Lejos de solucionar la problemática de pobreza y marginación que viven las etnias en el país, la política foxista sólo la intensifica. Las posibilidades de un estallido indígena se multiplican a lo largo del territorio nacional, mientras el gobierno federal ni siquiera ha entendido las demandas de los pueblos indios.
De acuerdo con el sociólogo y antropólogo social Héctor Díaz Polanco, los problemas que aquejan a los pueblos originarios del país se resolverán “sólo si se va al fondo del asunto, que es la autonomía para las comunidades indígenas”.
Los problemas agrarios y de carácter económico y social, que tienen que ver con la falta de servicios y pobreza que padecen los indígenas, deben resolverse políticamente y no con despensas en las comunidades.
A decir del investigador del Centro de Investigaciones y Estudios en Antropología Social (CIESAS), “cualquier intento que pretenda desarticular los problemas indígenas, supuestamente a partir del campo económico, del desarrollo de la comunidad y de atender los problemas agrarios sin partir como precondición la solución del problema político, está condenado al fracaso.
“Para resolverlos se necesita un marco jurídico-político que ataque el problema básico, que es el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas bajo un régimen de autonomía.”
El especialista en etnias y autonomía rechaza que la reforma realizada en 2001 sobre derechos y cultura indígena, impulsada por el gobierno de Vicente Fox, resuelva “la condición de subordinación que han padecido los pueblos indios.
“Quieren evadir el problema de la autonomía y buscan la solución por el lado de la redistribución de la riqueza, con la agravante de que, en el caso del gobierno foxista tampoco es cierto que esté realizando un proyecto a fondo y serio de redistribución.
“Esta es la razón por la cual la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (que encabeza Xóchitl Gálvez) ve un ‘foco rojo' donde hay un conflicto agrario y no lo ve donde hay un municipio reclamando autonomía, como el caso de Xochistlahuaca, Guerrero o Tlalnepantla, Morelos, donde hay problemas realmente graves.”
Incluso la situación de los indígenas en el país “es peor que la de antes a 1994, porque la insurrección zapatista levantó expectativas de autonomía que traerían mejoras de carácter económico, político y social para los pueblos indios”.
Sobre la apreciación de Xóchitl Gálvez de que los indígenas no quieren autonomía y sólo saben de ella por lo que han escuchado del EZLN y el subcomandante Marcos, el autor de La rebelión zapatista y la autonomía dice que “es un horror, porque entonces no hay posibilidad de resolver el conflicto, pues los gobernantes no tienen conocimiento exacto de la raíz de la problemática indígena.”