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  Sección: 8 Columnas | Publicado en: Febrero 2005

Mueren 25 mil niños por desnutrición

María Eugenia Pérez
La desnutrición en México alcanza niveles insospechados: 25 mil menores mueren anualmente y suman 8 millones con desnutrición, lo que representa la décima causa de muerte en el país.

 

El semblante de “El Piojo” es tan pálido que deja ver la mugre de dos semanas sin bañarse; sus manos huesudas tiemblan al pedir limosna y con cada respiración su piel se le hunde entre las costillas. Es un niño de 10 años que pide limosna en los alrededores del Metro Garibaldi, en la ciudad de México, y quien en unas cuantas horas logra juntar hasta 60 pesos “pal’ taco”.

Los expertos nutriólogos explican que si “El Piojo” destinara todo el dinero en comida, podría acceder a 5 mil calorías, cuando en realidad sólo necesita 2 mil. En el medio urbano, agregan, hay mecanismos con los que un niño puede acceder a una alimentación, mala tal vez, pero suficiente para que no sufra los estragos del hambre, pero sí los estragos de la mala nutrición.

En México el 30 por ciento de la población infantil menor de cinco años de edad --casi 3 millones-- padece anemia, mientras que 2 millones viven con desnutrición crónica y en cerca de 220 mil hay riesgo elevado de enfermedad y muerte, además de efectos adversos en el desarrollo mental.

A las cifras oficiales de hace un lustro --Encuesta Nacional de Nutrición 1999-- hay que agregar un millón de pequeños que padecen desnutrición moderada y dos millones más que viven con desnutrición leve, asegura el doctor Abelardo Ávila, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición (INCMN) Salvador Zubirán, de la Secretaría de Salud.

El experto plantea que a pesar de que las cifras de desnutrición en nuestro país son alarmantes, éstas han disminuido en los últimos 10 años: “casi es imposible que la nutrición de los mexicanos se deteriore más. La alimentación ya es tan mala, que difícilmente puede ser peor, porque históricamente las condiciones de acceso a los alimentos han sido muy malas, sobre todo en el medio rural.”

Según la Encuesta Nacional de Nutrición, el 43 por ciento de los niños que viven en zonas rurales del país padecen desnutrición, 26 por ciento tiene un déficit de primer grado y 17 por ciento de moderado a severo. Es decir, cuatro de cada cinco niños menores de cinco años que viven en el medio rural, padece desnutrición de moderada a severa.

Agrega que en el país es la décima causa de muerte; con 10 mil decesos infantiles por esa causa y por enfermedades evitables derivadas, las llamadas "enfermedades de la pobreza", como las infecciosas y gastrointestinales

En una reflexión sobre la causa de la desnutrición en los mexicanos, el médico concluye que es resultado de una paradoja: “México es un país lleno de riquezas naturales con una altísima disponibilidad de alimentos percápita, pero éstos se concentran en medios urbanos, además de que no están al alcance de los 60 millones de mexicanos que viven en la pobreza”.

Este grave problema de salud pública –dice Ávila– no se está resolviendo y sí en cambio se está transformando: “en los últimos años se ha dado una polarización alimentaria, en donde las condiciones de nutrición en el campo son muy malas y en la ciudad se está transitando a un desequilibrio. En el medio urbano la desnutrición infantil disminuyó 70 por ciento, pero esto que podría ser una buena noticia –dice– no lo es, porque se transitó de la desnutrición a la obesidad y a la mala nutrición”.

 

Mapa de la desnutrición

Los problemas de nutrición se acumulan en 4.5 millones de familias, de las cuales dos terceras partes, o sea 3 millones, están en zonas rurales consideradas como áreas críticas, el resto se encuentra en las periféricas de las ciudades.

Según el estudio “La desnutrición a nivel municipal en México”, realizado por el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición (INCMN) Salvador Zubirán, las regiones del sur, sureste y centro del país permanecen como las más dañadas, con un 18 por ciento; Oaxaca, Guerrero y Chiapas en el sur y Yucatán y Quintana Roo y Campeche en el sureste; Puebla e Hidalgo en el centro.

En la categoría de alta se encuentran Veracruz, San Luis Potosí, Querétaro y Guanajuato. En una tercera clasificación (moderada) se encuentran Tabasco, Estado de México, Morelos, Michoacán, Nayarit, Aguascalientes, Zacatecas y Nuevo León.

Los estados menos afectados (baja) con prevalencia menor a 10 por ciento son Baja California, Baja California Sur, Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Coahuila, Durango, Tamaulipas y Zacatecas.

La ciudad de México (con 5 por ciento de niños desnutridos) tiene tantos niños desnutridos como Chiapas -en donde dos de cada tres niños padece desnutrición grave-, porque la zona metropolitana de la ciudad de México tiene seis veces la población de Chiapas.

Al interior de cada estado, de cada región, de cada municipio, hay una estructura social heterogénea y piramidal, donde encontramos a quien tiene todo y a quienes no tienen nada, señala el documento.

En los últimos siete años se registró un cambio en los niveles de déficit nutricional, con lo que ahora Chiapas ocupa el primer lugar con mayor población de desnutrición, y los municipios que tienen mayor proporción rural e indígena con condiciones geográficas adversas, con una agricultura de subsistencia, son las que presentan niveles más críticos de desnutrición.

El documento afirma que la desnutrición se ha hecho más rural, más indígena y más de los municipios aislados, pequeños y marginados.

“Si se considera que el promedio de miembros por familia es de seis, sobre todo en las zonas rurales, tenemos una cifra promedio de 18 millones en las zonas afectadas y de 9 millones de habitantes que observan problemas importantes de nutrición”, observa.

Los habitantes de Oaxaca y Guerrero están en situación crítica no por vivir ahí, sino porque la pobreza, la producción de alimentos, el comercio y sus condiciones de vida son precarias. Esto afecta a la alimentación y a la nutrición de los niños, los que inician un círculo vicioso que ha pasado de generación en generación, asegura el informe realizado por los investigadores del INNSZ, Antonio Roldán y Adolfo Chávez.

Las conclusiones del documento señalan que el problema del hambre y de la desnutrición se ha presentado a lo largo de la historia de México, aunque como un problema de salud pública surge a partir de la Conquista.

La destrucción llegó con las estructuras económicas y políticas mesoamericanas y la imposición de un sistema colonialista ajeno a las necesidades de los mexicanos; el sistema agrícola de autosuficienca y los cultivos que durante siglos alimentaron correctamente a la población, se desplazaron a favor de una agricultura comercial exigida por la metrópoli.

Las 20 comunidades rurales consideradas como las de mayores índices de desnutrición en México muestran circunstancias económicas o culturales básicamente análogas; predomina en ellas la economía agrícola, ingresos sumamente bajos que varían de seis a 23 pesos diarios por familia.

De esos municipios 10 se pueden considerar básicamente como rurales, con población dispersa, con pocos o ningún servicio en general como luz, agua, centros de salud. Economía de autoconsumo y con frecuencias, rangos culturales predominantemente indígenas.

Los otros 10 municipios están más o menos organizados, tienen una cierta proporción significativa de comerciantes y con frecuencia está formada de artesanos, empleados y obreros.

 

Zonas Indígenas

El estudio plantea que es increíble constatar que los indígenas, históricamente los dueños del país, sean los menos beneficiados de las riquezas de las tierras.

“México es el país con mayor población indígena del continente americano y resulta difícil de creer que una condición humana, como lo es el hecho de ser indígena, resulte al mismo tiempo un sinónimo de pobreza, desnutrición y marginación nacional. Sin embargo los hechos son evidentes. En los grupos indígenas se observa además su explotación, cuando no su olvido o segregación de los beneficios económicos y sociales a los que tienen derecho”.

Un problema importante que se tuvo que enfrentar es la cuestión de los subregistros, sobre todo de mortalidad infantil y mortalidad preescolar. Es un hecho conocido que en los municipios en los que se sufren los problemas sociales más graves, se tiene una infraestructura de salud deficiente, con comunidades completamente apartados donde la gente nace, vive y muere en silencio social total.

 

Políticas erráticas

Algunos especialistas han señalado que la desnutrición afecta las zonas indígenas desde hace 500 años, sin que a la fecha se haya aplicado un programa efectivo para abatirla, a pesar de que, según estimaciones del Banco Mundial y la Organización de Naciones Unidas, con 700 millones de dólares invertidos eficientemente en acciones de atención hacia los niños se acabaría con ese problema en México.

Si se tomaran decisiones de este tipo, se abatirían las 25 mil muertes evitables que cada año se registran por enfermedades. Los especialistas también reconocen que el número de muertes prevenibles ha disminuido, pues mientras en 1990 morían 50 mil niños, actualmente esta cifra se ubica en 25 mil.

El investigador Abelardo Ávila Rosas señala que en México se destinan alrededor de 2 mil millones de dólares a los programas de combate a la desnutrición, sin que se haya logrado la erradicación de la misma: “son 2 mil millones que se evaporan, porque de otra forma se estaría resolviendo el problema de la desnutrición y no habría necesidad de gastar esa cantidad cada año, y sólo estaríamos operando programas de prevención en niños normales.”

A pesar de que en México desde la década de los 80 ha habido políticas públicas encaminadas a erradicar la desnutrición como los programas: Nacional de la Alimentación; de Nutrición y Alimentación Familiar; de Alimentación y Salud y la Comisión Nacional de la Alimentación, la forma de responder al problema de la desnutrición en un uso político no sólo del gobierno, sino también de los partidos de oposición que utilizan las cifras para criticar las acciones oficiales.

A decir del doctor Abelardo Ávila, la existencia de estos programas es prueba de la falta de continuidad en las políticas públicas, en donde el único objetivo es el uso de imagen de determinados gobernantes.

“Gastamos muchísimo dinero en programas absolutamente ineficientes; los programas del DIF y los programas que parten de una concepción clientelar de ‘te regalo un desayuno o una despensa’, han demostrado su fracaso. Estos programas –dice Ávila– crean dependencia y no resuelven el problema”.

Sobre el programa de combate a la desnutrición del presidente Vicente Fox, el investigador señala: “en el concepto ‘Oportunidades’ sin duda tiene elementos valiosos, no podemos descartarlo por completo, pero algo que es decepcionante es el cambio de nombre, aunque no ha cambiado realmente de mecanismos de operación. El nombre viene a ser el estandarte del gobernante en turno”.

Agrega que: “los programas no están funcionando, pero no importa que no logren resultados. La tragedia es que lo que importa es que den la apariencia de que sirven para algo, y que beneficien intereses de grupos y partidos políticos.”

“De lo que se trata –explica Avila– es de atacar el origen de la desnutrición, el cual está ligado al círculo de la pobreza y la marginación”.

En lo que él llama “una cadena de situaciones”, argumenta que se tienen que lograr que los alimentos que le regalan a Luisito lleguen a su estómago, “pero que también hay que acabar con los parásitos que están en el estómago de Luisisto, hay que reforzar las defensas en el cuerpo de Luisito para que ya no haya enfermedades constantes; diarrea, vómito, anemia, porque de otra manera Luisito no o va a poder aprovechar el kilo de ayuda que le dan las buenas instituciones.” 

 

 
   
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