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Los últimos hombres de Madera
David Cilia Olmos

Obsesión del director de la DFS, el exterminio de los distribuidores de la publicación fue la tónica en 1981
   
 
 
 
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En el último año de Miguel Nazar Haro al frente de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) desapareció a 14 militantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre y dos del Movimiento de Acción Revolucionaria, a los que personalmente interrogó. También orquestó la ejecución extrajudicial del dirigente histórico de la Brigada Roja de la Liga, Miguel Ángel Barraza García, y dos de sus fundadores: Jesús Manuel Arana Murillo y el Güero Grijalva.

El año de 1981 empezó bien para él. Cual atrasado regalo de reyes, los agentes de la DFS sembrados en la UNAM desde un año antes, por fin dieron resultado. El 22 de enero, en los baños de la Facultad de Economía, descubrieron a un repartidor del periódico Madera, órgano central de la Liga editado por la Brigada Roja.

Aunque el Estado mexicano oficialmente había liquidado a esa organización desde 1977, lo cierto es que eliminar a sus integrantes era la obsesión del presidente José López Portillo, y a pesar de que ya no irrumpían en las instalaciones bancarias del país gritando “esta es una expropiación revolucionaria”, su presencia política era indiscutible en la mayoría de movimientos del momento.

Usando todos los medios clandestinos de comunicación, la Liga tenía presencia en el movimiento magisterial con su Comité de Lucha y el movimiento campesino e indígena de Puebla.

Su posición política se reproducía lo mismo en Sonora y Sinaloa con Barricada, órgano del Comité Estudiantil Comunista, que en la ciudad de México con el periódico 13 de Junio, del Comité Comunista Estudiantil o en maquiladoras de Nogales y la región carbonífera de Coahuila.

En ese período, además de su presencia mediática, los integrantes de la Liga dirigían los principales movimientos reivindicativos. A sus militantes ya no se les localizaba por asaltos bancarios u otras acciones de expropiación, su profesionalismo frustraba los empeños de la DFS.

Entonces Nazar apostó a perseguir la principal actividad de la Liga: su propaganda, particularmente la distribución de Madera con más de 6 años de circular mensualmente y más de 50 números.

El acoso le había dado frutos ocho meses antes al detener a Eladio Torres Flores en la zona obrera de Naucalpan, que se tradujo en la desaparición de otros 3 militantes de la Liga y la ejecución de dos más: Gonzalo Liljehut Pérez “Gabino” y Rosalinda Hernández Vargas “Tere”.

Así, “todo el peso del Estado” y en particular la DFS, esperaban el número 56 de Madera que aparecería la segunda quincena de enero de 1981.

El 22 de enero no era un día más. La tarde de ese miércoles habría una manifestación de apoyo a la revolución salvadoreña. La solidaridad de la parte sensible de la sociedad mexicana veía en la ofensiva del 10 de enero la posibilidad de que terminara la masacre inmisericorde en esa nación y el triunfo de la ofensiva revolucionaria.

Jesús Manuel Arana Murillo salió de un baño de la Facultad de Economía, en donde estudiaba, y pese a su cautela no se percató de la vigilancia especial de la DFS. Salió de la facultad y caminó hacia la salida de Ciudad Universitaria por la calle de Odontología, ahí se vería con “Fernando” y su hermano Marco Antonio Arana Murillo.

Llegó al lugar, un jardín, y encontró a “Fernando”, a su hermano y a otro miembro de la Liga, compañero de Marco Antonio. Ya se separaban cuando los agentes de la DFS se acercaron con las armas en mano intentando detenerlos.

“Fernando” sacó la pistola de su espalda y Jesús Manuel de las botas norteñas que solía usar. Los agentes dispararon e inició la balacera. Jesús Manuel dijo a su hermano de escasos 18 años que huyera con su compañero mientras protegía su retirada. Ambos se retiraron pensando que Jesús y “Fernando” lograron escapar.

Pero no fue así. Los agentes de la DFS avisaron a Nazar y éste envió de inmediato a sus fuerzas disponibles y masacraron a los dos jóvenes sin darles opción a rendirse.

Sin identificarlos, los trasladaron al Campo Militar número uno al área bajo resguardo de la sección segunda del Estado Mayor Presidencial. Por las heridas de “Fernando” fue torturado, colgado de los pies y dejado caer de cabeza varias ocasiones hasta que el cráneo quedó destrozado.

Nazar excarceló a otros presos de la Liga para que reconocieran los cadáveres. Cuando Marco Antonio Arana verificó que su hermano no acudió a las “permas” (citas preestablecidas ante alguna eventualidad) informó a su familia en Hermosillo, Sonora.

En tanto, la DFS filtró por la Secretaría de Gobernación la versión que todos los medios de comunicación debían dar: “fue un pleito entre porros, unos secuestraron a otros por no se sabía qué pugnas”.

Miguel Nazar identificó por los archivos policíacos el cuerpo de “Fernando” como el de Miguel Ángel Barraza García de 29 años, el hombre más buscado por la DFS, “último dirigente histórico” de la Liga Comunista 23 de Septiembre.

Aunque Jesús Manuel Arana Murillo fue preso político hasta 1978 por ser miembro de la Liga en Sonora, fue liberado de la prisión de la prisión de Hermosillo y su identificación fue posible hasta que su madre se presentó a indagar sobre su paradero.

Nazar Haro hizo que le llevaran a la profesora Consuelo Murillo para interrogarla. Le exigió llevar ante él a sus otros hijos bajo amenaza de muerte. Tras el asesinato de Jesús, Consuelo temía perder a sus otros descendientes, en especial a Marco Antonio Arana Murillo que estudiaba en México.

Marco había sido expulsado con un grupo de la Normal Rural del Quinto en Etchojoa Sonora, por hacer una huelga. Ya había sido identificado como uno de los dos jóvenes que lograron escapar en la balacera del 22 de enero.

Su fracaso al seguir pistas derivadas de la detención de “Fernando” y Jesús Manuel —entre ellas la suscripción a un periódico, que sólo llevó a una casa abandonada por la Liga—, localizar a Marco Antonio Arana fue la obsesión de Nazar. Ordenó intensificar la vigilancia en todos los lugares del país que repartían propaganda de la Liga.

Mientras, el director de la DFS encontró otra pista. La Liga poseía algunos centenarios y ante la urgencia de moneda de curso por el cambio de estructura tras la caída de Barraza y Jesús Manuel, se comisionó al güero Grijalva -otro militante surgido del movimiento normalista-, para intentar cambiarlos.

El güero contactó a un empleado vinculado a un banco y al intentar el intercambio en su casa, en la colonia San Rafael, fue recibido por los hombres de Nazar que lo asesinaron.

No era extraño que actuaran así los agentes de la DFS. Dos años antes, la Asociación de Banqueros había ofrecido de 5 millones de pesos a quienes liquidaran a un militante de la Liga.

Desde el punto de vista “técnico”, eliminar a un militante de la Liga descubierto implicaba menos riesgo que conminarlo a rendirse: los sicarios de la DFS no se arriesgaban y la muerte se atribuir a un tercero. Detenerlos significaba menor recompensa.

En febrero, la Liga publicó el número 57 de Madera y lo distribuyó en el auge del movimiento obrero. La “aniquilada guerrilla” parecía aún con fuerza, estructura y ánimo. La presencia de Madera y la muerte de tres miembros de la Liga puso en duda la eficacia de Nazar en destruir “la subversión”, ya innombrable en los medios y en la política, incluida la izquierda reformista.

López Portillo fortaleció su determinación de que Arturo Durazo Moreno persiguiera a la guerrilla. Concedió impunidad al Grupo Jaguar comandado por Francisco Sahagún Baca, de la Dirección de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia, bajo el mando de Durazo.

Aunque sólo era jefe de la policía local, Durazo llegó a detentar gran poder por el beneplácito que le confirió José López Portillo de ordenar a cualquier autoridad, incluyendo militares, en todo el país.

Con todo el peso del Estado se cebó la gran celada en contra de la Liga Comunista en el país.

 
 
 

 


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