Contralínea  

Puerto Rico, el portaaviones de EU

Nydia Egremy
Mientras la mayoría de los países latinoamericanos conforman un eje rebelde al anexionismo estadounidense,  la diplomacia mexicana hacia Puerto Rico se reduce a un consulado y a modestos intercambios económicos en el marco del TLC

 

 


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Puerto Rico es un Estado sin moneda, himno nacional ni idioma propios que, sin ser una colonia, está adosado al sistema estadounidense desde 1952. Sus ciudadanos se dividen entre quienes buscan el anexionismo a la superpotencia y los que anhelan su independencia, muchos de ellos purgan largas condenas en prisiones y torturas por ese afán.

Con esta isla de casi cuatro millones de habitantes, el gobierno mexicano mantiene una relación comercial en el marco del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN), que signó en 1994 con Estados Unidos y Canadá, pero la diplomacia azteca no se ha pronunciado ante el Comité de Descolonización de Naciones Unidas sobre el caso particular de este Estado Libre Asociado (ELA).

Pilar Ostos, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, especialista en el Caribe, observa que en la geopolítica latinoamericana del siglo XXI Puerto Rico constituye “el portaaviones de los Estados Unidos, pues es un factor geoestratégico vital para este país”.

Desde el siglo XIX, el almirante Alfred Taylor Mahan, uno de los máximos ideólogos de la dirigencia estadounidense, detectó el valor estratégico de la isla y lo refirió al presidente Roosevelt, recomendándole controlar el Mediterráneo Americano (el Caribe) a partir de Panamá, Puerto Rico y Nueva Orleáns.

En el contexto de la guerra global contra el terrorismo y la primacía de la seguridad nacional de la superpotencia, la académica Ostos observa que la isla tiene una función geoestratégica como el “Centinela que guarda la entrada al mar Caribe y que por su cercanía con el petróleo de la vecina Venezuela aumenta su importancia”.

Por ello, Puerto Rico aloja bases militares estadounidenses de donde han partido ofensivas contra otros países del continente, como Panamá, pero también a países de otros continentes. Ese “portaaviones de la Marina estadounidense va a resguardar la entrada del Atlántico y a esos países rebeldes, para la dirigencia de Estados Unidos, como Cuba, Venezuela, Brasil y los que conforman el Mercosur.

“Puerto Rico es el vigía sobre Venezuela, cuyo gobierno es capaz de ser contestatario con la superpotencia, por su riqueza petrolera, por sus alianzas con la OPEP, con Brasil y por sus compras de armamento a Rusia y China, de modo que se crea un escenario de riesgo.

“Así, el Caribe ya está custodiado y esa zona es la frontera sur de Estados Unidos”, señala la analista internacional.

 

Bases homicidas

 

Miles de toneladas residuales de municiones no detonadas se han vertido en la isla, así como proyectiles de uranio agotados y desechos de napalm. Como respuesta a esos actos ilegales, los habitantes de la isla de Vieques han visto afectado su sistema ecológico y poseen una tasa cáncer de 26,9 por ciento, la más alta de Puerto Rico.

En esa base se entrenaron las tropas norteamericanas que en 1983 invadieron Granada, y en 1999 a Serbia. El polígono de tiro radicado en la isla es parte de un gran complejo que incluye a la Roosevelt Roads Naval Station, la base naval más grande fuera de los Estados Unidos.

Pilar Ostos describe la especialización de las bases militares estadounidenses en esa isla antillana. “Ahí se prueban submarinos, en Vieques sus habitantes han protestado por la presencia de armamento nuclear, y en la base de Juana Díaz se instalaron radares para controlar la ruta de narcóticos”.

Las denuncias de los puertorriqueños vecinos a esas instalaciones revelan la existencia de gran cantidad de partículas tóxicas que ya afectan la salud pública de miles de personas a las cuales las que autoridades locales y estadounidenses han llamado a desalojar la zona. Se solicitó a la cancilleria mexicana una entrevista con el consul en Puerto Rico y no fue atendida.

 

Sociedad dividida

 

Pilar Ostos en su análisis geopolítico sobre Puerto Rico y Colombia afirma que ya entraron en la categoría de países portaaviones o de Estado-laboratorios para la superpotencia, y advierte: “esa excesiva supeditación de sus dirigentes hacia Estados Unidos –aliados al proyecto estadounidense– constituye un peligro social, una gran amenaza.

“En Puerto Rico es válido preguntarse ¿qué piensa la gente?, no sólo los nacionalistas porque ellos sí dan a conocer su postura, sino la gente de la calle, la que labora y la que asiste a las universidades. ¿Qué opinan? y eso nos lleva a otra cuestión: ¿qué pasaría si la isla no sirviera a los intereses de los Estados Unidos?”, plantea.

Aprecia la especialista que no sería remota la posibilidad de que Estados Unidos bloqueara a ese Estado como lo hizo con Cuba, pues “Puerto Rico conecta a Estados Unidos con el mundo por medio de un cinturón de mercado y seguridad que no va a perder. No se trata de invadir a la superpotencia, sino de ser consciente a los reclamos y reconocer su identidad”.

La pretensión de la superpotencia mundial de arrasar con la identidad boricua tiene como respuesta el fortalecimiento del sector nacionalista, por lo que sería necesario favorecer un proceso para crear un mecanismo alterno “que cale en el colectivo de la gente, desde las familias, las universidades y organizaciones sociales para reconocer su historia. Ahí surge la idea  de soberanía que bien nos la puede enseñar la experiencia histórica de México”.

El puertorriqueño no se siente orgulloso de sí mismo y “esa es una estrategia de los Estados Unidos. Es difícil quitarse de encima el pie del gigante, pero una salida sería a partir de la lucha por la necesidad de defensa del territorio y de la identidad”, afirma la catedrática.

Ante el dilema de ese Estado Libre Asociado, y pese a la proximidad geográfica de México con el Caribe, preocupa a Ostos que esa relación que en el pasado se tradujo en casos como el Pacto de San José, “en la actual dirigencia vemos cómo México ha dado un poco la espalda a esta zona tan importante, geoestratégicamente hablando, vimos cómo prácticamente se dio el rompimiento con Cuba y menguó la relación con Venezuela que es el otro enlace con la región.

“Esto nos demuestra que Puerto Rico en estos momentos no significa un punto relevante en la diplomacia mexicana, lo que importa es la relación con Estados Unidos, y mientras se mantenga el actual gobierno seguirá colaborando con ese país en materia de la lucha anti-drogas”.

En ese sentido, mientras Estados Unidos mantiene a Puerto Rico como un eje en la lucha antidrogas a través del uso de radares y tecnología de punta para interceptar embarcaciones y avionetas en la zona, si existiera una relación más estrecha entre México y la isla, éste podría ser un tema de cooperación bilateral.

“Sin embargo, no vemos en el caso mexicano ese diálogo directo sino a través de Estados Unidos”, lamenta la especialista.

-¿Qué futuro prevé para Puerto Rico?

-En la relación entre estados siempre existen los que ganan y los que pierden. Obviamente los Estados Unidos han utilizado la zona puertorriqueña para hacer experimentos que no hace en su propio territorio. Hago énfasis en que la dirigencia es extremadamente sometida y las protestas de sus ciudadanos son acotadas por los medios estadounidenses.

Es apremiante la apertura de canales por medio de los cuales los puertorriqueños puedan decirle al mundo que seguimos esclavizados por esas dirigencias amparadas en los nuevos intereses coloniales. Es el neocolonialismo, concluye Ostos.

Ejemplo de la situación colonial de la isla, lo constituyen estos dos casos: la ejecución, la tarde del viernes 23 de septiembre del 2005, del dirigente independentista Filiberto Ojeda Ríos, del Ejército Popular Boricua Los Macheteros, un auténtico mito para el movimiento de liberación puertorriqueño, a manos de casi un centenar de pistoleros del FBI que rodeó su vivienda en Hormiguero, a 150 kilómetros al oeste de San Juan de Puerto Rico. Filiberto, de 72 años, era el hombre más buscado por el FBI desde que en 1990 se fugó de Estados Unidos para continuar la lucha por la soberanía en Puerto Rico.

El segundo y no menos dramático asomo a la compleja realidad de Puerto Rico consiste en el rechazo de la Administración Bush a conceder visado al equipo cubano y de ese modo negarle su participación en el torneo mundial de béisbol que se celebrará en San Juan de Puerto Rico. Los ciudadanos de ese Estado Asociado protestaron por esa decisión unilateral que confirma su falta de soberanía.

 

 

Socio o Colonia

 

Tras dejar de ser colonia española, en 1898 Puerto Rico pasó al dominio y control de Estados Unidos. En 1917 entró la Ley Jones y después otras dictadas por el Congreso estadounidense que establecieron la simbiosis entre ambas naciones en estos términos: la isla puede elegir a su gobernador pero debe ser nombrado por Estados Unidos, a cambio de poseer la doble nacionalidad.

Políticamente, desde 1952 Puerto Rico es un Estado Libre Asociado. Económicamente adscrito a la superpotencia es parte del TLCAN aunque no participó en las negociaciones para ingresar, por lo que para los independentistas es una integración subordinada.

"Las relaciones de integración que se han producido en Puerto Rico han sido forzosas, resultado –para empezar– de una invasión y ocupación militar prolongada, donde nunca existieron condiciones aceptables para una integración”, sostienen los independentistas.

El 26 de julio de 1999, el senador estadounidense por Nueva York y ex embajador ante la ONU, Daniel Patrick Moynihan urgió al presidente de Estados Unidos a actuar sobre el caso colonial de Puerto Rico: "por todo nuestro bienestar, este último remanente del imperialismo del siglo XIX no debe permanecer indefinidamente".

Sin embargo, esa nación caribeña y latinoamericana, fue designada por el Tribunal Supremo de Estados Unidos territorio no incorporado de ese país, esto es, que pertenece a pero no forma parte de dicha nación. El propio presidente Clinton en su carta al senador Moynihan aceptó la situación al describir la situación de indefensión de los puertorriqueños.

 

Testimonio independentista

A los siete años, Rafael Cancel Miranda supo que era independentista. Su padre, Rafael Rodríguez, presidió el Partido Nacionalista de Mayagüez, fue encarcelado por la represión política y lo perdió todo. El joven Rafael rehusó saludar la bandera estadounidense en la escuela, más tarde se negó a ingresar en el ejército estadounidense y por ello purgó dos años de prisión en Tallahassee, Florida.

Al salir, trabajó en Nueva York, y en 1953 testificó ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, en donde aseveró que –pese a la afirmación de Estados Unidos– desde la formación del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, la isla nunca había dejado de ser una colonia. Un año después junto con Irvin Flores, Lolita Lebrón y Andrés Figueroa, en un acto desesperado por reconocer esa independencia, dispararon contra legisladores del Congreso estadounidense. Rafael Cancel recibió sentencia de ochenta y cuatro años de prisión por "intentar derrocar el gobierno por medio de la fuerza y la violencia".

Purgó la sentencia en las prisiones de Leavenworth, Alcatraz y Marion, en donde fue encerrado en el "hoyo" durante 18 meses. Fue testigo y protestó por la brutalidad y el racismo en las prisiones y se negó a aceptar su libertad condicional. Ahora, de nuevo en Puerto Rico comparte  con Contralínea su visión independentista y el destino de otros puertorriqueños presos.

“Es difícil pronosticar el futuro legal de nuestros patriotas encarcelados.  Recuerdo que en los primeros años de encarcelamiento (y ya llevan 25 años) la posición de Carlos Alberto Torres, Óscar López Rivera y Haydee Beltrán fue la de ser juzgados por un tribunal internacional, no por los estadounidenses que representan al gobierno con el cual se está en conflicto. 

“En cuanto a Puerto Rico, las leyes estadounidenses que se nos imponen son ilegales ya que somos víctimas de una invasión militar y esas leyes han sido  un acto de fuerza y no de derecho o, como podríamos decir, a punta de pistola. Es obvio que sería absurdo esperar justicia de tal clase  de  legalismo. 

“La lucha por nuestros prisioneros políticos ha sido presionar a los carceleros en distintos foros internacionales, dentro y fuera de Estados Unidos y Puerto Rico.  Así fue como Lolita Lebrón, Andrés Figueroa Cordero, Irving Flores Rodríguez, Óscar Collazo y yo salimos de prisión luego de más de 25 años.

“Me gustaría hacer constar que además de Carlos Alberto, Óscar y Haydee, tenemos otros dos patriotas encarcelados: José Pérez González y José Vélez Acosta, ambos sentenciados y encarcelados por un tribunal estadounidense en territorio puertorriqueño por participar en la lucha por terminar el bombardeo de la Marina de Guerra estadounidense en la isla de Vieques.

“Respecto a nuestro proyecto dentro de la lucha por nuestra liberación nacional estaría reintegrarnos al mundo al cual pertenecemos: a Latinoamérica. Ahora mismo,  siendo nuestra nación puertorriqueña  totalmente controlada social, política, económica y militarmente por los imperialistas anglosajones,  se nos usa como un laboratorio  para la nefasta globalización  y el  igualmente  nefasto neoliberalismo.  

“Cada vez el pueblo puertorriqueño es menos dueño  de lo que por naturaleza le pertenece y, por lo tanto, cada vez es menos nuestro poder sobre nuestras vidas.  Como dijera el maestro don Pedro Albizu Campos: “si no acabamos con el coloniaje, de dueños nos convertiremos en arrimaos y de patronos, en peones”. 

“Desgraciadamente estamos viviendo esa profecía.  Para ponerlo en palabras sencillas, yo vería a la nación puertorriqueña como parte del ALBA, ya sufrimos las consecuencias del ALCA. Como nacionalista puertorriqueño, defensor de nuestra soberanía, caminaría junto a la Cuba de Fidel y su pueblo y a la Venezuela de Hugo Chávez y su pueblo, pues sólo así lograríamos la verdadera soberanía, la que tantas veces ha sido pisoteada por el imperialismo yanqui.”

 

 

 

FBI contra independentistas

 

La estadounidense Agencia Federal de Investigación (FBI) desclasificó casi un millón de documentos que prueban la persecución contra independentistas puertorriqueños. Una solicitud del Senado de esa isla caribeña, confirmó un secreto a voces: el hostigamiento contra una nación  bajo la lógica colonial de la superpotencia. Una resolución de Manuel Rodríguez Orellana, del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), impulsó esa investigación.

Carpetas, son los miles de expedientes, ficheros y documentos (casi 75 mil) que armó la FBI de militantes independentistas, ambientalistas, estudiantiles, pacifistas, feministas y sindicalistas y unas mil organizaciones, perseguidos por opositores al Estado Libre Asociado (ELA). Los formatos son iguales a los que utiliza la FBI contra disidentes políticos en Estados Unidos.

Este recurso de países totalitarios sirvió a la estrategia del Estado para obtener información de miles de presuntos disidentes. Los datos se usarían, eventualmente, para arrestar o torturar a los fichados. El escándalo de las carpetas "explotó", en 1987 cuando William Colón Berríos, un policía que participó en los asesinatos de Cerro Maravilla, declaró a la radio que la Policía poseía una lista de subversivos independentistas en la que figuraba el propio Superintendente de la Policía de entonces, Carlos López Feliciano, estaba en la misma.

Las carpetas contienen especulaciones y fantasías de los agentes de la inteligencia política en colaboración con cientos de confidentes y se almacenaban en los Cuarteles Generales de la Policía de la isla. En esa operación, la Policía de inteligencia atendió más la actividad independentista que al crimen organizado, pues, dirigida por las agencias de inteligencia estadounidense, buscó impedir la lucha independentista puertorriqueña. Parte importante de los recursos de la inteligencia se realizó a través de programas como COINTELPRO entre 1960 y 1971.

La práctica del "carpeteo" a por lo menos 75 mil personas, se hizo desde la Policía y el Departamento de Justicia del ELA. Esa política gubernamental afectó de por vida a miles de ciudadanos a quienes se vetó la igualdad de oportunidades de empleo o de estudios.

Agentes encubiertos los seguían 24 horas o se les hostigaba abiertamente. Agentes (la mayoría) de la División de Inteligencia de la Policía, interceptaban teléfonos y hacían cateos ilegales. Se buscaba destruir el movimiento independentista y grupos o individuos afines al cambio social.

José Javier Colón Morera, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Puerto Rico y coautor del libro Las carpetas: persecución política y derechos civiles en Puerto Rico, 1998 advirtió: “No podemos bajar la guardia. Los viejos métodos del carpeteo podrán estar en desuso pero la represión política subsistirá mientras persista el colonialismo. Las agencias federales no han respondido legalmente y sus bancos de datos sobre el independentismo están intactos”.

Mientras, el gobierno del ELA sólo compensó a Juan Caraballo López, militante independentista, por los daños que sufrió por esa práctica. El único entre miles de puertorriqueños. (Nydia Egremy)

 

 

Publicado: Febrero 1a quincena de 2006



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