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  Sección: Sociedad | Publicado en: Enero 2005

Crece el narcomenudeo en todo el país

Manuel Pineda
La lucha contra los grandes cárteles de la droga y el aumento del consumo, principalmente entre los jóvenes, han provocado que las pequeñas bandas de narcotraficantes hayan encontrado en la venta de drogas al menudeo un nicho de mercado en expansión.

 

Son las ocho de la noche. Afuera de la estación del Metro Zócalo, en el Centro Histórico de la ciudad de México, “el contacto”, de aproximadamente 20 años, delgado y tez morena, da instrucciones precisas: “no lleven nada de valor, no lleven identificaciones, si a alguno de ellos les gusta tu gorra o tu chamarra, dáselas. Caminen tranquilos y no se pongan nerviosos. Cuando me den la droga, salimos, ustedes caminan adelante y yo me quedo un poco atrás, para que si me atoran, ustedes no tengan problema”.

Es uno de los contactos entre distribuidores y compradores de drogas en el barrio de Tepito. Esta noche llevará a las vecindades de la zona a unas 20 personas. De cada una se llevará una comisión que puede ser desde un poco de cocaína hasta unos cuantos cientos de pesos.

Un apéndice de la colonia Ampliación Morelos, en Tepito, la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) ha identificado a más de 40 bandas del crimen organizado. La Procuraduría General de la República (PGR) señala que es uno de los lugares donde se encuentran los mayores distribuidores de drogas en el país, y al mismo tiempo es una sede alterna del cártel de Tijuana.

En la calle de Jesús Carranza, una de las más peligrosas del barrio, decenas de jóvenes llamados “dieciochos” permanecen alertas. Ellos son los encargados de vigilar los predios o “tienditas” en donde se trafica con estupefacientes.

Es la primera línea en la cadena del narcomenudeo. Son los nuevos, los mensajeros, los vigías, a quienes se les paga con un poco de coca. Cuando demuestren sus “habilidades” se les dará un poco de droga a crédito para vender, por el momento su labor es estar alerta.

En la oscuridad de la calle nadie está seguro y el peligro se respira en el aire. Los “dieciochos” van y vienen de un lado a otro, a pie o en pequeñas motonetas en donde entregan los “pedidos”. Algunos andan armados. 

En las inmediaciones varias patrullas de la policía preventiva merodean el lugar para avisar a los vendedores si hay un operativo en proceso o para detener a los compradores y quedarse con la droga.

Son las 20:25 horas. Después de cruzar el umbral de una de las vecindades, varios jóvenes platican en el patio. Algunos se drogan y otros ingieren alguna bebida alcohólica. Al fondo del patio se vislumbra un departamento con la puerta abierta.

En el interior del pequeño cuarto de tres por tres metros hay una sala vieja, una mesa de madera y un librero donde se encuentra una televisión encendida. Las paredes están despintadas y hay varias cajas en el suelo donde dos niños juegan entre sí.

20:30 horas. Del interior de la única habitación del departamento sale un hombre gordo de cabello corto y rostro cortado, que contrasta con su saludo terso y amable. Sentado frente a la mesa pregunta:

¿Qué van a querer?

“El contacto” responde seguro –cuatro grapas, de la buena.

El hombre gordo saca debajo de la mesa una pequeña bolsa con polvo blanco y una báscula. Abre la bolsa y dice: -Esta acaba de llegar, es buena.

Con la habilidad que le da la experiencia, el hombre coloca un papel en la báscula y con un instrumento metálico deja caer la cocaína. Al final ha llenado cuatro papeles. Cierra la bolsa y la coloca junto con la báscula debajo de la mesa.

-Listo, son 400 pesos-dice con tranquilidad.

 

Problema de salud pública

El aumento en el consumo de drogas en el país es un problema que preocupa a las autoridades de todos los ámbitos de gobierno. De la más reciente Encuesta Nacional de Adicciones se desprende que 3.5 millones de personas de entre 12 y 65 años de edad en el país han utilizado drogas ilegales alguna vez en su vida. Nueve mil continúan con el uso de las mismas y alrededor de 570 mil son consumidores habituales.

La encuesta advierte que si bien en los últimos cinco años ha habido una estabilización de la tasa general del consumo de drogas ilegales, se muestran ciertos cambios en las tendencias, entre los que destacan: la disminución en la edad de inicio, el incremento en el consumo de opiáceos entre las mujeres, la sustitución del tipo de sustancias y la vías de administración, así como una mayor frecuencia en el consumo de las llamadas drogas de diseño.

La Secretaría de Salud ha señalado que para enfrentar este problema, la dependencia hace uso del Programa de Acción contra la Farmacodependencia, elaborado por el Consejo Nacional Contra las Adicciones, en el que participan diversas instancias del Ejecutivo Federal, los gobiernos de las entidades federativas y las organizaciones de la sociedad civil y del sector privado.

Este programa se basa en cuatro estrategias: la movilización social, la prevención, la rehabilitación e investigación científica y la mejora de la calidad en el tratamiento.

El pasado 25 de junio, durante la ceremonia conmemorativa del Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, Julio Frenk Mora, secretario de Salud, señaló que durante la presente administración los 31 consejos estatales y los mil 266 comités municipales contra las adicciones, han llevado a cabo más de un millón 100 mil actividades de información, orientación y sensibilización en las que han participado14 millones de personas en centros educativos, instalaciones de atención médica, dependencias gubernamentales, centros laborales y sitios públicos.

Frenk Mora señaló que estudios realizados en nuestro país demuestran que una alta proporción de los primodelincuentes sentenciados en las áreas urbanas habían consumido drogas en el momento de cometer el delito.

“29 por ciento de ellos había fumado mariguana, 10 por ciento había ingerido pastillas psicotrópicas y 9 por ciento estaban bajo el efecto de inhalables disolventes, además de que 57 por ciento se encontraba bajo los efectos del abuso del alcohol, con esto quiero decir que al trabajar en equipo para reducir el consumo de drogas ilegales contribuimos a la cruzada contra la inseguridad a la que nos está convocando la sociedad.”.

Señaló que la Secretaría de Salud se ha sumado a la iniciativa de la PGR para promover un conjunto de reformas a la Constitución y a la Ley General de Salud, a fin de combatir con rigor la venta de drogas al menudeo. 

“A través del Programa Nacional para el Control de Drogas 2001-2006, los tres niveles de gobierno se han unido para combatir el narcomenudeo, esfuerzo que se ha visto reflejado principalmente en importantes aseguramientos de droga y la detención de más de 14 mil personas vinculadas con delitos contra la salud”.

 

Lucha perdida

En octubre pasado, Rafael Macedo de la Concha, procurador general de la República, dijo ante senadores que durante los 32 meses que van de la presente administración la PGR ha recibido 490 mil denuncias relacionadas con la venta de drogas, entre operativos y cateos se han llevado a cabo más de 10 mil acciones, la detención y el aseguramiento de 28 toneladas de marihuana, 2 toneladas de cocaína y la detención en 3 años de más de 10 mil personas.

Según cifras de la PGR en el Distrito Federal y el estado de México se tienen identificados más de 10 mil puntos de venta de narcomenudeo, 2 mil en Baja California y 2 mil en los estados de Sinaloa, Chihuahua, Tamaulipas y Jalisco; mil en Nuevo León, Guerrero, Quintana Roo, y alrededor de 500 en el resto de las ciudades del país.

En medio de este escenario, Damián Canales, director general de la Policía Judicial del Distrito Federal, acepta que en los últimos años se ha incrementado la venta de drogas al menudeo en el país, y señala que es urgente que se hagan las reformas necesarias para que la policía judicial y las ministeriales de los estados tengan las facultades para investigar y perseguir a los traficantes al menudeo.

“El problema ha crecido en la última década y la PGR y la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) no tienen los recursos para perseguir al narcomenudeo. Este fenómeno ha agarrado desprevenido a las autoridades, por eso es importante que se apruebe la iniciativa de reforma al artículo 73 constitucional, para que el narcomenudeo sea una facultad concurrente para que las procuradurías estatales puedan llevar a cabo acciones para combatirlo”, dice Canales.

El director de la Policía Judicial señala que ha pesar de no tener facultades para perseguir de forma eficiente este delito, el año pasado la PGJDF puso a disposición de las autoridades competentes a más de mil 200 personas.

“La conclusión es que de ninguna manera la PGJDF ha soslayado el problema y lo hemos atendido de manera eficaz, y habrá quien se pregunte, por qué si se tiene conocimiento que en la casa tal o en equis lugar se vende droga, porqué no se hace nada, es porque nosotros no tenemos facultades para pedir una orden de cateo y allanar un domicilio”.

Sobre el tema de la corrupción, Canales dice no ignorar que este problema sigue arraigado en algunos elementos de la corporación, “sin embargo he hecho énfasis en que no toleraré estos actos”.

Al mencionarle que algunos agentes han señalado los supuestos vínculos de algunos comandantes con vendedores de drogas, el director de la judicial dice que ya tiene conocimiento de algunos casos y que se están llevando a cabo las investigaciones, aunque prefiere no abundar en el tema.

Damián Canales deja en claro que el problema del narcomenudeo no es solo un problema de seguridad pública, y señala que este fenómeno es reflejo de una sociedad desintegrada que ve en las drogas la salida a sus problemas. “Hace falta que todos los ámbitos de gobierno nos coordinemos para solucionar los problemas sociales y económicos que han orillado a la población a refugiarse en las drogas”.

José Luis Piñeiro, catedrático de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), especialista en el tema del narcotráfico, coincide en que el crecimiento en el consumo de drogas en el país es el reflejo de una sociedad en descomposición, y hace un análisis de lo que está ocurriendo con el narcomenudeo:

“El gobierno federal ha centrado sus esfuerzos en la lucha contra el narcotráfico, en perseguir a los grandes capos y ha descuidado otros frentes. Los traficantes han aprovechado los vacíos legales y han aprendido que es mejor tener pequeñas estructuras o células con las que pueden tener más movilidad”.

 

Corrupción

El problema del narcomenudeo no puede ser erradicado mientras algunos miembros de las corporaciones policíacas sigan estando detrás de las bandas de vendedores de drogas.

Un policía judicial señala que en ocasiones cuando se organiza un operativo para detener a sujetos identificados como vendedores de droga, éstos ya han sido avisados por policías preventivos o por los comandantes que los protegen.

“Para llegar a la calle donde sabemos que se vende droga, es necesario que lo hagamos en automóviles particulares o en taxis, porque si lo hacemos en vehículos oficiales de inmediato alguna patrulla de la preventiva va a avisarles”, dice el agente.

Al cuestionar al policía judicial porqué si conocen los lugares y a las personas que se dedican a traficar con estupefacientes no hacen algo al respecto, responde que se debe a que la PGJDF no tiene la facultad para perseguir este delito y solo pueden atrapar a las personas cuando están traficando en la vía pública.

Además –señala- la corrupción al interior de las corporaciones policíacas es muy grande y la mayoría de las veces los jueces dejan en libertad casi de forma inmediata a los traficantes, lo que se ha convertido en un círculo vicioso muy difícil de romper.

“Les pegamos seguido, pero éstos salen libres rápidamente y vuelven a lo mismo, ya los conocemos bien, sabemos cada una de las casas donde se trafica, pero no tenemos facultades para hacer cateos y entrar hasta los laboratorios. Como policías judiciales necesitamos cuanto antes tener las facultades para investigar y perseguir este delito, pero a la par se necesita que los encargados de impartir justicia no se vendan”, señala el agente.

 

Sin mirar atrás

 

20:40 horas. “El contacto” recibe los cuatro papeles con cocaína y los coloca dentro de una de las bolsas de la chamarra de mezclilla. Saca cuatro billetes de cien pesos y se los da al hombre gordo que se encuentra al otro lado de la mesa.

Sale deprisa del lugar. El camino se hace más largo que de costumbre hasta la estación del Metro, las miradas de los “dieciocho”son intimidantes y los consejos del contacto retumban en la mente: “caminen tranquilos y no se pongan nerviosos, ustedes caminan adelante y yo me quedo un poco atrás, para que si me atoran, ustedes no tengan problema”.

20:58 horas. Por fin se alcanza a ver la oscura entrada de la estación del Metro, del otro lado de los torniquetes ya se puede respirar tranquilo, la compra de droga se concretó sin problema alguno.

 
   
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