Oventic, Chiapas.- Los zapatistas están de fiesta, dicen emocionados los indígenas tzotziles de la región de Los Altos. Es el primer aniversario de los municipios autónomos y de las Juntas de Buen Gobierno (agosto); es el festejo de la resistencia con baile y corazón.
Este es el otro Chiapas, el incómodo, el de la alta marginación exhibida, el de la revuelta social. Sólo “aquí manda el pueblo y el gobierno obedece”, como dicen los carteles zapatistas a las afueras de Oventic.
Una hora con 45 minutos separan a este caracol -Corazón Céntrico de los Zapatistas Delante del Mundo- de San Cristóbal de las Casas. Para llegar aquí se toma la carretera que lleva a Simojovel. El acceso no es complicado porque en Chiapas hay suficientes caminos abiertos por el Ejército para desplazar a sus tropas y “evitar revueltas sociales”.
Aunque las casas están construidas con los mismos materiales que las de las comunidades no zapatistas, madera y lámina en su mayoría, no son iguales. El folclor rebelde las identifica desde lejos con sus estrellas rojas, siglas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), rostros indígenas descubiertos y cubiertos con pasamontañas y flores de distinto color.
“La ‘ikme ja cotolikta jun puy ‘ta tzeikel rocolil xchiuc jtoybailtic sventa slekilal sjunul Balumil” (Bienvenidos al Caracol Resistencia y Rebeldía por la Humanidad), dice un letrero en tzotzil que cuelga del portón de malla ciclónica.
En Oventic, el visitante debe aguardar en un comedor un par de horas para hablar con la Comisión de Recepción, asignada por la Junta de Buen Gobierno. No importa la procedencia, todos esperan igual. Credenciales y pasaportes son entregados a un zapatista que se encarga de controlar el acceso.
“Nosotros somos la Comisión Receptora y estamos aquí para dar la bienvenida”, dice una mujer zapatista oculta en el pasamontañas, acompañada por otros cuatro. “Aquí recibimos a personas de México y de todos los países. Sean bienvenidos, tienen ustedes la palabra”.
Todo lo que aquí se habla queda registrado en las bitácoras de la Comisión, que también se encarga de recibir donativos en efectivo y en especie. Oventic cuenta con luz, agua, escuela y clínica, pese a que no recibe un solo centavo del gobierno federal, o precisamente por eso.
“En las comunidades zapatistas existen más de 40 clínicas que por la vía pacífica jamás hubiera construido el gobierno. Los pueblos las han ido construyendo para atender su salud. También hay más de 500 escuelas autónomas que el gobierno no hubiera hecho”, dice Onésimo Hidalgo, miembro del Centro de Investigaciones Económicas y Políticas de Acción Comunitaria (CIEPAC).
Autonomía y hostigamiento
El autogobierno zapatista no se rige a ciegas, tiene su filosofía resumida en la siguiente frase: “para todos todo, nada para nosotros”. El investigador Onésimo Hidalgo explica que “se trata de un gobierno paralelo que tiene territorio, estructuras, organización, proyectos, su propia manera de ver la vida; este gobierno está caminando pese a que enfrenta muchos problemas como la paramilitarización”.
En Chiapas existen cinco Caracoles y cada uno de ellos cuenta con su Junta del Buen Gobierno. Aquí, los indígenas ejercen abiertamente su autonomía, pese a que no ha sido reconocida por las leyes mexicanas, ni se han cumplido los Acuerdos de San Andrés (firmados por el gobierno federal el 16 de febrero de 1996).
“Es importante que la autonomía se reconozca porque los pueblos indígenas tienen diferentes formas de gobernarse, que no necesariamente tienen que ver con la vida de los partidos políticos, sino con los usos, costumbres y formas de organización de las comunidades”, dice el investigador.
Con la llegada de los Consejos Autónomos, el EZLN cambió los patrones militares por la organización civil, asegura Hidalgo. Agrega que en Chiapas existen dos gobiernos: el constitucional y el del EZLN con sus bases sociales organizadas. Ésta última, dice, “es una manera de transitar hacia nuevas formas de hacer política”.
Pero el autogobierno zapatista disgusta. En la región de los Altos y en la Selva Lacandona aumenta el hostigamiento militar. A escasos kilómetros de las comunidades de Oventic, Polhó y Acteal se encuentran las bases militares que también recurren a los letreros para advertir su presencia: “En Chiapas, el Ejército Mexicano es tu amigo”, se lee.
Susana Montes, coordinadora de justicia del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, dice que a partir de la creación de los Caracoles se observa mayor movilidad del Ejército.
Pero, añade “ésta no es la única presión que soportan los indígenas. Ahora se está reactivando la presencia de los paramilitares y hay mayores violaciones por parte de policías municipales, estatales e incluso de la Agencia Estatal de Investigaciones”.
En la zona norte de Chiapas y en la región de Los Altos se concentran los grupos paramilitares. Tila, Chilón, Sabanilla, Salto del Agua, San José Chabán, Chenalhó, Acteal, Oventic, Polhó, San Andrés Larráinzar, El Bosque y Simojovel, son las comunidades más afectadas.
Estrategia Militar
En el gobierno de Vicente Fox, la publicitada desactivación de 53 posiciones militares fijas en el estado, forma parte de una estrategia militar encubierta, pues la desaparición de estos retenes ha implicado la creación de sesenta posiciones intermitentes.
“Los puntos estratégicos ya no existen, los puestos permanentes en los cruces de carretera con las llamadas bases de operaciones mixtas, se han desactivado; pero ahora no solamente se ponen en los cruces de carretera, sino que se ponen donde quieren”, asegura el investigador.
Onésimo Hidalgo acusa que los militares están haciendo un trabajo de investigación y de inteligencia militar que viola los derechos humanos. “Se meten a las comunidades, levantan listas de quiénes son zapatistas y quiénes no, incluso preguntan la religión a la que pertenecen. Es un trabajo más minucioso, más fino”.
En el territorio chiapaneco los cinturones militares persisten. Entre Palenque, Benemérito de la Américas, Maravilla Tenejapa y Comitán hay 15 posiciones militares. En Ciudad Cuauhtémoc, Mazapa de Madero, Motocintla y Tapachula existe otro tanto.
El estado cuenta con 29 retenes militares; más de 215 posiciones fijas y 60 posiciones intermitentes. Para Onésimo Hidalgo “la desactivación de los retenes es una cortina de humo; pues por un lado quitan 53 pero por el otro ponen 60. Lo único que cambia es la forma de operar; ahora el actuar del Ejército es más inteligente, menos perceptible”, dice.
No obstante, en Oventic hay libertad. “Está usted en territorio zapatista en rebeldía. Aquí manda el pueblo y el gobierno obedece”.
Las Juntas de Buen Gobierno
l Junta de Buen Gobierno “Hacia la Esperanza”: agrupa a los municipios autónomos de General Emiliano Zapata, San Pedro de Michoacán, Libertad de los Pueblos Mayas y Tierra y Libertad, en la región de Montes Azules.
l Junta de Buen Gobierno “Corazón del Arcoiris de la Esperanza”, agrupa a los municipios autónomos de 17 de Noviembre, Primero de Enero, Ernesto Ché Guevara, Olga Isabel, Lucio Cabañas, Miguel Hidalgo y Vicente Guerrero.
l Junta de Buen Gobierno “El Camino del Futuro”, agrupa a los municipios autónomos de Francisco Gómez, San Manuel, Francisco Villa y Ricardo Flores Magón.
l Junta de Buen Gobierno “Nueva Semilla que va a Producir”, agrupa a los municipios autónomos de Vicente Guerrero, Del Trabajo, La Montaña, San José en Rebeldía, La Paz, Benito Juárez y Francisco Villa.
l Junta de Buen Gobierno “Corazón Céntrico de los Zapatistas Delante del Mundo”, agrupa a los municipios autónomos de San Andrés Sakamchén de los Pobres, San Juan de la Libertad, San Pedro Polhó, Santa Catarina, Magdalena de la Paz, 16 de Febrero y San Juan Apóstol Cancuc.