El proyecto de nación que planteó el presidente Vicente Fox al inicio del sexenio fracasó y su gabinete presidencial se vino a pique en un desesperado intento por sacarlo adelante. Parte de ese fracaso, coinciden analistas consultados, es atribuible a que las condiciones políticas cambiaron radicalmente en el país a raíz de la derrota del sistema priista y que el gabinete del presidente Fox no estaba preparado para ese cambio de rumbo, no obstante que su propuesta discursiva era precisamente un cambio radical en la conducción política.
“Creo que el proyecto se acabó; se agotó muy pronto y el país se quedó en la búsqueda de un nuevo rumbo y el gabinete de Vicente Fox nunca supo entender cuál era ese nuevo rumbo”, expresa Valeriano Ramírez, politólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
“El gabinete de Vicente Fox no estaba preparado para ese cambio y estaba trabajando en la lógica de un proyecto original”, reflexiona Ramírez y arguye que de ahí derivan las primeras deficiencias del gabinete.
Y es que Vicente Fox, en la práctica, dice el catedrático de la UNAM, sigue apostándole al viejo proyecto de nación del antiguo régimen. “El proyecto con el que está casado el actual gobierno ya fracasó y demostró que no es viable”, señala el politólogo y augura que el presidente va a multiplicar los problemas que tiene actualmente. “Ningún funcionario va a resolver los problemas que no han resuelto en cuatro años”.
Otro de los aspectos que motivó el fracaso del gabinete presidencial, fue la conformación de un equipo con diferencias insalvables, rememora Carlos Casillas, politólogo y catedrático de ciencia política en la Universidad Iberoamericana. “Nunca entendí qué hacía Jorge Castañeda (ex secretario de Relaciones Exteriores) junto a un personaje como Carlos Abascal (secretario del Trabajo), con historias políticas diametralmente opuestas en términos ideológicos”.
Para el politólogo Javier Oliva, profesor de la UNAM y experto en política interior, hablar de una crisis en el gabinete presidencial es un error de apreciación. “Yo no puedo decir que haya crisis porque no ha habido un momento de normalidad o de funcionalidad”, dice irónico.
Independientemente de las opiniones de los analistas en torno al fracaso de los integrantes del equipo del presidente Fox, el caos al interior del gabinete es manifiesto y tiene ingredientes de rencillas personales, contrastes ideológicos y de ineficacia en la conducción política.
A lo largo de estos cuatro años estos elementos han derivado en renuncias y movimientos que han obstaculizado la consolidación de un nuevo régimen. “Hemos vivido un fenómeno a lo largo de cuatro años, que es una suerte de esquizofrenia colectiva en donde los secretarios actúan casi todos en tonos diferentes y de pronto el secretario de Hacienda va a la Cámara de Diputados y defiende el proyecto de presupuesto y la propuesta fiscal del presidente de la República y el secretario de Gobernación lo desacredita”, dice Carlos Casillas.
Los pleitos entre Adolfo Aguilar Zínser y el secretario de Gobernación, Santiago Creel, desde el inicio del sexenio por la conducción de la política de seguridad nacional, generó la renuncia del primero al recién creado y efímero Consejo de Seguridad Nacional en enero de 2002. Aguilar Zínser se refugió en la embajada de México ante la ONU, cargo al que renunció en noviembre de 2003 por diferencias con el presidente de la República.
Jorge Castañeda se fue de la Secretaría de Relaciones Exteriores por el fracaso en la política migratoria en enero de 2003 y asumió su cargo el entonces secretario de Economía Luis Ernesto Derbéz, quien a su vez fue sustituido por Fernando Canales Clariond.
Francisco Barrio, que fungía como secretario de la Contraloría abandonó la dependencia en abril de 2003 ante los escasos resultados en la lucha anticorrupción. Barrio había tenido diferencias con el secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz. Actualmente la dependencia, que cambió de nombre a Secretaría de la Función Pública, está a cargo de Eduardo Romero, un funcionario de bajo perfil que ha resistido en el cargo no obstante las diferencias con el secretario de Hacienda.
Felipe Calderón Hinojosa, que se incorporó a la titularidad de la Secretaría de Energía para cubrir la vacante de Ernesto Martens ante el fracaso de sacar adelante la reforma eléctrica, renunció a su cargo en mayo de 2004 por diferencias con el presidente Vicente Fox.
Algunos movimientos en el primer círculo del poder presidencial se han presentado envueltos en el escándalo, como el caso de la renuncia del secretario particular del presidente, Alfonso Durazo, quien renunció al cargo denunciando la complacencia ante las aspiraciones presidenciales de Marta Sahagún.
Otro de los fracasos que marcaron el sexenio fue la participación de algunas mujeres que se incorporaron con responsabilidades de alto nivel, como Leticia Navarro en la Secretaría de Turismo, que renunció en julio de 2003, dejando el cargo a Rodolfo Elizondo, o el caso de María Teresa Herrera Tello, que renunció en abril de 2003 a la titularidad de la Secretaría de la Reforma Agraria, dejando como herencia un caos en los problemas agrarios del país. Herrera Tello fue sustituida por Florencio Salazar Adame.
Para el politólogo Carlos Casillas, una de las lecciones que deja la conformación del gabinete de Fox, es que el experimento de las coordinaciones fue un rotundo fracaso. “Duplicar funciones, establecer jerarquías intermedias entre las dependencias y el Ejecutivo, terminó por entorpecer en muchos sentidos el trabajo del presidente”.
El fracaso de las coordinaciones se ejemplificó con la renuncia de José Sarukhán a la Comisión para el Desarrollo Social y Humano de la Presidencia de la República en enero de 2002, al no ser relevado por otro funcionario. El mensaje fue que no era necesaria la coordinación
Otra de las renuncias que causaron sospecha por los motivos que se argumentaron, fue la del secretario de Seguridad Pública, Alejandro Gertz Manero, que fue sustituido por Ramón Martín Huerta. Gertz Manero argumentó una jubilación en el marco de una denuncia pública de la PGR en el sentido de que se preparaba un operativo para rescatar de la cárcel a los jefes de los cárteles del Golfo y de Tijuana de la cárcel de la Palma que está bajo la jurisdicción de la SSP.
Sobre el caos que se ha manifestado en el interior del gabinete, Carlos Casillas asegura que es un problema de orden. “Ha faltado orden, ha faltado disciplina y ha faltado coherencia en la conducción política”.
“El gabinete va a entregar muy malas cuentas; en materia legislativa no se hicieron las reformas necesarias que el presidente buscaba para la realización de su proyecto; en materia de trabajo tenemos un desplome del empleo y los grandes conflictos internos no se han resuelto”, reflexiona Valeriano Ramírez en el marco del cuarto Informe de Gobierno del presidente Fox.
Los analistas coinciden en señalar al secretario de Gobernación, Santiago Creel, como uno de los elementos causantes del caos y el desorden en el gabinete presidencial. “En el pésimo desempeño del gabinete, Gobernación ha tenido mucho que ver; creo que sí son atribuibles a Gobernación parte de los hierros que ha tenido el gabinete”, afirma Carlos Casillas.
“Santiago Creel –dice Valeriano Ramírez– era el único que en un principio estaba resolviendo y jugaba un papel importante de conciliación con los diferentes sectores, por eso en muchos sentidos se le vio como el candidato natural en la sucesión presidencial, sin embargo se quedó sin margen de negociación, lo cual creó más conflictos que los que quería resolver; generó expectativas que no tenía cómo respaldarlas.”
“La función del secretario de Gobernación es buscar la conciliación en las fuerzas internas del país para mantener el equilibrio, pero perdió la capacidad de resolver las cosas. Ya nadie quiere hablar con él porque no sirve de nada cuando no hay voluntad ni resolución a los grandes problemas que enfrenta el país”, afirma el politólogo Ramírez.
El secretario de Gobernación ha reflejado una gran soledad, dice Javier Oliva. “Me parece que quienes fungen como subsecretarios no lo han arropado ni han trabajado de manera articulada”. El analista político asegura que le ocurre lo mismo que al presidente con sus secretarios de Estado.
Oliva sostiene que las reglas cambiaron y que todavía no se han logrado establecer las nuevas reglas de conducción política. “Ahora tenemos actores políticos diferentes, una sociedad diferente y la capacidad que pueda tener la Secretaría de Gobernación en estas circunstancias se ve disminuida porque en lugar de asumir esa transformación, se actúa de manera reactiva”.
Los analistas políticos sostienen que otro de los ingredientes que ha contribuido para la crisis del gabinete es que el propio presidente ha dado por hecho que el sexenio ya se acabó y reflexionan sobre el riesgo de una larga campaña política rumbo a las elecciones de 2006.
“A mí me sorprendió una declaración del presidente de la República –dice Carlos Casillas– en donde decía algo así como ‘en los próximos días daré mi quinto informe de gobierno'; es decir, el presidente de pronto pierde la dimensión de dónde está parado y se le ocurre que nada más le falta un año para terminar. Está dando por descontado que se pueden obtener logros en el tiempo que falta y esto es peligroso. Si lo que queda ya no son tareas de gobierno, lo único que podemos esperar es una larguísima campaña electoral”.
Y en el marco de una sucesión atípica, dice Oliva, se irá agudizando la situación política. “Vamos a ser testigos de un proceso de sucesión presidencial complicado”. En este contexto, concluyen los analistas, la gran lección del sexenio es el gabinete presidencial. “El gabinete de Vicente Fox nunca entendió el nuevo rumbo del país y fracasó”, sentencia Valeriano Ramírez.
FRASES
Los analistas coinciden en señalar al secretario de Gobernación, Santiago Creel, como uno de los elementos causantes del caos y el desorden en el gabinete presidencial.
“En el pésimo desempeño del gabinete, Gobernación ha tenido mucho que ver; creo que sí son atribuibles a Gobernación parte de los hierros que ha tenido el gabinete”
Carlos Casillas, politólogo de la Universidad Iberoamericana
“Santiago Creel era el único que en un principio estaba resolviendo y jugaba un papel importante de conciliación con los diferentes sectores, por eso en muchos sentidos se le vio como el candidato natural en la sucesión presidencial, sin embargo se quedó sin margen de negociación, lo cual creó más conflictos que los que quería resolver”
Valeriano Ramírez, politólogo de laUniversidad Nacional Autónoma de México