Asociado sistemáticamente a la corrupción que por 70 años ha lacerado a este país, el PRI intenta mutar su perfil autoritario para convertirse en un aparato abierto y democrático, exento de apellidos sexenales. Divididos, los priístas pretenden revitalizarlo y librarlo de estigmas en plena lucha por la presidencia.
A casi cinco años de la caída del régimen priísta, el partido que gozó del control absoluto del poder en México, expresa que en el 2006 se reconciliará con el electorado. No obstante, los analistas estiman que el PRI presenta huecos en algunos espacios sociales que de no atenderse revocaran el voto duro.
El PRI presenta un déficit muy importante en dos sectores de la población que de soslayarlos pone en riesgo “muy significativo” su posibilidad de recuperar la silla presidencial. Según lo estima el doctor Carlos Sirvent Gutiérrez, coordinador del Centro de Estudios Políticos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Aduce que es el partido que mejor articula a los grupos locales y por eso triunfa en elecciones. Pero tiene que resolver el problema de su relación con intelectuales y con jóvenes, que desde el 2000 no toman como opción al tricolor; y en cambio le restan ascenso en las urnas.
“Es importante que el PRI atienda este sector porque es una parte muy amplia de la población. Después dejan de ser jóvenes y no por eso van a cambiar su voto y se puede ir consolidando como un voto opositor. El otro sector son los intelectuales, que es un déficit similar al que tiene el PAN. El único que tiene un superávit con los intelectuales es el PRD”, plantea el académico.
Estima que PRI, PAN y PRD comparten un perfil que no denota grandes diferencias en su oferta partidista, porque se apoyan en las mismas instituciones y tejen hilos de conveniencia política. “Son acuerdos y negociaciones que hay entre ellos, mucho más fuertes de lo que uno se imagina. Esto los lleva a construir una arena común y ahí es donde luchan por el voto y por tener los cargos”.
“Por más que uno vea diferencias en sus planteamientos, no son tan fuertes como para que uno espere una sorpresa. Ese fue el error en el que cayeron muchos ciudadanos en el 2000, que pensaron que Fox iba a ser una opción radicalmente distinta a la del PRI. Pero igual pasaría en el 2006 con López Obrador”, manifiesta el politólogo.
Asimismo, observa que al PRI no le alcanza el voto duro para llegar a la presidencia, pues de acuerdo a una investigación que elaboró sobre la distribución del voto, le hace falta cerca de un ocho por ciento. Y asegura que es un porcentaje difícil de conseguir.
Transformación en las bases
Las reformas en la plataforma política e ideológica del tricolor, aseguran, tienen el fin de construir una realidad que propicie el desarrollo del país. Sin embargo, antes deberán resolver la inédita lucha al interior del partido por la candidatura a la presidencia y enfrentar la nueva situación del instituto a raíz de la salida de Los Pinos.
“Esos cambios son principalmente la autonomía y el surgimiento de distintos grupos internos que ya no se disciplinaron en el viejo estilo priísta; es decir, al estilo del presidente de la república. Estamos viendo un PRI donde por primera vez las cuestiones políticas se arreglan públicamente; ya no en los corredores del gobierno”, apunta Sirvent Gutiérrez.
Subraya que una de las principales variaciones que sufrió este instituto político y que en antaño no sucedía, es la exhibición de sus redes de poder. Tal característica, dice, puede ocuparla como ventaja “para definir con claridad una vida política abierta”. No obstante, considera latente la posibilidad de que los mismos grupos entren en pugna por el liderazgo y pongan en riesgo la estructura partidista.
Reynaldo Ortega Ortiz, académico investigador del Colegio de México (Colmex), opina que la dinámica actual del tricolor cautiva la atención de sus observadores dado que por primera vez se puede considerar un partido. Pues “dejó de ser una oficina burocrática de la presidencia”.
El PRI actualmente está aprendiendo a reconquistar el poder, aun cuando en el contexto de su debacle, se pensó que desaparecería de la escena política. Sin embargo, sobrevivió con el castigo de renunciar a su figura protagónica para volverse un actor secundario, que hoy ya se ufana de recuperar su implantación nacional.
Decepción panista, ventaja priísta
La misma sociedad mexicana que expulsó al PRI es la que hoy desacredita la bandera del cambio, pues no deja de mirarse envuelta en una crisis social y económica.
“Resultó una tomada de pelo total. Fox no ha hecho más que obsesionarse por entregar el patrimonio nacional a los intereses extranjeros. Y con sus famosas reformas estructurales pretende quitarle derechos a los obreros, ganados en la lucha popular”, apunta el senador priísta, Manuel Bartlett Díaz.
Dice que desde los primeros meses de su gestión, el actual mandatario nacional perdió la confianza de los grupos que apostaron por la promesa de un sexenio de progresos. Incluso los empresarios “empiezan a reclamarle su incapacidad en casi todos los ramos de gobierno y con los años se va acentuando esa situación de rechazo”.
Ante dicho escenario, el ex secretario de gobernación observa que el agudo debilitamiento en la bancada panista, es proclive a darle ventaja al tricolor rumbo a la presidencia. No obstante, estima también que aún cuando las elecciones locales les favorecen, podría verse mermada esta oportunidad si el PRI no ejerce procesos democráticos a su interior.
Crisis de identidad
A pesar de que el PRI es un grupo numeroso en la Cámaras de Diputados y de Senadores, así como en los congresos y gobiernos estatales, la visión del triunfo es relativa ante las contradicciones que encuentran sus principios fundamentales.
Carlos Sirvent advierte que el PRI padece una crisis de identidad. Por una parte está una base ideológica permanente que sí reitera sus líneas fundamentales desde que nació en 1929 como un partido con estandarte revolucionario. Y por otra, pragmática que se ajusta a los lineamientos del presidente en turno.
Para fortalecer la identidad del tricolor, destaca que es necesario cohesionar sus estatutos con el programa de acción. “En los principios están sus grandes líneas de compromiso social y el papel que juega el Estado. Y en el programa de acción vemos los cambios que se imprimieron particularmente a partir de la década de los ochenta.
“El problema del PRI es que en sus documentos hay contradicciones. Es un partido que ha creado cierta confusión ideológica entre sus bases y la ciudadanía. Hay un momento que ya no sabemos bien de qué se trata su propuesta porque encuentran argumentos para todo”, sostiene el doctor en Ciencia Política.
Barttlet coincide en que existe una transgresión a los documentos básicos: “Madrazo ha traicionado los principios explícitos del partido al tratar de impulsar la aprobación de las llamadas reformas estructurales. Es absolutamente negativo que nuestro presidente se ponga de acuerdo con el PAN para esbozar reformas privatizadoras cuando eso está prohibido en nuestros estatutos”.
Agrega que tales errores aún no repercuten porque otras figuras priístas de competencia decisiva, como senadores, diputados y el mismo Consejo Político Nacional (CPN), del PRI, conservan una postura inamovible ante sus principios esenciales.
Ortega Ortiz, del Colmex, califica al PRI de “pragmático, porque hasta hace poco no se respetaban sus estatutos”. Hace referencia en los gobiernos anteriores donde lo inscrito por el partido no era congruente con la actuación de quien fuera el mandatario nacional.
“Lo que estaba en el papel y lo que terminaban haciendo se contradecían. La gente considera a los ex presidentes como personas corruptas, como Salinas. A Zedillo, como una persona incapaz de lograr el crecimiento económico que propuso. A Echeverría, con el historial de la guerra sucia. Y a López Portillo se le recuerda en casos muy sonados de corrupción y de fracaso económico”.
Destaca que, sin embargo, la ciudadanía se percata de la incongruencia en el partido, pues “no es nuevo que los priístas no respeten sus estatutos o sus plataformas electorales. Es algo que no han hecho durante mucho tiempo”.
Embate por el candidato
La comandancia tricolor dice apostar todo por llegar de nuevo a Los Pinos. No obstante, se avizoran grietas por la disputa de la candidatura presidencial entre las facciones agrupadas entorno a Roberto Madrazo Pintado y los gobernadores de la alianza Unidad Democrática.
El ex candidato, Francisco Labastida; gobernadores como Arturo Montiel, Miguel Alemán, Natividad González, Manuel Ángel Núñez, así como el senador Enrique Jackson y la antigua líder priísta, Dulce María Sauri Riancho, son algunos ejemplos que coinciden con la recién integrada Unidad Democrática para cerrar filas contra la postulación de su dirigente.
El académico Ortega Ortiz, indica que es importante reparar en el hecho de que el titular priísta ganó la directiva con la intención de ser candidato a la presidencia de la República; por lo tanto, su idea es mantener los órganos de dirección del PRI.
Considera que el dirigente priísta “procurará permanecer al frente del partido el mayor tiempo posible para que de esta forma tenga mayor posibilidad de consolidarse como el candidato presidencial”.
Manuel Barttlet, asegura que de concretarse la candidatura de Madrazo mediante un proceso interno corrupto, el PRI tendría una candidatura débil y carente de autoridad moral que pondría en riesgo las oportunidades a las que aspira el partido para recobrar la presidencia. Además de exponerlo a viejas estampas de desprestigio.
“Tenemos que cuidar mucho el juego que se haga porque hay tendencias de Madrazo y compañía hacia una posición neoliberal de derecha. Aún cuando en su discurso diga que el PRI es un partido social demócrata, sus acciones van en sentido contrario. Se apegan totalmente a la filosofía neoliberal de Salinas de Gortari que nos ha hecho tanto daño y que ha impulsado el crecimiento exponencial de la pobreza en México”, declara Bartlett Díaz.
El artículo 19, del Código de Ética Partidaria del PRI, sustenta la advertencia que hace el senador al exponer que “si el CEN priísta actúa bajo objetivos personales para favorecer la campaña de Madrazo, incurrirá en una falta hacia los principios y su función misma”.
En el código se inscribe que “los militantes priístas deberán abstenerse de intervenir o participar indebidamente en la selección, nombramiento, designación, contratación, promoción, suspensión, remoción, cese o sanción de cualquier miembro del partido cuando tenga interés personal, familiar o de negocios en el caso, o pueda derivar alguna ventaja o beneficio para él o las personas que refiere el artículo 17”. Es decir, él, su cónyuge, parientes consanguíneos hasta el cuarto grado o terceros con los que tenga relaciones profesionales, laborales o de negocios.
La presidenta de la Fundación Colosio, Beatriz Paredes Rangel, dice que son las elites económicas y políticas las que están a la expectativa del nombre de los candidatos. Pero que a la sociedad mexicana le interesa la solución de los proyectos y por ello obligará a los representantes de los partidos a trascender el tema de quién merece acceder al poder para que haya compromisos muy claros.
Se dice imparcial ante quien resulte el candidato priísta; en virtud de cumplir con la misión de la entidad que encabeza. Agrega que piensa abocarse a la tarea de identificar las demandas esenciales de la población para establecer mecanismos y responsabilidades que garanticen su cumplimiento.
Proyecto económico y justicia social
Las recientes victorias locales del aparato tricolor vuelven a colocarlo como una fuerza política. Son los votantes, que hoy le regresan la oportunidad de ampliar sus posiciones, los mismos que esperan recibir una oferta que ya no descanse en la demagogia y derive en un impulso económico y de justicia social.
El proyecto de nación priísta promete hacer valer un modelo económico que satisfaga las necesidades de la gente y permita rebasar la incapacidad del gobierno foxista. Sin embargo, para ciertos sectores de la población, el PRI también es un referente negativo.
“Al PRI le pesa la fama de una política de corrupción con una serie de crisis económicas. Desde 1982 el crecimiento fue muy limitado. Tienen esa historia y ese record de haber entregado un país con más de la mitad de la población en niveles de pobreza, con unos salarios deprimidos y con problemas muy serios de desigualdad”, subraya el analista Reynaldo Ortega.
Por su parte, Carlos Sirvent denota que “la crítica más importante que se le puede hacer al proyecto de nación del PRI es el hecho de que no se modernice y recoja los últimos planteamientos y propuestas para resolver los problemas que ellos mismos detectan. Las soluciones, particularmente si hablamos de problemas sociales, todavía son muy atrasadas y se quedan al mismo nivel que otros partidos”.
Señala que un adversario como el PRD, avanza con el sector social. Lo que puede retribuirse en un acierto electoral de cara a los comicios del 2006. En cambio el PRI, a pesar de ser “muy claro y loable” en las cuestiones sociales “sus vías de solución son sumamente pobres y atrasadas”.
Todavía hay varios temas pendientes que el tricolor requiere abordar con mayor fuerza, como el ámbito ecológico, la equidad de género, la atención a grupos vulnerables y las pensiones, y “darles una solución de fondo”, destaca el académico.
A pesar de los desaciertos, asegura que en este momento el Revolucionario Institucional tiene altas posibilidades de cumplir sus aspiraciones presidenciales; mientras no incida en el viejo error “de articularse como camarillas aisladas de la sociedad, sino que actúe como una estructura amplia de participación ciudadana”.
La voz militante de Bartlett también anuncia que el PRI hoy es una fracción de oposición y por ello “su obligación es presentar un programa que corresponda a los intereses del partido. Es claro que la población priísta quiere que sea una base popular. Quiere empleo, desarrollo en el país, justicia y no la hay”.
La apuesta para que el PRI pueda revertir en triunfo sus tropiezos electorales dependerá de la unidad con que llegue a julio del 2006.
La bomba: Elba Esther
El clima político que avizoran los especialistas hacia los comicios electorales, coloca al PRI en un proceso de transición que se torna caótico. Carlos Sirvent, coordinador del Centro de Estudios Políticos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), augura que el 2005 es un año de riesgos para el PRI por los rompimientos y disidencias que se cocinan a su interior.
Tal es el caso de la secretaria general del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), Elba Esther Gordillo, que se presume, ya orquesta la creación de su propio partido para la contienda.
El doctor en Ciencia Política Sirvent González advierte que Elba Esther, “por su fuerza, no será expulsada del PRI; ella va a renunciar antes para hacerse cargo de su partido”.
Las diversas teorías que aluden una supuesta enfermedad de la profesora y los motivos de su silencio en la escena política, provocan en el aparato tricolor un ambiente de inconformidad. Grupos al interior, demandan que se presente y defina su postura porque estas circunstancias dejan latente el riesgo de desestabilizarlo.
La voz militante del senador Bartlett señala que la división del presidente y la secretaria general del PRI “obedece a intereses particulares de ambos y su obligación es servir a la base del partido, no servirse del partido”. Reprocha que los principales perjudicados son las bases militantes.
Apunta que estas diferencias personales no han querido ser resueltas por sus protagonistas. La investidura que une a la profesora con el órgano priísta se soslaya, mientras que Madrazo se muestra indiferente.
Para Carlos Sirvent, este panorama de vicisitudes priístas arroja como resultado que los diversos liderazgos al interior, no trazan la ventaja prevista y se vuelven un foco de confrontación. Contempla “un grave riesgo de escisiones” si los distintos grupos no llegan a un acuerdo.