El director general del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), Eduardo Medina Mora, está envuelto en cuestionamientos por sus posibles vínculos con una empresa acusada de traficar con información de inteligencia, además de enfrentar acusaciones internas del personal del Cisen por omisiones, despidos de personal originados por presiones políticas y haber politizado la conducción del aparato de inteligencia en favor del secretario de Gobernación, Santiago Creel.
En su conjunto, todos estos elementos, aunados a la inexperiencia de Medina, han derivado en un desorden interno que aún no trasciende la fortaleza ubicada en el número 35 de Camino Real de Contreras, pero que ha mermado la operatividad de la estructura de inteligencia.
Contrario a lo que pudiera esperarse del director del Cisen, Medina Mora “continúa con su proyecto político”, dice una fuente de la comunidad de inteligencia, y la versión de que despacha en una oficina de la Secretaría de Gobernación en Bucareli –como una de las piezas claves del secretario Santiago Creel en busca de la candidatura panista por la presidencia de la República–, cobra cada vez más fuerza en los pasillos del Cisen.
De acuerdo con información recabada por Contralínea, en el marco de una investigación periodística sobre el desempeño del director del Cisen, Eduardo Medina Mora ha dejado la responsabilidad de la agenda de inteligencia en un operador vinculado con el viejo régimen priísta.
Las riendas del Cisen las tiene el director de Análisis, Rafael Ríos, vinculado con el coordinador de la bancada priísta en la Cámara de Diputados, Emilio Chuayffet.
Vínculos sospechosos
Antes de encabezar el Cisen, Eduardo Medina Mora Icaza era un influyente empresario del Grupo Desc, un corporativo relacionado con los negocios de autopartes, químicos, alimentos e inmobiliarios.
En Grupo Desc conoció al doctor Luis Téllez, un alto ejecutivo que había sido contratado en ese corporativo después de haberse desempeñado como jefe del gabinete y secretario de Energía en el sexenio de Ernesto Zedillo.
Tiempo después, los dos hombres tomaron rumbos diferentes, aunque los vínculos empresariales quedaron intactos. Medina se fue al Cisen y Téllez se instaló en las oficinas en México del Grupo Carlyle, un fondo de inversión catalogado como uno de los más influyentes y poderosos del mundo.
Los intereses de Carlyle son diversos y van desde bienes raíces, industria automotriz, salud y energía hasta intereses en el negocio de la defensa. Carlyle ha abierto la billetera y ha invertido más de 18 mil millones de dólares en 23 fondos en diversas partes del mundo.
De acuerdo con reportes de prensa estadounidenses, Carlyle se había convertido hasta hace dos años en el contratista número once de defensa de los Estados Unidos. El secreto es aparentemente sencillo: el grupo recluta a influyentes ejecutivos y políticos que se han desempeñado en altos cargos para aprovechar las redes de poder y el acceso a la información privilegiada. En este contexto el doctor Téllez embona muy bien.
El Grupo Carlyle es blanco de serias acusaciones en Estados Unidos, en el sentido de que cuenta con información privilegiada que le da ventaja a la hora de hacer negocios. De hecho, la revista estadounidense The Nation, ha asegurado que “es innegable” que el equipo de Carlyle cuenta con “la habilidad de llegar a las redes de gobierno y comercio para recibir inteligencia sobre compañías que se van a vender o reestructurar”.
Carlyle transforma esa información en estrategias de inversión y se apoya en su red de empresarios y políticos vinculados con el poder y la información privilegiada.
Es precisamente este grupo el que abrió hace siete meses una oficina en México y puso al frente a Luis Téllez, el poderoso secretario de Energía y jefe de gabinete en el sexenio de Ernesto Zedillo, y que ocupó un alto cargo ejecutivo en el Grupo Desc.
Téllez llegó a Carlyle por la recomendación de Thomas McLarty, un influyente ex funcionario del gobierno estadounidense que conoció al ex secretario de Energía cuando éste era jefe de gabinete de Zedillo y McLarty se desempeñaba como consejero y jefe del gabinete presidencial de Bill Clinton.
Mac McLarty conocía bien las redes de poder en México y sabía de la influencia que ejercía Luis Téllez en el sexenio pasado.
Hombre de poder, Luis Téllez se las ha arreglado para estar cerca de personajes vinculados con los servicios de inteligencia.
Téllez, de acuerdo con la versión de un ex funcionario del Banco de Comercio Exterior (Bancomext), habría influido al final del sexenio de Zedillo para que Fernando del Villar, ex director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional, se empleara como asesor de Enrique Vilatela, director de Bancomext.
Tiempo después, Téllez vuelve a ser vinculado a un alto funcionario de los servicios de inteligencia: Eduardo Medina Mora, director del Cisen.
Medina Mora y Luis Téllez entablaron contacto en Grupo Desc y, ese vínculo, es objeto de serios cuestionamientos hacia el director del Cisen por su relación con la cabeza del Grupo Carlyle en México, un corporativo acusado de traficar con información de inteligencia.
Para el profesor Guillermo Garduño, investigador de la UAM y conferencista del Centro Superior de Estudios Navales y uno de los especialistas mexicanos en seguridad nacional, los vínculos entre Medina Mora y Luis Téllez no solamente son sospechosos, sino evidentes.
La lógica de esa relación, dice Garduño, tiene su origen en que el nuevo régimen “forma parte del aparato industrial y financiero”. “El actual director del Cisen es hermano del director general del Grupo Financiero Banamex y presidente de la Asociación de Banqueros de México, Manuel Medina Mora”. Esto, dice Garduño, “implica una redefinición de prioridades” en los asuntos de inteligencia.
José Luis Piñeyro, analista y especialista en seguridad nacional, dice que si la relación de Carlyle y el Cisen, a través de Medina Mora y Luis Téllez, es una realidad, “sería una situación grave considerando que el director del Cisen tiene una serie de responsabilidades en el uso de la información”.
Un dato que pudo confirmar Contralínea, es que el hombre clave al que Medina Mora le ha dejado la responsabilidad de la agenda del Cisen es Rafael Ríos, quien está a cargo de la Dirección de Análisis, de donde depende la subdirección de Análisis Económico y donde reúnen información en torno a políticas industriales y comerciales, políticas económicas y mercados financieros.
Al respecto no se pudo conocer la versión de Luis Téllez porque no hubo respuesta a las llamadas del reportero.
Los espías se rebelan
Aunado a las sospechas externas por sus vínculos con empresas poderosas, Eduardo Medina Mora enfrenta también problemas de rebelión interna que han sorprendido en el. Centro de Investigación y Seguridad Nacional.
A finales de 2003, la versión de que un funcionario del Cisen había sido el artífice de un panfleto contra Elba Esther Gordillo –que de acuerdo con los servicios de inteligencia estuvo presente la mano de José Murat–, reveló el grado de división e indiscreción al interior del centro de inteligencia.
Monte Alejandro Rubido García, subdirector de Análisis Estratégico del Cisen y un veterano funcionario de los servicios de inteligencia vinculado a Emilio Chuayffet, fue acusado de ser el responsable de las grabaciones ilegales contra la Secretaria General del PRI y la respuesta del funcionario fue dejar en evidencia la división interna de las elites de la comunidad de inteligencia civil.
Rubido García declaró a la prensa que las acusaciones se debían a una campaña emprendida en su contra que tenía su origen en la elección del secretario general del Cisen, oficina que está vacante desde el arribo de Eduardo Medina Mora.
La lucha interna por ocupar este puesto, clave por sus responsabilidades estratégicas, ha derivado en que Medina Mora la mantenga vacante.
De acuerdo con un documento interno del Cisen, en poder de Contralínea, la Secretaría General se encarga de “propiciar el desarrollo institucional y fortalecer las actividades de coordinación de la institución, tanto a nivel interno como en los diferentes niveles de la administración pública federal, estatal y municipal”.
La influencia del secretario general es manifiesta por sus relaciones institucionales con los integrantes del gabinete presidencial, además, es el encargado de asesorar al director general en torno a las políticas y estrategias orientadas hacia el “funcionamiento del Cisen”.
Alejandro Rubido es un funcionario que gozó de la influencia de la Secretaría de Gobernación, cuando el titular era Emilio Chuayffet, para apoyarlo en el Cisen. A tal grado que le fue creada en la estructura de inteligencia la Secretaría General Adjunta, que ocupó Rubido García en el periodo de Jorge Tello Peón, dice una fuente cercana a ese proceso.
“Tello Peón neutralizó el poder de Rubido y lo hizo su aliado”, comenta un veterano miembro de la comunidad de inteligencia civil. Y es que las labores de la Secretaría General Adjunta, también vacante en el actual sexenio, representaban un área clave para el Cisen. Se encargaba de elaborar y difundir “los productos de inteligencia” en torno a los riesgos externos a la seguridad nacional. Era el enlace con las oficinas del Cisen en el extranjero y con la comunidad de inteligencia internacional.
Pero no solamente el intento de rebelión de Rubido ha provocado desorden y descontento en el Cisen. La información que se ha logrado obtener, es en el sentido de que las críticas hacia Medina Mora están orientadas a cuestionar las vacantes estratégicas y al haber aceptado una considerable reducción de personal.
En julio de 2001, Eduardo Medina Mora informó que el recorte de personal había alcanzado al Cisen y que la nueva administración contaba con 2 mil 700 personas, 300 menos que al inicio del sexenio. El problema, dicen en voz baja en el Cisen, es que en contados casos se ha operado con sigilo y se ha reubicado al personal. Los despidos fueron amparados en la figura de “retiro voluntario”.
Un hecho que no pasó desapercibido en la comunidad de inteligencia del Cisen, y que revela lo que al interior del Centro han calificado como falta de cautela, es el despido de Eduardo Hernández Dighero, ex delegado del Cisen en Chihuahua, por la presión política que provocó el escándalo de espionaje al entonces gobernador Patricio Martínez García.
El ex mandatario estatal denunció en diciembre de 2003 que Eleuterio Martínez Hernández y Félix Vázquez Moreno estaban arraigados en un hotel de la ciudad de Chihuahua por haber instrumentado un operativo de espionaje en su contra. A los espías, originarios de la ciudad de México, se les decomisaron micrófonos, cámaras fotográficas y teléfonos satelitales.
Patricio Martínez reveló que se comunicó con altos funcionarios del gobierno federal y que se alarmaron ante la noticia, y se comprometieron a investigar. Días después, el delegado del Cisen en el estado fue llamado a las oficinas de Magdalena Contreras en la ciudad de México y fue despedido.
Un alto ex funcionario del Cisen, que atestiguó la reacción de los directivos del Centro ante el escándalo de espionaje, revela que el operativo se diseñó desde la Dirección de Investigación y que simplemente falló. El Cisen buscaba la relación de Martínez García y de su procurador de justicia, Jesús “Chito” Solís, con el crimen organizado.
Hacía el interior del Cisen quedó la impresión de que se había abandonado a su suerte a Hernández Dighero, que actualmente labora en un área de investigación de la Gerencia de Seguridad de Petróleos Mexicanos (Pemex).
La lógica con la que actuó el Cisen en el caso Hernández Dighero, no fue la misma con la que se tomaron decisiones en torno al escándalo que se produjo cuando se supo que José Luis Valles López, delegado del Cisen en el Distrito Federal, había participado en una diligencia entre la Procuraduría General de la República y el empresario Carlos Ahumada.
José Luis Valles, quien ya había fungido como director de Contrainteligencia en el Cisen, simplemente fue reubicado en la delegación de Morelos y fue sustituido por Luis Dena Escalera, proveniente de la delegación de Chiapas.
No era la primera vez que Valles López se metía en problemas. Este funcionario fue denunciado en el sexenio de Ernesto Zedillo de haber traicionado a Pedro Aníbal Riera Escalante, un ex miembro de la inteligencia cubana que fue deportado de México a finales de 2000. Alejandro Alegre, entonces director del Cisen, lo desconoció en un principio, pero luego aceptó que era agente del centro de inteligencia. El asunto no pasó de ahí y Valles reapareció en el sexenio de Vicente Fox como subordinado de Eduardo Medina Mora.
El origen del problema
Cuatro años al frente del servicio de inteligencia civil no le han bastado a Eduardo Medina Mora para cumplir con la consigna de limpiar la imagen del Cisen y sacar adelante las reformas legales que le permitan actuar con libertad en las acciones orientadas a cumplir con la agenda de seguridad nacional.
De hecho, dice el investigador Guillermo Garduño, no hay agenda, y las acciones del Cisen obedecen a la coyuntura. “La agenda original ya fue rebasada y el elemento coyuntural ha sido el común denominador en todo este tiempo”.
Garduño asegura que la dinámica en la que está envuelta el Cisen no le permite mostrar eficacia en sus informes y proyecciones de mediano plazo. “La inteligencia básicamente se da en dos términos: información que permita orientar en torno a la toma de decisiones y sobre la anticipación de escenarios; cuando el sistema de información no responde a ese planteamiento, viene un problema extremadamente fuerte, es decir, no funciona el aparato de inteligencia, y entonces no posibilita ni la capacidad de previsión ni la capacidad de servir como base para una toma de decisiones relativamente segura. Ese ha sido el gran obstáculo que hasta el momento ha enfrentado el actual régimen”.
El origen del caos en el que está envuelto el Cisen, dice una fuente de alto nivel de la comunidad de inteligencia, es que “todo mundo hace lo que quiere; no hay rumbo, no hay información para el presidente o al presidente simplemente no le importa”.
“Todos quieren recopilar información, procesarla y analizarla, y esto provoca tensiones entre las diferentes áreas operativas del Cisen”, dice el informante.
De acuerdo con la información obtenida en el marco de la investigación, se pudo confirmar que el hombre clave en el Cisen es Rafael Ríos, un experimentado miembro de la comunidad de inteligencia que ingresó en la década de los ochenta en los servicios secretos y que fue ganando espacios hasta llegar a ocupar la Dirección de Análisis.
Rafael Ríos se convirtió en el depositario de la confianza absoluta de Eduardo Medina Mora, quien habría orientado sus actividades al frente del Cisen a beneficiar con información de inteligencia política a Santiago Creel.
Las versiones de que el Cisen abandonó su principal tarea de proporcionar “productos de inteligencia” para que el presidente de la República tome decisiones y se convirtió en un organismo “para uso político” a favor del secretario de Gobernación, son cada vez más recurrentes incluso entre los integrantes del gabinete presidencial, y al interior del Cisen se asegura que hay seguimientos sistemáticos y espionaje a los principales precandidatos panistas como Carlos Medina Plascencia y Felipe Calderón.
Rafael Ríos, dicen las fuentes, con el aval de Medina Mora, ha hecho mancuerna con Ardelio Vargas, director de Investigación, un veterano funcionario del Cisen que ocupó en el sexenio anterior la Dirección de Contrainteligencia.
Rafael Ríos y Ardelio Vargas son los hombres fuertes de Medina Mora y de ellos depende el desajuste interno, asegura una fuente. “Medina Mora no conoce el funcionamiento del Cisen y como no lo conoce ha dejado que todos operen, dejándole la responsabilidad a Rafael Ríos”.
De acuerdo con esta versión, Ríos y Vargas habrían hecho a un lado al director de Contrainteligencia, el almirante José Luis Figueroa, cercano al ex director del Cisen Wilfrido Robledo.
La información que se obtuvo es en el sentido de que, no obstante que Figueroa cuenta con la confianza de Medina Mora, es un hombre que viene del Estado Mayor Presidencial con “otros métodos para recabar la información y no opera como los civiles”. Este detalle habría provocado desencuentros entre José Luis Figueroa y Rafael Ríos.
La mayor parte de la información que fluye en el Cisen la obtiene la Dirección de Investigación y la procesa la Dirección de Análisis. Esta estructura ha permitido que el almirante José Luis Figueroa sea excluido en planes y operativos y reciba información ya procesada en la Dirección que encabeza Ríos.
Pero Rafael Ríos y Ardelio Vargas “tienen fallas y han generado un caos interno”, coinciden las fuentes consultadas.
Uno de los problemas que se han generado por el desorden interno en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, es que “se ha perdido la memoria institucional de estos cuatro años”. No hay un balance objetivo que permita proyecciones confiables en torno a situaciones estratégicas.
De la investigación se desprende que el Cisen tiene dos prioridades: cooperar con información que sirva para mantener la relación con los servicios de inteligencia extranjeros, sobre todo con los norteamericanos en torno a los asuntos relativos al terrorismo internacional operando en México y proporcionarle información con inteligencia política al secretario de Gobernación, Santiago Creel.
Y el principal operador de Eduardo Medina Mora para cumplir con esta agenda mínima es el veterano director de Análisis, Rafael Ríos, “quien ha propiciado el desorden y los conflictos internos”.