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  Sección: Sociedad | Publicado en: Febrero 2005

Carlos Montemayor, el despuntar de un día de lucha

Nancy Flores
Atoyac de Álvarez, Guerrero. Los once años del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en la Selva Lacandona de Chiapas “son apenas el despuntar de un día de lucha”, asegura Carlos Montemayor.

 

Invitado especial a la conmemoración del 30 aniversario luctuoso del guerrillero Lucio Cabañas Barrientos –2 de diciembre pasado–, el escritor se muestra beligerante y al mismo tiempo sereno.

Durante la celebración, enfundado en una ligera guayabera blanca y con un sombrero de palma, Montemayor olvida los formalismos de la academia y eleva su puño derecho mientras entona La Internacional, ese himno del socialismo que exalta el valor del proletariado.

Aquí, en la tierra que ha sido llamada “cuna de la guerrilla” y donde actualmente operan las bases de dos grupos rebeldes, el doctor honoris causa por la Universidad Autónoma Metropolitana conversa con Contralínea de uno de los temas que más le apasiona: los movimientos armados en México.

La lucha guerrillera es un proceso cuya duración es imprevisible, explica el especialista. En la historia de la resistencia “hablamos de décadas de lucha y de cambios generacionales de contingentes y de dirigentes, como sucedió en la llamada guerra del yaqui (Sonora), que inició en 1835 y terminó en 1903”.

Carlos Montemayor dice que el movimiento armado de Chiapas sería incomprensible sin la experiencia armada de los pueblos indígenas. “Las luchas populares, y particularmente las luchas rurales, tienen una memoria y una capacidad de recuperación histórica que los pueblos urbanos desconocemos”.

Para el autor de Guerra en el paraíso, novela basada en la guerrilla que encabezó Lucio Cabañas en la década de los 70, las raíces del EZLN se remontan a 1972, año en que se registraron los primeros encuentros armados de la zona.

“Se trata de los primeros focos de resistencia campesina en las cañadas; en ese momento, los campesinos se negaban a ser despojados de los territorios a donde se habían desplazado por una migración forzada, y se oponían a que el ejército los expulsara de manera brutal.”

El 1 de enero de 1994, las comunidades chiapanecas de San Cristóbal de las Casas, Oxhuc, Altamirano, Las Margaritas, Chanal, Huixitán y Ocosingo fueron tomadas por indígenas armados que formaban parte de las bases del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

En la primera declaración de la Selva Lacandona, el Comité Clandestino Revolucionario Indígena y la Comandancia General del EZLN declaran la guerra al gobierno de Carlos Salinas de Gortari. La lucha armada, sentencian, “es por democracia, libertad y justicia para todos”.

 

Los caracoles

 

En agosto de 2003, los 30 municipios zapatistas agrupados en cinco caracoles (antes Aguascalientes), asumieron su autonomía y desde entonces se rigen por las Juntas de Buen Gobierno bajo el lema: “aquí manda el pueblo y el gobierno obedece”.

Carlos Montemayor observa que esta transformación es la más lúcida y oportuna respuesta que el EZLN dio a la negativa de Estado para reconocer los derechos de los pueblos indígenas.

“Tal y como se llevaron a efecto –en 2001–, las reformas constitucionales constituyen un retroceso en los derechos de estos pueblos y un rechazo a las propuestas de los acuerdos de San Andrés.”

Originario de Parral Chihuahua, el escritor de 57 años considera que “estas reformas, insuficientes, equivalen a una negativa del reconocimiento de los derechos indígenas tanto a nivel del gobierno federal como de los poderes Legislativo y Judicial. Por eso hablamos de una negativa de Estado”.

El intelectual, reconocido en El Salvador con la medalla Roque Dalton por el valor crítico y social de su obra, en octubre de 2003, dice que la instauración de las Juntas de Buen Gobierno fue la materialización de los Acuerdos de San Andrés.

“Éste es el camino, es el corazón de lo que buscaban desde hace años. Ésta es la fuerza e inteligencia con que el EZLN conduce su lucha, no solamente armada, sino política e histórica.”

 

Los motivos de la guerrilla

 

“Las luchas armadas nacen de raíces históricas profundas, y de bases sociales muy complejas y extendidas, no nacen solamente del deseo de unos cuantos hombres armados”, indica Montemayor.

El especialista en el estudio de las guerrillas señala que, aunque la marginación y la pobreza son factores importantes en el descontento social, no siempre generan un movimiento armado. “La pobreza puede producir delincuencia, ingobernabilidad o un deterioro irreversible del tejido social”.

Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, en nuestro país habitan 8 millones 650 mil 750 indígenas. El Instituto Nacional de Población indica que existen 346 municipios indígenas en todo el país, y que de este total, 209 presentan grado de marginación muy alto, 133 tienen grado de marginación alto y sólo cuatro cuentan con grado de marginación media.

El autor del ensayo La guerrilla recurrente, especifica que “las causas de los movimientos armados rurales pueden estar situadas en contextos de injusticia social reiterada, pero no podemos hablar únicamente de una reacción mecánica ante la pobreza o la marginación”.

“Tampoco podemos creer que la decisión de un puñado de hombres o de mujeres para tomar las armas dé lugar a un movimiento armado campesino. Son procesos más complejos, de raíces históricas muy amplias, que permiten que grandes bases sociales se identifiquen con la lucha.”

 

EPR y ERPI

 

Para Carlos Montemayor “la continuidad de la lucha armada es solamente un aspecto de los movimientos, pues otro muy importante es la continuidad de la lucha social y de los contextos sociales”.

En el zócalo Atoyac de Álvarez, Montemayor reflexiona sobre los movimientos armados que actúan ahora en la sierra de Guerrero, y asegura que la lucha popular se dignifica a sí misma y retorna por su propio valor y dignidad.

“Estos nuevos grupos guerrilleros –el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) y el Ejército Popular Revolucionario (EPR) – hunden sus raíces en la lucha misma de Lucio Cabañas; lo que demuestra que la continuidad de la lucha rural va más allá de lo que nosotros nos imaginamos.”

En el comunicado número 7, fechado el 2 de diciembre de 2004, el Comité Estatal de Guerrero del ERPI señala que “la influencia del pensamiento de Lucio y su quehacer se manifiestan en el ERPI y en otras organizaciones que emprenden la lucha armada”.

El documento emitido a razón del aniversario luctuoso del guerrillero, manifiesta que “son 30 años de amenazas, engaños, promesas, asesinatos como una política de Estado ante las demandas del pueblo en su lucha por una vida mejor. Pero también de resistencia, organización, yerros y aciertos.

“Este 2 de diciembre, el ERPI rinde honores al héroe revolucionario Comandante Lucio Cabañas Barrientos. A 30 años de su caída en combate, su ejemplo sigue vivo para el pueblo de México. Llevamos a la práctica sus enseñanzas de ser pueblo, hacer pueblo y estar con el pueblo.”

Carlos Montemayor puntualiza que “debemos recordar que estos mismos escenarios de Cabañas fueron zonas de resistencia guerrillera con Vicente Guerrero, con Juan Álvarez, con los zapatistas en contra de los gobiernos de Porfirio Díaz, Madero, Victoriano Huerta y Carranza.

“Necesitamos entender que esta continuidad de lucha armada, desde el Partido de los Pobres de Lucio Cabañas y después de su muerte con la vinculación Partido de los Pobres- Procup –Partido Revolucionario Obrero-Campesino: Unión del Pueblo–, derivó en las bases y grupos del EPR y del ERPI”, señala. 

Durante la conmemoración se develó la primera escultura a la memoria de Cabañas Barrientos. Al respecto, Carlos Montemayor dice que este acto realizado en el mismo sitio donde fueron inhumados sus restos –2 de diciembre de 2002– es una especie de dignificación de la memoria de las luchas sociales.

“Es un proceso de recuperación de una memoria histórica que hace 30 años el ejército y los gobiernos querían ocultar, destrozar, aniquilar. El hecho de que ahora tenemos en la misma plaza de Atoyac una escultura a la memoria suya y a la medida de su dignidad de héroe social, es otra forma de explicar que la lucha social es más compleja, más profunda y más valerosa de lo que creen los medios informativos, los partes policíacos, militares y los gobernantes.”

 

La izquierda

 

A tan sólo un año de que se celebren las elecciones presidenciales en México, con un precandidato identificado de izquierda que gana en la mayoría de las encuestas –Andrés Manuel López Obrador–, y con una tendencia en América Latina y Europa que favorece a este tipo de corrientes sociales, Carlos Montemayor accede a analizar la izquierda en nuestro país.

El autor de Los informes secretos señala que la izquierda no es algo único ni uniforme, y que tampoco se propone las mismas cosas. “La historia de la izquierda en nuestro país tiene muchas contradicciones, huecos y obstáculos que debe analizar, resolver, meditar, deslindar si en verdad quiere ser útil y si en verdad quiere ser izquierda. Que a estas alturas, vaya usted a saber qué significa esto”.

Para el intelectual “lo que hemos visto en otros países de América Latina y de otros continentes, es una tendencia hacia el establecimiento de amplias alianzas; el fortalecimiento de amplios frentes de partidos políticos, de vectores sociales”.

Estas alianzas, especifica, no sólo son importantes sino que son necesarias. “En Francia, Italia, España, Uruguay y Brasil hemos visto esto que, más que posibilidad es una necesidad actual que deben enfrentar los partidos y las agrupaciones de izquierda, pero también grupos de otros órdenes ideológicos”.

“Este mecanismo de alianzas o de frentes de amplio espectro debe estar en función no tanto de partidos como de la concurrencia de sectores y de fuerzas sociales reales. Esto es lo único que podría fortalecer y renovar el pensamiento y la acción política de izquierda”, asegura.

Detrás de sus clásicos anteojos de pasta, Carlos Montemayor se pierde entre el tumulto de la gente, pero por más anónimo que pretenda ser, aquí, en la tierra de Lucio Cabañas, todos le conocen y le admiran. Y pronto llegan algunos con plumas y libros para dejar constancia que alguna vez lo conocieron.

 

 
   
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