Decenas de estudios y propuestas de desarrollo para el país realizados por la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (SMGE) se agrietan, amarillentos, en sus estantes. Desde el 2001 la SAGARPA le niega a ese centro científico el subsidio presidencial que, por decreto, le corresponde, pese a que la dependencia exhibe un elevado subejercicio presupuestal.
Tal desdén por el conocimiento fue criticado por la comunidad científica mexicana, el 30 de junio, cuando el doctor Juan Ramón de la Fuente, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, subrayó que el gasto en ciencia no supera el 0.4 por ciento del producto interno bruto (PIB).
Las naciones avanzadas destinan 6 por ciento de su PIB para este rubro, mientras que en México una secretaría estratégica como la SAGARPA subejerce su presupuesto que debía destinar a garantizar la autosuficiencia alimentaria mediante el desarrollo de la ciencia y la tecnología.
Así lo destacó el doctor Ginés Morata Pérez, Premio de Ciencia y Tecnología 2004 ante el Presidente Vicente Fox cuando enfatizó: “necesitamos generar conocimientos propios, aplicaciones propias, que multipliquemos las aportaciones y fortalezcamos la cooperación multilateral”.
En esa ocasión, el mandatario ofreció que al final de su sexenio se invertirá en ciencia y tecnología el uno por ciento del PIB. Al mismo tiempo apreció que la inversión privada en 2004 aumentó 67 por ciento más que en el 2000 (9 mil 300 millones de pesos), por estímulos fiscales.
Sin embargo, la inanición de la SMGE es dramática y no corresponde al ánimo presidencial. “Pagamos de nuestra bolsa algunos gastos inmediatos”, explica Cuauhtémoc Cisneros, presidente de la Sociedad cuyo personal no recibe salario desde el 2004 y que en julio pasado adeudaba trescientos diez y siete mil pesos por consumo eléctrico.
Círculo perverso
Diariamente sobre el escritorio del tesorero se acumulan cuentas de teléfono, agua e impuesto predial de la institución científico-cultural más antigua de América. Con 172 años es la cuarta en el mundo después de la británica Royal Society, la Sociedad de Geografía de Alemania y su homóloga de Francia.
Entretanto, la SAGARPA –que heredó la misión, atribuciones y responsabilidades de la Secretaría de Agricultura y Ganadería– reitera su negativa a otorgarle el donativo anual que el 12 de noviembre de 1963 estableció el entonces presidente Adolfo López Mateos en el acuerdo publicado en el Diario Oficial.
Ese acuerdo refrendó el compromiso con la SMGE que asumió el presidente Miguel Alemán en 1954 para que esa Secretaría la auxiliara. Pese a tal antecedente, desde el año 2001 la actual Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación se niega a aportar el monto de la ayuda económica.
El subsidio fijado era de “400 mil pesos incluidos en el presupuesto de la Secretaría de Agricultura y Ganadería”. Traducido al equivalente actual, esa suma representa unos dos y medio millones de pesos.
El estéril intercambio epistolar con el titular de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) y las numerosas gestiones de sus miembros ante el poder Legislativo para recibir ese recurso conforma un círculo vicioso.
El 22 de junio de 2004 la SMGE reiteró su solicitud para recibir el subsidio establecido por el acuerdo del 12 de noviembre de 1963 en escrito dirigido al secretario de la SAGARPA Javier Usabiaga Arroyo
Sin embargo, el 29 de junio de ese año el oficial mayor de la SAGARPA, Xavier Ponce de León Andrade, en oficio No. 500.1182, respondió que “debido a las medidas de austeridad previstas en el actual presupuesto de Egresos 2004 limitan la posibilidad de atender instancias que no hayan sido consideradas previamente por el Poder Legislativo”.
En oficio del 20 de julio, Pablo S. Reyes Pruneda, Director General de Programación y Presupuesto de la Secretaría de Hacienda, señaló a Carlos Gutiérrez Jaime, Director de Eficiencia Financiera y Rendición de Cuentas de la SAGARPA que esa dependencia “desde el año 2001 omitió considerar en su presupuesto de egresos el monto indicado”.
Ante la política de hechos consumados que sumía a la SMGE en la inopia y en un intento desesperado por atraer la atención del Ejecutivo Federal, el presidente de la Sociedad escribió el 10 de diciembre de 2004 al presidente Vicente Fox Quesada.
¿La respuesta? El 3 de enero de 2005 en oficio 312.A.000002, una vez más el Director General de Programación de la SHCP, Pablo S. Reyes Pruneda, turnó el caso al Director de Eficiencia Financiera y Rendición de Cuentas de SAGARPA, Carlos Gutiérrez Jaime, “por considerar que recae en el ámbito de competencia de esa Secretaría”.
Finalmente, el 14 de enero de 2005 Xavier Ponce de León Andrade –oficial mayor de SAGARPA– respondió a la petición de ayuda del presidente de la SMGE, Cuauhtémoc Cisneros, con oficio No. 500.0086: “Existe la imposibilidad normativa de atender instancias que no hayan sido contempladas previamente por el Poder Legislativo, lamentablemente esta secretaría se encuentra imposibilitada para atender su petición”.
El círculo se cerró
A la puja por conservar al centenario centro científico, lacera a los científicos mexicanos el subejercicio presupuestal de la SAGARPA que en el 2002 fue de treinta por ciento para el programa Alianza para el Campo y este 2005 es similar para otros rubros.
Ante la precaria situación de la SMGE, sus miembros se plantean las vías legales para obtener los recursos que corresponden al lustro 2001-2005. Contralínea solicitó al oficial mayor una entrevista para conocer su opinión sobre este tema, pero no fue atendida.
Depositaria del saber
La Ilustre y Benemérita Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística se aloja en un edificio del siglo XVIII en el número 19 de la populosa calle de Justo Sierra en el centro de la capital mexicana.
Fue un inmueble semidestruido que hoy mantienen con devoción sus miembros ante la indolencia del gobierno federal.
Es la institución científico-cultural más antigua de América con ciento setenta y dos años de existencia y por la que transitaron los personajes más relevantes de la vida histórica de México. La fundó Valentín Gómez Farías el 18 de abril de 1833 y el presidente Benito Juárez la reestructuró.
En su salón de sesiones se discutieron las Leyes de Reforma y sesionó el Poder Legislativo. Ese conjunto arquitectónico hospedó en 1837 a la Real y Pontificia Universidad de México y hoy aloja a la espléndida biblioteca con obras científicas, religiosas y sociales que esperan en sus estantes de madera su moderna catalogación.
La Sociedad, como sus homólogas internacionales, reúne a 55 academias, entre ellas las de Medicina, Ingeniería, del Magisterio, de Aztecología, del Adulto Mayor, de Fomento Cívico, de Economía, de Folclor y Tradiciones y de la Mujer, que fomentan el conocimiento interdisciplinario.
Los objetivos de esta institución científica son investigar, analizar, criticar y proponer vías para solucionar los problemas más acuciantes de México. Para ello ha publicado títulos como: Posibilidad de información en las zonas costeras de México de Roberto Bustamante Ahumada Enciclopedia Mexicana del Turismo de Héctor Manuel Romero Anatomía de la Ciudad de México y Del tianguis a la modernización del coabasto.
Otras investigaciones que ignora el gobierno actual, abordan temáticas económicas, ambientales, agrícolas, de ingeniería y medicina y que hoy languidecen en los estantes porque aunque se entregan rigurosamente a la Sagarpa esta dependencia no los considera.
Pese al desdén por el conocimiento que genera esa organización científica, ahora subsiste con los magros recursos de ponencias, cursos, talleres y visitas guiadas que organiza la Academia de Fomento Cívico pues el público que asiste es de escasos recursos.
Además, la Sociedad tiene un programa de divulgación los sábados de 20 a 21 horas a través de IMER que obtuvo el primer lugar en rating pese al difícil horario de transmisión.
Sin política científica
La Academia Mexicana de Ciencias realizó su encuesta de Política Pública en Ciencia y Tecnología en 4 mil 272 entrevistas por Internet (4 de febrero-10 de marzo de 2005) entre investigadores del Sistema Nacional de Investigadores (S.N.I.)
Los investigadores más críticos son del área físico-matemática y los menos, de biotecnología y ciencias agropecuarias. Investigadores del nivel I “dudan sobre la orientación de la política pública en materia de ciencia y tecnología” y califican mal el sistema de apoyos y financiamientos a la investigación científica y tecnológica”.
Hay una opinión negativa sobre el alcance de las metas que propuso el gobierno federal para el desarrollo científico y tecnológico y al desempeño del CONACYT. “Hay descuido para atender los problemas nacionales y/o regionales más significativos del país”.
Hay consenso en la falta de apoyo a investigadores jóvenes. En general, los consultados definieron como principales problemas para el desarrollo científico en México “la insuficiencia de recursos financieros, la falta de una estrategia adecuada para el sector y la distribución inadecuada de los recursos asignados.” |