Contralínea  

La Guerra púrpura

Jorge Torres
La batalla que libran los obispos al interior de la estructura de la Iglesia católica mexicana y que deriva en conflictos y enfrentamientos abiertos entre los jerarcas religiosos, ha sido investigada y analizada por académicos de diferentes disciplinas, especializados en el tema eclesiástico. Grilla hay, dicen, pero hay que saberla ubicar en el contexto de una estructura medieval que ha sabido sobrevivir al paso de los siglo

 

 


Publicidad

En el seno de la jerarquía católica se libra, desde hace tiempo, una batalla silenciosa pero demoledora entre obispos, arzobispos y cardenales, causada por las diferencias en las concepciones teológicas, episcopales y los distintos estilos de proceder de, los jerarcas religiosos.

Es una batalla entre los obispos que representan a los grupos “que buscan el poder y el grupo de los que tienen el poder”, asegura el obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda. 

Pero el fenómeno es normal, dicen los estudiosos del tema, no está desfasado ni representa en lo absoluto una crisis interna que amenace la hegemonía católica en el mercado de la fe en México.

“Hay que entender que en toda organización hay un nivel de conflicto, pero no es el fin del mundo, el conflicto en muchos casos es lo que cohesiona a la organización”, señala el antropólogo Elio Masferrer.

“En realidad tenemos diferencias en el modo de pensar, en la forma de actuar, pero en la Iglesia tiene que haber diferencias y esto no significa que haya división”, advierte el obispo Cepeda, uno de los jerarcas católicos más polémicos y criticados en el universo del episcopado mexicano.

“Los sacerdotes son como los políticos y se traicionan”, suelta muy en su estilo José María Guardia, uno de los mejores amigos de Juan Sandoval Íñiguez, cardenal que desde su residencia en Tlaquepaque, Jalisco, matiza la comparación. “Somos humanos, pero nosotros tenemos un freno que los políticos no tienen, que es el Evangelio y el temor a Dios.”

Lo cierto es que la santa grilla está a la orden del día en la dinámica de las relaciones entre obispos, arzobispos y cardenales, y la cercanía de las elecciones presidenciales atiza el fuego de la pasión política de los purpurados.

“La Iglesia católica está en lo que yo llamo un equilibrio dinámico inestable: lo que garantiza la unidad de la Iglesia es la diversidad, la pluralidad y el conflicto entre las distintas facciones”, dice el doctor en antropología de las religiones Elio Masferrer.

Y es que entre los jerarcas católicos prevalecen principios y opiniones discordantes acerca de la forma de pensar y gobernar las diócesis del país, que han llegado a traducirse en enfrentamientos abiertos. “Entre los obispos existen distintas propuestas y van a decir cosas distintas y van a impulsar cosas diferentes”, advierte Masferrer.

No obstante, el historiador de la iglesia católica Roberto Blancarte, dice que los eventuales enfrentamientos entre los jerarcas de la Iglesia no representan conflictos de fondo. “Son simples protagonismos que se enfrentan. Ellos pueden tener diferencias, pero en lo esencial, en la doctrina, todos están unidos.”

“¿Conflictos en la Iglesia católica?, por supuesto, los hay, conflictos a muerte y a veces hasta por dinero; el de Guillermo Schulemburg con el cardenal Norberto Rivera fue por la disputa del manejo de los dineros de la Basílica de Guadalupe, con un ingreso anual de más de 30 millones de dólares, y ahí fue una guerra a muerte que se dio entre ellos hace nueve años”, recuerda el sociólogo Bernardo Barranco, especialista en temas religiosos.

“Como en toda institución hay conflictos y enfrentamientos, pero se debe tener un método para poder entenderlos, es decir, también hay problemas generacionales, una vieja guardia y una nueva generación más conservadora, y se dan roces, choques, dimes, diretes, llamadas a Roma. Grilla hay, pero hay que saberla ubicar en el contexto de una estructura medieval como es la de la Iglesia católica”, dice Barranco.

 

Los grupos

 

Las clasificaciones acerca de los grupos y facciones que interactúan en el interior de la estructura del catolicismo mexicano, van desde identificar dos grandes grupos –uno relacionado con la línea de poder del Vaticano y otra a la cual se le ha denominado “la mayoría silenciosa”–, hasta la elaboración de una tipología en donde se representa el pluralismo católico en todas sus expresiones. Otra forma de clasificación ha sido también de acuerdo con la identificación de los obispos y arzobispos más poderosos e influyentes del episcopado mexicano.

Una de las clasificaciones más elementales de la estructura interna en la que interactúan los obispos mexicanos, es la que identifica a un grupo reducido de obispos que atiende y cabildea a pie juntillas las indicaciones del Vaticano, el llamado Club de Roma, encabezado por los cardenales Norberto Rivera y Juan Sandoval Íñiguez, el obispo Onésimo Cepeda y el arzobispo Emilio Berlié, entre otros, frente a otro numeroso grupo que cuestiona las imposiciones, un grupo al que se le ha denominado “la mayoría silenciosa”. 

“La polémica que se desató por el papel de Roma y el excesivo protagonismo del Vaticano y la necesaria autonomía del episcopado local, derivó en lo que se llamó en su momento vaticanistas contra mexicanistas. Es decir, aquellos que de manera ciega seguían los dictados de Roma y aquellos que decían: ‘espérenme, hay un margen de autonomía, nosotros manejamos la realidad, no podemos calcar lo que se nos dice a miles de kilómetros, tenemos que adaptar el pensamiento del Papa y del Vaticano’”, ejemplifica Bernardo Barranco.

Quizá una de las clasificaciones más completas en torno a los grupos de la Iglesia en México, la hace el antropólogo Elio Masferrer. Él reconoce por lo menos 14 grandes grupos distribuidos en el territorio nacional, en el que se representa el pluralismo de las facciones católicas y que se contrapone a las clasificaciones de elite.

“Yo no estoy de acuerdo con el concepto de Club de Roma y de línea vaticana versus línea mexicana, y no estoy de acuerdo porque ese tipo de caracterizaciones nos meten en dicotomías que no son consistentes”, dice Masferrer. “Esta clasificación tiene un prejuicio que deja sentada una hipótesis que no es aceptable, de que el Club de Roma, la línea vaticana, tenía todo el apoyo del Papa y eso daba lugar a una percepción equivocada de la realidad y parecía que el episcopado mexicano estaba alzado frente al Vaticano y no identifica los matices en concreto.”

Elio Masferrer sostiene que hablar del Club de Roma es introducir un concepto reduccionista en la metodología del estudio de la estructura católica. “Hablar de la Iglesia en términos de elites y no identificar a las facciones que realmente existen al interior implica un reduccionismo.”

Masferrer asegura que la estructura católica no es homogénea y se debe entender en el marco del pluralismo católico y en un contexto regional y étnico. Y la comprensión de este pluralismo católico, sostiene, es lo que ayuda a identificar a las facciones existentes en la jerarquía católica mexicana, además de su comportamiento y postura episcopal.

“No se puede hablar de ‘Los católicos en México’; hay que entender que los católicos en México están regionalizados y además están estratificados en una sociedad de clases sociales, además de expresar a su interior la misma estructura de jerarquías sociales que hay en el país”, señala el antropólogo.

En este contexto, Masferrer identifica a los jerarcas católicos agrupados en torno a la “Teología de la Prosperidad”. “Es la opción preferencial por los ricos. En realidad los de la Teología de la Prosperidad son los que otros colegas llaman el Club de Roma, que es una tendencia que se opone de manera estructural a la Teología de la Liberación, que es la opción preferencial por los pobres. La Teología de la Prosperidad es la corriente del catolicismo que no está dispuesta a trabajar tanto con las masas, sino con las elites y después desde las elites plantear los cambios.”

Las otras tendencias más representativas que han marcado el comportamiento de la jerarquía católica mexicana, asegura Masferrer, se concentran en los católicos del Bajío, los de Yucatán, los veracruzanos, la Teología India y la Teología de la Liberación.

Sobre los católicos del Bajío –Puebla, Querétaro, Aguascalientes, Michoacán, Durango, Guanajuato, Jalisco–, Masferrer asegura que de ahí proviene el 66 por ciento de todos los obispos y el 75 por ciento de todo el presbiterio.

El 8 por ciento del presbiterio mexicano, dice el antropólogo, proviene de Yucatán. “Este estado es otro enclave que tiene mucho en común con los católicos del Bajío.”

El caso de los veracruzanos es muy particular, dice el también catedrático de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. “Son católicos influidos por el liberalismo. Son católicos muy creyentes pero muy influidos por la cultura europea y el liberalismo, e implica que van a tener un juego eclesiástico y una forma de espiritualidad distinta.”

Masferrer identifica más tendencias, pero enfoca en las anteriores a los jerarcas más poderosos o con mayor capacidad para influir en las decisiones del episcopado mexicano. Y entre ellos destacan el cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Iñiguez; el actual presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Guadalupe Martín Rábago; el obispo de Celaya, Guanajuato, Lázaro Pérez Jiménez, y el obispo de Yucatán, Emilio Berlié.

“En el episcopado mexicano hay tendencias, distintas formas de espiritualidad y de consumo religiosos”, dice el doctor en antropología de las religiones. “El error de algunos analistas consiste en hacer énfasis en ciertos obispos que en muchos casos son los de la Teología de la Prosperidad, porque esos obispos, que no son más de siete u ocho, tienen un gran lobby de prensa, tienen una estrategia, saben muy bien el valor de los medios para estar presentes y se les sobredimensiona frente a otros que pueden ser tanto o más importantes.”

 

Los más poderosos

 

Roberto Blancarte, catedrático del Colegio de México y especialista en el tema de la Iglesia católica, asegura que la lista de los obispos más influyentes en el episcopado mexicano es más que clara y explica porqué.

Ubica en el primer lugar al cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, porque está al frente de una arquidiócesis que cuenta con un seminario en el que concurren más de mil 200 seminaristas. Está en juego también, dice Blancarte, su capacidad de influir sobre el poder temporal, sobre las autoridades civiles de su región. “No hay duda, el personaje más poderoso de la Iglesia católica en México es Juan Sandoval Íñiguez.”

“Pondría en segundo lugar al cardenal Norberto Rivera –continúa Blancarte– porque aunque está al frente de una arquidiócesis muy importante, todo mundo sabe que Norberto Rivera tiene mucha oposición al interior de la arquidiócesis. Hay muchos grupos que estaban con el anterior cardenal; es una diócesis muy grande: hay mil 200 sacerdotes y no todos están de acuerdo con la pastoral de Norberto Rivera. Además, no tiene ni de cerca la influencia sobre las autoridades civiles que tiene Juan Sandoval Iñiguez.

“Es distinto poder acercarse a las autoridades civiles a tener la capacidad de influir en las políticas públicas. Por eso Norberto Rivera es menos poderoso que Juan Sandoval Iñiguez, objetivamente hablando.”

El presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Guadalupe Martín Rábago, sigue en la lista del investigador, porque es un obispo que fue elegido por la mayoría de los obispos y “tiene por lo menos la capacidad de articular ciertos consensos, lo que lo convierte en un personaje efectivamente importante”.

Le siguen el arzobispo de Monterrey, Francisco Robles; el actual secretario de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Carlos Aguilar Retes; el arzobispo de Mérida, Emilio Berlié; el de Morelia, Alberto Suárez Inda; el arzobispo de Jalapa, Sergio Obeso; el obispo de Chiapas, Felipe Arismendi, y el obispo de Torreón, Raúl Vera.

“Todos ellos –dice Roberto Blancarte– tienen peso e influencia dentro del episcopado. Alrededor de esos personajes se articulan grupos de poder, porque cada uno tiene una visión de la iglesia, una visión del país. Hay que entender que no son grupos fijos y se articulan dependiendo de la temática, se van recomponiendo las fuerzas y las alianzas según de lo que se trate.”

Pero una de las cosas que sí quedan claras, dice Blancarte, “es que la mayor parte de los obispos no ven bien a Norberto Rivera por muchas razones”.

 

El factor Norberto

 

En torno a la postura que se asume en el episcopado mexicano frente al cardenal Norberto Rivera, los especialistas coinciden en el abierto rechazo que ha despertado en la mayoría de los obispos.

“El cardenal Norberto Rivera en los últimos cuatro periodos se ha propuesto como presidente del episcopado mexicano y ha sido bateado literalmente por el conjunto de los obispos, porque ven en el cardenal una figura muy controvertida, muy vinculada con el viejo sistema político, poco pastoral y muy ligada a sectores ultraconservadores en Roma”, dice Bernardo Barranco.

“¿Por qué Norberto nunca ha podido ser presidente de la Conferencia del Episcopado?, porque evidentemente su propuesta vinculada a la Teología de la Prosperidad no es bien vista por los demás obispos”, asegura Elio Masferrer.

“Conmigo se han quejado muchos obispos de Norberto Rivera, por su protagonismo, su arrogancia, por muchas cosas –revela Roberto Blancarte–. La prueba es que Norberto Rivera nunca ha podido ser elegido presidente de la Conferencia del Episcopado, lo cual su elección debería ser algo natural, que él en algún momento lo hubiera presidido, pero nunca lo ha logrado, nunca ha llegado y probablemente nunca llegará”, evalúa el investigador.

 

El grillo Onésimo

 

Otro de los obispos polémicos, incluso rechazado al interior del episcopado mexicano, es Onésimo Cepeda, quien junto con Norberto Rivera forma parte de ese grupo de obispos identificados como el Club de Roma o Teología de la Prosperidad, por su cercanía con las facciones conservadoras de El Vaticano y las clases acomodadas del país.

“A Onésimo los obispos hasta por una cuestión de clase no lo sienten cercano; lo ven de manera muy crítica. Muchos sacerdotes dicen: ‘oye, este cuate se la pasa en los toros y jugando golf y yo llevo dando misas desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche; a qué hora se fue a jugar golf, a qué hora atendió su diócesis”, cuenta Roberto Blancarte. “Está como un caso raro, y el Vaticano por lo visto no tiene problemas en tener a un personaje así en el episcopado mexicano.”

“Entre los obispos hay personajes particularmente chocantes como podría ser Onésimo Cepeda, a quien el conjunto del episcopado le impuso un silencio cuando era el responsable de comunicación social de la CEM; los obispos fueron a Roma, lo grillaron y lograron imponerle un silencio. No podía hablar a nombre del episcopado”, recuerda Barranco.

“Evidentemente hay quienes piensan de un modo y otros que piensan de otro –dice el obispo de Ecatepec–. Tenemos diferencias, diferente modo de pensar, diferencias en la forma de actuar, pero en la Iglesia tiene que haber diferencias; las diferencias no significan división.”

¿Se llevan bien en el Club de Roma?

-Nosotros sí nos llevamos todos muy bien; actuamos y trabajamos más o menos igual y decimos fuerte las cosas. Evidentemente no pensamos igual que Vera (Raúl Vera, obispo de Torreón) que piensa del lado de la izquierda, como Samuel Ruiz, de la Teología de la Liberación y nosotros no estamos de acuerdo con eso.

¿Por qué cree que los critiquen?

-Nosotros tenemos una muy buena relación (Norberto y Onésimo) y esa relación molesta a muchos obispos, muchas veces por celos y muchas veces por envidias; celos de que Onésimo y Norberto de alguna forma estén haciendo cosas que llaman la atención, como mi seminario, por ejemplo, por mi relación con los políticos, con los empresarios; todo esto provoca ciertos celos porque todo mundo quisiera tener las mismas relaciones, pero no las tienen.

¿Hay complots en la Iglesia?

-Bueno, mira, nosotros no podemos decir eso.

¿Pero sí hay grupos que se atacan?

-Si lo pones en mi boca te diría que mientes.

¿Pero sí los hay, evidentemente?

-Si lo pones en mi boca te diría que mientes.

-...

-Bueno, los hay, hombre, creo que es muy claro que los hay; todos los que buscan el poder y el grupo de los que tienen el poder.

Ustedes tienen el poder...

-Entonces el grupo que no tiene el poder es otro grupo y que lo quiere.

¿Quiénes no tienen el poder y lo quieren?

-Pues los que quieren dominar...por ejemplo la CEM. En la Conferencia del Episcopado lo lógico era que el presidente fuera Norberto.

Norberto presidiendo la CEM

-Es como debería de ser.

 

¿Sandoval contra Norberto?

 

El obispo más poderoso de la Iglesia católica mexicana, de acuerdo con Roberto Blancarte, es Juan Sandoval Íñiguez, no obstante su personalidad. “El cardenal de Guadalajara es un personaje muy mandón, es un ranchero claridoso que probablemente chocaría con la mentalidad de un chilango y que a veces llega y quiere que se le cuadren los gobernadores y eso provoca ciertos roces”, considera Bernardo Barranco.

Roces que han involucrado incluso al cardenal Norberto Rivera, con quien ha polemizado públicamente, sobre todo por la relación de Rivera con el presidente y su esposa y las implicaciones de apoyar la anulación eclesiástica del primer matrimonio de Marta Sahagún, avalada por Rivera Carrera desde su arquidiócesis.

“La relación entre Norberto Rivera y Sandoval Íñiguez es práctica, los dos son conservadores, los dos tienen vínculos con Roma, aunque con grupos diferentes, pero han sabido convivir; no son los grandes amigos, los grandes aliados, pero hay tolerancia entre ellos”, dice Barranco.

Para Roberto Blancarte, lo que se deriva de las diferencias entre los cardenales no es más que “una rivalidad de protagonismos”. “No hay una buena relación porque representan distintas tendencias”, dice Elio Masferrer.

El obispo Onésimo Cepeda opina diferente y niega una animadversión de parte de Sandoval hacia Rivera Carrera.

¿Hay un conflicto entre Norberto y Sandoval?

-No, ninguno, son íntimos amigos.

¿Pero las diferencias por la anulación del matrimonio de la esposa del presidente es pública?

-Sandoval puede estar de acuerdo o no, no le toca juzgar; si él dijera: ‘yo no estoy de acuerdo en que se anule el matrimonio de Marta’, pues se estaría metiendo en camisa de once varas, porque quien juzgó si se podía anular o no fue un tribunal eclesiástico, de una diócesis ajena a la suya, entonces no se puede meter en una diócesis ajena a la suya y menos en la del cardenal.

-...

-Sandoval fue siempre íntimo amigo de Norberto.

¿Fue?

-Es y ha sido siempre

El error de Norberto

 

La voz del cardenal Juan Sandoval Íñiguez es fuerte y sus frases cortas, rápidas. La entrevista, realizada en Tlaquepaque, Jalisco, se efectúa en el jardín de su residencia, a un costado de su despacho y de la sala de juntas que lo antecede.

-Hábleme de los grupos dentro de la Iglesia.

-No tienen el sentido de grupos de poder, de ambición, porque el que nos pone y nos quita es el Papa, eso que quede claro; si acaso un poco por la orientación pastoral, éstos piensan de una manera y éstos piensan de otra, pero no son grupos de poder; los grupos, si es que los hay, se forman por cierta orientación con respecto a los problemas de la Iglesia y los problemas sociales.

En ese caso impacta, sin duda, el liderazgo de los cardenales

-Claro, evidentemente.

Usted polemizó públicamente por la decisión de anular el primer matrimonio de Marta Sahagún, una decisión que se tomó en la arquidiócesis que encabeza Norberto Rivera.

-El presidente de la República hizo una campaña como católico y después se olvidó de su matrimonio y organizó un matrimonio civil con una señora que también estaba casada; creo que al pueblo de México eso no le cayó bien y tampoco a la Iglesia, evidentemente, pero se trata de una situación personal del mandatario que no deja de influir en el país por ser precisamente el presidente de la República.

¿Fue un error convalidar la anulación?

-No lo sé porque no conozco el expediente, si los motivos fueron válidos o no, si estaban apegados a derecho o no.

¿Fue un error?

-No fue oportuno, y no fue oportuno porque mucha gente en México está pidiendo que estudien su matrimonio, que declaren la nulidad de su matrimonio y no se da, entonces la gente dice: claro, se trata de gobernantes, de gente poderosa y la Iglesia accede, se trata de los pobres y la Iglesia no les hace caso.

¿Qué opina de la posición del cardenal Norberto Rivera?

-El tiene sus motivos; él solamente declaró la nulidad del matrimonio de la señora Marta y no sé cuáles hayan sido las causales.

¿Cómo es la relación entre ustedes?

-En lo personal llevamos una buena relación.

-¿Hay algún conflicto con el cardenal?

-No, nunca lo ha habido; sobre cuestiones de Iglesia y de moral pensamos igual. Él manda en la arquidiócesis de México y yo en la de Guadalajara.

¿Usted influyó para que fuera arzobispo Norberto Rivera?

-Esa historia no la puedo contar, porque todas esas consultas para nombrar obispos y arzobispos están bajo secreto pontificio; lo que le puedo decir, en términos generales, es que siempre que se nombra a un obispo o arzobispo en México se le pregunta a los cardenales, y yo era cardenal cuando el fue nombrado.

 

Guerra de obispos

 

Entre los conflictos paradigmáticos que se han presentado en el seno de la iglesia, Roberto Blancarte destaca el del obispo Samuel Ruiz y Javier Lozano Barragán, entonces obispo de Zacatecas y hoy ministro de Salud del Vaticano.

Quizá Samuel Ruiz es uno de los obispos que más enfrentó las andanadas de los más conservadores, sobre todo de los de la línea vaticana por su apoyo a los indígenas. “A Samuel Ruiz lo han combatido desde Roma y desde México; obispos que le tiraban a matar, como el nuncio apostólico Girolamo Prigione”, dice Bernardo Barranco.

Otro de los enfrentamientos que han hecho historia es el que protagonizan el cardenal Norberto Rivera y la dirigencia del episcopado mexicano, por lo menos durante los últimos años.

Destaca también el pleito en voz baja que mantiene el actual presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Guadalupe Martín Rábago, con el cardenal Juan Sandoval Íñiguez. “Martín Rábago era obispo auxiliar del cardenal Jesús Posadas Ocampo; cuando matan a Posadas, él aspiraba a sucederlo y por lo tanto aspiraba al arzobispado y al cardenalato, pero jalan de ciudad Juárez a Sandoval Íñiguez. Imagínate la posición tan incómoda para Martín Rábago, que se va de obispo a León. ¿Crees que se lleven mucho y se entiendan bien?”, cuenta y pregunta Blancarte.

Sobre los rumores de un enfrentamiento entre Sandoval Iñiguez y Norberto Rivera, el académico se muestra escéptico. “No estoy seguro si es un enfrentamiento o una rivalidad de protagonismos”, dice.

También se presentan diferencias insalvables por los estilos particulares de ciertos obispos. “Hay estilos que son particularmente chocantes y otros que son muy intelectuales, como el caso del cardenal Javier Lozano Barragán, que se siente muy intelectual y habla de los posmodernos y está muy preocupado por Heidegger; los otros obispos lo ven y no le entienden nada, y el otro que se siente una especie de Octavio Paz católico, pero a la hora de votar lo bajan del `ring´, le bajan los humos, como ocurrió: él aspiraba a ser el arzobispo de México y precisamente por ese estilo, entonces era arzobispo en Zacatecas, pues simplemente no pasó”, cuenta Barranco.

 

Las facciones y el equilibrio

 

La iglesia debe procurar un equilibrio entre los grupos, dice el antropólogo Elio Masferrer. “El Vaticano tiene que garantizar que más o menos las distintas facciones tengan por lo menos un obispo que los represente. Y es que en general los obispos quieren llegar a ser arzobispos y los arzobispos a cardenales.”

“La Iglesia tiene una memoria de más de 2 mil años, una estructura que ha venido evolucionando muy lentamente y ha pasado por varios estadios de la historia de la humanidad, de las civilizaciones, desde la época de la esclavitud hasta la globalización, por lo tanto hay una memoria de poder, de disciplina, de doctrina, y una memoria de estructura”, considera Bernardo Barranco.

Y esa estructura de poder que ha ido moldeando la Iglesia católica, contiene códigos secretos que le han permitido adaptarse a los tiempos y a las circunstancias y proteger su propia estructura, como en el caso de las violaciones y la pederastia. “En ese aspecto hay un sentido de cuerpo, de protección; hay una especie de código interno secreto de cómo manejar estas situaciones”, dice el sociólogo.

“Para entender las diferencias y las disputas internas, hay un principio básico: la Iglesia a pesar de todo no está aislada, está inserta en la sociedad, forma parte de la sociedad y vive, sufre, padece de las tensiones, mismas que se dan en la sociedad, de tal suerte que prácticamente las grandes corrientes, las grandes posturas que están presentes en una sociedad, están presentes también en la estructura eclesiástica.

“Cuando hay conflictos internos entre los obispos, éstos responden a posiciones, actitudes y respuestas que tienen los obispos frente a problemas más de corte coyuntural que los de orden estratégico; los de orden estratégico están muy claros: son la doctrina de la Iglesia, los grandes paradigmas que tiene el catolicismo, donde casi todos están a favor, como es el caso del aborto.

“Cuando vemos que hay conflictos, no son en realidad por problemas de definición programática de largo plazo, sino más bien son por cuestiones de matices. Los grupos no son grupos para siempre, se componen y se recomponen constantemente, y responden mucho a cuestiones muy coyunturales”, dice Barranco.

“La Iglesia católica está en lo que yo llamo un equilibrio dinámico inestable; lo que garantiza la unidad de la iglesia es la diversidad, la pluralidad y el conflicto entre las distintas facciones”, concluye el antropólogo y catedrático Elio Masferrer.

 

Publicado: Noviembre de 2005



Tu opinión:

Tu nombre:
E-mail

Escribe tu mensaje aquí:

Publicidad

ÍNDICE Noviembre 2005
Enviar a un amigo
Opina sobre este texto
Página de inicio


Publicidad

 

Humor
 

 

Avance Contralínea

 

Números atrasados

 

Publicidad

 

Números atrasados

 

 

 

 

Suscríbete


En la República:  

De actualidad  


 




Baja California Chiapas Chihuahua Coahuila Estado de México Guanajuato
Oaxaca Sinaloa Sonora Hidalgo Michoacán NacionalTamaulipas Veracruz Zacatecas
Revista Contralínea
Av. Juárez 88, primero piso, desp. 110 y 111. Col. Centro, México D.F.
Tels: 9149-9808 /30 /07
La otra campaña, el Ejército Zapatista y el Subcomandante Marcos
Sitios Recomendados:
| Oficio de Papel | Revista Fortuna | Los periodistas | Fraternidad de Reporteros de México |

Responsable del sitio: Gonzalo Monterrosa Galindo