Después de cerrados los casinos por el entonces presidente Lázaro Cárdenas del Río, a finales de la década de 1930, la instalación de casas de juego con máquinas tragamonedas y “servicios” similares a los negocios de azar estadunidenses prácticamente no se discutía. El aparente consenso era que estos negocios representaban más vicios que virtudes.
Sin embargo, la discusión soterrada se volvió abierta desde 1995 cuando volvieron los intentos por instalar los casinos en México. Desde entonces las cuatro legislaturas han recibido iniciativas de ley tendientes a permitir el establecimiento de los clubes de juegos de azar y más de 40 estudios sobre el impacto que causarían en la sociedad y economía del país.
En la presente legislatura el priista Francisco Bravo Carbajal y el panista Francisco Xavier López Mena, éste último presidente de la Comisión de Turismo, fueron los más destacados impulsores de la legalización de los casinos en México. Bravo Carbajal presentó una Iniciativa de Ley Federal de Juegos con Apuestas y Sorteos el 29 de abril del año pasado.
En medio de la crispación por el desafuero del jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, la iniciativa fue aprobada por la Comisión de Turismo. En aquella sesión de la Comisión convocada intempestivamente sólo habían acudido legisladores de las tres principales fuerzas políticas afines a la instalación de casinos.
La aprobación del dictamen dejó al descubierto la confrontación al interior de las bancadas. Los coordinadores de PRI, PAN y PRD regañaron a sus legisladores. El PAN, incluso, pidió no olvidar que, mientras el partido no tenga una posición definida, sus legisladores no pueden votar a favor de la iniciativa en ninguna de las comisiones en las que se encuentre ni, de darse el caso, en el pleno.
Con todo, la iniciativa parecía que avanzaría en las demás comisiones hasta que un hecho de violencia pareció dar la razón a los opositores a la instalación de casinos en México. El periódico Reforma dio cuenta del asesinato en Monterrey, Nuevo León, de empresarios que cabildeaban a favor de la iniciativa.
Las posiciones a favor y en contra se reflejaron también en un cúmulo de estudios con distintos niveles de rigurosidad que lo mismo demostraban que la instalación de casinos beneficiaría al país, que lo perjudicaría.
Un grupo de intelectuales, periodistas, empresarios y legisladores sugirieron que la Universidad Nacional Autónoma de México fuera la encargada de realizar un estudio con rigurosidad y objetividad para determinar la conveniencia o no de la instalación de las polémicas casas de juego. Los impulsores de los casinos argumentaron que ese estudio resultaría muy caro. Ganaron esa discusión y la propuesta fue desechada porque “se carece de los recursos necesarios”.
Los intelectuales y empresarios contestaron meses después que estaban dispuestos a absorber los costos del estudio. En la Comisión de Turismo se dijo entonces que ya había demasiados estudios, que ya no había nada que discutir sino votar y se acusó a los opositores a la instalación de casinos de prácticas dilatorias.
Argumentos
La Subcomisión de Infraestructura Turística y Desarrollo argumentó que, de aprobarse la iniciativa, se generarían casi 50 mil nuevos empleos y siete mil millones adicionales para la Hacienda pública. El señuelo era que los recursos, provenientes de un impuesto especial a los casinos del nueve por ciento de sus ingresos brutos, se repartirían entre los municipios, estados y federación.
La iniciativa planteaba que el 48 por ciento de esta recaudación se destinara a los municipios donde se instalen los casinos; el 30, para los estados respectivos y, el 22, para la federación. Se colocarían 10 casinos en el territorio nacional.
Para el diputado priista Héctor Gutiérrez de la Garza es una obviedad que la instalación de casinos generará empleos porque habrá inversión, pero eso no implica que automáticamente los beneficios sean superiores a los perjuicios.
“Sí se generarán empleos; pero cuántos, hasta dónde. Además, cómo será la regulación para que las utilidades se queden en el país y no se vayan al exterior y terminemos siendo simples maquiladoras del juego. Y es que más que decir sí o no a la instalación de casinos, es decir sí o no a las máquinas tragamonedas. Los casinos vana ser la cubierta, el lugar físico en donde estén esas máquinas.”
El legislador señala que se debe entrar al debate sin prejuicios y con información objetiva para decidir lo que más le conviene al país; pero los legisladores ya no pueden evadir el tema.
“Si se resuelve que lo prudente es que sí haya casinos, adelante: lo regulamos todo. Si no, regulamos lo que ya existe dejando casinos de lado. Lo que no podemos permitirnos es dejar las cosas tal y como están con una ley de 1947 que definitivamente ya no se ajusta a las circunstancias actuales.”
Por su parte, la diputada Nancy Cárdenas, secretaria de la Comisión de Turismo, considera lamentable que después de meses de discusión no se pueda evaluar aún si es conveniente o no para el país la instalación de casinos. Y es que antes de legislar se debe tener la información suficiente para decidirse por lo que el país necesita.
“No se ha podido evaluar la pertinencia de instalar casinos porque cada quien está dando opiniones y estadísticas conforme a sus intereses. Hay reticencias de algunos legisladores para que se haga una evaluación de las consecuencias que traería a la sociedad la legalización de los casinos. Los que no quieren una evaluación seria son los que los promueven.”
Promete que si un estudio responsable y objetivo concluye que las casas de apuestas son benéficas no hará más críticas. “Si una evaluación nos dice que es factible, tendría que asumir los resultados y callar”.
Por su parte, uno de los diputados panistas en contra de la legalización de los casinos, Francisco Valdez de Anda, dice contundente: “no valen la pena. Serán una derrama económica, pero para los bolsillos de los casineros. Está comprobado que los impactos sociales son muy fuertes. Y las supuestas ganancias tendrían que estarse destinando a paliar los estragos de la ludopatía y demás cosas que se generan alrededor de estos centros”.
Descarta que sea un incentivo del turismo en el país. “Nuestra nación es muy rica y, con una infraestructura muy sólida, puede atraer turismo de aventura, sustentable. Lugares como Hawai, que son de los más visitados en todo el mundo, no tienen casinos”.