Una desconfianza que se creó con la intervención del presidente Vicente Fox en la contienda electoral; con la intensa campaña del miedo del PAN para crear en el ánimo de la población la sensación de que el candidato de la coalición Por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador, era un peligro para México -tesis que el Tribunal Electoral calificó de calumniosa y difamatoria-; con el uso de programas sociales con fines electorales; con la intromisión de la cúpula empresarial en la campaña para asociar al perredista con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y para asustar a los mexicanos con una nueva crisis económica y devaluatoria si se votaba por él, y con el limitado y deficiente arbitraje del Instituto Federal Electoral.
No en balde, y ante la agitación social que se avecina, el presidente Vicente Fox expresó el 13 de julio: “jamás habrá justificación alguna para poner en riesgo la estabilidad política, para poner en riesgo la estabilidad económica que es el único camino para ir saliendo de nuestras situaciones difíciles que hemos tenido”.
De acuerdo con los resultados electorales, el país se dividió en dos: el centro norte, para el PAN, y el centro sur, para la coalición Por el Bien de Todos —PRD, PT y Convergencia—, o, visto de otra manera, el México rico contra el México pobre.
Para esta parte de la población -la mayoría, en la lógica simple de que son más los pobres en el país-, encabezada por López Obrador, cualquier cosa, hasta la que no lo era, fue motivo de desconfianza.
Las irregularidades que ha denunciado el PRD o su candidato a la Presidencia fueron explicadas por la autoridad electoral -el supuesto relleno de urnas con votos para el PAN, la alteración de conteos y la violación de paquetes electorales-, pero los perredistas y sus simpatizantes vieron en todo la intención del gobierno de Fox, e inclusive del IFE, de derrocar a López Obrador a como dé lugar, por la mala.
Ya no hay medias tintas. Andrés Manuel López Obrador, a quien los cómputos oficiales le quitaron la Presidencia de la República con el 0.58 por ciento de los votos que favoreció al candidato del PAN, Felipe Calderón Hinojosa, señaló a Vicente Fox como “mapache” electoral, a los funcionarios del IFE como “delincuentes” electorales y al abanderado del blanquiazul triunfador “pelele”.
“Fui agredido, muy agredido durante la campaña. Es de fascistas decir que un adversario es un peligro para México, eso es fascismo, y aguanté la intromisión indebida e ilegal del presidente (Fox) y de los que tienen privilegios, de Claudio X. González, de Gastón Azcárraga, de Roberto Hernández, que por ningún motivo, porque a ellos les ha ido muy bien en el gobierno, no querían de que se diera el cambio”, aseguró López Obrador a Joaquín López Dóriga, de El Noticiero de Televisa, el 11 de julio.
Entonces, continuó, “no vamos nosotros a dejar al país a esa gente. El problema de México es que hay muchos privilegios Joaquín, y la gente, la mayoría de los mexicanos tiene derecho a vivir mejor, y para vivir mejor se requiere la democracia”.
Mucha expectación causó la “asamblea” a la que convocó López Obrador el sábado 8 de julio en el Zócalo capitalino. Si iban unos cuantos, el Peje estaba acabado, pero sucedió todo lo contrario: entre 400 mil y 500 mil personas, con apenas tres días de anticipación, acudieron al llamado de su líder carismático, quien después los convocó a una megamarcha para el domingo 16 de julio, proveniente de todo el país, y hasta el Zócalo arribaron en caravana más de un millón de simpatizantes.
Durante el conteo distrital de votos, realizado entre el 5 y 6 de julio, los manifestantes perredistas protestaron permanentemente ante el IFE para que se contaran bien los votos.
Los funcionarios del IFE comenzaron a apanicarse. El 12 de julio, a una denuncia de López Obrador de que el IFE y panistas estaban abriendo los paquetes electorales para “hacer cuadrar” la votación a favor del blanquiazul, explicaron que era una labor legal para sacar de los paquetes los documentos originales de las actas de las casillas en donde hubo inconformidades para enviarlas al Tribunal Electoral. No obstante la explicación, anunciaron que dejarían de hacerlo hasta que el tribunal diera su visto bueno.
De manera inoportuna, el IFE autorizó un bono de 468 millones de pesos para repartirlo entre el personal que laboró durante el periodo de la jornada electoral, de los cuales les tocaría 404 mil 867 pesos a cada consejero. Si bien era un trámite que se había hecho en otras elecciones, resultó ofensivo para los perredistas que reclamaban fraude electoral en el IFE.
Se sugirió que era un fraude cibernético, a través de la introducción de un algoritmo que nunca demostraron, pero sembró la duda. Todo en la elección fue motivo de sospecha: la forma en que se registraron los votos en el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) del IFE, pues aunque los funcionarios del instituto aseguraron que primero llegaron los resultados de los estados del norte del país, los perredistas no lo creyeron porque era más fácil que llegaran los del DF y el estado de México por su cercanía.
Por lo tanto, dijo López Obrador, hubo la intención de mostrar en los primeros resultados del PREP a Felipe Calderón Hinojosa como puntero de la elección.
Pero después, cuando se hizo el conteo distrital, acta por acta, cotejadas las que tenían el IFE y los partidos políticos, López Obrador iba adelante ganando por más de dos puntos porcentuales, pero después cayó y ganó Felipe Calderón Hinojosa con el famoso 0.58 por ciento. De nuevo, los perredistas no creyeron en el resultado, y se agarraron de los errores contenidos en muchas casillas electorales.
Errores que también se presentaron en elecciones pasadas, pero nadie los tomó en cuenta en virtud de la amplia diferencia de votos que obtuvo el ganador. Pero con una diferencia tan estrecha como la de la elección del 2 de julio último, esos errores se volvieron fundamentales.
López Obrador demanda la apertura de los paquetes electorales y el conteo voto por voto. Pero Felipe Calderón Hinojosa cambió su estrategia y tímidamente pide también recuento de los sufragios.
“Nosotros no estamos invocando la nulidad de la elección, sino señalando precisamente aquellas casillas que se requiere que sean revisadas como lo hace cualquier partido político en distritos específicos y también como parte de nuestra estrategia de defensa legal”, aseguró Calderón el 11 de julio.
Precisó después que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), por ley, no puede determinar contar nuevamente los votos, salvo de manera excepcional en determinadas casillas.
En esta batalla por el voto, el IFE resultó afectado con la desconfianza. Su credibilidad se puso en entredicho, aunque los funcionarios del IFE trataron de responder a todos los ataques del PRD.
Uno de ellos tiene que ver con la conformación de los consejeros del IFE. Ahora eso importaba al PRD recordarlo, porque serviría para descalificar al árbitro electoral y obligar a abrir los paquetes y contar voto por voto.
Por ejemplo, el medio “La Fogata Digital”, de izquierda, sostuvo que el IFE “está bajo el control absoluto de la derecha y la banca”.
Explicó -con suspicacias- que “del total de nueve consejeros que incluyen a su presidente, por lo menos seis tienen la marca indeleble de Calderón, el GEA reyes-herolista y Banamex, además de la fraudulenta trasnacional contable Arthur Andersen”.
El medio dio el perfil de los integrantes del consejo general de la institución:
“Luis Carlos Ugalde Ramírez: Presidente Consejero Electoral. Su hobby es la MAGIA (no es broma). Proviene del CIDE, entidad neoliberal vinculada al foxismo. Su anterior director, Elizondo-Meyer fue nombrado embajador en la OCDE por Fox. Lazos estrechos con Calderón y Jesús Reyes-Heroles González (tránsfuga del PRI al PAN). Este último estuvo a cargo de las encuestas GEA que favorecen siempre a Calderón en forma descabellada. Ugalde Ramírez entrega el software del PREP a Hildebrando (empresa del “cuñado incómodo” y la esposa de Calderón, además del banquero José Madariaga Lomelín, favorecido por el FOBAPROA/IPAB). Su pasatiempo favorito es la magia.
“Maria Teresa de Jesús González Luna Corvera: De Jalisco, formada en el ITESO, una subsidiaria de la Universidad Iberoamericana (donde “estudiaron” Roberto Hernández Ramírez, Fox y el portavoz de este último Rubén Aguilar). Hernández Ramírez forma parte del Patronato Económico y de Desarrollo de la Universidad Iberoamericana.
“Arturo Sánchez Gutiérrez: Filo-panista.
“Maria Lourdes del Refugio López Flores: Filo-priísta.
“Luisa Alejandra Latapí Renner: Anterior empleada del Consejo Coordinador Empresarial (que preside el salinista Claudio X. González), relacionada con Fernando Solana Morales, anterior director de Banamex, y con Andrés Rozental Gutman quien apoya a Calderón (medio hermano de Jorge Castañeda Gutman quien también apoya a Calderón).
“Andrés Albo Márquez: Egresado del ITAM neoliberal y experto electoral de Banamex.
“Marco Antonio Gómez Alcántar: Formado en la Universidad Anáhuac (de Los Legionarios de Cristo), fundada por el padre Maciel, castigado por pedofilia por el Vaticano y vinculado a Martha Sahagún. De 1995 al 2002 laboró en Arthur Andersen. Fue fundador en México de su Área Legal (Andersen Legal). Arthur Andersen es la firma contable fraudulenta que fue obligada a desaparecer por las autoridades bursátiles de EEUU debido a su vinculación con el escándalo de la gasera texana Enron. Las petroleras y gaseras texanas apoyan a Calderón quien recibió en su seno a los tránsfugas ex secretarios de Energía Luis Téllez Kuenzler, representante del Grupo Carlyle, de la familia texana de los Bush, Reyes Heroles González y al anterior vice-director de Banamex, Andrés Rozental Gutman quien se lo entregó en su proceso de privatización a Roberto Hernández Ramírez.
“Virgilio Andrade Martínez: Egresado del ITAM (centro de adoctrinamiento neoliberal impulsado por Salinas, Aspe y Rozental Gutman). Empleado de organismos financieros foxianos: Financiera Rural; Banrural; Análisis de Legislación Financiera en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (2001-2002) con Francisco Gil Díaz (empleado de Roberto Hernández Ramírez en Banamex-Avantel). Es hijo de Virgilio Andrade Palacios, miembro del equipo de abogados defensores del líder petrolero Carlos Romero Deschamps, uno de los artífices del escándalo Pemexgate. Entre 1989 y 1990 Andrade Martínez fue asesor de Ana Paula Gerard, secretaria técnica del gabinete económico de Carlos Salinas de Gortari (ahora su segunda esposa).
“Rodrigo Morales Manzanares: Filo-panista y anterior funcionario de GEA (de Reyes-Heroles González) y Banamex”.
Todavía más: la amistad de algunos consejeros del IFE, como Rodrigo Morales, Andrés Albo y Arturo Sánchez —e incluso se llegó a hablar del mismo presidente del instituto, Luis Carlos Ugalde—, con el candidato del PAN a Presidencia, sirvió a los perredistas para considerar a este grupo de funcionarios electorales como el “respaldo” de Felipe Calderón en el instituto.
Soltaron inclusive la especie de que Felipe Calderón había sido padrino de boda de Luis Carlos Ugalde, pero el vocero del IFE, Gustavo Lomelín, dijo que era mentira. Explicó que Calderón sí asistió a la boda, en diciembre de 2003, porque Margarita Zavala, su mujer, es muy amiga de Lía Limón, esposa de Ugalde. Lía se divorció después del presidente del IFE y trabajó en la comisión de financiamiento del PAN.
En entrevista, el consejero Rodrigo Morales dice que frente a las versiones que desacreditan e incluso difaman a los consejeros electorales o ponen en duda la credibilidad del IFE, no quedan más que los datos.
“El sistema de información de la jornada electoral es el mejor de la historia, en términos de velocidad y oportunidad, entre otras características. La jornada transcurrió sin incidentes graves. Ahí están los escritos. El Conteo Rápido salió bien”.
Insiste: “Frente a dichos, hechos. Y si es necesaria otra auditoría, otra. ¿Otra más?, otra más”.
No niega su amistad con Felipe Calderón, a quien veía seguido en los años 90, junto con otros amigos, en comidas que se organizaban en Banamex, y también como invitado a sus cumpleaños, pero aclara que no es una gran amistad ni lo ve desde hace seis años.
La información pública sobre las comidas en Banamex, que eran patrocinadas por Andrés Albo, actual consejero electoral que en ese entonces era funcionario del banco, omite decir que a ellas también asistía Alejandro Encinas, actual jefe de gobierno perredista en la capital, y recientemente van Agustín Basave y Carlos Navarrete, también del PRD, de acuerdo con una indagación del reportero.
Rodrigo Morales dice que sus amistades pertenecen a distintos partidos políticos. Es amigo, por ejemplo, de Lázaro Cárdenas, con quien se entrevistó el domingo 9 de julio en su departamento de Polanco, en el edificio propiedad de la lidereza magisterial, Elba Esther Gordillo. La prensa le tomó una foto al salir de su encuentro con el gobernador de Michoacán, a quien simpatizantes de López Obrador le gritaron: “Traidor... por ti perdimos”.
Pero el consejero electoral ataja: “Buscarle por ahí -su amistad con Felipe Calderón- explicaciones a este porcentaje de votación (que le dio el triunfo) no creo que sea correcto”.
—Se hacen cadenas con las interpretaciones. Si usted conoce a Calderón, ah, entonces conoce a Diego Zavala, el dueño de la empresa Hildebrando, a quien el PRD acusó de manipular el padrón electoral.
—Lo del padrón electoral lo aclaramos en su momento. Rendimos un informe de auditoría. Aclaramos la autonomía informativa de nuestros sistemas. Todo se ha venido esclareciendo conforme se ha venido presentando. Entonces, no hay que cejar en esto. Hay que seguir aclarando, aclarando, aclarando, transparentando, no hay de otra.
“Una vez me dijeron que si conocía a Hildebrando, y dije: ‘no sé. He ido a algunos cumpleaños de Felipe, en 1999, 2000, por ahí, y si estaba ahí, pues no sé, porque igual eran celebraciones con mucha gente’. No, no lo conozco”.
Considera que la salida no es revelar su agenda privada. “Si nos vamos por ahí, ¿es admitir qué? Ahí están todas las explicaciones técnicas, contables y financieras de la relación del IFE con esa empresa. Ahí está toda la aclaración no sólo en términos contables, sino en términos informativos: quiénes son nuestros proveedores, a qué tienen acceso, qué pueden hacer, qué no pueden hacer. Si es necesario practicar una auditoría informática, la vamos a practicar, las que quieran, y ya”.
Insiste: “no es ese plano (el de las amistades de los consejeros) donde hay que aclarar”.
Afortunadamente, continúa, “el IFE es una institución llena de contrapesos, llena de vigilancia. Si nosotros nos equivocamos, el tribunal nos corrige o nos confirma, como lo ha hecho muchas veces. La Junta General Ejecutiva del instituto tiene atribuciones propias, los partidos participan en muchas comisiones, están vigilándonos todos los días, todo lo que vamos haciendo. Es un diseño afortunado en ese sentido, a prueba de esas cosas”.
—¿Le molesta, se desesperara por toda esa información que pretende afectar la credibilidad del IFE?
—No, no estoy agobiado. No, porque insisto: todo es aclarable y en eso tengo la conciencia muy tranquila, porque las cosas se hicieron bien y con el tiempo va a ir aflorando la verdad de las cosas, tal como ocurrieron. Esto no ha terminado, se encuentra en las manos del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
“El tribunal tomará la mejor decisión, no tengo la menor duda, y se va a reconstruir esto. Tampoco de un día para otro. Son más de 130 mil lugares donde se emitieron los votos. Hay que hacer todo un esfuerzo de acopio de información, etcétera. Pero de nuevo: todo deja huella. Entonces, todo es reconstruible”.
—De todos modos, hay una gran inquietud social. ¿A dónde vamos a llegar? Vemos las marchas, los llenos en el Zócalo. López Obrador cuestiona la limpieza de la jornada electoral. ¿Qué le parece este ambiente?
—Las urnas dijeron muchas cosas el 2 de julio. Creo que hubo una reconciliación de la ciudadanía con las urnas, lo cual es un dato positivo. Prácticamente empató a dos fuerzas, o por lo menos la diferencia entre quien resulte ser el Presiente al final del día, por producto del tribunal, tendrá que gobernar con un segundo lugar muy cercano, en número de votos.
“También es un margen muy estrecho que va a implicar que la agenda de gobierno se va a tener que concertar necesariamente entre el primero y el segundo lugar. También nos dijo de un Congreso con una pluralidad muy importante. También nos dijo que hay dos nuevos partidos, que forman parte del mosaico de probabilidad política”.
En fin, continúa, “creo que muy pronto vamos a empezar a ver el fruto político de la elección y que las fuerzas empiecen a capitalizar lo que el electorado les dijo, ya en términos de conformación de gobierno, de agendas de políticas públicas, etcétera”.
—Felipe Calderón habla de una reconciliación. Anunció una gira para agradecer el voto y pedir confianza a los que no votaron por él. Muchos creen que será difícil, porque sembró mucho odio y miedo en su campaña. Reprochan inclusive al IFE que no actuó con oportunidad para detener las campañas de temor y encono. Y hoy tenemos, por eso, este ambiente de confrontación. ¿El instituto se siente responsable de eso?
—Nos vimos frente a estrategias novedosas. No afectaron la participación como se preveía. Es decir, que con esas campañas tan ríspidas lo único que iba a pasar es que la gente no iba a votar, eso por fortuna no ocurrió. Creo que es una discusión no acabada, pendiente, como muchas otras, del proceso electoral, que eventualmente merecerán una evaluación por parte del legislador para ver cómo va a regular, si es que lo quiere hacer, precampañas, condiciones de equidad, en fin, un mundo de temas que salieron a lo largo de todo el proceso electoral, y que eventualmente sí merecerían una reflexión por parte de los nuevos legisladores para ver qué es perfectible de las reglas del juego.
Concretamente, continúa, “lo de los spots es una de una decisión inacabada, que siempre mereció opiniones divididas, tanto en el Consejo General del IFE como en el Tribunal Electoral. No es una cuestión fácil y seguramente se abordará por lo menos más adelante por parte de los legisladores”.
—Las campañas no propusieron la reconciliación, sino el enfrentamiento.
—Creo que el reto político es justamente cómo hacer gobierno con este mapa, para el que sea. Cualquiera de los dos (Felipe Calderón y López Obrador) tiene el gran reto de reconciliar, de tender puentes, etcétera. Cualquiera que sea el próximo presidente, cualquiera que sea el gabinete, va a tener una relación con el Congreso, como viene ocurriendo desde 1997, sin ninguna fuerza dominante, y enfrentada a una realidad inédita, en un margen tan pero tan estrecho, entre el primero y el segundo lugar.
“Lo que viene es la reconciliación. Yo quisiera ser optimista, en el sentido de que tampoco se perderá de manera irremediable la gobernabilidad, porque el margen fue tan estrecho. Yo confío en que las instituciones tienen la fortaleza suficiente para procesar esto, los propios partidos, las Cámaras, el Ejecutivo, sea quien sea. En fin, creo que esa es la señal política importante”.
Tanta fue la confusión en el proceso electoral que distintas voces de dentro y de fuera del país se unieron al reclamo de un nuevo conteo, que no contempla la Ley, salvo en aquellas casillas donde hubo errores en el llenado de las actas o donde los resultados no coincidían entre una acta y otra, para que no quedara ninguna duda de quién era el ganador.
Publicado: Agosto 1a quincena de 2006 | Año 5 | No. 61
|