Línea Global  

 

Mexicanos al grito de Estados Unidos.

Nydia Egremy

Soldados de origen mexicano libran las guerras de Estados Unidos mientras el gobierno de México tolera el acoso en su contra de los Minutemen, y aunque aquí los partidos políticos se disputan a esa minoría como botín electoral, no hay un censo serio de los miles de empleados que son utilizados por las fuerzas armadas de la superpotencia

 

 


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La guerra contra el terrorismo de la superpotencia mundial atrae a cientos de mexicanos que hacen fila en oficinas de reclutamiento a lo largo de la frontera común. Están dispuestos a encarar los riesgos de la prolongada ofensiva en Irak o en otros frentes, a cambio de la ciudadanía estadounidense y de un salario muy superior al que recibirían en México.

En el campo de batalla, los hispanos -10 por ciento del total del Ejército- aportan su cuota de valor y sangre. Integran el mayor porcentaje étnico en la lista de bajas con 9.2 por ciento, aunque el Departamento de Defensa insista en que la mayoría son anglosajones.

En un gesto ‘humanitario' 56 inmigrantes muertos en Irak, muchos de ellos hispanos, recibieron su naturalización póstuma por su servicio militar. Hasta el 15 de enero de 2005 habían muerto en suelo iraquí al menos 150 militares hispanos -desde marzo de 2003-, de los más de 120 mil de esa minoría enrolados en las Fuerzas Armadas estadounidenses.

Esas altas cifras fueron denunciadas por Manuel Luján presidente de la Hispanic Alliance for Progress Institute (HAP por sus siglas en inglés). Un estudio del Pew Hispanic Center atribuyó ese hecho a que 17.5 por ciento de ellos son asignados a posiciones y tareas de mayor riesgo en las líneas de combate.

La mayoría de las bajas hispanas procedían o residían en California y Texas. Ambos estados concentran más del 50 por ciento de la población hispana nacional y tradicionalmente han aportado los mayores índices de reclutamiento para el Ejército.

 

La seducción

 

El caso de los mexicanos combatientes en conflictos bélicos de Estados Unidos se ilustra en la investigación de Mariángela Rodríguez, titular del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), titulada “La migración de mexicanos a Estados Unidos: importante proceso de creación cultural y de construcción de identidades” que cita:

“La Segunda Guerra Mundial brindó nuevas oportunidades de empleo para los mexicanos, en este caso en la industria bélica. Además se calcula que millón y medio de mexicanos participaron en la guerra.

“El cruce de bienes, personas y de información, más los derechos adquiridos por el hecho de participar en la guerra, coadyuvó al fortalecimiento de una conciencia étnica.”

Y en el primer lustro del siglo XXI y a pesar del esquema vigente de Fronteras Inteligentes, miles de mexicanos indocumentados cruzan diariamente los lindes bilaterales con la intención de enrolarse; lamentablemente para ellos, sólo ingresarán quienes posean la ciudadanía o la residencia legal.

El atractivo es enorme: En la primera guerra del Golfo (1991) un recluta con secundaria percibió un salario inicial de 697 dólares mensuales, incomparable al promedio de México además de que ese conflicto apenas cobró 200 bajas en total.

Estos incentivos son colosales para un alto porcentaje de los 11 millones de mexicanos que, se estima, viven en Estados Unidos. Y aunque en México los partidos políticos se disputan a esa minoría como botín electoral, no existe un censo serio en este país de los miles empleados por las fuerzas armadas de la superpotencia.

En cambio, el Pentágono si ambiciona a esa minoría. Como la ofensiva militar en Afganistán e Irak no significó el alistamiento masivo de estadounidenses, la congresista demócrata Hilda Solís volvió la mirada a los inmigrantes.

Logró que el presidente George Walker Bush firmara en julio de 2002 una orden ejecutiva para acelerar el proceso de naturalización para residentes legales que servían en el Ejército.

En respuesta, hasta el 26 de marzo de 2003, unos cinco mil 441 inmigrantes que se sumaron a las fuerzas armadas tramitaron su ciudadanía estadounidense pasando por alto el requisito de cinco años de residencia.

Hoy -según el Pentágono- de 35 mil residentes legales en las fuerzas armadas, 15 mil han calificado para beneficiarse de esta directiva. Muchos son mexicanos.

¿Por qué se enrolan los mexicanos e hispanos? El censo nacional de población del 2000 los ubica como la mayor minoría del país, por arriba de los afro-americanos con 12.5 por ciento de la población nacional. Sin embargo son los más frágiles en el sistema.

Un estudio del Instituto de Políticas Públicas dirigido por Deborah Reed señaló que sólo 13 por ciento de los hispanos en California se gradúa. Otro estudio de febrero de 2004 realizado por el Urban Institute (según la revista española El Socialista), reveló que en el 2001 sólo el 53 por ciento de los estudiantes hispanos se graduaron de secundaria.

Para esos miles de hispanos sus paradigmas son los flamantes secretarios de Justicia y Fiscal General Alberto Gonzáles el de Comercio, Carlos Gutiérrez -hoy presidente de Kellog's- o el reciente alcalde de Los Angeles el demócrata de origen mexicano AntonioVillaraigosa.

Otro icono es la hispana Ángela Salinas la coronel de más rango en la Infantería de Marina de Estados Unidos quien afirma que es "mejor Marine porque soy hispana, y mejor hispana porque soy Marine".

Nieta de mexicanos y oriunda de Texas fue la primera en su familia en ir a la Universidad y graduarse en Historia. Ahora, Salinas es jefa de estado mayor en el Comando de Reclutamiento de la Infantería de Marina en Quantico (Virginia) y afirma que la Marina es una senda para que los jóvenes hispanos desarrollen todo su potencial.

Para Jorge Mariscal veterano de la guerra de Vietnam “hasta que la mayoría de las familias hispanas en Estados Unidos no consiga pleno acceso a los recursos educativos y económicos, sus hijos e hijas nunca estarán libres de las trampas de los reclutadores militares. 

“Las promesas (muy raras veces cumplidas) de entrenamiento técnico y dinero para los estudios seguirán atrayéndolos por la falta de opciones.” 

Mariscal, también académico de la Universidad de California de San Diego, observa que falta un proceso de concientizacion en el que el patriotismo ciego sea reemplazado por un patriotismo crítico. 

“Es decir, están dispuestos los padres hispanos a sacrificar sus hijos e hijas en guerras injustas para demostrar su ‘gratitud' al nuevo país” y aprecia que la comunidad hispana en Estados Unidos “necesita mas médicos, artistas, maestros y abogados en lugar de más jóvenes muertos en las aventuras bélicas.”

En su análisis “La paradoja de los mexicano-americanos en guerra”, Mariscal examina la promoción del general Ricardo Sánchez al estatus de cuatro estrellas como jefe del Comando del Sur. Él era el oficial de mayor rango en Irak durante el escándalo de la tristemente célebre prisión de Abu Ghraib y fue exonerado de mala conducta en una indagatoria interna del ejército.

El veterano de la guerra de Vietnam coincide con el New York Times en el sentido de que un factor clave en la decisión para promover a Sánchez podría ser su habilidad para atraer a más latinos al Ejército.

Citando fuentes internas del Pentágono, el artículo del Times señaló que la promoción de Sánchez buscaría exhibir a los oficiales hispanos de más alto rango de EU y la historia personal de los pobres del sur de Texas que usan al ejército como una escala para salir de la pobreza, en un tiempo en que el Ejército lucha para cubrir sus cuotas de reclutamiento.

Asimismo, Jorge Mariscal refiere que esto sucede en pleno verano de 2005, cuando miles de mexicano-norteamericanos luchan y mueren en Irak al tiempo en que otros miles de trabajadores mexicanos son cazados por los Minutemen al cruzar la frontera acosados en zonas tan diversas como el sur de California y el este de Tennesee.

Para el analista, esos hechos se sintetizan en la frase del veterano chicano de Vietnam Charley Trujillo quien señaló: “Ellos nos llaman americanos cuando nos necesitan para una guerra. El resto del tiempo somos solo sucios mexicanos”.

”Qué irónico si el general Sánchez, cuya madre piscaba algodón al sur de Texas se convirtiera en el joven del cartel (de llamado a reclutas) para transformar a los jóvenes latinos y latinas en carnada de una política exterior engañosa, al mismo tiempo que grupos de vigilantes intimidan y amenazan a los trabajadores pobres mexicanos” concluye Mariscal.

 

Guerra global sin reclutas

El 3 de mayo de este año el déficit de enrolados fue del 42 por ciento contra el 12 por ciento de otros años. Se dice que la economía ofrece alternativas más atractivas a los graduados de secundaria pero al interior del ejército más poderoso del mundo hay contradicciones.

"Es como tener una sequía persistente" explicó el analista militar Daniel Goure del Lexington Institute, y Douglas Smith vocero del Mando de Reclutamiento del Ejército aceptó que apenas inscribió a 3 mil 821 reclutas contra 8 mil previstos.

La Reserva del Ejército reclutó a sólo 849 contra su meta mensual de mil 355. La Guardia Nacional del Ejército admitió que no logró su meta para el año fiscal 2005 y como solución, el Ejército aumentó los efectivos para reclutar a jóvenes que salen de secundaria, incrementó incentivos a voluntarios e inició una campaña para que los padres de adolescentes inspiren en ellos el valor de servir al país.

La última vez que el Ejército no cumplió su meta mensual de reclutamiento fue en mayo del 2000; ante tal déficit se especula que se restituiría la conscripción aunque el Congreso y el secretario de Defensa Donald H. Rumsfeld la descartan.

Geopolítica de la leva

Las fuerzas armadas de Estados Unidos se despliegan en regiones geoestratégicas entre 71 complejos militares de todo el mundo y 800 bases aéreas, navales y de infantería, puestos de vigilancia, espionaje, comunicaciones y depósitos de armas.

Cifras de Oil Watch, la organización que observa los conflictos por el acceso y control del petróleo, estiman que ese complejo militar consume un gasto que asciende a 400 mil millones de dólares.

La militarización se consolida con bases continentales de la superpotencia. Así, el Comando Sur con sede en Miami y Puerto Rico protege los intereses estadounidenses en América Latina y el Caribe. Al año arriban a sus bases más de 50 mil tropas que realizan más de 3 mil despliegues con misiones de entrenamiento y ejercicios conjuntos.

De acuerdo con la página electrónica de la misión estadounidense en México 8 por ciento del total de la milicia de aquel país es de origen latino. El Comando Sur y el Servicio de Selección destacan que “millones de ciudadanos méxico-americanos han servido honorablemente en todas las secciones de las fuerzas armadas norteamericanas.” 

El mensaje de la embajada destaca que el Ejército estadounidense “se honra en contar con 107 mil 566 personas de origen latino entre sus miembros, ellos representan el 7.3 por ciento del total” de sus fuerzas armadas.

 

Publicado: Septiembre de 2005



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