados, aunado a la temperatura que imperaba en el lugar…se puede determinar que la muerte ocurrió en un lapso aproximado de treinta a treinta y seis horas anteriores a nuestra intervención en el lugar de la investigación (4:00 horas del día 4 de julio de 2003)”.

El lapso era muy amplio y no permitía, sin embargo, fijar la hora de la muerte con la precisión que estableció el Ministerio Público, quien afirmó que el homicidio se cometió “el 2 del mes de julio del año 2003 entre las 18:07 y las 19:00 horas aproximadamente”, con lo que de acuerdo con la abogada, se puede deducir que lo hizo para adecuar la hora de los hechos a su hipótesis.

Finalmente, el caso contra Sergio Dorantes tuvo un sesgo fatal para él cuando un mes después del crimen espontáneamente se presentó ante el Ministerio Público el testigo de los hechos Luis Eduardo Sánchez Martínez. Este declaró que el día del homicidio chocó con Sergio Dorantes que salía de manera intempestiva del lugar y por el incidente se insultaron mutuamente “y que quien salía de la casa lo hizo en inglés”.

Su testimonio, del 2 de agosto de 2003, un mes después de los hechos, “es poco creíble, y en cambio parece más bien una declaración ad hoc para sustentar la conclusión del Ministerio Público en su pliego de consignación”, concluye el análisis de Bárbara Zamora.

Otro abogado, Leonel Rivero Rodríguez, en su análisis del caso afirma que “existió alteración del lugar de los hechos, es altamente probable que la escena del crimen haya sido manipulada, de tal forma que algunos vestigios pudieron desaparecer, lo cual obviamente dificultó la identificación del probable responsable del homicidio”.

También apunta que “existen graves falencias en el protocolo de ejecución de las pruebas periciales. El dictamen de criminalística es incompleto, y el dictamen en genética forense que se practicó a Oscar Sánchez fue elaborado de manera deficiente”.

El examen de Rivero Rodríguez llama la atención sobre otra contradicción: “los policías señalan que se introdujeron a las oficinas del centro de trabajo de Alejandra acompañados en todo momento por sus familiares. Sin embargo, los familiares sostienen que sólo los policías se introdujeron al lugar de los hechos y una vez que lo revisaron salieron a darles la noticia de que el cuerpo de la occisa se encontraba en el interior de las oficinas”.

Para el abogado el dictamen que contiene el perfil psicológico de Sergio Dorantes carece de rigorismo académico y científico (jamás entrevistaron al examinado) y se encuentra basado en especulaciones de los “profesionales” que lo elaboraron al tomar como base las actuaciones judiciales que aparecen en la averiguación previa.

De celebridad a fugitivo

Sergio expresó a su abogado, Manuel García, que está dispuesto a colaborar con las autoridades, pero no a costa de perder su libertad.

El fotoperiodista, compartió la adrenalina del periodismo internacional con figuras como Joseph Giovanni, de The New York Times; Michael Sullivan, de National Public Radio (NPR) en su excursión al volcán de Krakatoa, y otros periodistas de The Sunday Times, Paris Match, Stern y Newsweek, entre otras destacadas publicaciones.

Además, su nombre aún figura en el directorio electrónico de comunicación social del gobierno de México (www.directorio.gob.mx) y en la enciclopedia electrónica Encarta.

Sus trabajos fotográficos le ganaron a Sergio Dorantes un nombre a base de esfuerzo y enfoque a nivel mundial. Hoy, su cámara que disparó contra muchos problemas sociales es testigo de lo que parece una injusticia más.

 

Publicado: Febrero 2a quincena de 2006



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