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Las culpas de AMLO

Zósimo Camacho
Además de enfrentarse a una elección de Estado -en la que presuntamente se confabularon el gobierno foxista, el IFE y medios de comunicación, principalmente electrónicos, para imponer en la Presidencia de la República al panista Felipe Calderón-, Andrés Manuel López Obrador tuvo que lidiar contra sus propios errores e inconsistencias, los cuales le hicieron perder miles de votos y, al final, una elección que parecía ganada

 

 

 


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La soberbia de juzgarse el próximo presidente de la República cuando aún faltaban meses para la jornada electoral del 2 de julio; la alianza con ex salinistas que terminaron por desplazar a los militantes del Partido de la Revolución Democrática; los intentos por convencer a la clase empresarial de que continuaría con el mismo modelo económico del foxismo, y el pésimo cálculo al decidir ausentarse del primer debate y llamar “chachalaca” al presidente de la República, son algunos de los “errores” e “incoherencias” que le impidieron al candidato perredista ganar contundentemente la elección y truncar el presunto fraude, consideran politólogos y correligionarios del político tabasqueño.

Y es que cuando faltaba menos de un año para las elecciones, López Obrador le llevaba una diferencia de alrededor de 20 puntos porcentuales a su más cercano competidor. Y ahora, aun de comprobarse un fraude electoral, la diferencia sería apenas de un punto porcentual.

“Cuando se juega en el estadio del rival y con el árbitro en contra, no se pueden cometer errores, pues cada error se convierte en gol. Y López Obrador y su equipo cometieron muchos errores y los siguen cometiendo”, ejemplifica el politólogo y constitucionalista Miguel Covián Andrade.

“Como en la fábula de La Fontaine, no es que haya ganado Calderón, o la tortuga, por veloz; sino que perdió la liebre, o López Obrador, por su soberbia y por sus errores”, considera Marco Rascón, disidente del PRD, fundador y ex diputado del mismo partido.

El ex guerrillero y también fundador de la Asamblea de Barrios y del Movimiento Urbano Popular agrega que la veleidad del candidato perredista le hizo perder el voto “de amplios sectores de la izquierda”, quienes no se sintieron representados por el candidato perredista

Primero los salinistas

Y es que para militantes de las distintas izquierdas no pasó inadvertida la alianza con ex priístas, particularmente con quienes participaron del gobierno de Carlos Salinas de Gortari, que cultivó con esmero López Obrador. Los recién convertidos al perredismo terminaron no sólo por copar al candidato, sino por imponer a los candidatos a diputados, senadores y gobernadores. Las listas de aspirantes perredistas que vendrían a “sumar más votos” sólo confundieron al electorado y resultaron un fiasco para captar votos.

Calos Lozano Ángeles, politólogo y sociólogo de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, dice que “uno de los errores más graves de López Obrador fue la alianza con el salinismo, pues no sólo no le otorgó más votos, sino que le restó”.

El catedrático de Sistema Político Mexicano e Historia del Pensamiento Político y Social ejemplifica con una de las integrantes más activas del grupo cercano a López Obrador: Socorro Díaz, la legisladora priísta que en 1988 le colocara la banda presidencial al flamante “ganador” de la contienda de ese año, Carlos Salinas de Gortari.

“Socorro Díaz fue nombrada coordinadora de las redes ciudadanas del norte de la República; pero también la que designó a varios candidatos a senadores y diputados de toda esa región del país. Y resulta que en el norte López Obrador no tuvo ningún beneficio que se refleje en los resultados. Y no es todo. Ahora se habla de errores y de traición de los representantes de la Coalición Por el Bien de Todos en las casillas electorales. Lo que sucedió es que Socorro Díaz le fue leal a su primer jefe: Salinas.”

El especialista Lozano Ángeles agrega que fue absurdo que Andrés Manuel se aliara con el priísmo desplazado, cuando la fuerza electoral era él y no otras figuras locales. “Quien le llevó votos a la Coalición fue López Obrador y no al revés. Esos candidatos, lejos de contribuir, restaron”.

Y es que en el frente que logró aglutinar el candidato del PRD los salinistas son el grupo más importante y el que realmente influye en las decisiones del tabasqueño. De hecho, aunque Jesús Ortega encabezó formalmente la campaña lopezobradorista, fue Manuel Camacho Solís quien realmente estuvo al frente con la estructura paralela al partido llamada Redes Ciudadanas por un proyecto alternativo de nación.

Además del ex regente de la ciudad de México durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, los coordinadores de las Redes son la mencionada Socorro Díaz; y, entre otros, el ex gobernador de Zacatecas, Ricardo Monreal, quien realizó toda su carrera política en las filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y sólo se convirtió al perredismo cuando en su ex partido no le concedieron la candidatura a la gubernatura de su estado natal.

Además el actual líder nacional del PRD, Leonel Cota Montaño, sólo pudo llegar a ese cargo con el resuelto apoyo de López Obrador. Cota Montaño es otro de los personajes “ganados” por el PRD cuando en el tricolor le negaron la candidatura al gobierno de Baja California Sur. Aunque toda su carrera política la hizo como militante del PRI, se le recuerda sólo porque le aplaudía a su entonces jefe de bancada en la Cámara de Diputados, Humberto Roque Villanueva, mientras éste hacía la “roqueseñal” al festejar la aprobación del incremento al Impuesto al Valor Agregado.

Pero con el advenimiento de la jornada electoral, López Obrador “sumó” más priístas desplazados, incluyendo a quienes se les acusa de diversos delitos, entre ellos el asesinato de militantes perredistas durante la década pasada.

Así, se convirtieron en flamantes aliados del lopezobradorismo y candidatos del PRD a personajes como Arturo Núñez, ex subsecretario de Gobernación en 1997 cuando se crearon los grupos paramilitares que más tarde, en diciembre de ese año, asesinarían a más de 40 indígenas bases de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Candidato por la Coalición a senador por Tabasco, resultó ganador.

Otra de las adquisiciones de López Obrador fue José Guadarrama, acusado de ser un cacique implacable en Hidalgo, de asesinar perredistas y cometer fraude en elecciones locales durante la década de 1990. Compitió por un escaño en el Senado por Hidalgo, bajo el distintivo de la Coalición Por el Bien de Todos y también fue ganador.

Roberto Albores Guillén y Juan Sabines Guerrero, ex priístas de larga trayectoria en Chiapas, también se convirtieron en “los impulsores” del voto a favor de López Obrador. Albores Guillén, a quien el subcomandante Marcos del EZLN apodó “el croquetas”, era gobernador del estado cuando ocurrió la matanza de Acteal. Fue decisiva su intervención para imponer a Juan Sabines como candidato al gobierno estatal. Con ello se desplazó al candidato natural del PRD que era Emilio Zebadúa.

Candidaturas como la de Guadarrama, Núñez y Vega Galina -priísta y líder del Sindicato Nacional de Trabajadores del IMSS que estaba postulado como candidato plurinominal al Senado, pero no ganó- “lo único que le garantizaron a López Obrador fue desprestigio”, considera Lozano Ángeles.

De acuerdo con Marco Rascón, “López Obrador mandó a los sectores democráticos de la izquierda en los estados a toda la escoria priísta convertidos en sus candidatos. Y con ello no sólo desplazó a los que han venido trabajando por años en la democratización del país, sino que afectó gravemente el voto duro a cambio de nada”.

 

“Yo controlo a los pobres”

López Obrador decidió iniciar formalmente su campaña en pos de la Presidencia de la República el pasado 19 de enero en el lugar más pobre del país: Metlatónoc, municipio de más de 30 comunidades mixtecas y tlapanecas enclavadas en la montaña de Guerrero que viven en la más extrema pobreza.

Pocos indígenas, de los miles que se congregaron, comprendieron el mensaje del candidato. No sólo porque López Obrador habló sin un intérprete en una zona donde casi el 90 por ciento de la población es monolingüe, sino porque el mensaje no fue para los pobres del país, sino para los empresarios, quienes ya lo veían como una versión mexicana de Hugo Chávez.

“Sí habrá economía de mercado […]; sí habrá orden macroeconómico y disciplina […]; sí atenderemos los fundamentos de la economía mundial”. Estas promesas, que se reiterarían a lo largo de la campaña, tuvieron como introducción el llamado: “que se oiga fuerte y lejos”.

De acuerdo con Marco Rascón, entonces López Obrador buscaba congraciarse no sólo con los empresarios mexicanos, sino con los poderes estadounidenses.

“Le estaba ofreciendo a Washington ser un buen administrador del proyecto de integración económica que Estados Unidos encabeza. Le aseguraba que él no venía a cuestionar o poner en peligro su proyecto para México, sino a hacerlo viable. Fue como decirles: 'lo que ustedes quieren para este país, será más fácil si estoy yo, porque yo controlo a los pobres'.”

De acuerdo con Carlos Lozano, el temor del sector empresarial y del gobierno de Vicente Fox a la figura de López Obrador no era porque llegaría a hacer cambios económicos, políticos y sociales en el país, sino por la posibilidad de que se persiguiera a aquellos delincuentes de cuello blanco que hoy gozan de impunidad, entre los que podrían encontrarse el propio Fox e integrantes de su “familia presidencial”.

“López Obrador no representa ningún peligro para los sectores privilegiados. Y aunque quisiera no puede serlo porque está acotado por los grandes acuerdos internacionales, como el Tratado de Libre Comercio, y por los internos, como la nueva Ley de Radio y Televisión, mejor conocida como la Ley Televisa.”

Y es que en los 50 puntos del programa de gobierno que enarboló López Obrador difícilmente se encontraba una sola propuesta que recogiera las demandas históricas de la izquierda mexicana. Incluso existían algunas que el propio candidato había criticado en el pasado, como la del punto 28, donde se afirma que continuarán los proyectos del Plan Puebla Panamá, pero ahora bajo el nombre de “Plan Transístmico”.

“Cómo puede esperar López Obrador y su equipo que la izquierda, a la que ahora acusan de traidora y la culpan de lo que ellos no pudieron hacer, votara por ellos con estos proyectos. La lucha de la izquierda no es por el poder mismo. No es de quítate tú para ponerme yo. Andrés Manuel pedía actos de fe y no de respaldo y por convicción. Pero él eligió entre los camachistas y el 4 o 5 por ciento de la gente a la que decepcionó, dice Rascón.”

 

Publicado: Agosto 1a quincena de 2006 | Año 5 | No. 61



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