Contralínea  

La expedición a México

Zósimo Camacho / David Cilia, fotos / enviados
Esta vez los zapatistas no buscan a todos. Ni siquiera a quienes se ubican a sí mismos dentro del espectro político de la izquierda. Sólo a aquellos que se asumen anticapitalistas y están dispuestos a trabajar pacíficamente por abolir la explotación del hombre por el hombre. Quedan fuera los “marxistas de pantunflas”. El periplo es ambicioso: organizar y coordinar las luchas de los desposeídos en un Programa Nacional de Lucha

 

 


Publicidad

Chetumal, Quintana Roo.- El pequeño cuerpo de seguridad es fácilmente superado. Un alud de fotógrafos, reporteros y admiradores engulle al subcomandante Marcos apenas baja de la camioneta Van blanca. Se escuchan vítores y gritos exaltados de mujeres que lo reciben cual personaje de la farándula. Los anfitriones del guerrillero zapatista le abren paso accidentadamente. Entonces hay empujones, jaloneos, golpes, caídas de camarógrafos.

El delegado Zero sólo necesita agitar su mano para recibir los aplausos de la mayoría de los mil asistentes al encuentro de La Otra Campaña en el parque alameda de esta ciudad. Pero no todo marcha sobre ruedas y Marcos lo sabe. Aproximadamente 40 provocadores organizados se han instalado en el centro de la plaza y alrededor de la concentración. Han aceptado la propaganda que les ofrecen los miembros de las organizaciones políticas que suscribieron la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y que acompañan la caravana del subcomandante.

Así, ostentan periódicos y revistas de izquierda e, incluso, algunos se colocan debajo de las mantas rojas del Frente Popular Revolucionario. La función de unos es la de manifestar abierto rechazo a los discursos vertidos durante el mitin, mientras que la de otros es la de interrumpir el desarrollo del evento mediante aplausos y supuestas muestras de apoyo al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) que nunca terminan.

La mitad de estas personas se retirarían durante el discurso de Marcos ante la abrumadora mayoría de los simpatizantes del guerrillero y los restantes se reunirían en una esquina de la plaza para evaluar sus resultados. Estos reconocen su simpatía por el Partido Revolucionario Institucional y por la presidenta municipal de Chetumal, Cora Amalia Castilla Madrid.

Casi al inicio del acto un hombre de aproximadamente 50 años interpela al subcomandante Marcos. Le pregunta qué ha hecho por Chiapas y qué ha cambiado desde el surgimiento del EZLN. Le echa en cara la falta de empleos en ese estado y la pobreza de las comunidades. Los provocadores le aplauden. Marcos le contesta que “pida dinero al que le pagó por hacer su escándalo aquí para que pueda visitar las comunidades zapatistas. Ahí verá que los pueblos zapatistas viven mejor que los del PRI, PAN y PRD.”

El delegado Zero enumera una serie de servicios que los pueblos rebeldes no tenían antes de 1994: hospitales, escuelas, vivienda, tierras. Los aplausos de sus simpatizantes no se hacen esperar; pero esta vez Marcos no está sereno. El nerviosismo le hace tartamudear hasta en tres ocasiones durante su intervención. Uno de los actos más cortos desde el inicio de La Otra Campaña termina con la entrega del bastón de mando de indígenas mayas de Quintana Roo.

Se trató del primer mitin de Marcos en cinco años en una plaza pública fuera de Chiapas. Un día antes, en Palenque, se había despedido de quienes lo llevaron por casi todo el estado.

“Cuídenlo bien”

En Palenque, Chiapas, los discursos son escuetos y en voz baja y pausada. La concurrencia es de aproximadamente 50 personas. No hay arengas, sino diálogos, conversaciones casi informales entre quienes “entregan” al delegado Zero y quienes lo reciben. Es la primera salida oficial del estado del subcomandante Marcos en cinco años. Sale austero, sin alardes y con una comitiva que se reduce aún más. No hay mitin de despedida. “Cuídenlo para que regrese con bien”, dicen lacónicamente los adherentes chiapanecos a los de Quintana Roo.

Del convoy escoltado por patrullas de la Policía Federal Preventiva se desprenden algunos vehículos. El grupo de apoyo logístico conformado mayoritariamente por estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México, que acompañó al subcomandante desde el primero de enero, deja la caravana. No recorrerá algunos estados de la península. Y es que no hay recursos. Por momentos, los gastos que genera el traslado ponen en aprietos a los acompañantes de Marcos.

A diferencia de la Marcha del Color de la Tierra de 2001, en el presente periplo del líder guerrillero no hay grandilocuencias ni actos multitudinarios. El subcomandante privilegia los auditorios pequeños y esquiva las adulaciones de quienes le ofrecen “total apoyo” con la vehemencia que lo harán cuando los visiten los candidatos a la Presidencia de la República.

Y es que no todos los asistentes a los diálogos de La Otra Campaña son convencidos adherentes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Se observa a familias enteras que van sólo para “tomarle la foto” a Marcos; otros, “para ver qué dice” y los menos, para cuestionarlo. A todos se les permite el uso del micrófono. Hay quienes incluso le solicitan drenaje, agua potable, vivienda y que realice trámites “ahora que vea al presidente Fox”.

Con todo, la mayoría son miembros de las organizaciones locales que se adhirieron a la Sexta y que son anfitriones del subcomandante. Las personas hablan sin límite de tiempo sobre los problemas que le atañen. Muchos de quienes piden la palabra nunca antes habían hablado por micrófono y ante un auditorio. Cualquiera puede hablar y, como en el cine Palacio de Tonalá, les representa una oportunidad catártica que los lleva a llorar mientras se quejan de injusticias padecidas y gritan “¡ya basta!”.

Organizando la lucha

El delegado Zero se llevó de Chiapas los primeros apuntes que deberá incluir en el Programa Nacional de Lucha y que presentará en la segunda mitad del presente año. Respeto al derecho a la diferencia y a la cultura indígena; defensa de las tierras de los campesinos; tarifas justas en el cobro del consumo de la energía eléctrica, y creación de escuelas de todos los niveles educativos en el estado son, entre otras, las demandas que se repitieron en la mayoría de las comunidades que visitó el convoy de La Otra Campaña.

Atrás dejó Huixtla con una demostración de fuerza del EZLN, donde reunió a cientos de bases de apoyo de esta zona de la costa y de la sierra madre de Chiapas. Ahí se denunció la negligencia e incompetencia de las autoridades de los tres niveles de gobierno ante los estragos causados por el huracán Stan. En un predio de platanales, además de las intervenciones de las bases de apoyo y de los lugareños, se manifestaron las organizaciones políticas que signaron La Otra Campaña y los “zapatistas de la UNAM”, que realizan brigadas de ayuda humanitaria y de alfabetización en la zona.

Y también atrás quedaron los pueblos pesqueros de San Isidro, Pijijiapan y Joaquín Amaro. En éste último, los pobladores prefieren trasladarse en lancha a otra población costera para ofrecer sus productos y comprar mercancías antes que intentar salir por el abrupto camino rústico que lleva a la carretera.

A diferencia de la gente de la selva y Los Altos, la gente de la costa de Chiapas es extrovertida. Los niños rítmicos, cuyos rasgos denotan la presencia de la sangre africana en sus venas, tocan a los visitantes, los invitan a sus juegos, se integran a las canciones de lucha obrera que entonan los integrantes del Frente Popular Revolucionario y del Partido Comunista Marxista Leninista. Alegres, ondean las banderas de la hoz y el martillo sin que remotamente tengan una idea de su significado y con ellas corren descalzos por las calles de su comunidad.

Con aplausos, los habitantes de Joaquín Amaro despiden al convoy de La Otra Campaña. Al detectarse la presencia de hombres armados a bordo de tres camionetas, las mujeres del pueblo entrelazan sus manos para formar una valla humana e impedirles el paso. Ordenan a sus hijos correr al interior de sus casas y, con decisión, increpan a los pistoleros. Cuando sale el último carro de la caravana alcanzan a gritar: “cuídense, gracias”, como si ellas no hubieran sido quienes mostraron una entereza temeraria.

Es el inicio de un recorrido inédito por el país que promueve la organización de los pobres y excluidos. Acaso es la última carta de los zapatistas para evitar que, en palabras del delegado Zero, “se repita un primero de enero de 1994 y para que nadie tenga que tomar un arma, cambiarse de nombre y ponerse un pasamontañas”.

 

Publicado: Febrero 1a quincena de 2006



Tu opinión:

Tu nombre:
E-mail

Escribe tu mensaje aquí:

Publicidad

ÍNDICE Febrero
1a quincena 2006

Enviar a un amigo
Opina sobre este texto
Página de inicio


Publicidad

 

Humor
 

 

Avance Contralínea

 

Números atrasados

 

Publicidad

 

Números atrasados

 

 

 

 

Suscríbete


En la República:  

De actualidad  


 




Baja California Chiapas Chihuahua Coahuila Estado de México Guanajuato
Oaxaca Sinaloa Sonora Hidalgo Michoacán NacionalTamaulipas Veracruz Zacatecas
Revista Contralínea
Av. Juárez 88, primero piso, desp. 110 y 111. Col. Centro, México D.F.
Tels: 9149-9808 /30 /07
La otra campaña, el Ejército Zapatista y el Subcomandante Marcos
Sitios Recomendados:
| Oficio de Papel | Revista Fortuna | Los periodistas | Fraternidad de Reporteros de México |

Responsable del sitio: Gonzalo Monterrosa Galindo