La conocen como “La Abuelita”. La debilidad de su columna hace que camine casi con la cabeza entre las rodillas. Tiene 83 años. De su boca hundida se asoman sólo tres dientes negros cuando sonríe al escucharse decir: “Me llamo Juana Hernández. Años tenía que nadie me preguntaba ni me llamaba por mi nombre”.
Vive sola en el sur de la ciudad desde que su hermana murió en el año 2000. Aunque ha trabajado desde su infancia no recibe pensión alguna ni tiene acceso a servicios de salud. Su jornada empieza a las 8 de la mañana y termina hasta que el sol se pone. No descansa ni sábados ni domingos. Vende refrescos y tacos de guisados en el paradero de microbuses del estadio olímpico México 68.
Trabajosamente se transporta en camiones cargando y arrastrando su mercancía. A los conductores les molesta llevarla, por lo que pueden pasar horas antes de que un camión se pare y la gente le ayude a subir. Hace dos años cayó de un microbús con todo y sus bolsas.
Abrigada con cuatro suéteres percudidos y remendados, Juana Hernández cuenta que es originaria del rancho de Santa María del Río, San Luis Potosí. Nació en 1922. Huérfana a los 14 años, se convirtió en jefa de una familia de cinco hermanos. Fugaz estudiante de una escuela de monjas, se trasladó a la ciudad de México para trabajar en el servicio doméstico.
Recuerda, sin resentimientos, que laboró durante décadas para distintas familias adineradas que nunca la aseguraron y siempre la despidieron sin explicaciones ni, mucho menos, liquidación. Incluso trabajó para una familia por más de 20 años sin tomar un sólo día de descanso. Cuando solicitó vacaciones le dijeron que se fuera un mes. Al regresar, la servidumbre le dijo que tenía órdenes estrictas de negarle el acceso. Sin embargo, les mantiene lealtad a sus antiguos patrones y rechaza revelar siquiera su identidad.
“La Abuelita” es uno de los casi 2 millones y medio de viejos que en México tienen que trabajar o mendigar para sobrevivir y de los más de 6 millones que no cuentan con pensión alguna ni seguridad social.
De acuerdo con el director del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam), Pedro Borda Hartman, en el país existen aproximadamente 8 millones 200 mil personas mayores de 60 años que representan el 8 por ciento del total de la población. 75 por ciento de los viejos no recibe pensión.
El funcionario dice que en México cada día hay 790 viejos más. De mantenerse esta tendencia para el año 2050 el 30 por ciento de la población mexicana será adulta mayor. El problema es que el Estado mexicano muestra ya incapacidad de solventar las necesidades de los ancianos.
De la pediatría a la geriatría
El doctor Carlos Welti, demógrafo investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, dice que “lo que vamos a ver, más que niños de la calle, son viejos de la calle. Esto es muy claro”.
El especialista en dinámica de la población mexicana y comportamiento reproductivo de la población agrega que la transición demográfica en México, a diferencia de los países desarrollados, se trató de un proceso de muy corto plazo.
“Se transformaron las estructuras demográficas sin que se hayan transformado las estructuras institucionales. Nuestro país siempre estuvo muy preocupado por el crecimiento de la población. En consecuencia, las políticas se encaminaron a reducir este crecimiento. Además, se aumentó la esperanza de vida. Con todo ello se transformó la pirámide demográfica de edades. El número de viejos fue creciendo.”
Welti explica que las instituciones mexicanas, durante décadas, estuvieron organizadas alrededor de la población infantil y ahora no están preparadas para enfrentar las demandas de la población mayor de 65 años.
“Tenemos un país que estuvo durante muchos años concentrado en crear maternidades y ofrecer atención a las madres y a sus hijos, pero que de ninguna manera pensó que la población vieja iba a demandar servicios de salud.”
Según el Consejo Nacional de Población (Conapo) la esperanza de vida al nacer en el país es de 75.4 años. En promedio las mujeres viven 77.9 años y los hombres 73. El incremento de este indicador ha sido constante desde la década de 1930, cuando la esperanza vida era de 33.9 años. Para 1980 era de 66.2 y para 1990 de 69.7.
El doctor Agustín Lara Esqueda, director del Programa de Salud en el Adulto y en el Anciano (PNSAA) de la Coordinación de Vigilancia Epidemiológica de la Secretaría de Salud, dice que esta transición demográfica por la que está pasando el país obligará “realizar una reingeniería en el sistema de salud. Aumenta el número de adultos mayores y se reduce el de niños. Por ello todas las instituciones del Sistema Nacional de Salud cuentan con un comité de atención al envejecimiento”.
Reconoce que las instituciones de salud aún no están preparadas para enfrentar la transición demográfica. Y es que si anteriormente lo que más padecía la población eran enfermedades infecciosas, ahora las que requerirán de mayor atención son las crónico-degenerativas.
“Se tiene que capacitar a los médicos que brindan la atención en el primer nivel (los centros de salud comunitarios), ya que es donde se atiende el 80 por ciento de la patología a nivel nacional. El cambio poblacional implica un cambio epidemiológico. Por lo tanto, la problemática se debe enfrentar desde la formación de los nuevos médicos; desde los planes de estudio de la licenciatura se debe contemplar esta transición.”
El Viejoproa
Sin embargo, el principal problema, de acuerdo con Welti, es la errática política económica que no genera empleos para quienes están en edad de trabajar. Por ello no se obtienen los recursos suficientes para solventar los gastos de los ancianos. De esta manera, la obligación del Estado de proporcionar salud y vida digna a las personas de la tercera edad, recae cada vez más en las familias.
“Cada vez más se incrementa la presión sobre las redes familiares, pues como no hay sistema de seguridad social que permita que los viejos sobrevivan, esa responsabilidad se carga en la familia. Ya estamos viendo un proceso crítico, que se va a agudizar aún más por la incapacidad del Estado para garantizar el derecho que tienen los viejos a una vida digna.”
Welti explica que la única solución al problema del envejecimiento de la población mexicana y la incapacidad del Estado para garantizar la salud y alimentación de los viejos es la creación de empleos que permitan al individuo ahorrar. Concluye que, a pesar de la gravedad del problema, la administración foxista prácticamente no ha tomado medida alguna para solucionarlo.
“Por el contrario, se trata de aprovechar esta inercia demográfica para justificar la privatización de los sistemas de seguridad social. Además, los sistemas de ahorro para el retiro se van a convertir en algo similar al Fobaproa, porque los fondos no sólo serán insuficientes sino estarán en riesgo de perderse ya que se están invirtiendo en proporciones cada vez mayores en capital de riesgo. Se trata del negocio de la historia y de lo que se conocerá en un futuro muy cercano como el ‘Viejoproa'.”
La vejez, costosa
De acuerdo con datos del Programa de Salud del Adulto y del Anciano (PSAA), de la Secretaría de Salud, las primeras causas de muerte de los adultos en México son las enfermedades del corazón, los tumores, la diabetes mellitus, la enfermedad cerebro vascular y la cirrosis hepática. Asimismo, los ancianos también suelen padecer hipertensión arterial, osteo-artritis, trastornos de la memoria y demencias, depresión e incontinencias.
A las anteriores, el doctor Lorenzo García, médico geriatra del Hospital General de México y ex presidente de la Asociación Mexicana de Gerontología y Geriatría, agrega las enfermedades gastrointestinales.
El doctor Agustín Lara Esqueda, director del PSAA, dice que ser adulto mayor no es sinónimo de ser enfermo, sin embargo reconoce que en esta época de la vida generalmente se presenta una gran cantidad de complicaciones de enfermedades que iniciaron desde otras etapas de la vida de una persona. Reconoce que el tratamiento de las enfermedades que padecen los viejos es caro.
De acuerdo con el doctor Lorenzo García, la atención a un adulto mayor cuesta entre los 3 mil y 4 mil pesos al mes. Dice que los costos varían según la enfermedad que se trate, pero que, generalmente, los adultos mayores o sus familias no erogan menos de 3 mil pesos en cuidados médicos.
No bastan salud y pensión
El galeno agrega que ni el cuidado de la salud ni el acceso a una pensión bastan para garantizar a los ancianos una vida digna. Dice que se trata también de un problema social. Explica que así como las instituciones del gobierno no están preparadas para el cambio demográfico tampoco lo está la sociedad, que no comprende ni valora a los viejos.
“Por ejemplo, hay viejos que presentan incontinencia urinaria. Y como la familia no está bien informada viene el rechazo y la descalificación para el anciano que se orina. Se restringen las actividades de la persona y ésta vive con bochorno por el resto de sus días.
“Se trata de un problema que se debe resolver con educación. Y tan no estamos preparados que ni siquiera se han planteado cambios a nivel ambiental como en las banquetas, en el transporte. No tenemos ni transporte, ni señalización, ni servicios aptos para los viejos. Con ello les decimos que ya no hay lugar para ellos. El problema no es sólo de salud.
Los viejos, útiles
Por su parte, Pedro Borda Hartman, director del Inapam, considera que los viejos necesitan empleo. Agrega que se trata de personas útiles de las que la nación desaprovecha su experiencia acumulada durante décadas.
“Debemos convencer a la sociedad de que les abra espacios laborales para que puedan trabajar y se sientan útiles. Esto les eleva la autoestima, les asegura un ingreso y los hace independientes.”
Sobre la labor del Instituto que encabeza, Borda Hartman dice que su principal objetivo es encontrar empleo para los adultos mayores y otorgar un millón de credenciales que los exentan de pagar transporte público y les garantizan descuentos en 25 mil establecimientos.
Lamenta que el Inapam trabaje con un presupuesto limitado, pues “no alcanza para lo que deberíamos hacer”. Dice que adicionales a los 206 millones que recibió durante 2005, el Instituto necesita, al menos, 190 millones más. “40 nada más para pagar el costo de las credenciales que estamos emitiendo, y 150 para los programas de certeza jurídica que queremos desarrollar”.
Atardecer de una vieja
A veces bajo un sol asfixiante y otras bajo una persistente llovizna, “La Abuelita” se sienta sobre un bote, entre los camiones y microbuses del paradero, a esperar a los clientes.
–Abuela, qué hay –pregunta un conductor de microbús.
–Tengo de pollo y de huevo.
–Déme un taco de pollo y un refresco. Debería de traer cervezas.
Sus manos grandes atienden con presteza mientras murmura que la última vez que trajo cervezas se las “decomisó” la policía.
Ha sido asaltada en su propio domicilio. Hace alrededor de dos años los delincuentes, que entraron fácilmente a su morada y la golpearon, se llevaron el dinero obtenido en una semana y también las escrituras de su casa. Recibe constantemente presiones de otros vendedores y “microbuseros” para que les venda el terreno en que vive. “Aún no me animo. Y es que ni sé cuánto valga”, dice.
Se muestra apenada de sus uñas crecidas y de las costras de lodo que se asoman por su cuello. “A mí siempre me gustó estar presentable. Ahora, aunque quiera ya no puedo. Se me hace muy difícil asearme como antes”.
El sol se oculta detrás de las montañas de la sierra de las cruces. Fue un mal día. Doña Juana Hernández tendrá que regresar a su casa con casi toda su mercancía; pero bromea: “Bueno, por fin llegaron mis clientes”. Una parvada de gorriones se arremolina a su derredor. La vieja moja y quiebra con sus manos las tortillas que no vendió y, para aligerar su carga, las avienta en puños a las decenas de pájaros que revolotean a sus pies.
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| Mayores de 60 años en México |
8 millones 200 mil |
| Pensionados (25 por ciento) |
2 millones 50 mil |
| No pensionados (75 por ciento) |
6 millones 150 mil |
| Viejos que mendigan o trabajan precariamente (30 por ciento) |
2 millones 460 mil |
| Porcentaje de viejos del total de la población |
8 por ciento |
| Número de personas que rebasa los 60 años cada día |
790 |
| Porcentaje de viejos del total de la población para el año 2050 |
30 por ciento |
| Esperanza de vida en promedio en México |
75.4 años |
| Esperanza de vida en promedio de las mujeres |
77.9 años |
| Esperanza de vida en promedio de los hombres |
73 años |
| Esperanza de vida en promedio en México en 1930 |
33.9 años |
| Gasto promedio en cuidados de salud en un anciano en México |
Entre 3 mil y 4 mil pesos |
| Pesos que reciben como pensión la mayoría de los jubilados |
Entre 2 mil y 5 mil pesos |
Fuente: Inapam, Conapo, INEGI y Hospital General de México |