Un saldo magro en política exterior rubrica los cuatro años del sexenio de Vicente Fox como presidente. El activismo de la cancillería tropezó con la falta de una estrategia que hiciera congruentes los principios de la diplomacia mexicana con el nuevo ámbito internacional unilateral.
Pese a ello, el primer canciller de Fox, Jorge Castañeda, busca la Presidencia de la República y Luis Ernesto Derbez Bautista busca la secretaría general de la Organización de Estados Americanos como premio de consolación. Afuera, millones de ciudadanos se preguntan en qué les beneficia la política que se sigue en Tlatelolco.
¿Por qué no cristaliza la diplomacia de un gobierno que llegó al poder con un gran bono democrático, cuando naciones con similar desarrollo y en menos tiempo, como Brasil, saltan al protagonismo regional e internacional?
La relación con Estados Unidos, Cuba y América Latina; el desempeño en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y la vigencia de los principios, se revisan a la luz de la gestión de dos cancilleres cuyas coincidencias son más que sus diferencias.
La actual política exterior “es de derecha, como era de esperarse de un gobierno panista que apostó a que su relación principal fuera con Estados Unidos. Hubo un viraje a la extrema derecha, se abandonó la tradicional política exterior de buscar equilibrios, con el primer canciller del foxismo que fue el representante de Washington en Tlatelolco”, describe Patricia Galeana, ex directora del Instituto de Estudios Diplomáticos Matías Romero y de la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales (AMEI).
Luis Valdés Ugalde, director del Centro de Investigación Sobre América del Norte (CISAN), avala la política del canciller Castañeda, “que se propuso abrir a México los espacios de participación en el mundo, responder qué posición deberá tener el país en temas como la integración global y hasta dónde quiere participar e involucrarse o ser un actor marginal”.
Para el politólogo Roberto Hernández el riesgo de una política exterior con perfil más proactivo, fue “exhibir internacionalmente la precariedad intelectual de nuestro presidente: fueron demasiados reflectores –mucho ruido para tan pocas nueces-, el canciller Castañeda lo promocionó y, hay que decirlo, lo puso como un chivo en escaparate.
EU-México: relaciónes quizofrénica
Valdés Ugalde: “con Castañeda se planteó ¿qué hacer con la relación con Estados Unidos?; ¿hasta adónde queremos llegar y hasta adónde no, dada la complejidad histórica de la misma y los sentimientos encontrados, algunos esquizofrénicos?”.
Patricia Galeana cita una frase de Simón Bolívar “que no han de conocer quienes dirigen ahora nuestra política exterior: Cuando el débil se alía con el fuerte se convierte en su lacayo. Para que el fuerte respete al débil, no debe asumir una actitud de servilismo, sino de dignidad, actuar con inteligencia y lograr una plataforma para negociar con la contraparte.
“Estados Unidos utiliza su derecho a la injerencia en materia de Derechos Humanos; con el presidente Bush pasamos a una situación peor –al Estado gendarme- como advertía Gabriela Mistral.
“Ese Estado gendarme usó la amenaza del comunismo, el narcotráfico y ahora el terrorismo. Del derecho de injerencia pasamos a la guerra preventiva en lugar de una diplomacia preventiva. No concuerdo con Castañeda –que propuso en la AMEI aliarnos con Estados Unidos porque había sido un fracaso esta búsqueda de equilibrios para defendernos de EU”.
Migración, como alma en pena
Para Valdés Ugalde “el 11-S no fue la razón porque no se concretó el acuerdo migratorio, sino porque se pretendió plantearle a Estados Unidos una propuesta de acuerdo total o totalizador que para ellos es muy difícil de comprar.
“Primero, porque Bush respondía –y hoy responde más que nunca- a los intereses de sectores nativistas conservadores internos que han sido anti-migrantes con un discurso muy coherente de que no se puede legalizar lo ilegal.
“No se puede cambiar seguridad por migración como equivocadamente propuso el secretario Creel en un momento: ‘muy bien, colaboramos en seguridad lo que quieran, pero ustedes nos legalizan a nuestros inmigrantes’; al día siguiente un sector de congresistas le respondió: ‘señor secretario eso está bien, mientras usted esté dispuesto a abrir el tema del petróleo’. En ese momento el gobierno se calló.
“Así, sale de la mesa de negociaciones el tema migratorio y hasta ahora venimos como alma en pena cargando ese problema, sin que los Estados Unidos, a los que apelamos los pobrecitos mexicanos como redentores, nos hayan resuelto nada.
“Con Condoleezza Rice –en el Departamento de Estado- lo único que veo en puerta, como ya lo dijo Bush, es un acuerdo de trabajadores temporales que se renovaría cada año y que pondría a la deriva a los indocumentados pues se reforzarán las medidas legales contra ellos”.
En tanto, para Patricia Galeana el acuerdo migratorio “fue un manejo político, al final, no hay esa posibilidad. Un estudio de la CEPAL entre migrantes de México, El Salvador y República Dominicana, reveló que los nuestros están peor, con menor nivel educativo y más pobres.
“Hay asuntos más graves: el gobierno no se ha atrevido a denunciar ante la comunidad internacional, la responsabilidad del gobierno estadounidense (porque la ordenó) por los 3 mil 300 mexicanos muertos en los diez años de Operación Guardián; ¿cuándo ha oído una declaración al respecto?, ¡para nada!
“¿Dónde está la declaración de la cancillería contra la Propuesta 200 de Arizona? -para deportar indocumentados sin ayuda en su regreso a la frontera- ya salió un punto de acuerdo del Senado, pero estamos verdaderamente escandalizados de que nadie diga nada cuando se violan tratados internacionales y derechos humanos”.
Relación con Cuba
“Con Cuba se abandonó la posición estratégica, que era una forma de negociación con EU y se esgrimió la violación a los Derechos Humanos”, explica la doctora Galeana.
Para Valdés Ugalde, “con Cuba se vivía una relación de vieja complicidad entre dos regímenes autoritarios que se ocultaban mutuamente sus respectivas vergüenzas. En el caso de los Derechos Humanos, que Salinas destapó y después Zedillo, en México se ocultaban sus propias contradicciones internas y aceptaba el ofrecimiento amable de Cuba de no involucrarse en sus asuntos internos por la vía de la guerrilla u otros procesos de desestabilización”.
En las grandes ligas de ONU
“México tenía que jugar en las ligas mayores de la política global, estar en esta nueva arquitectura global, el lugar que peleó y ocupó en el Consejo de Seguridad. Hubo advertencias sobre los riesgos que implicaba poner a México en un lugar en donde se toman las decisiones fuertes, aprecia el director del CISAN.
“No estaba en el corazón de Fox haberse comportado como lo hizo en Naciones Unidas –en el Consejo de Seguridad sobre Irak-. En su corazón estaba la idea de ser un país más proactivo e incluso más moderno para posicionarse a la vanguardia.
“La guerra en Irak confronta a los mexicanos en si es vigente la máxima de No Intervención y si México debe modificar sus principios constitucionales de política exterior -el artículo 89 en particular-, abrirse al mundo y flexibilizar su posición..
“En eso estábamos cuando el gobierno sin ton ni son y sin consenso social se replanteó una política frente a la guerra en Naciones Unidas –donde por cierto votó tarde la Resolución 1441 y contra el involucramiento en Irak- para reconciliarse con los sectores nacionalistas mexicanos (priístas y perredistas) opuestos a la reforma constitucional que el presidente quería”.
Principios o Intereses
La ex directora del Instituto Matías Romero insiste: “no estoy de acuerdo en abandonar los principios; una buena política exterior es en la que coinciden principios e intereses. Castañeda decía que los principios son una camisa de fuerza, que son obsoletos, pero están en la Constitución.
“Me parece incorrecto que quienes juraron respetar la Constitución vigente digan que sus principios no sirven. El Ejecutivo puede solicitar una reforma y el Poder Legislativo decidirá. Imagínese si no son importantes ahora la Solución Pacífica de los Conflictos, Defender la Soberanía Nacional, la No Intervención”, los principios tradicionales de la política exterior mexicana.
En cambio, Valdés Ugalde estima que “se incurre en una discusión interna que no está resuelta: ¿México es o no un país que quiera participar en los nuevos acontecimientos mundiales por la vía incluso de involucrarse en las problemáticas locales como Haití?
“López Portillo lo hizo en Centroamérica y ahí se rompe el mito de la No Intervención. México sí ha sido intervencionista: el Pacto de San José con Miterrand (Francia); la asesoría de los sandinistas en el 79, hasta que cayeron; su intervención contra las dictaduras militares de derecha en el Cono Sur”.
Diplomacia a futuro
La doctora Galeana espera que haya un canciller que defienda nuestros principios, que busque esos equilibrios en el mundo unipolar de ahora y aunque suene utópico, volver los ojos a nuestra región latinoamericana.
“Debemos buscar un gobierno y una cancillería fuerte. Se considera que no gobernar es muy democrático, las personas no asumen su responsabilidad (Tláhuac), piensan en su rating nadie gobierna y se les olvida que no es establecer una dictadura, es asumir responabilidad, ser profesional, saber cómo debe conducirse la diplomacia.
“Hay muchísimo qué hacer en política exterior y necesitamos diplomáticos preparados, fortalecer a las instituciones y que realmente haya lo que siempre se ha deseado: una fortaleza que nos permita defendernos del Leviatán que está desatado en Estados Unidos”, concluye.
Para el CISAN, una de las razones por las que no repuntó la política exterior es porque en México no hubo reforma del Estado y porque la inexistencia de acuerdos entre actores ha impedido acuerdos en temas elementales; no se han puesto de acuerdo en el presupuesto, no se diga la relación con EU.
“Hay temas tabú como el petróleo que podrían salir a la palestra muy pronto, pués en 25 años probablemente deje de ser el recurso energético del futuro”, establece Valdés Ugalde.
Servicio Exterior: convidados de piedra
Roberto Hernández considera que cerca del 60 por ciento de los nombramientos que hizo Jorge Castañeda en diferentes cargos diplomáticos, correspondió a personas ajenas o que no provenían del Servicio Exterior Mexicano; de ahí la broma: hay diplomáticos de carrera y diplomáticos a la carrera.
“De eso se sirvió mucho Castañeda. Sealtiel Alatriste quería escribir una novela en Barcelona y lo hizo Agregado Cultural; José María Pérez Gay, hombre muy preparado e inteligente, pero no sé si suficientemente competente para el cargo diplomático; Aurelio Asiain en Japón y Guillermo Sheridan en Francia –quien tuvo problemas con la cancillería-, y como ellos, muchos”.
“La importancia del servicio civil de carrera –cuyo ejemplo es el Servicio Exterior mexicano- fue soslayada con improvisación y el derroche”.
En ese sentido, la ex directora del Instituto Matías Romero evoca que implementó el postgrado para los embajadores, que suprimió el canciller Castañeda.
“Es un contrasentido. Y después reflexioné: ¡pero claro! si vamos a ser una oficialía de partes de Estados Unidos, entonces no se necesita personal preparado para poner sellos en los pasaportes en la entrada del patio trasero como dice Aguilar Zínser.
“Se necesita gente que represente a la nación, ser ciudadano del mundo pero primero de la patria a la que pertenece. Si realmente queremos ser protagonistas de la historia, necesitamos darle apoyo al Matías Romero con el postgrado; el canciller Derbez me ofreció que restituirá en enero el posgrado y espero que así sea”.
Metrópoli global
La agenda internacional de la ciudad de México es sui generis: un jefe de gobierno que prácticamente no ha viajado al exterior y cuyo programa político, en contraste, goza de reconocimiento multilateral. Es una diplomacia discreta y austera que sitúa a la capital al nivel de las megalópolis globales.
Explica tal paradoja Alejandro Encinas, secretario de gobierno del Distrito Federal, quien sostiene que los intercambios y acercamientos con otras ciudades o países, se realizan con una estructura muy pequeña y limitando los viajes internacionales, con base en el Programa de Austeridad Republicana.
Pese a la austeridad, se viaja y obtienen resultados: la Secretaria de Desarrollo Social visitó Perú; la Secretaria de Turismo acude a ferias de promoción y la de Desarrollo Económico, a foros de microcrédito y empleo.
“Hemos viajado poco pero son reuniones que ayudan a difundir lo que se hace en la ciudad”, puntualiza Encinas.
Con una población de diez millones de habitantes, un territorio de un millón 489 mil 86 kilómetros cuadrados y una importancia política sin precedentes en la historia del país, la diplomacia del Distrito Federal, gobernado por la oposición desde el año 2000, se traduce en convenios y acuerdos bilaterales con otras ciudades. O a partir de la Unión de Ciudades Capitales (UCCI).
Además de la búsqueda por la inversión extranjera y los convenios de cooperación internacionales, la agenda exterior de la ciudad se cumple con la presencia cotidiana de delegaciones extranjeras que tienen gran interés por conocer lo que sucede en la metrópoli.
-¿Posee el Distrito Federal una política migratoria?
“No. Y es un tema que tenemos que empezar a atender, porque el DF se ha convertido en una entidad expulsora de mano de obra calificada de jóvenes con al menos 12 años de estudio.
“A diferencia de la migración de otras entidades, ahora hay una fuerte migración de profesionistas, con preparatoria o preparación técnica hacia los EU y es ya un fenómeno de las grandes ciudades: Monterrey, Guadalajara, Puebla, y en el DF. Este será sin duda el tema de esta década.
-¿Cómo se traduce en el bolsillo de los citadinos esa política exterior?
“Les preocupa que esa política de austeridad se canalice fundamentalmente a la inversión y desarrollo de la ciudad, pero no vamos a descuidar nuestra agenda internacional y se vincula a temas de cooperación.
“Por supuesto, las prioridades están definidas: aire -y vinculamos transporte porque nuestro problema en contaminación ya no es la industria ni las gasolinas, sino mejorar el transporte público-, el segundo es agua -reparación de fugas, captación de agua fluvial e infiltración y tratamiento-, además de la seguridad pública. (Nydia Egremy)
Critican partidos la política exterior foxista
La visión de los dos principales partidos de oposición del país sobre la diplomacia foxista critica la conducción de la política bilateral con Estados Unidos y América Latina.
De igual manera, el Partido Revolucionario Institucional y el Partido de la Revolución Democrática coinciden en reprobar el abandono de los principios constitucionales de política exterior así como en la pérdida del liderazgo internacional de México.
Para Samuel Aguilar, director de Asuntos Internacionales del Partido Revolucionario Institucional (PRI), hay dos fases en la actual política exterior: “la primera de subordinación absoluta a las directrices estadounidenses, con la sola apuesta del acuerdo migratorio y, la segunda, que impulsa lo económico en el marco de la globalización”.
Esto “trajo el desprestigio de la política exterior y un alejamiento de los principios constitucionales; ha sido un fracaso rotundo porque no se tradujo en ningún acuerdo y aunque no estábamos de acuerdo con la primera fase, inauguraron otra sin dar seguimiento a lo que hizo el anterior canciller”.
Se enfatiza en lo económico “quizás porque el canciller fue secretario de Economía, pero también fracasó porque se han signado varios tratados comerciales y acercado a mercados subregionales como el Mercosur, sin materializarse en nuevas inversiones, crecimiento y empleo.”
Señala que la SRE no debe sustituir a la Secretaría de Economía en la promoción por inversiones. Debe tener muy claro que su relación es de carácter diplomático y no comercial, aunque en la globalización hay un metajuego con nuevos actores que coexisten con los antiguos y con los principios constitucionales aún vigentes.
Para Mario Saucedo Secretario de Relaciones Internacionales del Partido de la Revolución Democrática (PRD), el programa de política exterior de su partido sí adopta los principios de Autodeterminación de los Pueblos, No Injerencia, Resolución Pacífica de las Controversias y el Respeto al Derecho Internacional.
Además, pondera como partido de izquierda la solidaridad con los pueblos por su liberación nacional –palestinos, saharauíes y puertorriqueños- y su participación en foros como la Internacional Socialista y el Foro de Sao Paulo.
¿Cómo observa el PRD a la diplomacia actual del gobierno?
“Su principal característica es la supeditación y entreguismo al gobierno estadunidense y a las empresas trasnacionales auspiciadas por ese gobierno”; reconoce, empero, que México no dio su voto contra la agresión en Irak en ONU.
Sin embargo, “vemos múltiples casos como el de Cuba, en donde se maneja la cuestión de los Derechos Humanos cuando en México hay violaciones reiteradas. Las votaciones en Ginebra son auspiciadas por Estados Unidos y lo más grave es que nos enteramos del voto de México por la vía de Colin Powell”.
Saucedo reitera que para su partido, la diplomacia panista no es una valoración humanista y su alineamiento tiene efectos muy graves en el caso de los migrantes.
Ahí “no ha habido una posición digna o enérgica sobre los derechos humanos, sociales y laborales de los mexicanos. Hay mucha condescendencia a ser considerados el patio trasero de los EU, como el caso del aeropuerto con la presencia de la policía estadounidense”. (Nydia Egremy)