En su libro “Si el Águila hablara”, escrito en 1996, el ex gobernador de Veracruz, Miguel Alemán Velasco, registró esos cambios que sufrieron los presidentes de la República, de Lázaro Cárdenas a Carlos Salinas de Gortari. Le faltó Ernesto Zedillo, pero los síndromes, asegura, también se dieron con él.
Ninguno ha escapado a ese destino, y Vicente Fox no fue la excepción, señala en entrevista.
Siempre cercano al poder –hijo del ex presidente de México, Miguel Alemán Valdés, lo que le permitió vivir en Los Pinos de los 13 a los 19 años de edad--, explica que las mutaciones que sufre un primer mandatario “no tienen que ver con ningún partido, ni con la transición política, sino que simplemente se presentan cuando se llega a lo máximo que se puede hacer en la política nacional. Los cambios de personalidad se dan, no tienen colores”.
En cada sexenio, explica, los mandatarios son víctimas de esas transformaciones año con año: en el primero aparece el síndrome de “Los Santos Reyes” o de “Santa Claus”. Los síntomas comienzan desde la campaña electoral: reuniones con todos los sectores, giras agotadoras, porque “desean conocerlo todo para solucionarlo, precisamente, todo lo cual es el deber de los Santos Reyes o Santa Claus”.
Ya como presidentes, deciden estar en todos los lugares, resolver todos los asuntos. “Si los Santos Reyes y Santa Claus llegan a todas las casas del mundo en una sola noche, ¿por qué yo no voy a resolver todos los problemas de México, si tengo seis años por delante?”, se plantean.
Al llegar el fin de año, se dan cuenta que “la tarea es infinitamente superior a sus fuerzas, que la realidad supera dramáticamente a la voluntad de servir y que les ha terminado el primer año sin que se solucione mucho de lo que pretendieron hacer”.
Comienza entonces el síndrome del segundo año, el del “coordinador”: El presidente empieza a delegar, a crear comisiones, a crear grupos que les auxilien, en una palabra, a coordinar. “Se da cuenta que no puede solo”.
El tercer año padece el síndrome del “Mesías”, es decir, “mi verdad es la única y punto. El presidente está dispuesto a perder la vida si es necesario, pero no cede un ápice. Por encima de todo, su verdad es eso: la verdad. No se busca comprensión; o estás conmigo o estás contra mí. No hay alternativa”. Todo funciona gracias a ellos, y quieren romper algún record en construcción, en carreteras, en electrificación, en escuelas, en relaciones.
En cuarto año le da el síndrome de “Harún Al Raschild, el comendador de los creyentes de Las mil y una noches”, es decir, el presidente encuentra a su Scherezada y vive sus mil y una noches.
“Se enoja con su gran visir, deja a todas las del harem, se enamora de Scherezada y le pone casa o palacio. Tiene hijos y a veces sale por las noches disfrazado, para escuchar lo que dice el pueblo de él; pero también es el año que corta cabezas. Quita ministros, cambia de gabinete e integra, ahora sí, un equipo de confianza, que le promete un caballo alado, la alfombra voladora o hasta la lámpara de Aladino”.
De este ensueño despierta de manera violenta en el quinto año, cuando manifiesta el síndrome de “Iván El Terrible”: no cree en nadie y desconfía de todos.
Se dan cuenta de que “el tiempo se acaba, que quedan sólo algunos meses de mandato y que mucho es lo que hay que hacer, que dejaron que transcurriera el tiempo creyéndose eternos, permitiendo que subalternos hicieran y deshicieran a su antojo y ahora ven que aquella gloria que vivían en su tercer mesiánico año, tiene los pies de barro y está a punto de desmoronarse”.
Además, “saben que brotará en forma oficial el nombre del sucesor, nuevos Santos Reyes, nuevo Mesías, en fin, lo que en un momento fueron ellos, y piensan que les traicionará, probablemente porque algo así ellos pensaron o hicieron”.
En el sexto año sufre el síndrome del “Premio Nóbel”: todo mundo reconocerá sus éxitos, y si el pueblo de México no lo supo comprender, el mundo sí sabrá apreciar su obra.
Es el último año “mezcla de pesadilla y ensoñación; pactos, concentraciones, manifestaciones, bloqueos, declaraciones, violencia, giras, inauguraciones de todo y en todas partes”.
Están imbuidos de un pensamiento nefasto: ‘los mexicanos no supieron aprovechar mis conocimientos, ni mi entusiasmo ni mi capacidad. El mundo es mi siguiente paso y él sabrá valorar mi esfuerzo”.
Pero además existe el síndrome del séptimo año, “que podría intitularse el año de la comezón, el del síndrome de la esfinge o el del Tehuacán… pero sin gas”, dicen de buen humor.
Estos síntomas se presentan cada año, pero algunos pueden existir antes o persistir después.
Según esta clasificación, el presidente Fox, en su primer año, tuvo el impulso de resolverlo todo, como ocurrió desde su campaña electoral, cuando dijo que solucionaría el conflicto de Chiapas en 15 minutos; pretendió, como un ejecutivo de empresa, atender directamente los problemas que se le fueron presentando, a tal punto de que parecía que no había gabinete.
En el segundo año, empezó a delegar funciones y a crear o a impulsar oficinas y coordinaciones. Por ejemplo, la Comisión de Asuntos para la Frontera Norte, la Comisión Intersecretarial de carácter permanente, la Coordinación para el Diálogo y la Negociación en Chiapas, la Coordinación de la Red Federal de Servicio a la Ciudadanía y la Coordinación Presidencial para la Alianza Ciudadana.
También la Oficina de la Presidencia para la Innovación Gubernamental y la Oficina de Representación para la Promoción e Integración Social para Personas con Discapacidad.
El tercer año, el de “El Mesías”, se caracterizó por su empeño por sacar las reformas energética y fiscal, principalmente. No aceptó más verdad que la propuso a los legisladores, con quienes hasta la fecha no ha sabido negociar y ponerse de acuerdo.
En su cuarto año de gobierno, es víctima del síndrome de Harún Al Raschil, cuando encuentra a su Scherezada y vive sus mil y una noches.
En efecto, puede decirse, de acuerdo con los hechos ocurridos recientemente, que este síndrome tuvo su expresión en el consentimiento de Vicente Fox a las aspiraciones presidenciales de la Primera Dama, Marta Sahagún, las cuales concluyeron abruptamente cuando el secretario particular del primer mandatario, Alfonso Durazo, denunció la eventual participación del gobierno en el proceso de sucesión.
El síntoma del Mesías, propio del tercer año de gobierno, también está presente en el cuarto, sobre todo cuando en su último Informe de Gobierno el presidente Fox aseguró que “lo mejor está por venir”, y anunció record en la construcción de carreteras y en créditos a la vivienda y a la pequeña y mediana empresa.
Pero el síndrome de Iván El Terrible, propio del quinto año, ya empezó a manifestarse en el cuarto cuando propició la caída de Felipe Calderón como secretario de Energía, por iniciar su carrera a la presidencia de la República desde su cargo.
Hay un adelanto inclusive del síndrome del sexto año, cuando en recientes giras por Brasil y Canadá aseguró que su gobierno es más reconocido afuera que adentro, de acuerdo con las noticias recientes.
Miguel Alemán, expresidente de Televisa, dice que el primer mandatario “va cambiando conforme el poder va influyendo en su manera de ser, en su vida y en todo. Es un cambio de saludo, un cambio de caminar, un cambio de hablar, un cambio de firmar, y eso es, simplemente, la muestra de la personalidad que va cambiando, de la parte interna”.
Sucesión
Miguel Alemán también habla de la sucesión y dice que una cosa es que no esté de acuerdo en que al jefe de gobierno del DF, Andrés Manuel López Obrador, se le desafuere, y otra aceptar que en este momento tenga capacidad para ser presidente de México.
Recomienda a López Obrador que antes de pretender ocupar la máxima magistratura del país aspire a ser gobernador de Tabasco, senador o empresario. “Es una persona que si se lo propone logra el éxito, sabe cómo hacer las cosas”.
--¿Llegará a la Presidencia?
--Eso sí no sé. Eso depende de los votos de la gente, pero no nada más del Distrito Federal. Se lo digo porque en Veracruz no tiene esa posibilidad de mayoría.
Define al jefe de gobierno capitalino como un “populista”. Asegura que el populismo sirve para ganar votos, pero no para gobernar. “Para gobernar se necesitan otras muchas cosas”.
--¿Cómo cuáles?
--En primer lugar, aparte de la honestidad que se supone tiene, se necesita liderazgo y no veo a un líder en la jefatura del gobierno del Distrito Federal.
--¿Qué ve entonces?
--Pues veo mucho relajo, muchos problemas internos, pero no tengo tiempo de examinarlos.
--En las propias filas de la Procuraduría del DF había un secuestrador.
--Es lo que le decía acerca del relajo.
Habla también de otros presidenciables. De Santiago Creel, secretario de Gobernación, panista, comenta: “Tiene simpatía, pero le falta liderazgo dentro de lo que viene siendo el gabinete”. Roberto Madrazo, presidente del PRI: “Creo que dentro del partido es un buen líder”.
Veracruz
No son pocas las dificultades que Miguel Alemán dejó en Veracruz. Al finalizar su gobierno, el PAN lo cuestionó por haber multiplicado la deuda pública mientras la entidad sigue siendo una de las más marginadas del país, y por priorizar el gasto corriente, principalmente el suntuario, sobre el de inversión, y el diputado expriísta Miguel Angel Yunez denunció negocios del gobierno estatal con los hijos de Alemán Velasco; además, los hechos de corrupción proliferaron durante su mandato, y la PGR evidenció el auge del narcotráfico en la entidad, con la captura de Albino Quintero Meras, alias Don Beto.
Sin embargo, cuando se le pide un balance de su gestión en Veracruz, Miguel Alemán Velasco comenta:
“Mi balance es que hemos logrado ser un gobierno humanitario, fundamentalmente. Logramos dedicar el 80 por ciento de nuestro presupuesto a educación y a salud, fundamentalmente, y a la seguridad y a la creación de empleos, que desgraciadamente nos tocó una época muy difícil, pero de todas maneras estuvimos por encima del crecimiento nacional y eso cuando menos ha ayudado a ser el más chico de los exportadores de trabajadores a Estados Unidos”.
--¿Satisfecho?
--No, porque siempre piensa uno que se pudo haber hecho más, porque pude uno hacer todavía más.
--¿En la Presidencia?
--No. Hay muchos puestos donde uno puede ayudar y tengo planes muy concretos para hacerlo dentro de los ámbitos donde yo me he movido toda mi vida, que es en transportes, telecomunicaciones y turismo.