Bernalejo, Zacatecas.- Cada paso por el camino que lleva a Bernalejo va dejando atrás la realidad del discurso oficial. Cada paso por la Sierra Madre Occidental, cada mirada, cada habitante, deja claro que el conflicto en la zona no ha terminado, como asegura el gobierno federal.
Mientras la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA) daba como concluido el problema en Bernalejo desde hace año y medio, hasta hace un par de meses, Xóchitl Gálvez Ruiz, comisionada Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, seguía considerando a la zona como un foco rojo, postura que cambió apenas hace unas semanas.
El asunto ha servido para poner de manifiesto la descoordinación de algunas instituciones gubernamentales y dudar de la funcionalidad de otras.
Hace año y medio “terminó” el conflicto entre tepehuanos de Santa María Ocotlán y Xoconoxtle, del municipio de Mezquital, Durango y los 64 ejidatarios de Bernalejo, municipio de Valparaíso, Zacatecas.
Mediante una negociación cuestionada por el gobierno de Zacatecas y la indemnización de poco más de 50 millones de pesos a los ejidatarios, finalizó, según las autoridades federales, un problema que tenía más de 50 años de antigüedad.
Después de que en 1997, el entonces presidente Ernesto Zedillo señalara que las 5 mil hectáreas en que habitaban los ejidatarios de Bernalejo pertenecían a los comuneros tepehuanos, según un decreto de 1936, la tensión y la violencia se apoderaron del lugar.
En febrero de 2002 los tepehuanos comenzaron un plantón en las afueras de Bernalejo para presionar a las autoridades para que les fueran entregadas las tierras. Un año después de “estado de guerra”, en el que salieron a relucir sus lanzas y en el que tuvo que hacer presencia el ejército, los tepehuanos sitiaron el lugar y obligaron a los ejidatarios a huir.
Entonces, con una negociación que privilegió los intereses políticos a los sociales, según autoridades zacatecanas, se dio por concluido el conflicto.
Hoy en día, cuando las 5 mil hectáreas de Bernalejo están en posesión de comuneros tepehuanos y los ejidatarios viven exiliados en otras comunidades, la tensión en la zona continúa.
La Procuraduría General de Justicia de Zacatecas señala que pequeños propietarios de Huejuquilla, Jalisco, y de Valparaíso, Zacatecas, han sido amenazados por los tepehuanos a través de comunicación escrita, señalando que las tierras que ocupan son de ellos (según el decreto de 1936, en el que todavía les falta por recuperar más de 100 mil hectáreas). En contraste con las versiones oficiales, el foco rojo sigue encendido en la región.
Camino a la sierra
A 8 horas de camino partiendo de la ciudad de Zacatecas, en la frontera entre los estados de Jalisco, Durango, Zacatecas y Nayarit, enclavado en una de las vertientes de la Sierra Madre Occidental y por un camino casi inaccesible de terracería, donde los deslaves y las llantas ponchadas son comunes, se llega a Bernalejo.
El recorrido por la sierra se lleva a cabo en medio de una tensa calma. Cada persona en los vehículos que suben y bajan por el angosto camino de tierra saludan tímidamente, su mirada es penetrante, observan con detenimiento, no les gustan los intrusos.
A unos minutos de ir subiendo por la sierra se escuchan varios cuetes, a lo lejos se puede ver el humo que despiden, “ya saben que estamos aquí”, dice uno de los policías ministeriales que acompañan a los reporteros mientras prepara su metralleta, previniendo que en la zona existen varias narcopistas y por la riqueza maderera, en el lugar operan bandas de talamontes clandestinos.
Bernalejo es una pequeña comunidad de poco más de 5 mil hectáreas de bosque que forma parte, junto con otros poblados, del municipio de Valparaíso, Zacatecas. En el lugar en que hasta hace un año y medio vivían las 64 familias de ejidatarios, hoy habitan dos mil tepehuanos aproximadamente.
El ambiente que se percibe en el lugar es de desolación. Sus pobladores, gente de rostro inexpresivo, son parte de la comunidad de Santa María Ocotlán y Xoconoxtle, del municipio de Mezquital, Durango. Son tímidos, huidizos, esconden sus rostros debajo de sus serranos (sombreros), aceleran la marcha cuando se les acerca un extraño y para no dar información contestan en su dialecto, a pesar de que la mayoría habla español.
Después de los acontecimientos violentos que se suscitaron en el lugar hace más de un año, los dos grupos involucrados, tanto los tepehuanos como los ejidatarios zecatecanos, viven los estragos del conflicto.
Por un lado los tepehuanos han sido olvidados por los gobiernos federal y estatal, en tanto que los ejidatarios tuvieron que dejar su lugar de origen y dejar atrás sus tierras, sus tradiciones y a sus muertos.
Hoy en día, la situación de los tepehuanos es incierta: “No sabemos que va a pasar, no nos han dado los papeles de nuestras tierras y desde que se acabó el conflicto no ha venido nadie a preguntarnos cómo estamos o qué necesitamos, sólo vinieron los políticos a hacer su campaña pero después no regresan”, dice Guadalupe, mientras pela una de las manzanas que crecen en su huerto.
Los ejidatarios por su parte han denunciado diversas irregularidades en la entrega de los 50 millones de pesos por la indemnización de sus tierras. Actualmente 15 de los 64 ejidatarios presentaron denuncias en Fresnillo, Zacatecas, acusando que los cheques de su indemnización fueron cobrados por personas ajenas por un monto de 2 millones de pesos.
A pesar del dinero que recibieron, la mayoría vive como refugiados en comunidades cercanas como Huejuquilla, Jalisco o Valparaíso, Zacatecas. Una buena parte emigró a los Estados Unidos, perdiendo la identidad que tenían como comunidad.
Paradójicamente, a pesar de vivir en un paraíso natural, los tepehuanos viven en condiciones precarias. Los hombres se dedican a sembrar en el poco terreno fértil que hay en el bosque y las mujeres a cuidar a sus numerosos hijos. Viven en pequeñas casas de madera soportadas sobre gruesas vigas para evitar las inundaciones.
Se alimentan principalmente de maíz, algunas verduras, frutas y en algunas ocasiones la carne de algún cerdo, algún borrego y una que otra ardilla.
Como en otras comunidades de Zacatecas, Bernalejo padece la ausencia de muchos hombres que hacen el viaje hasta Estados Unidos. “Aquí no hay mucho que hacer, apenas vamos a levantar la primera cosecha y no sabemos como nos vaya a ir”, dice Santos Cervantes, un hombre de 35 años que aparenta cincuenta.
Estas condiciones han provocado que algunos habitantes del lugar trabajen para las bandas de talamontes clandestinos y en algunas ocasiones ayuden en la siembra de marihuana. Situación que según especialistas y autoridades de Zacatecas pudieran haber sido el verdadero origen del problema en Bernalejo. “Los tepehuanos fueron utilizados para otros fines, el principal fue apropiarse de estas tierras ricas en madera”, dice Jorge Acuña, funcionario zacatecano que ha estado cerca del conflicto y quien vivió tres meses en la zona.
A unos cuantos pasos de la escuela comunitaria en donde el presidente Fox aseguró hace poco más de un año que el asunto en Bernalejo estaba resuelto y que el gobierno federal velaría por el bienestar de los tepehuanos, varias mujeres expresan que no han tenido la ayuda prometida.
“Nuestros hombres se han tenido que ir al otro lado (Estados Unidos) o algunos andan en Zacatecas, mi hijo anda de soldado y va a venir hasta noviembre”, dice al momento de mirar obsesivamente el horizonte. Respecto a si están conformes con las condiciones en las que viven después de que ganaron la lucha por las tierras, otra mujer que se cubre el rostro se encoge en hombros, contesta tímidamente: “creo que sí”.
Herida estatal
En diversas ocasiones, Ricardo Monreal Ávila, gobernador constitucional de Zacatecas ha externado que el gobierno federal resolvió el problema sin un sustento jurídico y ha calificado como un “acto de simulación” la entrega de Bernalejo de la Sierra a indígenas tepehuanos por parte del Presidente Vicente Fox. También ha señalado que “no cederá ni un ápice” en la defensa del territorio zacatecano tras señalar que el asunto aun tiene aristas jurídicas que no han concluido.
El gobernador ha responsabilizado en diversos foros a los secretarios de Gobernación y de la Reforma Agraria, Santiago Creel Miranda y Florencio Salazar Adame, de los acontecimientos de violencia que se puedan derivar y ha vaticinado que los problemas continuarán entre comuneros tepehuanos y ejidatarios de otras regiones por la posesión de las tierras.
Entrevistado en su oficina del Palacio de Gobierno, Ricardo Monreal señala que la forma en como se solucionó el problema en Bernalejo es un duro golpe para el estado de derecho en el país y puntualizó que el problema social no se resuelve con dinero.
Monreal señala que si bien la postura que adoptó durante el conflicto fue la prudencia, “el gobierno del Estado no avaló, ni avalará, la compra de las tierras”.
“No obstante que los ejidatarios recibieron una indemnización nosotros no hemos avalado esa situación y ojalá se mantenga la calma en esa zona. Yo dudo que con el tiempo no se genere violencia, porque no está resuelto del todo el problema”, dice.
Monreal deja en claro que hubo irregularidades en las negociaciones que llevó a cabo el gobierno federal, porque se privilegió a los intereses políticos por encima de los sociales. “No hubo un sustento jurídico porque la resolución del Tribunal Unitario Agrario que decretó nulo el decreto expropiatorio de 1936 no fue respetada, así como la propiedad de los ejidatarios de Bernalejo. Esto es un duro golpe al estado de derecho en el país”, señala el gobernador de Zacatecas.
Carlos Pinto, presidente del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en Zacatecas, y quien durante el conflicto fue el presidente de la Comisión Especial para el Caso Bernalejo, hace un balance de la situación: “Es una de las grandes injusticias, es un caso en donde el manejo político se privilegió sobre el marco jurídico”.
Para el líder del PRD en la entidad el decreto expropiatorio fue ilegal porque nunca se probó que las tierras estuvieran ocupadas por los comuneros como lo señala la Ley Agraria de Expropiación de Ejidos.
“Nunca se demostró que los tepehuanos necesitaran esas tierras pues al contrario ellos cuentan con más de 300 mil hectáreas y los ejidatarios tenían 5 mil. Se prefirió afectar a 64 familias que a los 18 mil tepehuanos y a los ejidatarios no les quedó de otra que aceptar la indemnización, pues vivían en condiciones atroces, aislados y olvidados. Este fue un caso que se quiso resolver con un falso indigenismo, y aquí los dos eran sectores débiles y no se respetaron las resoluciones.
“El conflicto sigue siendo un foco rojo aunque no lo reconozca así el gobierno federal, porque ellos piensan que resolvieron el problema negociando para que se acabaran los enfrentamientos, pero ahí no había un enfrentamiento, pues 64 familias no pueden enfrentarse a 18 mil personas. Y hay que decirlo con toda claridad, el gobierno federal se alió con el de Durango para cometer una injusticia de subordinar la ley y la justicia a negociaciones políticas y se dio una solución por la puerta falsa. Bernalejo deja la lección de que se puede imponer la fuerza sobre la Ley”, dice el líder del PRD en Zacatecas.
Continúa la ofensiva
Aunque el conflicto en Bernalejo entre los comuneros tepehuanos y los ejidatarios zacatecanos se “resolvió” hace meses, como lo señala la versión oficial de Florencio Salazar Adame, secretario de la Reforma Agraria y de Xóchitl Gálvez Ruiz, directora general de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, la lucha por la tierra continúa.
Pequeños propietarios de Huejuquilla, Jalisco y de Valparaíso, Zacatecas, se encuentran preocupados porque en los últimos meses han sido amenazados por los tepehuanos a través de cartas para que abandonen sus tierras.
El problema es que a pesar de que los tepehuanos cuentan con más de 300 mil hectáreas, ellos piden otras cien mil para completar las 421 mil que les otorgó un decreto presidencial de 1936.
Los pequeños propietarios están preocupados de que estás amenazas sean el inicio de un conflicto como el de Bernalejo, pues recuerdan que así fue como comenzaron las hostilidades en el lugar y temen que se puedan presentar las mismas irregularidades jurídicas con las que se resolvió el problema. Los pequeños propietarios de Huejuquilla han pedido la intervención de la Procuraduría General de justicia de Zacatecas.
Jorge Alberto Pérez Pinto, procurador general de justicia de Zacatecas, señala que ha recibido denuncias de incursiones relámpago por parte de los tepehuanos en los que se llevan a los animales y se van rumbo a tierras de Durango. “Entonces efectivamente, es una calma tensa la que hay en el lugar, todavía no sabemos en que puede parar esa situación por la actitud del pueblo tepehuano”, dice el procurador.
Pérez Pinto señala que el conflicto en Bernalejo no se puede dar por terminado cuando los tepehuanos han manifestado por escrito que su intención es seguir avanzando hacia otros territorios. “Así fue como lo hicieron con los ejidatarios de Zacatecas, entonces no podemos decir que es un conflicto concluido”.
Hasta el momento, la procuraduría está integrando las averiguaciones previas respecto a las amenazas y mantiene vigilancia constante en la zona.
El mensaje
En lo profundo del bosque en Bernalejo, Santos Caldera, uno de los líderes morales y uno de los hombres más respetados por los tepehuanos, asegura que la lucha por las tierras no ha terminado. El líder señala que la posición de los tepehuanos es seguir exigiendo hasta las últimas consecuencias lo que les corresponde.
“La gente está creciendo y pues a lo mejor dicen que es mucho terreno el que tenemos pero al último no vamos a caber ni parados y no tenemos mucho terreno para la agricultura. El conflicto no está concluido, el presidente nos dijo que estos terrenos (Bernalejo), eran una parte, pero yo creo que quiso decir que falta lo demás (100 mil hectáreas aproximadamente), ahora el problema es con los pequeños propietarios de Huejuquilla”.
De no darles las tierras que piden, Caldera sentencia que hay posibilidades de que se vuelva a encender el conflicto “porque la gente se está civilizando (estudiando) y ya está viendo cómo alcanzar los objetivos; nosotros los viejos a lo mejor ya no lo vemos, pero en el futuro la gente va a seguir luchando”.
Dada la tensión que se vive en la zona y la determinación de los tepehuanos, la pregunta es cuánto durará la calma. Santos Caldera tiene una respuesta: “No lo se, aunque ya se habla de llevar a cabo acciones para presionar por las tierras que nos faltan, porque Bernalejo no es un león que duerme, es un león alerta”