Las víctimas ya no son sólo empresarios o comerciantes con capacidad económica para pagar los rescates, ahora los plagios alcanzan a estudiantes y profesionistas de clase media
El número de secuestros y la violencia en su comisión se incrementa año con año. La impunidad y el éxito económico que representa cometer este delito provocan que infractores comunes se aventuren cada vez más a realizarlo. Las consecuencias son mayor incidencia y crueldad en la conducta de los transgresores que termina con el asesinato de la víctima. Y es que la impresión de organizaciones no gubernamentales es que en México “cualquiera puede secuestrar”.
De acuerdo con datos proporcionados por la Unidad Especializada en Investigación de Secuestros (UEIS) de la Procuraduría General de la República (PGR), en 1999 se realizaron 196 secuestros. Para el año 2000 el incremento fue de casi el 300 por ciento al registrarse 553 denuncias. Durante 2001 se consignaron 552; en 2002, 537, y en 2003, 557. Para 2004 se logró un decremento al sumar 337.
Sin embargo, organizaciones como México Unido Contra la Delincuencia y la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) tienen otras cifras. Ambas entidades señalan que el crecimiento del secuestro durante los últimos ocho años ronda el 800 por ciento. Y es que las autoridades sólo registran los delitos que se denuncian. Según estimaciones de la Coparmex, la cifra real de secuestros cometidos en México supera hasta en 300 por ciento a los denunciados.
Jorge Rosas García, titular de la UEIS, adscrita a la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) de la PGR, reconoce que el delito del secuestro no se ha abatido durante el gobierno de Vicente Fox, a pesar de las expectativas que se generaron en materia del combate a la delincuencia con la salida del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de Los Pinos.
De acuerdo con Ángel Corona Rodríguez, presidente del Comité de Consulta y Participación de la Comunidad en Seguridad Pública (Consegu), la impunidad con la que actúan los delincuentes y la escasa capacidad de los tres niveles de gobierno para hacer cumplir la ley, ha ocasionado que proliferen las bandas que incursionan en el delito del secuestro como medida para obtener grandes sumas de dinero de manera rápida.
“Hay delincuentes que primero hacen lo más sencillo: robo a transeúnte, a casa habitación o de vehículo. Y como en todo este proceso difícilmente se les detiene, se les hace muy fácil brincar la línea y realizar un secuestro. Esto es muy preocupante porque nos indica que ahora cualquier persona se puede animar a realizar un secuestro con todos los riegos que esto implica para la víctima.”
El fiscal antisecuestros Jorge Rosas García explica que este delito, que se viene presentando desde hace décadas, ha evolucionado. De ahí la dificultad para aniquilarlo. Las organizaciones criminales que lo cometen no responden a un único perfil ni a un sólo modus operandi.
Tipos de secuestro
Según Rosas García hay tres tipos de secuestro realizados por igual número de asociaciones delincuenciales con distintos objetivos y características.
El secuestro “tradicional” que se realiza con el objetivo único de obtener un pago por el rescate de la víctima. El segundo también implica privación ilegal de la libertad, pero más que perseguir retribución económica el objetivo primordial es castigar a rivales. La tercera modalidad es el “secuestro exprés”, donde el objetivo es el robo inmediato de dinero o bienes. Una vez que la víctima ha sido despojada se le deja en libertad.
El titular de la Unidad Antisecuestro de la PGR explica que los dos últimos tipos de secuestro son los que se han incrementado durante los años recientes. Y es que el secuestro cuyo objetivo es castigar a rivales se ha acrecentado con el recrudecimiento de la guerra desatada entre los cárteles del tráfico de drogas. Se trata de una consecuencia de la lucha por territorios de estas organizaciones delictivas.
Así, cuando una organización criminal llega a un lugar donde ya opera otra se inicia una lucha que incluye asesinatos y captura de contrarios donde se les tortura y después asesina o, bien, se les entrega a la policía mediante una denuncia anónima. Rosas García reconoce que aún persiste la complicidad entre grupos de narcotraficantes y algunas autoridades policiales, quienes “se adornan” con la supuesta captura de bandas de sicarios cuando en realidad fue “un regalo” de otro grupo de delincuentes.
A este tipo de secuestro se le conoce también como “levantar” y “chapulinear”. Se presenta principalmente en Tijuana, Coahuila, Ciudad Juárez, Tamaulipas y San Luis Río Colorado. Mientras que el secuestro exprés florece en las grandes ciudades como el Distrito Federal y la zona conurbana, Guadalajara y Monterrey.
Bandas y Organizaciones
La PGR clasifica en dos categorías a las pandillas que comenten el delito de secuestro: banda y organización. La primera es aquella que, no obstante cometer el ilícito, aún no delimita las funciones específicas de cada uno de sus integrantes ni actúan de manera reiterada.
Las bandas son muy peligrosas porque no planean minuciosamente su actividad, no necesariamente secuestran a personas con alto poder adquisitivo y piden grandes sumas que las familias de las víctimas no pueden cubrir. Por ello, la negociación para el rescate del secuestrado es muy complicada, se le maltrata e incluso se le asesina. También se da el caso de bandas que piden millones de dólares y terminan por liberar al plagiado con 50 mil pesos.
Las organizaciones conformadas por tres individuos o más cuya actividad delictiva realizan permanente o reiteradamente, su articulación les permite hacer un estudio más minucioso de las víctimas, sus familias y propiedades. El proceso de negociación entre la familia y la organización suele ser menos violento que el que se realiza con la banda, pero obtiene mayor ganancia.
De acuerdo con el presidente de la organización no gubernamental Consegu, Ángel Corona, el problema del incremento del secuestro en México no es por falta de leyes adecuadas que combatan el delito, sino por la falta de capacidad de las autoridades encargadas de hacerla valer.
“La Ley sí sanciona el delito. El problema es que no se les aplica a los delincuentes. Hay todo un proceso que inhibe la aplicación de las leyes. Y se inicia desde que la víctima no denuncia porque no tiene confianza en las autoridades.”
Corona Rodríguez agrega que de acuerdo con el último estudio de victimización llevado a cabo por el Consegu, en México de cada 100 delitos cometidos se denuncian 20 y se resuelven sólo dos favorables a la víctima.
La diputada panista Blanca Judith Díaz, secretaria de la Comisión de Seguridad Pública (CSP) de la Cámara de Diputados, coincide en que el secuestro no se acabará al modificar las leyes y aumentar las penas para los culpables de este delito. “La resolución de este problema tiene que ver más con la aplicación efectiva de la justicia”.
Rosas García dice que durante el gobierno de Vicente Fox se ha logrado capturar a integrantes de más de 30 bandas y organizaciones dedicadas al secuestro. De entre ellas destacan “Los Macizos”, que prácticamente ya fue desmantelada y se caracterizaba por su crueldad en el trato a las víctimas, “Los Cobras”, “Los Compas”, “Los Juárez”, “Los Rojas”, “Los Bayardo”, “Los Satánicos” y “Los Montante”.
Sin embargo, aún operan organizaciones como las de “Los Vectra”, de la que no se ha logrado capturar a ningún integrante y que vienen realizando sus actividades delictivas desde hace años.
El titular de la Unidad antisecuestro de la PGR dice que con el objetivo de cortar de tajo las relaciones de complicidad entre delincuentes y algunos policías, en el Poder Ejecutivo se ha puesto en marcha una serie de mecanismos para la selección, admisión y permanencia del personal.
“Nos someten a exámenes permanentes de polígrafo, entorno social, psicológico y patrimonio. De esa forma nos van controlando. Son mecanismos de control y de confianza para verificar que las personas no tengan esa mentalidad que había en el pasado de llegar a la Procuraduría para hacerse ricos.”
Más recursos
Ángel Corona, del Consegu, dice que las metas de combate al secuestro y a los demás delitos de la delincuencia organizada sólo se alcanzarán con una mayor participación organizada de la ciudadanía, pues la vigilancia y evaluación de los resultados y conductas de las autoridades inhiben la corrupción. Considera que es necesario profesionalizar a las policías locales, estatales y federales y mejorar sus condiciones de vida. “Para empezar, se deben homologar los salarios de todas las policías municipales, porque tenemos que en un municipio ganan 9 mil pesos y en otro apenas 4 mil”.
Para el diputado federal del PRI Jorge Uscanga, presidente de la Comisión de Seguridad Pública de la Cámara de Diputados, se deben destinar más recursos al combate del secuestro, pero se debe tener los mecanismos necesarios para verificar que el dinero se destina efectivamente a la batalla contra el delito y no va a parar a los bolsillos de los funcionarios.
“Le tenemos que dar más recursos a la PGR y a la Secretaría de Seguridad Pública; pero esos recursos deben repercutir directamente en el combate a la inseguridad. No queremos más empleomanía. Dice que los resultados obtenidos por el gobierno de Fox son “absolutamente contrarios a lo que todos esperábamos. Y no es que no hayan tenido éxito en algunos casos. Pero desafortunadamente son muy pocos los casos en los que se rescate a la víctima y se detiene a los delincuentes, en relación con todos los que ocurren en el país”.
Jorge Uscanga se sorprende de que en el Proyecto Presupuesto de Egresos para 2006 se reduzcan en mil millones de pesos los recursos para la seguridad pública de los estados y municipios.
“Es un absurdo. Se trata de una reducción del 20 por ciento de los recursos. En este año el monto fue de 5 mil millones y ahora se pretende que sea de sólo 4 mil. Los diputados lo habremos de modificar. Lo que me sorprende es que se acordó al interior del Consejo Nacional de Seguridad Pública, que preside el presidente de la República, que se incrementarían en 20 por ciento los recursos destinados a estados y municipios. Y fue al revés: el mismo presidente nos manda un proyecto de presupuesto en el que no sólo no se les da más, sino se les quita.”
Jorge Rosas García, titular de la UIES, dice que para el combate al secuestro el gobierno de Fox ha desarrollado un programa integral en el que colaboran con el ministerio público las secretarías de Hacienda, Marina, Defensa Nacional, Seguridad Pública y Gobernación.
“Así se abarcan diferentes aspectos, tanto en investigación como en atención a las víctimas. Se obtienen más datos de inteligencia que nos sirven a nosotros para rastrear el camino de los delincuentes: nombres, vínculos familiares, propiedades, teléfonos, cuentas bancarias y tarjetas de débito y crédito, entre otros datos.”
Secuestro: producto de una sociedad enferma
De acuerdo con el doctor Juan José Bustamante Rojano, jefe del Departamento de Psiquiatría del Hospital General de México, el fenómeno de la proliferación del delito del secuestro es producto de una sociedad enferma. Según el psiquiatra y psicoanalista los valores que animan al tipo de sociedad en el que crecen las personas actualmente son totalmente mercantilistas y de desprecio por el ser humano.
“No está funcionando el contrato social. Los intereses humanos están puestos al servicio de las ganancias y no importa la identidad, es decir, el quiénes somos, sino lo que tenemos. La industria del secuestro no es otra cosa más que una manera de mercantilizar o de hacer más lucrativo un negocio en una sociedad en donde todo está turbio. Es una sociedad enferma que produce personas enfermas.”
El especialista dice que en su trato con personas de todos los estratos sociales se ha percatado de “la mirada y la actitud de la desesperanza con la que viven las personas en los últimos años; como a la que se refería Hamlet: ‘algo se está pudriendo en Inglaterra’; o sea, algo anda mal, y es como una falta de credibilidad en el hombre mismo”.
Las víctimas
Bustamante Rojano dice que difícilmente una víctima del secuestro se recuperará totalmente. Todo dependerá de la fortaleza del individuo y del tiempo y las condiciones del cautiverio.
En muchos casos, las víctimas padecen un trastorno de estrés postraumático que los acompaña hasta la vejez. “Se trata de estados de ansiedad aguda, donde se revive de nueva cuenta y con la misma intensidad la escena traumática. El secuestrado revive la manera como se le cerraron los autos, incursionaron con la ametralladora, le golpearon la cara, lo amenazaron o lo cogieron por el cuello. Y la familia puede padecer lo mismo”.
El secuestrador
Bustamante Rojano dice que el secuestrador es una variante de otras formas de psicosociopatía. Sus patrones de conducta se caracterizan por la crueldad, la ventaja, la extorsión, la indolencia y la falta de respeto por la condición humana. Se tata de sujetos que han llevado una vida precaria y terrible desde el punto de vista emocional. La mayor parte de ellos han sido violentados.
“Sin entrar a discutir una condición genética hereditaria y hablar de los grandes síndromes de los hombres muy violentos, que indudablemente existen, la conducta que manifiestan fue adquirida. Lo humano se aprende. Y ellos son producto de la sociedad en que vivimos.” |
Publicado: Diciembre de 2005
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