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  Sección: Política | Publicado en: Marzo 2005

La agenda secreta de Medina Mora

Jorge Torres
Eduardo Medina Mora, director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), mantiene una agenda alterna que ha derivado en la distracción de parte de la burocracia del centro de inteligencia y le ha impuesto una dinámica destinada a satisfacer sus necesidades de informes confidenciales.

 

La “agenda” de Medina Mora ya llegó al despacho en Bucareli del secretario de Gobernación, Santiago Creel, y desató su ira después de enterarse de los detalles de las “investigaciones” ordenadas por el director del Cisen, al margen de la agenda institucional de seguridad nacional del gobierno y, lo más grave, investigaciones de las cuales no tenía el menor conocimiento.

La revelación surge del entorno más cercano al secretario de Gobernación, de acuerdo con una fuente de la comunidad de inteligencia que tuvo acceso a esta información. El informante, de alta credibilidad para el reportero y no obstante que no pudo revelar los detalles de las “investigaciones” emprendidas por Medina Mora, asegura que este hecho “enfrió” las relaciones entre el secretario de Gobernación y el director del Cisen.

En este contexto se incrementan los problemas para Medina en el Cisen. Por un lado, ya son públicos los conflictos internos que se han originado en la actual administración del Centro de Investigación y Seguridad Nacional y las sospechas que se han desatado por la supuesta relación de Medina Mora y el grupo empresarial Carlyle, el poderoso fondo de inversión vinculado en Estados Unidos con actividades de tráfico de información de inteligencia, vía sus vínculos con este sector (Contralínea 31).

Las conclusiones en la comunidad de inteligencia, expresadas por ex funcionarios de primer nivel del Cisen consultados por este medio, coinciden en afirmar que Medina Mora ha vulnerado la agenda de seguridad nacional del “Centro” y ha propiciado un “relajamiento” en la disciplina y la eficacia del personal de inteligencia.

Por su inexperiencia, Medina Mora depositó desde inicios del sexenio el poder real del Cisen en manos de Rafael Ríos, un funcionario que mantuvo desde 1998 y hasta hace algunas semanas la dirección del departamento de Análisis del Cisen.

Ríos, que actualmente funge como subsecretario de seguridad pública federal, mantuvo el control de los ciclos de inteligencia en mancuerna con el director del área de Investigación, Ardelio Vargas, un veterano funcionario del Cisen.

Rafael Ríos y Ardelio Vargas encabezaron un grupo compacto que influyó en la dinámica interna del Centro de Investigación e hizo a un lado a personajes clave aislándolos de la zona neurálgica de las decisiones internas.

El caso más claro de la influencia de este grupo fue el ocaso del almirante José Luis Figueroa, ex director de Contrainteligencia. Figueroa tuvo que salir del Cisen ante el aislamiento de Ríos y Vargas, actitud que propició el desprecio del propio Medina Mora hacia el almirante.

Un ex funcionario del Cisen, cercano a Figueroa, asegura que Medina Mora se expresaba con desprecio del almirante cuando éste era su subordinado. Y es que Medina, Ríos y Vargas no soportaban los métodos de Figueroa que, en voz de este ex funcionario, el origen del problema es que el almirante “no opera como los civiles” y esto desesperaba al propio Medina Mora.

José Luis Figueroa se refugió en la Secretaría de Seguridad Pública y se desempeñó como comisionado de la Policía Federal Preventiva hasta el trágico día en el que murieron linchados dos agentes de la PFP en Tláhuac, después de un fallido operativo de inteligencia instrumentado para “cazar” guerrilleros mediante acciones encubiertas.

Según fuentes de la Secretaría de Seguridad Pública el almirante Figueroa trató de impresionar al secretario Ramón Martín Huerta y ordenó diversos operativos de espionaje y contrainteligencia para desactivar células guerrilleras y bandas del narcotráfico que operan en la ciudad de México, pero la premura le impidió supervisar personalmente al personal enviado y entre novatos e inexpertos policías ocurrió el linchamiento de los agentes secretos que a la postre le costó el puesto y un proceso penal por negligencia.

Como consecuencia de este hecho que marcó y estremeció a la cerrada comunidad del espionaje mexicano, se reestructuró el área de inteligencia de la PFP y se le pidió la renuncia al almirante José Luis Figueroa.

Días después Eduardo Medina Mora sacrificó a Rafael Ríos, quien se despidió del Cisen y se instaló en una oficina en la Secretaría de Seguridad Pública en calidad de subsecretario. Para algunos el nombramiento fue un triunfo de Ríos, que consiguió un importante puesto en la burocracia federal; sin embargo, para otros fue una simple demostración de Medina de que el poder en el Cisen lo ejerce el director, y se aprovechó del caos existente en la secretaría al mando de Ramón Martín Huerta para “sembrar” a Ríos.

La versión de la SSP es que Martín Huerta busca unificar a los diversos organismos de seguridad nacional para tomar el control y, sobre todo, coordinar eficazmente el esfuerzo conjunto de las diversas corporaciones a fin de lograr por primera vez un trabajo en equipo en todo el país para combatir a la delincuencia organizada.

Las vacantes que dejaron José Luis Figueroa en la Dirección de Contrainteligencia y Rafael Ríos en la Dirección de Análisis fueron ocupadas de manera inmediata. De Contrainteligencia se hace cargo Juan Manuel Sánchez, ex delegado del Cisen en Baja California y Guanajuato, y de la Dirección de Análisis Gerardo Olmos, un veterano funcionario que ingresó al Cisen en 1984 al área de análisis y que cuenta con amplios conocimientos en el tema de cultos religiosos.

Con estos movimientos en puestos clave en las estructuras del Cisen, cambian también los centros de influencia al interior del “Centro”. Fuentes consultadas aseguran que ahora es Alejandro Rubido García el que mantiene una posición privilegiada en la fortaleza de Magdalena Contreras. Rubido García se desempeña como asesor de Medina Mora y es sabido en el Cisen que el secretario particular de Medina, Jorge Colín, es hombre de su confianza.

Rubido fue señalado a finales de 2003 de haber sido el artífice de un panfleto contra Elba Esther Gordillo, elaborado a partir de conversaciones telefónicas de la maestra obtenidas mediante espionaje.

Alejandro Rubido respondió con declaraciones públicas argumentando un complot en su contra desde las entrañas del Cisen, lo que evidenció una división interna que le causó serios dolores de cabeza a Medina Mora.

Una fuente asegura que las relaciones entre Alejandro Rubido y Rafael Ríos no eran las mejores y que el origen de muchos de los problemas en el Cisen, fueron resultado del enfrentamiento que mantenían por el control de cotos de poder. Ríos y Rubido son señalados como funcionarios muy cercanos al coordinador de la bancada priísta en la Cámara de Diputados, Emilio Chuayffet, a quien le estarían entregando información sensible de la seguridad nacional del país.

 

 
   
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