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  Sección: Política | Publicado en: Abril 2005

La guerra oculta contra la guerrilla (primera parte)

Jorge Torres
En los últimos años el Ejército mexicano se ha involucrado, de manera discreta pero firme, en la batalla subterránea que libra en las calles el gobierno federal en contra de la guerrilla, por lo menos así lo evidencia un documento confidencial elaborado por la Secretaría de la Defensa Nacional en el que se establecen los principios para acorralar y atrapar guerrilleros en las zonas urbanas del país.

 

Cazar guerrilleros nunca ha sido fácil para el gobierno, y mucho menos cuando éstos han logrado perfeccionar sus métodos, y el clandestinaje les resulta ahora una actividad inherente a su estilo de vida que han adoptado como cotidiano, producto de años de experiencia y participación activa en acciones subversivas.

Para nadie es una novedad la guerra secreta que mantienen las fuerzas policiacas y militares contra los grupos subversivos desde hace décadas; sin embargo, es una batalla que se pelea en las sombras y sólo en algunas ocasiones trasciende a la opinión pública el resultado de los enfrentamientos o las actividades de los grupos guerrilleros.

En el marco de esta guerra de baja intensidad, el combate a la guerrilla urbana y las actividades clandestinas de los guerrilleros en las grandes ciudades, es uno de los aspectos menos documentados en la historia reciente de México.

El tema de la guerrilla urbana surge y se instala en la opinión pública sólo cuando estalla algún artefacto que hace detonar algún comando guerrillero o cuando éstos quieren mostrarse para lanzar un mensaje político en torno a la posición de la organización.

También sucede cuando las autoridades reprimen a integrantes de organizaciones sociales, acusándolos de pertenecer a la estructura de los grupos armados, presentándose el hostigamiento en forma de detenciones y encarcelamientos de integrantes de estas organizaciones.

El caso de los hermanos Cerezo Contreras es uno de los más evidentes en el actual sexenio, en donde se les imputaron responsabilidades penales por el estallido de un petardo en las instalaciones de un banco y los encarcelaron sólo por pertenecer a la familia de Francisco Cerezo Quiroz, a la cual los servicios de inteligencia mexicanos le atribuyen ser el máximo dirigente del Ejército Popular Revolucionario (EPR), el grupo guerrillero más activo con ramificaciones en zonas rurales pero con amplia presencia en las urbanas.

En los últimos años es contra el EPR que el gobierno ha enfocado sus baterías y ha buscado aniquilarlo literalmente, sin embargo, la organización que han mostrado los guerrilleros, no obstante las bajas y el cerco que les han tendido policías y militares, ha resultado por demás exitosa para el grupo armado, que ha logrado mantener cohesionada su estructura.

Un integrante de alto nivel de la comunidad de inteligencia, con acceso a información sobre organizaciones guerrilleras, dice que el grupo más activo en cuanto a reclutamiento de nuevos integrantes es el EPR.

“Hay trabajo de reclutamiento”, advierte, y asegura que el mecanismo que utilizan es simple pero eficaz: “Identifican primero a personas radicales y los reclutan, pero es hasta que analizan detenidamente su comportamiento que los llevan a la clandestinidad; hasta entonces les ponen la capucha”.

El EPR es el grupo armado que ha logrado aprovechar la experiencia de las organizaciones clandestinas que surgieron en México en la década de los setenta. Aprendió de los errores y ahora sus integrantes se mueven en las sombras de la clandestinidad, como peces en el océano.

En los organismos de inteligencia se asegura que el EPR ha logrado disfrazar sus células operativas con diversos nombres, hecho que ha logrado impactar en la opinión pública en el sentido de que son más de 20 los grupos guerrilleros que actúan en el país.

Un ex funcionario del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), encargado entre otras actividades de formular las estrategias en contra de los grupos armados, dice que después del alzamiento de la guerrilla zapatista en Chiapas en 1994, “se llegó a hacer un mapa con más de 80 grupos en todo el territorio nacional”.

No obstante que los grupos guerrilleros tienen una agenda pública limitada a la coyuntura política –fechas clave en las que se muestran abiertamente o se atribuyen atentados inofensivos–, la guerra secreta que mantienen con los cuerpos de seguridad del Estado, es real y peligrosa.

Policías y militares tienen la misión de ubicarlos y cazarlos bajo cualquier circunstancia, mientras los grupos guerrilleros que actúan en las zonas urbanas tienen la premisa de “no afectar a la sociedad” con sus acciones, reconocen analistas de inteligencia, lo que repercute en una estrategia de repliegue contraria a la que mostraron en los setenta y principios de los ochenta los comandos guerrilleros.

Tan es así, dice una fuente de inteligencia, que se han detectado artefactos explosivos de la guerrilla construidos con cartuchos viejos de dinamita, lo que evidencia un largo almacenamiento de material explosivo por falta de acciones de los grupos armados.

Pero no obstante los largos procesos de inactividad operativa de la guerrilla urbana, un ex funcionario del Cisen asegura que hasta hace poco lo que no hacían los agentes de inteligencia era acercarse tan abiertamente a los guerrilleros. “Son peligrosos”, dice.

En el marco de la guerra soterrada que mantiene el gobierno en contra de las células clandestinas de la guerrilla urbana, además de las acciones encubiertas que ha emprendido el Cisen y la Policía Federal Preventiva (PFP) con sus múltiples operativos secretos para localizar guerrilleros, el Ejército no ha dejado de participar haciendo gala de su experiencia derivada del combate a los grupos armados en las zonas rurales desde los años sesenta.

 

Las acciones militares

La Secretaría de la Defensa Nacional ha puesto sobre el papel lo que piensa de los grupos armados que actúan en las zonas urbanas y ha trazado las estrategias para combatirlos. En un documento confidencial elaborado por el Ejército denominado Manual de Guerra Irregular, fechado en 2000, al que tuvo acceso Contralínea, se muestra la visión de los militares en torno a la guerrilla urbana.

“Los núcleos de guerrilla urbana normalmente actúan clandestinamente dentro de las ciudades y poblaciones de importancia, con el objeto de ganar adeptos y simpatizantes de los diferentes sectores de la población hacia la causa.

“Las operaciones de contraguerrilla urbana en lo fundamental son muy similares a las que se realizan en las áreas rurales, con la diferencia de que el guerrillero se mueve, vive y actúa profundamente incrustado dentro de la organización social del área urbana, por lo que la identificación de éste se constituye en una de las tareas más importantes de las fuerzas contraguerrilleras.

“Sus esfuerzos no solo son contra la guerrilla urbana, sino también contra la organización clandestina en la que puede apoyarse, ya que el guerrillero urbano no es más que un combatiente clandestino, cuyos procedimientos de lucha son diferentes al terrorista o saboteador, pero la forma de mantener secreta su identidad real es la misma.”

En otro apartado del documento confidencial los militares establecen las razones por las cuales el Ejército interviene en caso de acciones subversivas, en un afán de justificar su actuación en zonas urbanas.

“Las fuerzas militares tienen perfectamente determinadas las misiones para las cuales fueron organizadas y en caso de conflicto armado sería un error distraer parte de las fuerzas armadas para llevar a cabo operaciones de contraguerrilla urbana; esto únicamente se presentará cuando las fuerzas de seguridad pública sean incompetentes”.

El Ejército ha elaborado un detallado análisis de las limitaciones que se presentan en el combate a la guerrilla urbana.

Dice en el documento:

“Debido a la facilidad de las guerrillas para ocultarse que le proporcionan las características propias de las áreas urbanas, así como su forma de operar, dificultan la obtención de información precisa que permita al comandante de la contraguerrilla llevar a cabo sus operaciones en forma eficaz para coartar o arrebatar la iniciativa a los guerrilleros.

“Una consideración de importancia es el hecho de que las contraguerrillas tienen a su disposición las fuerzas de reacción y la capacidad de fuego necesaria para hacer frente a la guerrilla, pero a cambio de ello existe la restricción de no poder hacer uso indiscriminado de esa capacidad por los efectos adversos que pueden producirse en la población civil, lo que se traduce en una desventaja.

“Como consecuencia de la forma dispersa de actuar de las guerrillas, obliga a emplear un mayor número de efectivos, lo que complica la coordinación y control de las operaciones de contraguerrilla.”

Entre las fases de las operaciones tácticas de contraguerrilla urbana, los militares contemplan, como uno de los principales objetivos, la búsqueda de información.

“Para buscar la información se emplean agentes secretos y confidenciales, agencias y órganos de información”. Además se plantean misiones de hostigamiento como “incursiones en las bases de operaciones y casas de seguridad de los guerrilleros urbanos”, así como desarrollar “emboscadas en caso de detectar movimientos de la guerrilla urbana”.

Sobre “las operaciones tácticas de contraguerrilla urbana”, la Sedena establece que a diferencia de las usadas en el ámbito rural, el Ejército da prioridad “al empleo de medios no militares a fin de afectar directamente a los guerrilleros”.

La base para la realización de estas operaciones, se especifica en el documento, la constituye el conocimiento preciso de la ubicación de los guerrilleros, y una vez ubicados, se siguen los siguientes pasos:

“Cercar el área sospechosa con tropas y elementos de las fuerzas de seguridad pública; dividir el área cercada en sectores delimitados por calles específicas; emplear fuerzas militares organizadas para el efecto de ir ocupando en forma minuciosa cada uno de los sectores asignados; emplear tiradores selectos y equipos de rastreadores, y mantener una estrecha vigilancia sobre túneles subterráneos o del Metro, ya que podrían ser utilizados como vías de escape.”

En lo referente a las operaciones de reacción ante eventuales ataques guerrilleros, en el documento se establece lo siguiente: “El desconocimiento del lugar y hora del ataque guerrillero obligará a mantener fuerzas de reacción altamente móviles y potentes, situadas en aquellas áreas cercanas a los objetivos susceptibles de ser atacados”.

Las “operaciones preventivas” se refieren especialmente al hecho de lograr evitar las acciones de la guerrilla urbana. “Estas operaciones tendrán como finalidad reducir al máximo las posibilidades de las guerrillas para realizar cualquier tipo de acción exitosamente”.

Uno de los mecanismos utilizados por el Ejército para lograr una operación preventiva exitosa, lo representa la intercepción e interferencia de las comunicaciones clandestinas de los grupos guerrilleros. “La intercepción se realiza mediante el empleo de escuchas, complementados con analistas de tráfico. La interferencia dificulta el enlace por medios inalámbricos de las guerrillas”.

Aunque en el caso del EPR, se sabe que sus integrantes tienen prohibido utilizar aparatos electrónicos para comunicarse y los mensajes los transmiten mediante correo humano para evadir a la contrainteligencia militar.

La guerra entre las fuerzas de seguridad del Estado y la guerrilla urbana se ha vuelto sofisticada y despiadada, y ningún bando otorga tregua alguna. Unos buscan desarticular a las células clandestinas y otros esperan la coyuntura política para actuar.

 
   
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