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  Sección: Línea Global | Publicado en: Enero 2005

Arafat desde México

Nydia Egremy
Es el embajador del pueblo palestino en México, quien como representante especial de Palestina desde hace quince años merecería la denominación de decano del cuerpo diplomático, pero el riguroso protocolo diplomático no permite concedérselo en tanto su pueblo carezca aún de un Estado.

 

-¿Cómo estás?

“Huérfano”, responde en un rictus de dolor.

Es el embajador del pueblo palestino en México, quien como representante especial de Palestina desde hace quince años merecería la denominación de decano del cuerpo diplomático, pero el riguroso protocolo diplomático no permite concedérselo en tanto su pueblo carezca aún de un Estado

Fawzi Youssif viste de luto con un kufiah de duelo con la imagen del fallecido líder palestino. La entrevista es en la sala que huele a flores, las mismas de las coronas y los ramos funerarios que enviaron, desde que se supo la noticia del deceso, representaciones diplomáticas y amigos. En la pared la fotografía del líder con un crespón y al lado la bandera, esa que hasta inicios de los años noventa no podía ondearse en su propio territorio.

-¿Cómo recibiste la noticia?

“El miércoles en la noche tenía una reunión con el Comité Central de una agrupación política mexicana que duró todo el día y entre las 10:35-10:40 les hablaba sobre el presidente Arafat, todo el mundo sabía que estaba en coma y yo hablaba de su legado, su lucha, su trayectoria por décadas y lo que hizo a favor del pueblo palestino.

“Que consiguió colocar la causa palestina en el mapa del Medio Oriente y del mundo; consiguió independizarse de la tutela que los regímenes árabes querían ejercer sobre la causa y cómo enfrentó a los israelíes en Al Karameh el 21 de marzo de 1968, en una colosal batalla contra miles de tropas israelíes y en la que los guerrilleros de entonces demostraron que pese a carecer de armas, tenían la voluntad así como la valentía de defender su derecho a una nación.

“El 13 de noviembre de 1974 él llevó esta cuestión ante la Asamblea General de Naciones Unidas y consiguió un reconocimiento mundial, por primera vez en la historia de esa organización, un movimiento de liberación nacional fue escuchado en el foro más grande del mundo, recordaba cuando él dijo entonces ‘traigo aquí una rama de olivo en una mano y en la otra el fusil de los libertadores, no dejen caer de mi mano la rama de olivo’.

“Desde entonces hablaba de la paz y más adelante él consiguió convencer a nuestro pueblo de hacer paz sobre sólo 22 por ciento de nuestro territorio, ningún otro líder por grande y carismático que sea habría conseguido eso para sentarse a negociar o discutir este pedazo de nuestra tierra y lo consiguió.

“Entre otras cosas yo contaba eso cuando de repente recibo una llamada telefónica de un embajador amigo diciéndome ‘mi hermano Fawzi, acabo de ver en CNN que ha muerto el presidente Yasser Arafat’. 

“Él fue la diferencia, el Espartaco del siglo XX, el Sísifo de la mitología griega, y lo transmití a la gente. Lógicamente fue un shock muy grande, aunque como he dicho, ya se esperaba por su estado de agonía -inclusive el sheik Tamimi, que era muy amigo de él le leía el Corán y decía que reaccionaba- pero la gente sabía que estaba en las últimas horas.

“Bajé hacia el coche y el presidente o secretario general de ese partido me acompañó y antes de entrar al auto me llamó una amiga del Comité de solidaridad con el pueblo palestino y me dijo ‘acabamos de saber la noticia y en paz descanse’.

“Me regresé para acá y CNN me llamó pidiendo una entrevista telefónica y se la dí, no recuerdo bien la hora y más adelante me llamó una pareja de compañeros –una de ellos la coordinadora del Comité de solidaridad, el joven es un médico que lloraba y lloraba- para darme un abrazo pero que consideraban la hora. Les dije que no conseguía dormir y llegaron, después, como estaba en Ramadán –el mes de ayuno musulmán- comí algo hacia las 04.30 e intenté conseguir el sueño”.

-¿Qué recordabas de él en ese momento?

Silencio, se repone y continúa.

“A las cinco y quince cerré los ojos a las seis y diez mi teléfono sonó y desde ese jueves hasta ahora no paré un minuto.

“Casi todo el mundo llamó y estuve haciendo entrevistas vía telefónica. En la tarde fui a un diario, la CNN pidió otra entrevista en vivo, luego el Canal 11 me mandó a alguien para entrevistarme, para mí eran más cuestiones de carácter humanitario sobre la persona del presidente Arafat, estuve ahí con el compañero doctor Farid Kahat.

“Ese día fue de profundo dolor y amargura, no solamente yo, que soy uno de tantos millones que sufrieron la pérdida del padre de la patria, el guía, el maestro, este luchador, este gran líder no sólo de los palestinos sino del mundo que es de los pocos líderes carismáticos en la segunda mitad del siglo pasado, más brillantes, más bravo y valientes. Su legado continuará para siempre, sus enseñanzas, su tenacidad…..”

Vuelve a apagarse su voz, esperamos a que retome el ánimo

-¿Cuándo te acercas a Arafat por primera vez?

Hace un cuarto de siglo, en 1979 él estaba todavía en Líbano y yo llevaba algunas delegaciones brasileñas solidarias y en esa ocasión por iniciativa de nuestra representación en Brasil, en aquella época yo no era todavía miembro de la OLP –ingresé hasta 1980- y estuve cerca de Arafat y a partir de entonces hubo varias ocasiones en que estuve con él en Líbano, otras en Túnez y por último en Palestina tuve contacto.

“Hubo otros indirectos casi diariamente –mandando faxes, noticias-, sé que sus deberes y responsabilidades no le permitían y lógicamente el presidente Arafat no iba a hablar de la solidaridad y mensajes que recibía sino a través de asesores y nuestro ministro de relaciones exteriores. Son largos años un cuarto de siglo que lo conocí”.

-Alguna vez comieron juntos ¿qué le gustaba?

“Sí, muchas, el presidente Arafat era un hombre sencillo que podía convivir con monarcas, presidentes, jefes de estado pero también con gente; en aquella época de Líbano, él recibía a la gente generalmente muy tarde, se quedaba hasta las tres, cuatro de la madrugada y le traían queso, yogurt, pepino, un jitomate partido, un huevo cocido que él descascaraba y lo ponía en platos dándole atención, mirando a cada uno de los que estábamos ahí así fuéramos quince o veinte personas.

“El decía entre algunas cosas, ¡cuidado con los blancos!, refiriéndose al azúcar y la sal, recomendaba comer lo mínimo, tomaba su té endulzado con miel –no tomaba café- y esa era su vida sencilla pero muy humano.

“Cuántas veces los jóvenes….(se entrecorta la voz de nuevo) en Líbano insistían en actuar con más energía (contra la ocupación israelí) y él replicaba ‘no, porque pueden afectar a algún viejo o vieja o una mujer, un niño….. (se le apaga la voz).

-¿Cuándo fue la última vez que lo viste?

Se repone y explica. “Con el régimen de Sharon yo dejé de ir a Palestina -desde el año 2000, inclusive cuando su santidad el Papa estuvo allá- ese fue el último contacto directo. Repito que antes pues normalmente iba casi un mes a Palestina y ahí lo encontraba desde 1995, que fue la primera vez que entré en Palestina después de los acuerdos en 1994- pero del 2000 ya no volví.

-¿Cómo percibió tu misión en México?

Mi venida fue un acaso, un colega brasileño iba a venir y nuestro compañero Ahmed Sobeh –su antecesor en la representación por varios años- iba a ocupar su lugar es médico aunque no practica, su esposa también trabajaba en dos hospitales y sus hijos estudiaban lo que les complicaba el traslado y ambos sugirieron al presidente Arafat y a nuestro canciller que yo viniera.

“No lo pensaba porque mi familia estaba allá y aunque era una satisfacción no lo imaginé. Tenemos por norma que para cualquier designación o traslado de este tipo se requieren tres firmas: primero el presidente Arafat, del canciller y la del presidente del Fondo Nacional Palestino -para la cuestión financiera y fiscal- se cubrió y vine acá con mucho gusto.

-¿Te dio algún mensaje?

Lógicamente, como siempre se envía una carta al gobierno del país y como también se me acreditó ante el gobierno de Belice –él tenía mucha estima por el gobierno de ese país porque el premier Said Musa es de origen palestino.

“Al respecto, recuerdo que cuando estuvimos tratando la cuestión del muro ante la Corte Internacional de Justicia, fui a hablar con el anterior embajador Salvador Figueroa para solicitarle un voto o un apoyo. Él habló con el premier Said Musa quien se comunicó con su representante en Ginebra e incluso contrataron a un abogado francés para apoyarnos, Arafat no se cansaba de elogiar esa solidaridad y por eso tenía la voluntad de venir para acá.

“Yo sugerí alguna vez pero la distancia, el riesgo no fue posible. Durante la época de Clinton el presidente viajó muchas veces a Estados Unidos y le pedía que pasara por México, que aprovechara el viaje para ir a Belice, pero lamentablemente las cosas se complicaron hasta que finalmente fue confinado, prácticamente encarcelado en dos o tres habitaciones de su complejo, con su cuartel general destruido. Es una pena

“Como dice Ury Avnery, pacifista de Gush Shalom: ‘Yasser Arafat no puede ver el sol, no puede caminar, no puede respirar un aire natural’ y en una entrevista del pasado fin de semana con otro periodista del diario israelí Haaretz afirmó: ‘hasta los condenados a muerte tienen autorizado disfrutar de una hora de sol al día en el patio de la prisión. Yasser Arafat no tuvo esto’.

“Fue un acto inhumano, salvaje, duro, cruel que usaron contra un hombre al que ahora y en el futuro deben pensar qué hacer con él porque fue la única persona que fue capaz de convencer a su pueblo de hacer negociaciones con Israel aceptando la pérdida del 80 por ciento de su territorio, decir que no aceptaba la cuestión de los refugiados, él buscaba salidas más suaves hasta para el otro lado.

Recuerdo en esa entrevista de Ury Avnery que decía que un periodista egipcio afirmó ‘si no hay un Arafat, los israelíes deben inventarlo’ de lo importante que era para el proceso de paz. Finalmente lo confinaron en una cárcel, hay otros artículos de pacifistas desde hace 30 años como cuando estuvo cercado en Beirut y un general del ejército que luego fue miembro del Knesset –Parlamento israelí- y luego periodista de 81 años le preguntaron cómo recibió la noticia de la muerte de Arafat y comentó: no lloré a mi padre, no lloré a mi madre pero si lloro por alguien será por Yasser Arafat. ¿No era un terrorista? Le preguntaron y respondió ‘no, yo era un terrorista’.

“Cuando surgió la idea del envenenamiento, yo no tengo la mentalidad conspiratoria, no tengo pruebas ni a favor ni en contra, pero vi a Arafat tres semanas antes y estaba fuerte, pero para haber tenido esa caída hace sospechar algo, lamentablemente repito, no tengo pruebas. Sharon lo amenazaba con asesinarlo, lo intentó varias veces.

“En Túnez, Gabriela, una periodista de televisión brasileña de propiedad libanesa en Túnez que tiene un programa llamado Cara a Cara y entrevistó a Arafat sobre las dos pistolas que tenía ¿tiene miedo? ¿Por qué usa dos pistolas? Y escuché en su propia voz cuando dijo Si Ariel Sharon declara públicamente que quiere asesinarme, lo ha intentado catorce veces y si alguien entra aquí y me amenaza tengo derecho a defenderme”

Lamentablemente llegó la hora es el destino de todos y recuerdo finalmente esa entrevista a Ury Avnery quien respondió a la pregunta ¿Ariel Sharon mató a Arafat? Diciendo: el muerto Yasser Arafat está matando al vivo Ariel Sharon –y explicó-, en unos veinte años, Sharon habrá muerto y quién hablará de él, tal vez se le recordará y mal, de Arafat se le recordará toda la vida por su justicia o como Saladito que liberó Jerusalén de los Cruzados. Perdurará su legado por décadas en la memoria de la gente”.

Arafat hizo famoso mundialmente el manto campesino palestino –hattah o kuffiah- que ataba de manera muy particular sobre la cabeza, algunos afirman que evocaba la cúpula de la Mezquita de la Roca en Jerusalén, Fawzi agrega que el presidente palestino era calvo y vio cómo lo arreglaba con sumo cuidado sin nunca atreverse a preguntar por qué lo hacía de esa manera.

Concluye el encuentro con el libro de condolencias sobre la mesa cubierta con el mantel blanquinegro radiculado que dio la vuelta al mundo en la cabeza del líder palestino, el símbolo de un pueblo sin Estado y una revisión a las innumerables notas que llegaron a la oficina del embajador. Falta una que nunca arribó, la del mandatario mexicano.

 

 
   
  Keywords del reportaje: Fawzi Youssif, embajada, palestina, muerte de Arafat.
 
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