En su triple función, Lydia Cacho conoce las historias de los abusos contra mujeres, niñas y niños, tanto de violencia intrafamiliar como fuera de ésta. Y está al tanto de los abusos sexuales cometidos contra ellos, así como de la creciente pornografía infantil en la entidad donde vive y convive con las desgracias de esas perversiones. Con la información documentada en los medios de comunicación, a raíz del encarcelamiento en Arizona del hotelero Jean Succar Kuri, ante la solicitud de los tribunales mexicanos para que sea extraditado y responda como presunto responsable de pederastía y pornografía infantil, escribió un libro: Los demonios del edén: el poder que protege a la pornografía infantil (editorial Grijalbo.-2005).
En ese texto la periodista, tras su investigación sobre hechos consumados, ofrece a los lectores la historia, pues, de Succar Kuri y sus relaciones de complicidad con otros abusadores sexuales de niños y niñas; y, también, da a conocer los intereses creados de ese empresarios con el poder político y judicial, no solamente de Quintana Roo, sino, ahora lo sabemos, también de Puebla. Y, al parecer, esos tentáculos llegan hasta las instancias federales. Uno de los amigos de Succar Kuri es otro empresario millonario: Kamel Nacif Borge, a quien las víctimas del primero han señalado como otro abusador sexual y, además, ha sido mencionado en los medios de comunicación escritos como practicante de esas perversiones. Y cuyas informaciones, publicadas, hacen referencia a su “detención por la FBI, sus relaciones con el juego y el presunto lavado de dinero en Las Vegas, los escándalos con el FOBAPROA y las denuncias por acoso sexual en sus maquiladoras” (La Jornada: 29/XII/05).
Este último: Kamel Nacif Borge, haciendo alarde de sus influencias y amistad con los trogloditas del poder Judicial de Puebla y del (des)gobernador de la entidad, un tal Mario Marín Torres, interpuso una demanda contra la autora del libro, quejándose de que su “honor” y “reputación” habían sido vulnerados, afectando su fama pública. En el más completo sigilo, el Ministerio Público, el desgobernador y la jueza que conoce del caso, procedieron a detener a Lydia Cacho, encarcelarla y, prepotentemente, declarar que en Puebla “no se difama a nadie”, por lo cual ya hasta le declararon formal prisión.
Se trata de sancionarla, sumarísimamente, hasta con cuatro años de privación de su libertad y fijarle una indemnización millonaria (y en caso de no poder cubrirla) conmutarla por otros cuatro años de prisión. Los trogloditas poblanos: el desgobernador, la procuradora y la jueza, están dispuestos a imponer su coalición de servidores públicos (o sea su complicidad); su abuso de autoridad, ejercicio abusivo de funciones y uso indebido de atribuciones y facultades.
Si los presuntos abusadores sexuales y el involucrado en ese abuso por las víctimas, como por las informaciones veraces, que acusó a la periodista, buscan que sus amigos poblanos encarcelen a Lydia Cacho, indudablemente que también, los poderes reunidos en uno, que es el desgobernador Marín Torres, son abusadores, ya que abusan del poder público para beneficiar y proteger al prepotente Kamel Nacif. No solamente en el fondo, sino por todas partes aflora que de lo que se trata es de imponer una inquisición judicial a la libertad de prensa. Los trogloditas poblanos abusan del poder.