Contralínea  

El mercado de las elecciones.

* Pedro Margolles Villanueva

El debate es lo menos que cuenta. Un poderoso dragón de dos cabezas ha devorado la expresión de las ideas en la lucha democrático-burguesa electoral en México

 

 

 


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Vance Packard desde hace más de 30 años avizoraba, en su clásico libro Formas ocultas de la propaganda, una sociedad mediática manipulada inescrupulosamente por la publicidad y su inevitable enlace con la política.  México vive hoy una lección práctica de la facultad que tiene la sociedad capitalista de convertirlo todo en mercancía.

Ante la proximidad de las elecciones los partidos y los candidatos buscan recursos, y se alistan para una suerte de mercadeo político al que destinan sumas millonarias para una contienda en la cual es más importante captar al consumidor-votante que convencerlo de cómo transformar la sociedad.

Las campañas políticas se sustentan en la publicidad y por lo tanto requieren de cifras millonarias para desarrollarlas en los medios de difusión masiva. El 80 por ciento de esos recursos están destinados a la radio y la televisión.

Así, las dos principales cadenas de televisión del país, Televisa y Televisión Azteca, ya prevén sus beneficios calculados por lo menos en mil 160 millones de pesos (unos 110 millones de dólares), según expertos de dos importantes firmas financieras.

Sin embargo, Televisa espera obtener ingresos de al menos 140 millones de dólares, calculo realizado en correspondencia con el enorme gasto de publicidad que hicieron los partidos políticos durante los recientes comicios del Estado de México y las precampañas presidenciales con vistas al 2006.

Las predicciones y cifras no resultan exageradas si se tiene en cuenta que en el segundo trimestre del 2005, TV Azteca reportó utilidades de 497millones de pesos (unos 47 millones de dólares), de las cuales una enorme contribución provino de las campañas políticas en el Estado de México y las previas a las presidenciales.

Resulta evidente que el gasto de los partidos y los candidatos a las elecciones es un verdadero dispendio, contrastante con la realidad de un país con más de 40 millones de pobres.

En México el Instituto Federal Electoral (IFE) otorga dinero a los partidos para realizar propaganda electoral y mantener su funcionamiento institucional, es decir, es el pueblo quien paga el festín político.

Para este año el IFE fijó en mil 953 millones 351 mil 92 pesos (unos 117millones 600 mil de dólares) el financiamiento público para actividades ordinarias permanentes, repartido entre las cinco principales agrupaciones políticas. Además asignó otros cuatro millones de dólares para otras 68 agrupaciones políticas nacionales. Estas son las cifras que provienen del erario público, pues se carece de datos confiables de lo que cada partido obtiene de contribuciones particulares.

Alberto Núñez Esteva, presidente de Confederación Patronal de México (Coparmex), llamó a evitar que el dinero del narcotráfico se infiltre en las precampañas, en las "que hay un insultante derroche de recursos". Sostuvo, además, que es necesario tener certeza sobre el origen de los recursos electorales, pues en México no hay forma de controlar la infiltración del dinero del narcotráfico en las campañas electorales, y opinó que ese gasto es en muchas ocasiones "indignante y hasta ofensivo".

Según un reciente reporte publicado en el diario La Jornada, la televisión mexicana recibe 5.7 millones de pesos diarios de publicidad política, cantidad mayor que el presupuesto anual del Instituto Nacional de Cancerología, que es de 459 millones de pesos y que con grandes carencias atiende diariamente a más de mil pacientes.

Desde 1975 se ha tratado de impulsar una reforma a la ley de radio y televisión para restringir esta desmedida ganancia y para regular el papel de los medios en la construcción de la llamada democracia mexicana. El proyecto también pretende transparentar las concesiones de frecuencias a los medios que hoy están en manos de dos enormes compañías.

La reforma depositaría en las decisiones del IFE la contratación exclusiva de la publicidad para los partidos, de tal manera que éste podría fiscalizar lo que se otorgaría a los medios; sin embargo, este proyecto de ley  fue paralizado en el Poder Legislativo.

Un verdadera crisis de pánico se apoderó de los partidos y de los políticos mexicanos, señala el analista Luis Hernández Navarro, frente al duopolio (Televisa y TV-Azteca) y a los concesionarios de la radio.

Hernández Navarro precisa que el "temor a las represalias, la timidez del IFE y la colusión entre empresarios de la industria y el gobierno federal, impidieron el establecimiento de controles mínimos a la divulgación de las campañas electorales en los medios electrónicos". De hecho se vive en México una verdadera dictadura del marketing, pues el que se atreva a desafiar a los monopolios desaparece de las pantallas.

Hace varios meses, antes del naufragio de la reforma, el senador por el Partido Acción Nacional, Javier Corral, advertía que "cualquier monopolio hará hasta lo imposible antes que ceder un equilibrio, antes que ceder un espacio, antes que admitir una competencia". Señalaba, además, este especialista en la materia, que si no se sometía a control a las empresas de televisión terminarían sustituyendo al sistema de partidos y a los mecanismos tradicionales de la política. "Nuestros candidatos a la presidencia no van a salir de los partidos, sino de las televisoras", alertó.

El virtual candidato a la presidencia de la República por el Partido de la Revolución Democrática, Andrés Manuel López Obrador, parece que pretende realizar su campaña bajo otros preceptos. En recientes declaraciones dijo que "las campañas que se sustentan únicamente en la publicidad requieren mucho dinero y nosotros no tenemos". Advirtió que tampoco estaba dispuesto a conseguir promoción a cambio de subordinar principios y decisiones futuras a grupos de intereses creados.

El exjefe de gobierno de la ciudad de México había advertido recientemente que su propaganda se iba a sustentar en la propia creatividad del pueblo, viniendo desde abajo y con medios propios, como enfrentó el desafuero. Sostuvo que "la transformación del país sólo será posible si somos capaces de convencer, conmover, organizar y movilizar al pueblo". Sin embargo otras agrupaciones políticas parecen apostar a una buena alianza con los medios electrónicos y a la publicidad convencional.

El marketing político en México ha logrado desaparecer los planteamientos ideológicos, y su esencia gira alrededor del carisma de los candidatos, de asuntos banales y argumentos simples totalmente alejados de los problemas reales que enfrenta la sociedad. No hay propuestas políticas, hay personalidades y partidos que más que nada persiguen cargos y prebendas.

El fondo de esto, según el analista Enrique Maza, es la respuesta a cuestiones éticas, políticas y existenciales: cómo vivir, cómo pensar, cómo actuar en un mundo sometido a las leyes del mercado inculcadas de día y de noche por medios oligopólicos. Para lograrlo sólo hace falta dinero, dinero y más dinero para comprar espacios en los medios de difusión.

En definitiva este estilo que se adueña de la política mexicana no hace más que apostar a ganarse un público supuestamente desprovisto de inteligencia, idiotizado por la propaganda y con reacciones robotizadas. Sin embargo, la respuesta popular se ha dado ya en los anteriores comicios parciales del 6 de julio del 2003: apenas el 42 por ciento de los ciudadanos inscritos en el padrón electoral emitieron su voto.

Evidentemente la desilusión y la desconfianza se adueña de las masas. Mientras tanto crece la pobreza y el descontento, pues las clases políticas no ofrecen una respuesta convincente.

Ya José Martí sustentó que es el pueblo el verdadero artífice de los cambios, y más temprano que tarde él mismo adelantará las urgentes transformaciones socio-económicos y políticas que en este momento necesita México.

Queda mucho por ver de aquí a julio del próximo año cuando se sabrá si las elecciones posibilitarán un cambio sustantivo en la historia de México. Mientras tanto queda pendiente una respuesta: ¿Ganará el dinero o la razón?

 

Publicado: Octubre de 2005



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