Desconfiado y tras varios meses de insistencia para que este empresario concediera la entrevista, Américo Leal Ríos cuenta su pésima relación de negocios con Nordhausen, pero antes hace una advertencia: “solamente lo haré bajo dos condiciones, la primera es que deje usted bien claro que si algo me pasa a mi o a mi familia, plenamente responsabilizo al senador Jorge Nordhausen; y la segunda, que me avise usted el día en que aparecerá este artículo, porque tal vez por tercera vez tendré que sacar a mi familia del país.”
Temeroso por lo que le pueda pasar a él y su familia, Américo Leal repetirá la misma advertencia como si fuera una consigna a lo largo de toda la entrevista.
Antes de que Américo Leal naciera, su familia ya era contratista de Pemex. En algún momento, el también empresario tamaulipeco tomó las riendas del negocio familiar. Era agosto de 1998, Turbo Motores del Noreste, S.A. ganó en Pemex dos contratos para trabajos de perforación en las plataformas marinas PM4045 y la PM4046, en Dos Bocas, Tabasco. Para cumplir con ese contrato, Leal Ríos subcontrató a SICSA para diversos trabajos de electrónica, desasolve y perforación.
El empresario afirma que SICSA no tenía solvencia económica, pero dado que el proyecto requería un ingeniero al frente, propuso a Jorge Nordhausen que Tubo Motores del Noreste financiaría el inicio del contrato y a medida que avanzara, SICSA iría pagando parte de la inversión solventada por Américo Leal.
“En las reuniones Nordhausen me dijo que le interesaba el trabajo, pero que no tenía suficiente solvencia económica para poder realizarla. En ese momento mi empresa era suficientemente fuerte y le pregunté que cuánto necesitaba, me dijo que tenía que hacer cálculos y a los tres días me dio la propuesta: 2 millones de dólares.
“Le solventé el proyecto, pero no de cash; yo iba comprando el material y todo lo que se requería para la operación de su empresa, porque además yo ganaba el 2 por ciento de comisión por administración del proyecto”.
Mi error, cuenta Américo Leal, “fue enfermarme”, pues transcurrido un mes de iniciados los trabajos en plataformas, sufrió afectaciones a la salud que lo llevaron a someterse a una operación a corazón abierto en Mc Allen, Texas.
Fue entonces, recuerda, cuando Nordhausen asumió la dirección del proyecto y, frecuentemente, durante las semanas que Leal Ríos permaneció hospitalizado, el hoy senador del blanquiazul acudió a visitarlo.
“El señor era hábil, yo nunca me di cuenta, pero cuando estuve en el hospital él se amafió con los supervisores de Pemex y empezó a cobrar trabajos que no hizo SICSA y los cobraba a nombre de mi compañía, porque la obra estaba asignada a Turbo Motores del Noreste.”
¿Buen negocio para el senador?
-65 por ciento de participación directa de su empresa SICSA en el proyecto, un proyecto al que entró con dinero que yo mismo le financié y luego todas las obras que el señor cobró cuando estuve enfermo, para Carrizales fueron un excelente negocio. En esos tiempos Nordhausen no traía dinero ni para el whisky, chupaba los hielos.
¿Sabía de las negociaciones que Nordhausen mantenía con los supervisores de Pemex?
-No, negativo, fue algo que él manejo cuando yo no estaba, porque tengo que reconocer que el señor es muy hábil, hábil para la ratería, para las tranzas.
“El senador Jorge Nordhausen, cuando yo estuve en el proyecto, trabajó muy bien, le digo que hasta me iba a ver al hospital en Mc Allen y yo nunca sospeché. Por eso creí en él, creí que era un hombre sincero, honesto; pero cuando regresé descubrí las fallas y le retuve unos pagos a su empresa.”
Pero las dificultades para este empresario, quien no duda en afirmar que el peor negocio de su vida fue subcontratar a Jorge Nordhausen, apenas iniciaban.
El temido González Calderoni
Retenidos los pagos a Nordhausen, dice Américo Leal, recibió de pronto una llamada a su casa de Mc Allen. Era Guillermo González Calderoni, ex comandante de la Policía Judicial Federal y procesado por delitos de narcotráfico y protección a cárteles de la droga, y quien compartía con Nordhausen largas tardes dedicadas al golf, su deporte favorito.
“González Calderoni, hoy difunto (asesinado en la ciudad de Mc Allen), me llamó y me citó en sus oficinas de Hidalgo, Texas. En la reunión, amable pero enérgico, me dijo que quería que le pagara a su compadre Jorge Nordhausen. Le dije: ‘Que me termine las obras y yo le pago'. Recuerdo la voz de Calderoni, enérgico. Solo dijo eso. Pero era Calderoni y yo entendí el mensaje”.
Así, la empresa de Nordhausen terminó parte de los trabajos que entonces había detectado como faltantes, “y yo le pagué su dinero; le hablé a González Calderoni y le dije, ya le pagué; él me respondió: si tienes algún otro problema con él, ven a verme.
“Días después descubrí los verdaderos faltantes, pues el problema era más grave de lo que creí y entonces le llamé a Calderoni y él me respondió: pues hazle como quieras, ya es senador.”
Américo Leal dice que a través de sus contadores intentó nuevos acercamientos con Jorge Nordhausen, porque para estas fechas Turbo Motores del Noreste había tenido que pagar a Pemex una multa de 330 mil dólares; sin embargo no hubo negociación alguna.
Derivado de tales irregularidades, en 2001 Turbo Motores del Noreste presentó dos denuncias ante la delegación de la PGR en Tamaulipas por el delito de fraude de más de 6 millones de pesos en contra de la empresa SICSA y de su administrador único Jorge Nordhausen González.
Las acusaciones involucran también a la esposa y al hijo del senador, Catalina Carrizales y Jorge Nordhausen Carrizales, y es que Américo Leal conserva pagos y diversos documentos firmados por los tres integrantes de la familia Nordhausen sobre contratos liquidados de obra que SICSA nunca realizó. Las denuncias están integradas en las averiguaciones previas abiertas N.154/4ta/2001 y N. 164/4TA/2001, pero las influencias del senador panista han llegado hasta la PGR y después de cuatro años siguen archivadas.
La inmovilidad de ambos expedientes, asegura Américo Leal, obedece a “la presión del senador en los juzgados y al tráfico de influencias que como senador con fuero le permiten actuar con impunidad”.
Paralelamente, en 2003 Pemex inició diversas indagatorias que derivaron en una averiguación previa ante la PGR en Campeche sobre un fraude de 30 millones de pesos en contra de Turbo Motores y de SICSA.
La denuncia involucra a contratistas de Pemex, entre ellos Jorge Nordhausen y a funcionarios de la paraestatal por fraude en obra pública. En enero pasado el senador tuvo que acudir a declarar como administrador único de SICSA, y aunque se giraron órdenes de aprehensión contra los involucrados, su fuero lo salvó de la acusación penal.
Uno de los involucrados, un exfuncionario de la paraestatal de nombre Alejandro González López, exsubgerente de perforación en la región del Golfo, estuvo preso alrededor de una semana en una cárcel de Campeche. Para esas fechas, González López ya era jubilado de la paraestatal y actualmente presta sus servicios a empresarios privados en Isla del Carmen
A raíz de que Américo Leal presentara su denuncia, y luego de que la PGR citara a declarar a Nordhausen, Leal Ríos recibió amenazas de muerte, dice, de parte del senador, quien en medio de intimidaciones le advirtió que parara su denuncia.
“Amenazas de muerte para mi y mi familia, porque Nordhausen dice que tiene la protección del presidente Fox. Dos veces he tenido que sacar del país a mi familia. Con denunciar creo que no gano nada, él es senador, tiene fuero y creo que tendré que esperarme a que termine para llevar adelante la denuncia.
“A partir de que presenté mis denuncias recibí amenazas de muerte vía telefónica. Amenazaron que iban a matar a mi mujer y a mis hijos. Tuve que sacarlos dos veces del país, allá en Texas, luego regresamos a Reynosa. Mi familia está muy preocupada y me presiona, me dicen que tenga mucho cuidado, por eso soy desconfiado para hablar del tema.”
Del último encuentro con su deudor, Américo Leal recuerda:
“Hace poco, de manera casual, nos encontramos en Los Ahijados, un restaurante entre Reynosa y Monterrey. Lo abordé y le dije: págame lo que me debes, vamos a negociar, te acepto perros, gatos, porque no tiene caso seguir desgastándonos. Su respuesta, la recuerdo bien: ‘Yo ya cerré esa cortina, ahora soy senador y pues nos vemos en tribunales, a ver qué me puedes hacer, que te aseguro, no mucho.”
Las irregularidades en los negocios de Jorge Nordhausen, entre los empresarios del sector petrolero, dice Américo Leal, son secreto a voces, “todos saben, pero nadie dice”, pues él es senador y tiene poder.
A partir de enero pasado, agrega, cuando la PGR en Campeche citó a Jorge Nordhausen a declarar, “me habló su abogado; me dijo que Nordhausen tenía que ir al juzgado, pero que mejor nos uniéramos para saltar la bronca con Pemex y que así se liberaba su cliente de todo esto; le dije que para mi el señor era un ratero y no estaba de acuerdo con él”.
Así, el senador se presentó a declarar, pero para Leal Ríos más que un logro fue la reactivación de sus temores:
“De inmediato empezaron otra vez las amenazas de muerte; el señor dice que ya deje la denuncia, y me insiste en que a él lo respalda Fox. Es capaz de todo.
Antes de despedirse el empresario pide a la reportera: “no ponga dónde nos vimos. Pero sí que conservo cinco cajas repletas de archivos que demuestran los fraudes del senador Nordhausen. ¡Ah¡ Y avíseme cuando salga la publicación, para estar prevenido para salir del país”.