El general José Francisco Gallardo considera que el jefe de gobierno del Distrito Federal quiere involucrar al Ejército en la sucesión presidencial, lo cual no se lo recomienda, y Jorge Luis Sierra, especialista en temas militares, estima que lo que quiere evitar es el veto de los militares.
--Si no, ¿no llega?
--Si no, no llega, responde Sierra, coautor del libro Siempre cerca, siempre lejos: las Fuerzas Armadas en México y editor del libro El Ejército y la Constitución.
Sin embargo, considera que los generales no están preocupados por el candidato que pueda triunfar en los comicios del 2006, así sea de izquierda, pues ningún partido está proponiendo en sus plataformas una reforma de las Fuerzas Armadas, para acotar sus prerrogativas y privilegios.
Es decir, el Ejército no está dispuesto a que las decisiones relacionadas con la Defensa Nacional se tomen fuera de las instalaciones militares y a que dejen de gozar de sus grandes cuotas de autonomía; prefiere, asimismo, que los civiles continúen siendo un lado debilitado y poco influyente en asuntos militares.
A pesar de que la Constitución prohíbe al Ejército participar en la política, considera que los generales solo tendrían un motivo para intervenir en la sucesión presidencial: si hubiera una reforma militar que disminuyera esas prerrogativas.
Respeto al Ejército: AMLO
El 29 de agosto de 2004, al dar a conocer los postulados de su Proyecto Alternativo de Nación, López Obrador, a quien por ahora le favorece el voto hacia el 2006, expresó:
“De acuerdo con la Constitución, las fuerzas armadas tienen como objetivo fundamental salvaguardar la seguridad del territorio y la preservación de la soberanía. Asimismo, es necesario que una institución con la experiencia y la disciplina del Ejército siga participando en el combate al narcotráfico. Su prestigio se acrecienta también en tareas de auxilio a la población en casos de desastres naturales y de otras contingencias.
“Sin embargo, el Ejército no debe intervenir para resolver conflictos de origen social. Surgido de las luchas populares, el Ejército no debe utilizarse para asumir funciones que competen al gobierno civil o para cubrir las incapacidades políticas de los gobernantes.
“¡Nunca más una masacre ante demandas de bienestar, de libertad y de justicia!”
Luego, el 7 de abril, en un mitin previo a su desafuero, manifestó:
“Que no se malinterprete, no estamos en contra de las instituciones; estamos en contra del uso faccioso que de ellas se hace. Por eso debemos evitar que se les siga degradando, usándolas con fines de lucro, partidistas o electoreros.
“Por ejemplo, somos respetuosos del Ejército, es una institución fundamental para el país, pero no podemos permitir que se use para reprimir la inconformidad social o para suplir la incapacidad, el capricho y la ineptitud de los gobernantes”.
El 24 de abril, al final de la Marcha del Silencio, comentó: “Es un imperativo consolidar las instituciones, hacer valer a plenitud el principio de división y equilibrio de Poderes; mantener al Ejército como una institución fundamental para la defensa de la soberanía nacional y otorgar prestigio y respetabilidad a la Presidencia de la República”.
Cuidado: general Gallardo
El general José Francisco Gallardo, catedrático militar e ex integrante de la escolta presidencial, preso durante ocho años por proponer la creación de un ombudsman militar para las Fuerzas Armadas, considera que es un error de López Obrador mencionar al Ejército en sus discursos más significativos.
“En esas broncas de carácter político no se debe involucrar a los militares. Lo que debe hacer es no meterlos, porque luego se vienen arrastrando. Es más, pienso que sería más sano que ni siquiera los mencione”, señala.
--¿Por qué lo hace?
--Porque trata de involucrar al Ejército en la sucesión presidencial. Yo creo que está mal.
--¿El quiere quedar bien con el Ejército?
--Pues sí, claro. Es más, supuestamente se le involucra con la renuncia del general Rafael Macedo de la Concha a la Procuraduría General de la República. ¿Está enojado el Ejército? Yo pienso que no. Yo creo que Macedo tiene una responsabilidad personalizada, particular, y no institucional, meter a los militares en este asunto.
Desde su punto de vista, es la primera vez que el Ejército participa de manera directa en la sucesión presidencial con Rafael Macedo de la Concha, pues éste convenció al presidente Fox de perseguir por la vía judicial a Andrés Manuel López Obrador para desaforarlo por un supuesto desacato a un juez y sacarlo de la contienda del 2006.
El exprocurador no solo puso en riesgo el proceso democrático del país, sino la seguridad interior. Provocó, asimismo, una crisis institucional, el trastrocamiento del Estado de Derecho, sostiene.
Desde que Vicente Fox integró a Macedo a su gabinete los focos rojos estaban prendidos, señala. Lo sostuvo para detener la carrera presidencia de López Obrador, porque temía que si este llegaba a la Presidencia de la República pudiera meterlo a la cárcel por el asunto de los Amigos de Fox y a su señora, Marta Sahagún, por Vamos México.
No está de acuerdo en que López Obrador haya dicho que si es Presidente no habrá venganzas. “No es que haya venganzas, sino que debe ajustarse al cumplimiento de la ley. Si un político pudiente, dejando el cargo, tiene responsabilidad penal, pues debe proceder en contra de él, porque si no estamos envueltos en la impunidad”.
--Con el caso de López Obrador, ¿el ex procurador tenía en sus manos un factor que podía incidir en la sucesión presidencial?
--Lo que pasa es que Macedo quería ser Secretario de Gobernación. Así como lo hicieron general, procurador militar, etcétera, porque se metió en el caso del general Gallardo y lo procesó injustamente, él iba a ser premiado con el asunto del desafuero con la Secretaría de Gobernación al renunciar Santiago Creel para ser candidato. Esa información la tenemos porque tenemos contacto con gente que está en la cúpula del poder. Nada más que a Macedo le salió mal el cálculo.
--Pero si le hubiera salido bien la consignación, ¿habría incidido en la sucesión presidencial?
--Hubiera sido un golpe de Estado, así de fácil. Un golpe de Estado técnico, no a través de la fuerza, sino de un golpe estratégico.
--¿Porque iba a propiciar la vuelta del PRI?
--Sí, eso y otras cosas. Lo que pasa es que este asunto iba a dar muchas vueltas.
--Las encuestas decían que si salía López Obrador de la contienda, el que ganaba de calle la Presidencia era Madrazo.
--Claro, acuérdese que toda esta gente (los militares) tiene formación priísta. Los generales están ahorita en la cúpula de poder.
No estan preocupados
Sin embargo, Jorge Luis Sierra, becario del Centro Hemisférico de Estudios de la Defensa Nacional en Washington, cree que Macedo de la Concha no actuó por su cuenta en contra de López Obrador, sino por instrucciones del presidente de la República, que es el comandante de las Fuerzas Armadas. “Lo mismo hubiera hecho un civil al frente de la PGR”, puntualiza.
Tampoco ve que haya habido un intento de golpe de Estado “técnico” por parte del Ejército. Asegura que el incidente de la renuncia de Macedo de la Concha denota dos cosas:
“Una, que los militares al entrar al juego político están fracasando porque no están entrenados para hacer política, porque el juego de la política siempre es un juego de civiles, no es de militares, y
“Dos, el general Macedo actuó por órdenes del presidente de la República. Y si el ex procurador empezó a dar traspiés fue porque él, como militar, no está entrenado en la política, y creo que ni lo debe estar, no es su función. Entonces, el Presidente debe ser responsabilizado por ese fiasco y no el subordinado militar”.
--¿Los militares no anhelan que regrese el PRI a Los Pinos?
--Hay una cosa de debe considerar: no hay ninguna plataforma política de ningún precandidato a la Presidencia, que intente, ni por asomo, realizar una reforma a los estatutos militares en México. Ni el PRI, ni el PAN ni el PRD.
“El Ejército no necesita favorecer a ninguno de los partidos, porque ninguno implica un riesgo a las prerrogativas y los privilegios de los que goza actualmente. Sí hay una generación de militares que fue educada durante 70 años bajo un comandante de las fuerzas armadas del PRI. Pero ahora empieza a haber una generación de militares que están empezando a ser educados en una era en la que el Presidente ya no tienen que provenir necesariamente del PRI: lo puede ser de otro partido”.
El Ejército, sostiene, solo tendría un motivo para intervenir en la sucesión presidencial: si hubiera una reforma militar que desminuyera las prerrogativas de las que gozan los militares.
“Por esa razón el Ejército aumentaría su intervención en la actividad de la política para evitar que llegue al poder un partido que lo va a perjudicar. Pero ese no es el caso. Como no hay nada, el Ejército sigue su proceso de profesionalización y sigue guardando su esfera de independencia en la definición del presupuesto. El país sigue careciendo de una política de defensa y las instituciones militares siguen marcando su camino con sus márgenes de autonomía”.
Por tanto, continúa, “es un espejismo decir que si el PRD llega al poder va a haber una reforma de los estatutos militares en el país, porque no está en ninguna plataforma”.
--López Obrador ha hecho reconocimientos públicos del Ejército, la pone como una institución ejemplar.
--Es que Andrés Manuel no quiere enfrentarse a un veto del Ejército.
--Si no, ¿no llega?
--Si no, no llega. Tiene que buscar, de alguna manera, un respaldo por parte de la institución que, en caso de que llegue a la Presidencia, dirigiría como Comandante Supremo.
--¿Hace falta una reforma de las Fuerzas Armadas?
--Sí, porque el marco jurídico es anticuado, obsoleto, viene del siglo XIX. Hace falta una ley que defina la formulación de una política de Defensa Nacional para el país, porque la Fuerza Aérea sigue estando subsumida en la fuerza de tierra; porque no hay un comando conjunto de las fuerzas armadas; porque hay un abandono por parte del legislativo en la definición del presupuesto militar, y porque hay un conjunto de cosas que tienen que normarse, establecerse en la ley.
“México ha mostrado un enorme atraso en la materia, comparados con los procesos que se han dado en Chile, en Argentina, en Brasil, en el propio Salvador y en Guatemala, en donde ha habido un intento para ampliar y profundizar el marco legal en el funcionamiento de las instituciones de defensa, para sujetarlas a un mayor control por parte de la civilidad y a una mayor adecuación de los militares en el proceso de transición. En México las leyes fueron establecidas hace muchos años, hace muchas décadas”.
--¿Cómo es el Ejército?
--Lo que nosotros vemos, al mismo tiempo, es el Ejército y su contraparte, porque la fuerza del Ejército corresponde a una debilidad de los civiles. Mientras los partidos políticos sigan desintegrados, no alcancen a constituirse como una fuerza nacional y sigan dejando que las decisiones relacionadas con la Defensa Nacional se tomen únicamente en las instalaciones militares, pues entonces los militares seguirán gozando de grandes cuotas de autonomía y los civiles seguirán siendo un lado debilitado y poco influyente en asuntos militares.
“La fortaleza de los dirigentes civiles en la sociedad es imprescindible, es necesaria, para poder equilibrar las relaciones entre civiles y militares en México”.
--¿La transición democrática debe pasar por una reforma de las Fuerzas Armadas?
--Claro que sí, porque toda la definición de los objetivos de la Secretaría de la Defensa y de la Secretaría de la Marina han sido enmarcadas en un conjunto de leyes que pertenecen al periodo autoritario que vivía el país, que no pertenecen a un periodo de transición.
“La transición política o la transición a la democracia implica una transformación en muchos ordenes de la vida del país, de la vida nacional, que tienen que alcanzar también a las instituciones militares. Por eso se necesita definir cuál es su papel profesional en una transición a la democracia. Si no ocurre esa definición y ese nuevo marco legal, entonces las relaciones seguirán siendo relaciones de poder.
“Y si hay debilidad en el lado civil pues entonces el lado militar seguirá definiendo sus propios asuntos, basados en este poder. Yo creo que eso no es de ninguna manera conveniente para ninguna transición a la democracia”.
Intervención consentida
En lugar de hacer esto, el presidente Fox incrementó las posibilidades de intervención del Ejército en la política. Además del nombramiento de Rafael Macedo de la Concha en la PGR, un hecho inusual en décadas de la historia mexicana, lo que hizo fue profundizar una tendencia que inicio el presidente Zedillo de militarizar las instituciones de procuración de justicia y las propias instituciones de inteligencia y de seguridad pública del país.
“Si hacemos un recuento, la mayor parte de las oficinas de la Secretaria de Seguridad Pública en el país está en manos de militares, por lo menos en todo lo que es la frontera norte y en la costa del Atlántico; en Veracruz y en el sur, en Chiapas, hay militares a cargo de la seguridad publica. Si sumamos uno por uno, nos vamos a encontrar con que los aparatos de seguridad publica están militarizados.
“Eso es una puerta abierta para la participación de los militares en la política. Ahí hay de por medio una participación de militares en asuntos que debieran, de manera profesional, ser realizados por instituciones civiles o por civiles en el mando de esas instituciones”.