Para encontrar la vía libre de toda crítica, en su retirada por el final inminente del mal gobierno, el foxismo vuelve a la carga contra el ejercicio de las libertades de prensa. Uno de sus funcionarios en la PGR -dependencia del Ejecutivo federal que más se ha distinguido por llevar, hasta sus últimas consecuencias, las inquisiciones administrativas y judiciales contra los periodistas-, pretendió sentar en el banquillo de los testigos a cinco trabajadores de medios de comunicación impresos, para llevar agua a su molino y de paso, hacerlos coadyuvantes contra dos ciudadanos que, a su vez, ejercieron sus derechos a la libre expresión.
Un juez de la causa civil, a solicitud del subprocurador José Luis Santiago Vasconcelos, citó a los periodistas Manuel Feregrino, Ciro Gómez Leyva, Miguel Ángel Granados Chapa, Carlos Marín y Ricardo Rocha como testigos en el caso de Artemisa Aguilar y la defensa de ésta por parte de su hija y el yerno de aquella, Santiago Pando, por las opiniones en sus columnas sobre el particular.
Además el servidor público, quien se decía víctima de daño moral, pretendía que los cinco periodistas ratificaran lo que habían publicado. Ambas peticiones, a las que el tribunal atendió y dio curso, no obstante que los escritos periodísticos no son documentos y mucho menos pruebas, pusieron en guardia constitucional a los profesionales indebidamente llamados a comparecer. Y jurídicamente protestaron.
Los cinco periodistas cumplieron con su obligación, acudieron al Juzgado e hicieron valer sus derechos para abstenerse de participar en el proceso civil. Desmontaron así la acción con la que el funcionario, malamente, quiso involucrarlos para acumular pruebas contra el ciudadano Santiago Pando.
Este, quedó con su derecho a salvo para también criticar el desempeño del funcionario arriba citado y tiene, a su vez, derecho a la libre manifestación de sus ideas, así sean éstas las de cuestionar y criticar e incluso impugnar la conducta de cualquier funcionario.
Mientras en los tribunales se desahogaba el citatorio de marras, el jueves 27 del mismo enero fallecía el combativo y combatido periodista Francisco Paco Huerta.
Periodista singular, mejor dicho: reportero cabal por honrado, trabajador y poseedor de una veracidad tan eficaz que, durante tres décadas (1976-2004), quienes detentaron el poder público en los órganos del Estado –del priísmo al panismo– lo persiguieron para silenciar sus programas de radio donde inauguró el periodismo civil.
Una pregunta o dos y Paco Huerta dejaba que los entrevistados o quienes llamaban al programa, informaran de sus problemas, expresaran sus críticas, sus peticiones y sus reclamos.
Cesado una y otra vez; constantemente censurado para que no continuara con su incansable labor de reportero en radio, Paco Huerta, con su nombre de torero, burlaba a los hombres del poder priísta, en una estación o en otra. El año pasado, por un disgusto de Fox, quien quiso quedar bien con Mart(h)a, fue despedido, cuando sus programas Voz Pública e Inocente o Culpable, que nacieron de Opinión Pública, mantenían una creciente audiencia nacional y cuando cientos de miles de mexicanos, tal vez más, le otorgaban un reconocimiento a su periodismo civil, por medio del cual se habían logrado expresar.
Paco Huerta, practicó un periodismo oral sin concesiones de ninguna especie y, en estricto sentido, para darle voz al pueblo y así democratizar la crítica contra el poder político. En su honor en este espacio se instituye “El Premio Francisco Paco Huerta” y simbólicamente, por la defensa que acaban de hacer del periodismo civil, se la entregamos a Manuel Feregrino, Ciro Gómez Leyva, Miguel Ángel Granados Chapa, Carlos Marín y Ricardo Rocha.