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  Sección: Política | Publicado en: Junio 2005

La guerra interminable

Jorge Torres / Segunda y última parte
El combate contra los grupos armados en las zonas rurales contiene episodios violentos de los que se ha nutrido el Ejército para delinear la doctrina militar de operaciones de contraguerrilla, que se han materializado en documentos y manuales secretos que revelan métodos y recursos ideológicos de soldados y guerrilleros, enfrascados todos en una guerra que no tiene fin.

 

Las operaciones de contrainsurgencia que realizan las Fuerzas Armadas en México, se apegan a un guión preestablecido por la doctrina militar que está documentado en los manuales de “operaciones de contraguerrilla”.

En esos documentos, clasificados como confidenciales por el alto mando del Ejército, los militares elaboran los diagnósticos y los planes generales de acción en contra de los grupos subversivos que se desarrollan en el territorio mexicano, actuando en las zonas urbanas y rurales.

El diagnóstico que hacen los militares en torno a la guerra de guerrillas pudiera parecer desalentador para las nuevas generaciones de guerrilleros que han sido reclutados para combatir al gobierno desde la clandestinidad.

De acuerdo con el “Manual de guerra irregular”, elaborado por la Secretaría de la Defensa Nacional en el 2000, al que tuvo acceso Contralínea, en el apartado sobre “las operaciones de contraguerrilla rural” se precisa lo siguiente: “La guerra de guerrillas jamás conduce a una victoria final. En esta afirmación categórica están de acuerdo todos los estudios tanto políticos como militares, y en este principio de validez comprobada a través de la historia, es en lo que se basa el desarrollo de las operaciones de contraguerrilla”.

Hasta aquí pareciera que los militares se toman a la ligera el combate a los grupos armados, sin embargo, en el segundo párrafo del documento, enmiendan la plana.

“Aceptar el anterior principio en una forma dogmática e infalible, puede llevar al fracaso al comandante más capaz, pues juzgar con ligereza la actuación de los guerrilleros puede conducirlos a conclusiones desorientadas; esto es menospreciar a las guerrillas e incurrir en un grave error de optimismo.”

Se menciona el principio básico de la guerra de guerrillas: “si el enemigo es poderoso, se le elude; si es débil, se le ataca”. Sobre la figura del guerrillero, se establece que “es un combatiente técnico, fortalecido moralmente y con un alto grado de instrucción específica” y que “dentro de la preparación técnica se incluyen materias como el camuflaje, ocultamiento, organización del terreno, tiro, combates nocturnos y empleo táctico del armamento”.

“Los guerrilleros atacan en el lugar y hora que ellos escogen –sigue el diagnóstico–, y no vemos la razón por la cual deba permitírseles esta libertad, pues acosándolos a cualquier hora, aún con efectivos inferiores, se logra arrebatarles la iniciativa, y más aún, se les obliga a presentar combates frecuentes que les ocasionen desgastes continuos, pues una vez localizada una guerrilla, se le persigue en forma inteligente y agresiva”, se asienta en el manual de guerra irregular de la Sedena, en lo que puede entenderse como el planteamiento doctrinal del combate a los grupos subversivos.

En la doctrina contrainsurgente de las Fuerzas Armadas se definen también las características de los “contraguerrilleros”, y se instruye como principio castrense el que “no deben vacilar en emplear ardides, trampas, tretas, y contraemboscadas para acosar continuamente al enemigo, hasta crear en éste un temor constante que lo lleve a incurrir en errores fatales”.

La doctrina militar establece que el comandante de la contraguerrilla debe planear sus operaciones considerando factores como el conocimiento del enemigo, sus estrategias y sus apoyos tácticos.

“Desde que son conocidos en forma general los objetivos del enemigo, la información específica es reunida para obtener una imagen más clara de estos. Las capacidades del enemigo son examinadas así como sus vulnerabilidades, incluyendo la logística y su habilidad para no ser descubierto.”

En el documento de la Secretaría de la Defensa Nacional, se incluye información general en torno a las características básicas de los movimientos armados y los soportes logísticos a tener en cuenta, en referencia a la guerrilla rural.

“El apoyo externo para la fuerza principal puede realizarse a través de abastecimiento aéreo, marítimo, terrestre y por infiltración. Si la guerrilla sólo tiene un medio de reabastecimiento externo, la interdicción de ese medio puede disminuir o limitar las operaciones de las guerrillas cuando estas agoten sus reservas.

“Si la contraguerrilla previene a fuerzas amigas a fin de que se evite que la guerrilla capture equipo y abastecimientos, esto coadyuvará también a limitar sus operaciones por falta de estos apoyos.”

En cuanto al apoyo logístico que proporciona la población a las células de la guerrilla en las zonas rurales, se considera en el manual militar un criterio de control férreo de los lugareños.

“Un efectivo empleo de las operaciones para controlar a la población civil y sus recursos, así como de las operaciones psicológicas puede reducir el apoyo logístico que la guerrilla reciba de la población.”

 

Unidades especiales

 

La guerra de guerrillas se ha convertido en una guerra interminable y la coyuntura política juega un papel preponderante.

Las Fuerzas Armadas han aprendido de la experiencia de décadas de combatir a pequeños comandos de guerrilleros en las zonas rurales y, por lo tanto, han establecido estrategias orientadas a un combate más efectivo en contra de los grupos subversivos, sobre todo cuando la coyuntura es propicia para la actuación de los comandos clandestinos.

El conocimiento de las tácticas y los métodos utilizados por la guerrilla es fundamental para combatirlos. El “Manual de guerra irregular” de la Sedena lo contempla y destaca las operaciones y características de las “unidades especiales” de los grupos armados.

“Estas unidades de guerra no convencional que pueden conducir la guerra de guerrillas, consisten en unidades adiestradas y equipadas específicamente para este tipo de combate, así como grupos locales de traidores asesorados por la fuerza invasora.

“Este tipo de unidades tiene una misión primaria: conducir operaciones sobre blancos programados o de oportunidad, así como continuar adiestrando a grupos de traidores.

“Su nivel de adiestramiento es normalmente alto y están entrenadas en armamentos, destrucciones y demoliciones, comunicaciones, medicina y operaciones.”

Sobre las tácticas de acción de estas “unidades”, se lee en el documento de la Sedena, “se caracterizan por ser acciones cortas, sorpresivas, rápidas y violentas; las operaciones que realizan este tipo de fuerzas generalmente son incursiones y emboscadas”.

El documento contempla también la formación y características que deben mostrar en todo momento los militares que forman parte de los comandos de contraguerrilla.

“El ingenio del contraguerrillero no debe estar ni un momento en reposo, a fin de idear tretas y ardides que faciliten la obtención de información, neutralicen la de los guerrilleros y obliguen a estos a permanecer en constante movimiento hasta desorientarles a un grado tal que los lleve a cometer errores que los obliguen a enfrentarse inesperadamente a los contraguerrilleros.

“El contraguerrillero, para cumplir su misión, debe por todos los medios tratar de arrebatar la iniciativa a las guerrillas; su modo de actuar se caracteriza por su agresividad constante, de ahí que se considere que las emboscadas no son patrimonio exclusivo de las guerrillas. Aceptar esto implica dejarles la iniciativa y cruzarnos de brazos a esperar que ellos actúen y correr el riesgo de ser sorprendidos; es por ello que se recomienda el conocimiento de las formas y modos de emplear las emboscadas.”

Sobre las estrategias de la Sedena para combatir a la guerrilla en las zonas rurales, se encuentra la de la formación paralela a los grupos armados de pequeñas unidades con suficiente poder de fuego capacitadas para la guerra irregular.

“Debido a la gran dispersión en que operan las bandas de traidores y enemigos, es necesario que las tropas empeñadas en operaciones de contraguerrilla actúen también en forma dispersa para poder localizarlas.”

En concordancia con la formación de estas unidades capacitadas para la contraguerrilla, se establecen las bases de operaciones y el despliegue de fuerzas.

“Las bases para conducir las operaciones tácticas de contraguerrilla, deberán de localizarse en los lugares más cercanos al área donde se haya detectado la actividad más fuerte del adversario.

“Una vez que se haya organizado la base de operaciones y se tenga absoluta seguridad de rechazar cualquier ataque enemigo, el comandante de la fuerza de contraguerrilla procederá a dividir su sector para las patrullas que se desplegarán a hostigar a las bandas de adversarios.”

Los propósitos enmarcados en la doctrina militar antisubversiva son claros y obedecen a un fin único: “lograr la destrucción de los grupos armados”.

 

 

 
   
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