Contralínea  

¡Malditos!

Zósimo Camacho / David Cilia, fotos / enviados
La llegada del Subcomandante Marcos a los estados del bajío perturba a la clase política local y deja al descubierto la sociedad que los gobiernos panistas esconden. Indígenas, jóvenes de la contracultura y homosexuales “toman” esporádicamente los lugares de los que siempre son echados. Con ellos, el Delegado Zero “desafía” al Yunque

 

 


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León, Guanajuato. Ante más de 2 mil personas que atentas lo escuchan, el Subcomandante Marcos, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), llama a “derrocar” al gobierno y a los grandes empresarios. Dice que ya no se debe perder el tiempo en solicitudes a las autoridades, quienes “nos deprecian profundamente”.

Sin ambages, declara que “el viento de rebeldía que se levanta por el país” va por todo. “Y en ese todo queremos que se vayan los que están arriba. Delante de ustedes, del otro Guanajuato, estamos desafiando públicamente a la organización clandestina, armada y mocha de El Yunque, a la que habremos de enfrentar aquí y doquiera que se presente”.

La noche ha caído y la ovación de su auditorio, integrado principalmente por jóvenes de la contracultura, mineros, maestros y estudiantes, contrasta con los rostros atónitos de los policías que circundan el mitin, comensales de las cadenas transnacionales de alimento y trabajadores que salen del palacio municipal y se quedan a “ver al encapuchado”.

“Lo que hay que reconocerle es que dice lo que nadie se atreve”, comentan, entre ellos, empleados de gobierno. “Y ante mucha gente. Yo no sé de dónde salieron tantos”, agregan quienes están acostumbrados a ver en la pulcra plaza principal de la ciudad sólo a turistas y “gente de bien”, escoltados por policías.

Después de identificar a Vicente Fox, Ramón Muñoz, Romero Hicks y Carlos Slim, entre otras personalidades de la clase política y empresarial, como “el enemigo”, el Delegado Zero se retira y deja, frente al palacio de gobierno, una verbena insólita en el lugar: jóvenes rockeros, punketos y skateros, bailan, cantan y hacen suya la plaza de la ciudad económicamente más importante del estado.

Aunque desde el inicio de La Otra Campaña se planteó que el movimiento es anticapitalista y que lucha contra “los empresarios, quienes despojan a los trabajadores de su riqueza, y los políticos que les sirven”, en los estados “bastiones” del panismo más conservador el discurso de Marcos es beligerante.

En mítines en ciudades de Querétaro y Guanajuato sí hay parábolas y metáforas. Pero ahora la destinataria es la clase gobernante y, específicamente, “El Yunque”.

En la ciudad de Guanajuato, frente a la Mina de Cata, de la Sociedad Cooperativa Santa Fe, le dedica una “profecía”: “en los hornos de las fábricas, donde se funde el metal extraído de la sangre minera; allí, cuando ganemos, habremos de licuar primero el yunque sobre el que se pretende destruir y vender este país”.

También reivindica el calificativo de “malditos” para quienes hacen La Otra Campaña. Y cita: “que sea condenado donde quiera que esté, en la casa o en el campo, en los caminos o en las veredas, en las selvas y en el agua, aún en la iglesia, que sea maldito en el vivir y en el morir, que sea maldito en el interior y exteriormente, que sea maldito en su pelo, que sea maldito en su cerebro, que sea maldito en la corona de su cabeza y en sus sienes, en su frente y en sus oídos, que sea condenado en su pecho, en su corazón, en sus manos, en sus dedos, en sus venas, en sus músculos, en sus piernas, pies y uñas de los pies. Ojalá que el Cristo de la Santa Virgen lo condene”. Es el edicto de excomunión emitido por el poder y desde esta ciudad contra Miguel Hidalgo y Costilla.

Por primera vez, desde que inició La Otra Campaña, a Marcos se le niega la entrada a un penal. El Delegado Zero venía a visitar a Miguel y Adolfo Andrade, dirigentes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, acusados de despojo. Se encuentran presos desde hace un año después de haber sido desalojados, junto con 200 familias, de un predio que el estado reclama. Aún no han recibido sentencia.

A las afueras del Centro Federal de Readaptación Social de Puentecillas, y desde el toldo de una camioneta, el Subcomandante informa que un día antes el director del penal le había confirmado que se le permitiría ver a los presos; pero que, por la noche, desde la Presidencia de la República y la Secretaría de Gobernación dieron la orden de que se le negara el acceso. Entonces le pusieron una condición: que se quitara la capucha.

El Delegado Zero llama al boicot nacional e internacional en contra del Partido Acción Nacional y todos los gobiernos emanados del mismo.

En Salamanca, la caravana hace un “toxitour” por la colonia San Juan para constatar la contaminación en la que vive la gente del lugar. Los pobladores dicen que, como sabían de la llegada de La Otra Campaña, las autoridades ordenaron parar los trabajos de las fábricas.

Sin embargo, el olor a azufre permanece y, aunque la colonia descansa por un día de la contaminación por ruido y smog, se observan predios secos donde ningún tipo de hierba crece. Los niños juegan bajo un clima árido en parques cuyos columpios están corroídos por la salinidad del ambiente.

Los pobladores denuncian que padecen leucemia, enfermedades bronco-respiratorias, alergias y cáncer, entre otras. El ingeniero Ignacio Rivera dice que las plantas que más contaminan son la refinería de Petróleos Mexicanos, la termoeléctrica de la Comisión Federal de Electricidad y la privada Tequen, fabricante de plaguicidas y de la que en el mundo sólo hay otras dos con sus características: en China y la India.

El Delegado Zero les dice que “esta empresa de capital extranjero ha decidido que no le importa la vida de ustedes”. Y les pregunta: “por qué esta planta no se estableció en la zona residencial de Salamanca o junto al rancho de Vicente Fox, sino en una colonia popular. Esta fábrica tiene que indemnizar a la gente enferma y no enferma. Con oro tiene que pagar el dolor y las cuentas de los tratamientos médicos de ésta y las siguientes generaciones”.

La gente aplaude y lo detiene hasta por una hora para que firme gorras, sombreros y playeras que espontáneamente se quita y avienta al templete.

A San Luis de la Paz, Marcos llega en moto. Integrantes de un club local de motociclistas lo escoltan hasta la pequeña ciudad. Viene de dialogar con los indígenas otomíes que entonaron con fervor el himno nacional en su lengua y denunciaron que Telmex ha instalado una antena en el cerro en el que realizan cuatro ceremonias al año. Y llega para reunirse con el chichimeca Jonás quien le pide auxilio ante la tendencia a la desaparición de la etnia.

Y es que oficialmente en Guanajuato y Aguascalientes no hay indígenas. En dos de los estados más conservadores del país los indígenas fueron declarados “extintos”. Ante Marcos declararon su derecho a hablar su lengua, vestir según su cultura y reproducir sus tradiciones.

Querétaro

“Los obreros tienen un lugar primordial, de templete, en La Otra Campaña. Y ésta no será realmente anticapitalista si no están ustedes. Queremos un mundo donde no haya patrones y el gobierno se relacione de otra manera con los pueblos. Como EZLN, reconocemos que no sabemos nada del movimiento obrero, pero nuestra esperanza es que podamos aprender de ustedes”, dice el Delegado Zero ante un auditorio de trabajadores de varios sindicatos.

Les propone hacer una demanda de La Otra Campaña la expropiación de empresas para que sean entregadas a los trabajadores. La primera de ellas, Uniroyal. Les encarga organizar un encuentro nacional de obreros y reconoce el trabajo realizado, por separado, por el Partido Obrero Socialista y el Frente Popular Revolucionario a favor de los trabajadores y el sindicalismo independiente.

Antes los jornaleros habían relatado la lucha del Sindicato Nacional de Trabajadores de Uniroyal. Los obreros se quedaron sin empleo ni bienes desde agosto de 2001, cuando la transnacional Michelin “cerró” sus dos plantas del país. La representación sindical, entonces en manos de la Confederación de Trabajadores de México, aceptó el despido de los 650 trabajadores.

Y es que sus representantes eran Jesús Sánchez Cristóbal y el despacho de abogados del ex ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Juan Moisés Calleja, quienes ya tienen una larga historia de ejercer el control de sindicatos con el objetivo de beneficiar a los patrones. Como a los de Uniroyal, los Calleja dejaron sin patrimonio a mil 354 obreros de Goodyear Oxxo.

En más de cinco años los trabajadores han enfrentado a la empresa, a las autoridades laborales y a los “charros” del sindicalismo. Celebran la recuperación de su sindicato, sus bienes inmuebles y demandan la recontratación. Denuncian que el supuesto cierre de la empresa por problemas económicos fue sólo una maniobra para deshacerse de ellos. En efecto, Michelin volvió a abrir las plantas con nuevos empleados que tienen jornadas de más de 12 horas y sin las prestaciones que marca la Ley.

Sierra Gorda

En Jalpa 500 campesinos de huaraches, morral de ixtle, sombrero y calzón de manta esperan al Delegado Zero en la plaza del pueblo. Antes del mitin, el guerrillero se reúne exclusivamente con representantes de pueblos indígenas y mestizos adherentes a La Otra Campaña. Ahí escucha el grito de auxilio de comunidades que están a punto de desaparecer, entre ellas las de indios popolucas, debido a la emigración y la pobreza de las tierras. La mayoría de los que se van ya no regresan. La desintegración familiar es el paso previo a la disolución de la comunidad.

En el mitin, Marcos fustiga a los gobiernos panistas, “mentirosos que no cumplen lo que prometen”, y culpa al sistema capitalista de la expulsión de los hombres de sus comunidades. Al final del acto, los campesinos se van sin gritar consignas. Pensativos vuelven a sus casas. Con sus cabezas asintieron todo el discurso del encapuchado. Al retirarse, un padre de familia le dice a su mujer: “Ése sí vino a decir lo que me hubiera gustado decir a mí. Y así, como él, gritarlo en la plaza.”

El convoy se enfila hacia las montañas de coníferas de la sierra. Llega al pueblo de La Veracruz, del municipio de Cadereyta, localidad ubicada entre laderas de ocote y oyamel. La Otra Campaña es recibida con honores a la bandera. Los niños de la primaria trasladan la ceremonia que realizan todos los lunes en el patio de la escuela al salón comunitario del pueblo. Con solemnidad la comunidad entona los himnos nacional y zapatista, que han estudiado “para evento tan importante”.

Con desesperación, representantes de Cadereyta, Sombrerete, La Veracruz, Los Juárez, Los Chavarrías, San Joaquín y otras comunidades denuncian que están a punto de perder sus tierras. El gobierno del estado ha tratado de imponerles el Programa de Certificación de Derechos Ejidales y Titulación de Solares (Procede) para arrebatarles sus montes. La mayoría de los pueblos ya lo ha aceptado.

Algunos no pueden contener el llanto al exponerle al Delegado Zero que intentan “comprarles” la tierra a 20 centavos por metro cuadrado. “Es un insulto. Eso no vale ni un chicle. Pero el problema no es que nos den 100 o mil pesos por metro, sino que no queremos vender. La tierra es nuestra madre y sin ella dejamos de existir. Nuestras tierras no están en venta y sólo nos sacarán muertos. Díganos qué hacemos, comandante”.

Con expectación esperan las “órdenes” de Marcos. Pero el encapuchado les dice que lo que ha escuchado son luchas y no quejas; que los zapatistas no van a dar órdenes a nadie, sino a aprender y a servir de pretexto para que entre ellos se conozcan y apoyen y que la lucha se dará entre todos pacíficamente, cada cual desde su trinchera. También llama a resistir a los pueblos a los que aún no ha entrado el Procede.

“Aceptar ese programa es que hiciste el hoyo, te metiste y ya nomás falta que te echen la tierra. El gobierno se ha convertido en un coyote que quiere las tierras para entregárselas a los grandes empresarios.”

En la ciudad de Querétaro, el teatro de la República está colmado. De las columnas del palacio en el que se firmó la Constitución de 1917 y donde ahora es el escenario más importante de las actividades artísticas y políticas del estado, penden grandes banderas rojas con la hoz y el martillo, negras con la “A” anarquista, y pequeñas de varios colores de colectivos locales.

Decenas de personas que acudían sólo a escuchar al Sucomandante Marcos se ven sorprendidas porque pueden ser “tomadas en cuenta por alguien tan importante” y desfilan ante el micrófono. Cuentan sus historias, sus problemas cotidianos, los que —han descubierto— “son a causa del mismo sistema que nos oprime a todos”.

En la capital del estado todos hablan del miedo que sienten por haberse expresado en “un evento de Marcos”. Sus denuncias van desde la falta de apoyo para hacer producir milpas, hasta la persecución, represión y asesinato contra homosexuales. Por primera vez organizaciones de discapacitados se manifiestan a favor de La Otra Campaña y reclaman un lugar en el movimiento.

Al borde del llanto, Mónica Mendoza, sexoservidora, enfrenta al auditorio. “Nos dicen que somos la basura de la sociedad y nos quieren esconder debajo de la alfombra. Pero aquí estamos: somos realidad. Trabajamos con nuestro cuerpo para darles de comer a nuestros hijos. Y también representamos dinero para los políticos que nos reprimen y extorsionan”.

En el teatro son escuchadas tanto personas que hablan a título individual como aquellas que representan a organizaciones con miles de miembros. Y de ideologías tan diversas como trostkistas, stalinistas, anarquistas, libertarios, ambientalistas e indigenistas, hasta dos perredistas que acuden “por ser un foro importante”.

Y no sólo amas de casa y trabajadoras toman el micrófono, sino también mujeres maquilladas, de cabello teñido y cejas delineadas. Una de ellas, Lorena Guerrero, que dice ser “amiguísima” de la familia de Sebastián Guillén y conocer a Marcos “desde chiquito”, aboga por “los ricos y fresas”.

Según la precandidata panista a una diputación local, que acudió al mitin con el objetivo inicial de obtener el apoyo de la concurrencia, los de arriba son discriminados por los pobres y los fresas son criticados por los punks. Y llama a “la unidad de todos los mexicanos, seamos ricos o pobres”.

En su intervención, Marcos dice que los que hacen La Otra Campaña son personas y organizaciones que están conscientes de lo que son, de cuál es su lucha y de quién los oprime. Por ello no se puede plantear la “unidad de todos”: hay mexicanos que viven, y bien, de la explotación de otros.

“No queremos engañar a nadie. Vamos contra los ricos, los que están saqueando el país y dejando en la miseria a la mayoría de la gente”. También dice que en el camerino del gobernador dejó dos huesitos: “uno para el propio Francisco Garrido y el otro para Diego Fernández de Cevallos, el perrito faldero de los narcotraficantes”.

Al final, las vivas a La Otra Campaña y a los obreros, campesinos y pobres retumban por algunos minutos en las paredes y bóveda del inmueble. Los despistados panistas salen furibundos del teatro “recuperado por el pueblo aunque sea por hoy y unas horas”, como dice una joven maestra normalista de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. “Ya lo dijimos: volveremos y echaremos definitivamente a los empresarios y a los políticos que los defienden”.

 

Publicado: Abril 1a quincena de 2006 | Año 4 | No.53



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