Región Costa, Chiapas. Este es el territorio de la bestia. Para algunos el terror, para otros la esperanza. Dicen los lugareños que hay que tener valor para transitar por esta zona, la más violenta de este estado fronterizo, tierra de nadie, donde se cometen todo tipo de ilícitos y donde las clicas Barrio 18 y MS13 –herencia de la Mara Salvatrucha en territorio mexicano- se disputan a muerte el control.
La bestia se desliza pesada y lenta sobre los oxidados y viejos durmientes, reliquias del sistema ferroviario mexicano. Esa bestia, como le llaman los centroamericanos al tren que corre desde la última frontera del sureste mexicano hacia el estado de Veracruz, representa para los centro y sudamericanos la mitad de su viaje en el camino incierto hacia los Estados Unidos.
En la privatización de Ferrocarriles Nacionales de México, en septiembre de 1999, el gobierno federal concesionó el tren al consorcio estadounidense de ferrocarriles Genesee & Wyoming Inc. a través de su filial Compañía de Ferrocarriles Chiapas-Mayab, que opera en Mérida, Yucatán.
Por incumplir las normas de seguridad estipuladas en la concesión, la Compañía Chiapas-Mayab es investigada como promotora, cómplice y encubridora de los múltiples delitos: asaltos, violaciones, homicidios y mutilaciones que ocurren en el interior de los vagones, amparada en la negligencia y omisión de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y en la corrupción de autoridades de la Procuraduría General de la República, de efectivos militares y de trabajadores del Instituto Nacional de Migración.
Autoridades de Chiapas aseguran que el alarmante incremento de todos estos ilícitos es producto de la falta de vigilancia de la empresa y que el incumplimiento es motivo para que la SCT cancele la autorización para operar el tren.
Esto ha desatado el enfrentamiento entre los dueños de la empresa y las autoridades de Chiapas, en donde éstas se quejan de la negligente actuación de la SCT, la cual se niega ha cancelar la concesión.
El subsecretario de Comunicaciones y Transportes, Aarón Dychter reconoce que el gobierno de Chiapas ha denunciado las ilegalidades de la empresa Chiapas-Mayab, pero el funcionario se limita a decir que “estamos en pláticas con la empresa”. Sin embargo, las autoridades del sureño estado se quejan de la falta de interés de los funcionarios federales en el asunto, y sólo por presiones del fiscal general de Justicia de Chiapas, Mariano Herrán Salavati, Dychter sostuvo reuniones con los representantes legales de la empresa, pero esas negociaciones se mantienen congeladas desde octubre pasado, según afirma el secretario de Seguridad Pública del estado, Horacio Schoeder Bejarano.
Cuando las ruedas de la bestia comienzan a moverse, los indocumentados salen de sus escondites para trepar sobre las tolvas, las plataformas o por encima de los furgones.
En ocasiones esperan varios días para subir, porque el Chiapas-Mayab no tiene día ni hora de llegada, no cuenta con bitácoras de viaje, y esto facilita a los delincuentes el cometer delitos sin que las autoridades puedan hacer algo para evitarlo, dice el secretario de Seguridad Pública de Chiapas, Horacio Schoeder.
Afirma que ha solicitado a los directivos de la empresa la información de sus corridas para que se instalen grupos de vigilancia, pero la negativa es contundente, lamenta el funcionario: “les hemos exigido que cumplan con los ordenamientos de la concesión, entre ellos la seguridad, pero lejos de cumplirlo hemos encontrado un rechazo”.
La muerte viaja en tren
La noche del 28 de septiembre de 2004 el tren del Suchiate recorría de Ciudad Hidalgo a Oaxaca. En los vagones, escaleras y plataformas viajaban 150 indocumentados. En las primeras horas de camino, en un furgón se registró un enfrentamiento entre ranfleros (jefes) de dos pandillas. El líder de una clica fue degollado en el techo del vagón y luego le asestaron dos tiros.
Encontrar un hombre degollado desangrándose en el techo del furgón fue contundente para las autoridades estatales, las cuales determinaron asegurar 22 vagones de la empresa Chiapas-Mayab para integrar la averiguación previa y presionar a la empresa que “en ningún momento ha cumplido las normas de seguridad”, dice Mariano Herrán Salvati. Aunque llevan ocho meses en resguardo, la empresa no ha dado muestras de interés en el asunto.
En un recorrido por los terrenos donde se ubican los vagones asegurados, el inspector Regional Costa-Soconusco de la SSP, Jorge Enrique Murillo, señala: “ignoramos cuál es el interés de que exista este ferrocarril, no sabemos si es productivo o no, si francamente es sustentable o no, porque muchos de ellos van realmente vacíos, y sabemos que es la vía más factible del paso de indocumentados”.
-¿Les representa problemas?
-Bastantes, porque sabemos que es el transporte común del indocumentado.
-¿Qué tipo de ilícitos se registran?
-Violaciones y asaltos de indocumentados que buscan el sueño americano.
-¿Cuáles son los focos rojos?
- Los Toros y La Estación, donde hacemos los operativos.
-¿Cuando detuvo a estos vagones y ocurrió el homicidio sólo viajaban indocumentados?
-Así es. Alguna vez en un recorrido con la empresa Chiapas-Mayab detectamos anomalías, como el mantenimiento de las vías deplorable. Es un tren que no puede correr a más de 20 kilómetros por hora, no es seguro, vagones vacíos, no sé si eso les produzca a ellos algún beneficio económico.
Caminamos hacia el vagón donde se registró el homicidio, las huellas de la sangre del joven que murió en el techo del tren aún se observan entre el óxido del furgón. El comandante José Luis Jaramillo, de la Fiscalía General de Justicia del estado, dice que hay indagatorias que involucran a los maquinistas del ferrocarril, pues son éstos quienes permiten a los indocumentados que suban al tren, y se tiene conocimiento que los maquinistas cobran una cantidad por cada indocumentado que llevan.
-¿Hay maquinistas detenidos?
-No, ninguno. No se tiene a ciencia cierta los nombres.
-¿Hablamos de negligencia de la empresa?
-Claro que si, no se a qué acuerdos hayan llegado pero no se ve que pongan de su parte, los vagones y todas las instalaciones están en deplorables condiciones.
-¿Estamos frente al vagón donde en octubre pasado fue asesinado un integrante de la Mara Salvatrucha?
-Si probablemente por los del Barrio 18, como se puede ver allí están las manchas de sangre, permanecen aquí en estos furgones que se encuentran en investigación.
-¿Han tenido conocimiento de tráfico de armas o del algún otro material que estén traficando en los vagones del tren?
-No, pero se supone que no deben cargar indocumentados, pero como no podemos abrir los vagones, si trafican con indocumentados se podría traficar con cualquier cosa.
-¿Qué podrían traficar?
-Armas, drogas, todo lo indebido es tráfico.
Aumenta el flujo de indocumentados
En consideración de las autoridades estatales, el flujo de indocumentados en esta zona se ha incrementado exponencialmente debido a la ausencia total de vigilancia sobre el tren, lo que motiva a los indocumentados a abordarlo para viajar hacia Estados Unidos, y a los delincuentes a cometer todo tipo de ilícitos.
La delegación de la PGR tiene siete averiguaciones previas sobre delitos en el ferrocarril de la empresa Chiapas-Mayab: ataques a las vías generales de comunicación, despojo, robo y violación a la Ley General de Bienes Nacionales.
La Procuraduría de Justicia de Chiapas registró indocumentados que han muerto al interior del tren. El salvadoreño Salvador Rodríguez Gutiérrez, asesinado a puñaladas; el hondureño Fausto Rolando Mejía, muerto a machetazos; los hondureños José Redondeo Ramírez y Eber Rodríguez Centeno, muertos con heridas hechas por chimbas.
Se calcula que solo en el 2004 unas 70 personas –la mayoría aún no identificadas- murieron en el interior del tren, usado también para el transporte de contrabando.
El jefe de la Policía Sectorial de la Costa–Soconusco dice que no han podido establecer el tipo de contrabando que se transporta en el tren, porque no tienen facultad para revisiones y únicamente durante los descarrilamientos han constatado el ilícito.
En mayo de 2004, cuando nueve furgones se descarrilaron en Huehuetán, se descubrió en un vagón a nueve personas que transportaban un cargamento ilegal de ropa, medicinas y pólvora procedente de Guatemala
Territorio mara
La política conjunta anti-mara de los gobiernos de Honduras, El Salvador y Guatemala provocó en México el conflicto que hoy se vive en la frontera sur. Las distintas clicas encontraron en el Soconusco el terreno ideal para sus operaciones. No se sabe cuantos centroamericanos pandilleros o indocumentados cruzan a diario la frontera, pero la mayoría no logra salir de Chiapas, zona de deportación del Instituto Nacional de Migración.
La larga lista de ilícitos registrados en las instalaciones de la empresa Chiapas-Mayab implica lo mismo a mexicanos que a extranjeros originarios de los países considerados por la ONU entre los más violentos del continente –El Salvador, Guatemala y Honduras-, pero principalmente involucra a los trabajadores de la compañía ferroviaria.
Los delincuentes se infiltran en grupos de indocumentados, conviven con ellos, a veces minutos, en ocasiones horas o hasta días. Después de estudiar el terreno, que se ha vuelto su casa, en los furgones del tren descubren sus armas: ¡saquen todo, que llegó la Mara!, los homies que corren, los ágiles cuerpos que se deslizan franqueando toda el área del furgón mientras lanzan amenazantes palabras.
Los ilegales saben que las pandillas no se andan con cuentos, que violan, que matan, que arrojan del tren al que no quiera soltar las lempiras, los colones, los quetzales, los dólares, los pesos mexicanos.
Entre asaltos y la intimidación a indocumentados, los pandilleros suben y bajan escaleras del tren, brincan al techo, abren las puertas, cierran furgones sin que nadie les diga algo. Es la pandilla que atraca, que viola, que mata, mientras el tren es conducido por trabajadores a sueldo de la empresa que no hacen nada por impedirlo, excepto recibir su propio botín.
Los indocumentados señalan que algunos maquinistas les cobran un pago informal para viajar. El procurador de Chiapas habla de averiguaciones previas que involucran a alrededor de 60 maquinistas en distintos ilícitos, sobre todo en el tráfico de indocumentados.
Durante ocasionales inspecciones, el Instituto Nacional de Migración ha encontrado furgones completamente cerrados que al revisarlos encuentran a decenas de indocumentados.
El 17 de marzo de 2004, el Grupo Operativo Interinstitucional Acero aseguró a 72 indocumentados que viajaban dentro del tren que llevaba 50 furgones, y sólo 12 de ellos estaban cargados, a pesar de los altos gastos de operación.
El 21 de abril de 2004, la AEI liberó a 27 indocumentados que viajaban en un furgón sellado herméticamente y que estaban a punto de morir asfixiados, entre ellos dos menores de edad.
El INM registró que el pasado 13 de septiembre, en tres vagones del ferrocarril, viajaban 76 centroamericanos, entre ellos dos miembros de la MS13. Dos días después, el INM sacó de los furgones a 140 migrantes, también a punto de morir asfixiados.
En junio de 2003, 218 ilegales viajaban al interior de 60 vagones, entre ellos 11 menores de edad.
La Secretaría de Seguridad Pública de Chiapas indica que son cinco tramos por los que circula el ferrocarril donde se comete el mayor número de ilícitos: Ciudad Hidalgo-Tapachula, Tapachula-Huixtla, Huixtla-Villa Comaltitlán, Villa Comaltitlán-Tonalá, Tonalá-Arriaga.
La SSP de Chiapas da cuenta de más de 70 homicidios cometidos durante el 2003 en la zona del ferrocarril y dentro de los furgones por arma de fuego o a machetazos. Como el caso del salvadoreño Carlos Humberto Alfaro Guevara, un ex agente de la policía del país centroamericano, a quien los pandilleros prácticamente destazaron.
El 9 de diciembre de ese mismo año alrededor de 25 pandilleros que viajaban en un furgón atacaron a los indocumentados que compartían con ellos el espacio. En Tuzantán los pandilleros dispararon con chimbas (pistolas caseras) y armas de alto poder a los indocumentados y atacaron a machetazos a las salvadoreñas Hipólita Elizabeth Ramírez Menjivar, Sandra Mabel Sánchez Ramos y Zulema Campos. Las tres murieron y más de una docena de migrantes fueron heridos.
La empresa
La Compañía Chiapas-Mayab es una de las nueve empresas que manejan la red ferroviaria mexicana, a través de la cual, según la SCT, se mueve el 15 por ciento de la carga nacional. De capital estadounidense, la Compañía cuenta con oficinas corporativas en México, una en Mérida, Yucatán, y otra comercial en la zona de Polanco del Distrito Federal.
Aunque no cumple con los requisitos de seguridad, tiene permiso para compra, almacenamiento y consumo de explosivos. Es la única ferroviaria que opera en México, beneficiada con préstamos del Banco Mundial, y entre sus principales clientes se encuentran Pemex y Cemex.
Transporta materias primas como aceites, grasas vegetales, arena, ácidos, carbón, celulosa, cemento, cuarzo, fierro, madera, fertilizantes, materiales de ensamble de vehículos y vehículos ensamblados, granos, arroz, trigo, frijol, soya, sorgo, semillas, sal, azúcar, conservas de alimentos vegetales y materiales flamables y de alto riesgo como gas, amoniaco, ácido sulfúrico y combustóleo. Ahora también agrega a su carga a indocumentados, pandilleros y contrabando.
Sobre los furgones donde se transportan estos materiales flamables y de alto riesgo viajan decenas de indocumentados, quienes no saben de medidas de seguridad. Debido a las pésimas condiciones de los durmientes, que datan de hace medio siglo, se han registrado varios descarrilamientos.
El 23 de abril de 2004, un tren descarriló en Salto de Agua, derramándose dos vagones que contenían 79 mil litros de combustóleo de Pemex. El 4 de julio pasado el ferrocarril que transportaba más de un millón de litros de combustóleo de Pemex, se descarriló en la comunidad “La Central”, en Pijijiapan, uno de los carros tanque explotó al instante. Tres semanas después el tren volvió a descarrilarse en Acapetahua.
Por fortuna, dice el comandante Murillo, “los descarrilamientos han sido en zonas donde no hay viviendas”.
La empresa opera mil kilómetros en dos rutas entre Yucatán, Campeche, Chiapas, Tabasco, Veracruz y Oaxaca. La primera inicia en Ciudad Hidalgo, Chiapas, y llega a Salina Cruz, Oaxaca. La segunda de Tizimín, Yucatán, hasta Coatzacoalcos, Veracruz. Las vías de ambas rutas están completamente deterioradas. De ello dan cuenta los descarrilamientos de trenes cuyas cifras de pérdidas materiales y humanas, la Genesee y Wyiming, se mantienen ocultas.
A pesar de ello, el subsecretario de Transporte de la SCT, Aarón Dichter, dice que la red ferroviaria está en óptimas condiciones. El año pasado, mediante un punto de acuerdo, el Senado solicitó a Dichter informar de la situación de la red ferroviaria mexicana en manos de empresas privadas.
La respuesta fue que cuando las empresas (como la Genesee y Wyiming) iniciaron la operación de sus respectivas concesiones, de inmediato pusieron en ejecución programas de mantenimiento y rehabilitación de la infraestructura ferroviaria, así como de equipos y talleres, incluyendo sistemas de control de tráfico más avanzados y señalización moderna y funcional.
Sin tregua
Horacio Schoeder señala que la operación del tren es parte fundamental para el desarrollo del estado; sin embargo, dice que “eso no le permite estar por encima de la ley, y deben cumplir y modernizar su sistema”.
-¿Porqué la SCT no somete a la empresa Chiapas-Mayab?
-La empresa cuando obtuvo la concesión declaró una gran inversión, no solamente en la modernización de su red ferroviaria, y no ha cumplido. Le hemos exigido también mayor seguridad en la restitución de durmientes, no solo la atención contra el tráfico de indocumentados.
Sobre el aseguramiento de los vagones, Shoeder advierte: “No vamos a dar un paso atrás, seguiremos exigiendo a las autoridades el respaldo de exigencias a la empresa Chiapas-Mayab”. Las incontables mutilaciones de migrantes en el tren, también son un grave problema.
En el sureño estado se llevan además 23 averiguaciones previas en curso que involucran a la empresa en casos de personas mutiladas por el ferrocarril. Derivado de las indagatorias, podría fincarse responsabilidad a la empresa al operar fuera de condiciones normales y permitir que la gente suba sin autorización al tren, el expreso de los sueños y anhelos, cuyo abordaje significa viajar con la muerte.
De noche con la bestia
A todas horas y durante todo el año las vías del ferrocarril permanecen infestadas de migrantes que andan a salto de mata, escondidos en viejos furgones por donde caminan en cuclillas, se sientan a las orillas del río, el mismo que corre por la ruta del ferrocarril, duermen entre las yerbas silvestres; se guarecen debajo de los puentes o bien, aguardan en casas de seguridad de los polleros a escasos metros de la estación de Tapachula.
La mayoría es de Honduras, los más pobres de Centroamérica, en orden de incidencia le sigue El Salvador y luego Guatemala. Rara vez un nicaragüense.
Entre las sombras de la noche, la voz de Mario rompe la tensión que vive el grupo de migrantes que espera junto a un improvisado puesto donde día y noche se venden refrescos, galletas y frituras.
Mario habla con un tono tan bajo que hay que acercarse a él para poder escucharlo. No sabemos si el timbre de su voz es natural o producto del cansancio o el miedo de ser huésped sin invitación en tierra ajena. De El Salvador a Tapachula hay 2 mil kilómetros, a Mario le ha llevado 12 días llegar hasta aquí.
-¿Dejaste familia en tu tierra?
-A dos hijos.
-¿Tenías trabajo?
-Trabajaba en el mar, pero la situación es muy crítica y nos hace buscar la vida arriesgada; con la dolarización nos molestaron, lo que valía cinco colones hoy vale un dólar, y nuestro sueldo es de dos dólares por día.
Junto a Mario, ocho personas más aguardan. No son familiares, tampoco tienen alguna amistad, solamente el compañerismo que les da el ser del mismo país y querer alcanzar el sueño que les cuesta la vida.
-“Y si no, pues para morir nacimos”- dice Mayra, una salvadoreña que espera reunirse con su marido que la aguarda en Nueva York.
-¿A qué tienen miedo?
-A la Mara Salvatrucha –dice Mario- porque no perdonan rango, no entienden de raza, ellos van a lo que van.
Indocumentados detenidos en el tren durante operativos
• 18 de octubre de 2004, 226 detenidos
• 16 de octubre de 2004, 50 centroamericanos detenidos en Tapachula.
• 12 de octubre de 2004, 104 detenidos que viajaban colgados de los vagones.
• 15 de septiembre de 2004, 140 detenidos presentaban síntomas de asfixia.
• 13 de septiembre de 2004, 76 detenidos, entre ellos dos integrantes de la MS13.
• 23 de julio de 2004, 102 asegurados en Álvaro Obregón. Hacia unos minutos habían sido asaltados a bordo del ferrocarril por miembros de la MS13 y la Barrio 18.
• 2 de junio de 2004, 83 asegurados en las estaciones “Los Toros” y “La Bombilla”
• 21 de mayo de 2004, 94 detenidos, entre ellos dos menores de edad y un integrante de la MS13.
• 2 de mayo de 2004, 9 traficantes de fayuca –medicinas, pólvora y ropa- introducidos ilegalmente vía Guatemala, fueron detenidos en Huehuetán cuando el tren descarriló.
• 21 de abril, 27 liberados de un furgón sellado en Tapachula, a punto de morir por asfixia. El mismo día se aseguró a otros 97 indocumentados en el mismo tren.
• 1 de abril, 172 asegurados en Huixtla.
• 31 de marzo, 160 detenidos en Huixtla.
• 16 de marzo, 72 detenidos en “Los Toros” y la “Bombilla”.
• 13 de marzo de 2004, 44 detenidos en Tapachula.
• 10 de marzo de 2004, 100 detenidos en Huixtla.
• 15 de febrero de 2004, 72 asegurados en Tonalá.
• 30 de enero de 2004, 104 detenidos en Huixtla.
• 15 de enero, 72 detenidos en Huixtla.
• 9 de enero de 2004, 69 detenidos en Tapachula.
• 6 de enero de 2004, 63 detenidos en Los Toros y La Bombilla.
• 1 de junio de 2003, 218 detenidos al interior de 60 vagones, entre ellos 11 menores de edad.