En una conferencia de prensa ofrecida en diciembre pasado, el subdirector de Auditoria en Seguridad Industrial y Protección Ambiental de Petróleos Mexicanos (Pemex), Daniel Gómez Bilbao, aseguró que durante 2005 Pemex Refinación, bajo la dirección de Juan Bueno Torio, ejerció 3 mil 500 millones de pesos para mejorar la seguridad de las instalaciones; sin embargo, informes internos de la paraestatal revelan que las condiciones de la subsidiaria que operó Bueno Torio –quien a los tres años renunció a ella para sumarse a la campaña presidencial de Felipe Calderón Hinojosa y, al mismo tiempo, buscar una curul en el Senado de la República– se encuentran en condiciones deplorables y de alto riesgo.
De acuerdo con un informe confidencial de la Dirección Corporativa de Operaciones (DOC), que encabeza Marcos Ramírez Silva, en donde se realizan las auditorias de seguridad de Pemex, se expone de manera general que las instalaciones del área de Refinación presentan deficiencias físicas graves, y advierte que el caso más delicado es el de la Refinería de Salamanca, cuyas instalaciones registran índices máximos de riesgos porque ponen en peligro no sólo las instalaciones de la paraestatal, sino también la vida de los trabajadores y de los propios habitantes de esa ciudad, quienes debido al crecimiento urbano desordenado habitan muy cerca de la refinería, es decir, dentro de una bomba de tiempo.
El informe interno de la Dirección Corporativa de Operaciones (DCO), fechado el 25 de julio de 2005, elaborado dentro del llamado “Programa de Emergencia”, establece el mapa de riesgos en la Refinería de Salamanca, que fueron detectados tanto por el personal de la DCO como por el de Pemex Refinación, mediante una serie de visitas a dichas instalaciones.
Entre otros, el informe indica que durante los tres años que Bueno Torio estuvo al frente de Refinación, el lapso en que se presentó el mayor número de accidentes en esta refinería fue durante el 2005, sobre todo en febrero.
El mapa de riesgos elaborado por los ingenieros Javier Altamirano, Rubén Ramón y Mario Núñez de la DCO y Rodolfo Estavillo, Antonio Álvarez y un equipo directivo de Salamanca, todos adscritos a Refinación, establece 53 “hallazgos” de los cuales nueve “se encuentran en el rango de intolerable”, es decir, deterioros o alteraciones que tienen un impacto del 75 al 100 por ciento.
Las instalaciones en donde se registran las peores condiciones son en la recuperadora de vapores, en la reformadora de naftas, en hidrosulfuradoras y recuperadoras de azufre, en reformadoras de alcohol isopropílico, en las estaciones de bombeo y almacenamiento, en la desparafinadora de aceites lubricantes y en la desasfaltadora de aceites lubricantes.
En el sector 7 de la refinería se localizó el “sistema de detección de gases fuera de servicio en la estación de medición” de LPG (Gas LP) en el ducto que va de Salamanca-Guadalajara, las consecuencias probables: “explosión e incendio, con daño a instalaciones”.
En ese mismo sector se encontró un tramo de ducto (de un kilómetro) enterrado en la estación de regulación del gasoducto de Valterrilla-Salamanca, sin datos de espesores desde 1963, además de alta corrosión en dos válvulas y en espárragos. Las consecuencias probables definidas: “explosión e incendio, con afectaciones a la comunidad”.
En el sector 9 de la refinería se descubrió que las bombas de gas propano de la planta desasfaltadora de lubricantes no tiene sellos ni sistemas de detección de mezclas explosivas, y las consecuencias pondrían en “riesgos de fuga y explosión con afectaciones a las instalaciones”.
También uno de los tanques de gas (el tanque 2C-11) “no cuenta con válvulas de corte para altos inventarios”. Los riesgos: “fuga y explosión”.
En el sector 10 se detectó el deterioro en que se encuentran dos subestaciones eléctricas con las siguientes consecuencias probables: corto circuito con incendio, daños al personal y paro de instalaciones.
En el mismo sector, por la “falta de mantenimiento” no funcionan las alarmas del sistema de control de la planta de generación de fuerza, lo que podría causar –estima el informe– desde fallas eléctricas hasta el paro total de la refinería.
Bomba de tiempo
Según el análisis de los ingenieros de la Dirección General de Operaciones y de Pemex Refinación, en la Refinería de Salamanca una las condiciones consideradas entre las más críticas, es que las esferas de almacenamiento de gas LP y de gas Isobutano se encuentran operando hasta en 90 por ciento de su capacidad, sin que los cuartos de control, desde donde se verifica y regula su capacidad, tengan señal alguna de su nivel de lleno, con altas probabilidades de “fuga y explosión”.
Los tanques de almacenamiento de propileno están desnivelados, no tienen alarmas de detección de fugas y el sistema de detección de mezclas explosivas está dañado, lo que genera alta probabilidad de fugas y explosiones.
De forma irregular, según el informe, en esta refinería los antiguos cuartos de control de la planta se encuentran ocupados por personal del área de mantenimiento, pero dichas instalaciones no son a prueba de explosión ni “cuentan con sistema de presurización” y además “se encuentran ubicados dentro de la zona de afectación del alto riesgo”. Las consecuencias: posible explosión y lesiones a trabajadores y daño a instalaciones en caso de presencia de atmósferas explosivas.
La mayoría de los candados de los cuartos de controles de motores de toda la refinería están adulterados, según el diagnóstico. Las bombas están alteradas, lo mismo que las tarjetas candado de las bombas, dicha irregularidad está identificada entre las más críticas.
En la refinería se almacenan de manera irregular más de 20 mil toneladas de sosa gastada, clasificada como residuo peligroso, en dos tanques de combustóleo (tanques TV 508 y TV 7B), los cuales también presentan altos grados de corrosión por las propias sustancias que almacenan. Mientras que los calentadores de alto vacío emiten, fuera de norma, un contaminante muy grave y venenoso, como es el dióxido de azufre.
Veneno permanente
Un fuerte olor a huevo podrido se mezcla con el pegajoso olor a gasolina quemada. Cuando alguien aspira aquel olor penetra las fosas nasales, y la picazón y nauseas son inevitables, pero la gente de Salamanca ya ni lo siente. Aun así, las emisiones de dióxido de azufre que ilegalmente lanzan las viejas y deterioradas instalaciones de la Refinería de Pemex inducen en ellos enfermedades respiratorias, como asma, y en algunos casos presentan tumores cancerígenos que les han sido detectados tanto en hospitales del sector salud, como en el propio hospital de Pemex en la zona.
María Isabel Moreno, de la organización no gubernamental Dame, señala que de acuerdo con los niveles de contaminación en la zona, registrados por especialistas en medio ambiente, las emisiones irregulares de la refinería contribuyen a que Salamanca ocupe el primer lugar entre los municipios más contaminados a nivel nacional.
Aunque el informe interno de Pemex confirma que los directivos de la paraestatal tienen conocimiento del veneno que emite la refinería, porque el entonces director de Refinación, Juan Bueno Torio, hizo caso omiso de la advertencia y, hasta ahora, las expulsiones contaminantes continúan.
Para dar respuesta a estas graves irregularidades en Pemex Refinación, se solicitaron entrevistas con el nuevo director general Miguel Tame; con Marcos Ramírez Silva, director corporativo de Operaciones, y Juan Nebrandt García, coordinador corporativo de Análisis de Accidentes, pero ninguno accedió a hablar sobre las condiciones de inseguridad que guardan las instalaciones de la paraestatal.
El asunto de Salamanca es apenas uno de los problemas de infraestructura que presenta el área de la paraestatal que hasta hace unas semanas fue conducida por Bueno Torio. El informe interno de la DCO declara instalaciones “críticas”, además de la Refinería de Salamanca, las refinerías de Salina Cruz y Minatitlán.
Respecto a la refinería de Salina Cruz, el documento detalla accidentes ocurridos el 14 de julio de 2005 (es decir, 11 días antes de que se presentara el informe), y de accidentes en la Refinería de Tula (el 27 de junio) que ocasionó la muerte de un trabajador de Pemex, quien cayó en una fosa de azufre líquido.
Y señala también que, debido a las deplorables condiciones en las que se encuentran los ductos, tan sólo en un periodo de nueve días se registraron 11 fugas de combustible en líneas a cargo de Pemex Refinación y en Pemex Exploración y Producción. Destacan por su relevancia “las ocurridas el día 20 en el oleoducto de 30” Nuevo Teapa-Poza Rica y en el "etanoducto de 20, Cactus Cangrejera”.
El informe indica que durante el 2005 los accidentes fueron más graves que los acaecidos en el 2004. El documento cita: “a últimas fechas se han registrado accidentes muy graves, cuya afectación la resintió la población, en donde fallecieron seis personas”.
De acuerdo con el análisis, por lo menos desde el 1 de enero y hasta el 21 de julio de 2005, todos los meses ocurrieron accidentes en Pemex Refinación. Por ejemplo, durante julio se presentaron 16 accidentes incapacitantes en las instalaciones de Pemex, más de la mitad de éstos sucedieron en instalaciones de refinación (nueve accidentes).
De enero a julio de 2005, informa el documento, los accidentes suscitados en Pemex Refinación tuvieron un saldo de 90 personas con lesiones de incapacidad y un deceso.
En materia de seguridad, según el análisis, la Refinería de Salina Cruz (Oaxaca) fue en donde aconteció el mayor número de accidentes, seguido por la Refinería de Madero.
Respecto a la Refinería Tula, en donde aconteció un accidente el 27 de junio, las evidencias incluidas en el informe detallan las deplorables condiciones que guardan las instalaciones en esta refinería donde, según los registros, la fosa de azufre está podrida, lo que causó que un trabajador cayera dentro de ella... él murió allí adentro.
Los trabajadores de las empresas contratistas de Pemex Refinación también sufrieron accidentes durante casi todos los meses –a excepción de junio de 2005–, aunque aumentaron durante abril de ese año. Según el informe, durante julio de 2005 ocurrieron 13 “accidentes que dejaron incapacitados a un número igual de trabajadores de empresas contratistas, cuatro de ellos con consecuencias fatales. De los mencionados accidentes 90 por ciento, según las estimaciones, tuvo lugar en instalaciones de Refinación y PEP.
El informe habla también de las malas condiciones de los ductos de Refinación, los cuales en una sola semana (del 15 al 22 de julio de 2005) registraron tres fugas. Hasta esa fecha se habían detectado 125 mil fallas en ductos de Refinación, considerados como puntos críticos. Respecto a las condiciones de los sistemas de transporte de Pemex Refinación, tras verificar mil 100 kilómetros de ductos en “derecho de vía” (de Nuevo Teapa-Poza Rica y Nuevo Teapa-Venta de Carpio), se localizaron 20 “hallazgos intolerables”.
Nanchital, asunto pendiente
El accidente más grave ocurrido en el sistema de ductos de Pemex, fue precisamente en instalaciones de Pemex Refinación durante la administración de Juan Bueno Torio; es decir, el derrame de 5 mil 200 barriles de crudo del oleoducto Mazumiapan-Nanchital sobre el río Coatzacoalcos, en el municipio de Nanchital, en diciembre de 2004, que hoy en día sigue como un asunto pendiente de subsanar, sobre todo respecto a los daños causados en ese municipio.
El desastre que generó la contaminación de 14 kilómetros de la margen derecha del río Coatzacoalcos y las riberas de los arroyos Teapa, Galapa y Tepeyac, todos en Veracruz, determinó que el Congreso de la Unión autorizara a Refinación un presupuesto de 3 mil 500 millones de pesos para resolver los puntos críticos en la empresa durante el 2005, monto que, según información oficial de Pemex Refinación, se ejerció a cabalidad, por lo que no se explican las condiciones actuales que guardan las instalaciones en refinerías y ductos.
El desastre ocurrido en Nanchital benefició directamente a los empresarios de origen poblano Juan de Dios, Rodolfo y Alejandro Saint Martín Zepeda, dueños de la empresa Construcciones Saint Martín, ligados también a las gestiones en Pemex de Manuel y Jorge Bribiesca Sahagún, hijos de Martha Sahagún.
Dichos contratistas desde hace varios años están fichados en la paraestatal por los propios órganos internos de control, debido a incumplimientos en contratos y defraudación en contra de Pemex, además de falsificación de documentos oficiales, todo esto documentado por Contralínea (número 28).
En el caso del accidente en Nanchital, fuentes internas de Petróleos Mexicanos revelan la “oscura” negociación que favoreció a los empresarios ligados también a las gestiones de los hijos de Marta Sahagún.
Las fuentes indican que los peritajes reales del desastre en Nanchital descubrieron que el accidente se debió, más que a las malas condiciones de los ductos, a la negligencia y a la falta de preparación del personal designado por Refinación a esa zona, con las consecuencias ya señaladas.
Aunque en esos días la empresa de los Saint Martín tenía denuncias por irregularidades no sólo dentro de Pemex sino también ante la Semarnat, y con el antecedente de que era una empresa que se caracterizaba por sobornar a los supervisores de Pemex a cambio de incumplir los contratos de biorremediación asignados por Pemex Exploración y Producción en la región sur, sureste y en la zona de Cantarell, de PEP, cuando ésta era dirigida por Luis Ramírez Corzo, Bueno Torio ordenó la adjudicación del millonario contrato a dicha empresa para remediar esa zona de Veracruz.
Sin objeción alguna, el entonces titular de Refinación aceptó que su jefe el director general de Pemex, Ramírez Corzo, decidiera directamente a qué empresa debía asignársele el contrato para la limpieza y remediación de la zona, maniatado porque de lo contrario quedarían en evidencia las condiciones de Refinación en el estado de Veracruz –revelan las mismas fuentes–. Ramírez Corzo otorgó el contrato “emergente” a Saint Martín, que hasta ese momento era contratista únicamente de Pemex Exploración y Producción, y fue el contrato de Nanchital precisamente la puerta de entrada de los hermanos Saint Martín, para obtener los contratos de Refinación.
Desde las primeras semanas de que les fuera asignado el contrato para recolectar el crudo y remediar la zona, hasta diciembre de 2005, a un año de ocurridos los hechos en Nanchital, según Pemex, la paraestatal había invertido mil 400 millones de pesos en la reconstrucción de la zona. De la cantidad asignada para las obras, 450 millones se le pagaron a Juan de Dios Saint Martín, aun cuando su empresa incumplió el contrato que le asignara de manera directa Ramírez Corzo y que originalmente fuera pactado por un monto de 987 millones de pesos.
Para el alcalde de Nanchital, Francisco Ocejo, Petróleos Mexicanos no ha concluido su compromiso con la población en esa parte del estado. Y es que a poco más de un año de ocurrido el siniestro, dice el alcalde, los trabajos de remediación en la zona (actualmente a cargo de especialistas de la Universidad Veracruzana y de la Universidad de Oaxaca) no llevan siquiera un 20 por ciento de avances.
Ocejo rechaza tajante que hayan sido 5 mil barriles los que se derramaron en esa zona en diciembre de 2004 y denuncia que fueron por lo menos 10 mil barriles “y hasta nos quedamos cortos”. El alcalde responsabiliza directamente a Luis Ramírez Corzo por los daños de Pemex en la región. Dice que actualmente forma alianza con otros alcaldes de Veracruz para exigir a Pemex que se comprometa realmente a remediar Nachital, y es que apenas en octubre se registró un nuevo derrame de más de 2 mil barriles de petróleo de nueva cuenta en ese municipio.
La solución que Pemex dio a Nanchital es por demás superficial, coincide el titular del Consejo Estatal de Protección al Ambiente (Coepa), Claudio Torres Nachón. Según el investigador de la Universidad Veracruzana, Ernesto Rodríguez Luna, actualmente no se puede siquiera medir el impacto real en el ecosistema causado por el accidente en esa zona.
Desastres ocultos
En los dos primeros años de Juan Bueno Torio al frente de Pemex Refinación se registraron alrededor de 100 accidentes, ocultos de manera oficial entre fugas, explosiones, derrames e incendios con consecuencias de trabajadores heridos y muertos en instalaciones como la Refinería Ingeniero Héctor R. Lara Sosa, en la Refinería General Lázaro Cárdenas, en la Refinería Ingeniero Antonio M. Amor, en la Refinería Antonio Dovalí Jaime, en la Refinería Miguel Hidalgo y en la Refinería Francisco I. Madero. Los accidentes afectaron tanto a trabajadores como a las propias instalaciones.
De los accidentes con daños a terceros, de acuerdo con información proporcionada por la Subdirección de Almacenamiento y Distribución de Pemex Refinación, entre 2003 y 2004 se presentaron accidentes en la Terminal de Almacenamiento y Distribución (TAD) de Ciudad Madero y en la de Ciudad Juárez, en el TAD de Rosarito, de Oaxaca, de Poza Rica, de Tuxpan, en Salina Cruz y fugas y explosiones en los ductos de Rosarito, en los oleoductos del municipio de Ozulama; El Suchil, municipio de Jesús Carranza, y fugas y explosiones en el estado de Oaxaca, así como en los ductos de los municipios Matías Romero, Salina Cruz, El Espinal, Asunción Ixtaltepec, Santa María Petapa y San Juan Guichicovi.
En la región centro, por ejemplo, la Terminal de Almacenamiento y Distribución Añil, presentó cinco accidentes de noviembre de 2003 a marzo de 2004, originados, según información interna de Pemex, por las malas condiciones de dicho centro de trabajo, lo mismo que percances registrados en el TAD de Azcapotzalco, estos últimos porque según Refinación, el personal de dicho centro no estaba capacitado en los programas de seguridad industrial.
En la región sureste, de acuerdo con la información proporcionada a través del IFAI, entre 2003 y 2004 se consignaron fugas y explosiones en poliductos de Minatitlán-Villahermosa; en rancherías el municipio de Huimanguillo, Tabasco; en Lerma, Campeche; en los ejidos Rancho El Candil; en el Predio 7 Leguas, y en Pajaritos, todos del municipio de Coatzacoalcos, Veracruz; en los ejidos Santa Catalina y en Estación Cuatotolapan, ambos del municipio de Hueyapan, Veracruz, y en el ejido Taconeto, en Minatitlán, Veracruz.
Y fugas y explosiones en los ejidos Paso Real, Río Moreno y Palma Sola, del municipio de Omealca, Veracruz, y en los municipios Tierra Blanca, Cosamaloapan, Ángel R. Cabada, San Andrés, Medellín, Tlalixcoyan, Villa Azueta, Maltrata, todos en Veracruz. En el estado de Puebla en los municipios: Quecholac, Acatzingo, Acajete, Tepeaca. En el municipio Acatlán de Pérez, Oaxaca, y en Huixtla, Chiapas.
También explosiones en los poliductos en los ejidos Pico de Oro, Nuevo Centro, en el municipio Huimanguillo, Tabasco.
Y en los poliductos del municipio de Agua Fría, Puebla, y en ejidos de Tuxpan, Veracruz, como el ejido La Calzada y el ejido Países Bajos.
Para el año 2005, el último de la administración de Bueno Torio, la Procuraduría Federal de Protección Ambiental documentó 200 accidentes ocurridos en Veracruz en instalaciones de Pemex, la mayoría de éstos fueron fugas, derrames y explosiones en ductos de Refinación, con un saldo de nueve personas muertas y decenas de heridos.
Según información proporcionada por Pemex a través del IFAI, ni siquiera Refinación cuenta con un estimado de los daños materiales ni humanos o de daños a terceros provocados por todos estos accidentes.
Curiosamente es en Veracruz, estado por el que el hoy el ex director de Refinación disputa la candidatura del PAN a una senaduría, en donde se registraron el mayor número de accidentes en la historia de Pemex Refinación, según datos de la propia paraestatal.
En los próximos días, señala la senadora Noemí Guzmán Lagunes, el senado de la República citará a comparecer al director general de Pemex sobre el asunto en Nanchital y sobre los incontables accidentes causados por la paraestatal en Veracruz. Este mismo asunto podría afectar las aspiraciones políticas de Juan Bueno Torio, por su responsabilidad en las condiciones de las áreas de refinación donde se han registrado los desastres.
Aunado a las condiciones deplorables en que Bueno Torio deja la paraestatal, a pesar de recibir apoyo incondicional de la familia presidencial, el panista aún es investigado por los órganos internos de control, por sus nexos con Manuel Beltrán, representante de la empresa Promotora Mexicana de Proyectos, grupo empresarial interesado en las primeras franquicias gasolineras que Pemex abrirá en Centroamérica.
Además de sus nexos con otros empresarios beneficiados en conseciones de gasolineras por Pemex Refinación durante su administración.
El fracaso de DuPont
Por adjudicación directa al final del sexenio foxista, la trasnacional DuPont logró monopolizar los contratos de seguridad industrial en las instalaciones de todas las subsidiarias de Petróleos Mexicanos. Si bien antes de la llegada de Vicente Fox a Los Pinos, DuPont era un proveedor que participaba en las licitaciones públicas de Pemex para la adjudicación de contratos relacionados sobre todo con el abasto de insumos en Refinación, entonces a cargo de Armando Leal Santa Ana. Desde 1996 DuPont –cuando la trasnacional era dirigida por el mismo Muños Leos– vendió a la subsidiaria cursos de seguridad para todas sus refinerías, que al parecer no han tenido buenos resultados.
La llegada de Raúl Muños Leos, ex director de DuPont, como titular de la paraestatal abrió la puerta de lleno a la trasnacional y desplazó al propio Instituto Mexicano del Petróleo (IMP), encargado de diseñar los programas de seguridad en Pemex.
Raúl Muños Leos inició el desmantelamiento premeditado del IMP para beneficiar de lleno a DuPont, acusan ingenieros del Instituto.
Al IMP, institución creada en la década de los sesenta y dedicada a formar profesionistas en el ámbito petrolero y crear los sistemas de seguridad para la paraestatal, se le ha castigado desde la llegada de Vicente Fox a la Presidencia de la República con un presupuesto donde se autoriza una partida mayor para los gastos personales de sus funcionarios, que para los propios materiales y suministros.
Ricardo Decle, de la Unión Nacional de Trabajadores de Confianza de la Industria Petrolera, dice que la paraestatal sacrificó los sistemas de seguridad –con el paulatino desmantelamiento del IMP– en beneficio de las empresas privadas, como la trasnacional DuPont.
Sin embargo, los onerosos sistemas de seguridad implantados por DuPont en las áreas de Pemex no son muy efectivos.
En noviembre de 2002, el Instituto Mexicano del Petróleo y el Instituto Battelle (organización no lucrativa de origen francés) realizaron para Pemex Refinación un programa denominado “Los mejores procedimientos de análisis de incidentes o accidentes”, que analiza desde las causas básicas de un accidente y cómo prevenirlo, hasta el accidente de mayores magnitudes. Sin considerar la propuesta de dicho procedimiento, en diciembre de 2002, Refinación contrató a un grupo de consultores de DuPont para impartir seminarios en materia de seguridad.
Refinación también contrató a DuPont para impartir tanto el llamado Curso Stop, como la adquisición de papelería y formatos para este mismo sistema, artículos de oficina, manuales y folletos por más de 3 millones de pesos durante 2003, año en el que se registró el mayor número de accidentes en Refinación. (Ana Lilia Pérez) |