Un intelectual y periodista de combate y de crítica, como el novelista, dramaturgo y ensayista Albert Camus, en uno de sus trabajos (Combat: 15/III/1945) escribió: “Hace algunos años, cuando los nazis acababan de tomar el poder, Goering daba una idea precisa de su filosofía al declarar: ‘cuando se me habla de inteligencia, saco el revólver'”. Otra versión-traducción de tan terrible sentencia, y que más comúnmente se usa es: “cuando escucho la palabra cultura, amartillo la pistola”. En sus dos presentaciones, se pintó de pies a cabeza uno de los regímenes que más suprimieron todas las libertades. No se olvide que el nazismo empezó por incendiar el Parlamento alemán y suprimir la libertad de prensa.
Actualmente, el foxismo ha emprendido con insultos, provocaciones y una controversia interpuesta ante una Suprema Corte complaciente, una embestida anticonstitucional contra la mayoría de los integrantes de la Cámara de Diputados, del Congreso General (nuestro incipiente parlamento). Uno de sus principales promotores es el secretario de Gobernación, Santiago Creel; el mismo que ya presentó “la versión definitiva de la historia de México: de 1827 a 1997 la de México fue una historia de corrupción, de fraude tras fraude. El primer delincuente electoral fue el héroe de la Independencia Vicente Guerrero, que fue vencido en la contienda por Manuel Gómez Pedraza, pero se alió con el PRI de aquella época, con Antonio López de Santa Anna y se apoderó de la Presidencia” (Carlos Monsiváis, en Proceso: 9/I/05).
Es el mismo Creel que se regodea exhibiéndose en la televisión para promover su imagen de candidato único del PAN para la sucesión de Fox. Y no es otro el que ha estado presionando a los medios de comunicación (y no se diga contra la prensa escrita) para tratar de limar el filo de la información y la crítica al mal gobierno antirrepublicano de la “pareja presidencial”. Y es el Creel, para inaugurar el nuevo año, ordenó la ejecución de una inquisición administrativa contra el periodista Ricardo Alemán, al impedir la continuación del programa radiofónico La otra opinión. Éste se transmitía por una de las estaciones del Instituto Mexicano de la Radio (Imer), propiedad de la Nación; a menos que haya sido privatizado y no tuvieron la atención de avisarle a sus legales y legítimos dueños, y menos informarle a la opinión pública.
No hay otra manera de explicarse el hecho consumado de esa inquisición de censura, ordenada, pues, por Creel, y cumplida al pie de letra por la “copropietaria” del Imer, doña Dolores Béistegui. Ambos ab irato, porque ejerciendo las libertades constitucionales de prensa Ricardo Alemán, con la participación de los radioescuchas y los periodistas que participaban en La otra opinión, como el resto de los protagonistas de la vida pública, habían cuestionado e informado sobre que Creel y el PAN habían rebasado, en 2000, el tope del gasto electoral. Así, Creel, rumbo a su autoimposición como candidato panista, se convertía en intocable.
El inquisidor de Bucareli, no obstante su licenciatura en derecho, no tiene sospecha jurídica de que, como todo buen ultraderechista creyente del falso derecho natural, abusando del poder ha incurrido en una gravísima violación a la Constitución Política. Ésta, como principio, establece: “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa...” (Art. 6). Las estaciones del IMER son, además, propiedad pública y han de estar al servicio de la Nación, permitiendo la diversidad de opiniones y la máxima libertad para informar. Al usar esa cadena radiofónica para sus intereses personales, Creel ha privatizado de facto la empresa pública, con lo cual dispone a su antojo de lo que no es suyo y viola la Ley Federal de las Entidades Paraestatales. El gobierno del “cambio” va en reversa, al encuentro del autoritarismo del antiguo régimen. Y Creel ya amartilló la pistola contra la libertad de opinión. Le falta mandar incendiar a la Cámara de Diputados.