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Matar también periodistas
Álvaro Cepeda

Ciertamente, la inseguridad que se enseñorea del país, no hace distingos. Y es que la degradación de la política y la reducción del Estado, por la vía de gobernar cada vez menos y dejar hasta de cumplir con sus funciones mínimas, son los objetivos del neoliberalismo económico. Todo lo contrario del liberalismo económico, ya que el padre fundador de éste, de las obligaciones que le asignaba al gobernante, dijo que “la de proteger en la medida de lo posible a todo miembro de la sociedad de la injusticia y la opresión de cualquier otro miembro de ella, o sea la de establecer una adecuada administración de la justicia (y de la policía)”, ésta era una de las tres obligaciones insoslayables.
   
 
 
 

Pero Adam Smith pensaba muy diferente del ideólogo del neoliberalismo, Milton Friedman. El nuevo liberalismo o neoliberalismo, aconseja dejar todo al libre juego de las “leyes” del mercado, cuya divisa es: “¡Sálvese el que pueda!”. En nuestro país y más ahora convertido en Foxilandia, la delincuencia le ha tomado la palabra al régimen de la alternancia y ha impuesto el único cambio: que la vida humana de los mexicanos, no es ya un bien protegido. Matar mujeres en Ciudad Juárez, en Sonora, en Tamaulipas y en Sinaloa, es la cosecha de la total impunidad. El homicidio se ha convertido en un deporte, practicado por todas las delincuencias.

Y si todo se inició con la criminalidad gubernativa, cuando las mafias políticas, de Manuel Buendía a la fecha: 1982-2004, abusando y utilizando el poder, pusieron el ejemplo de que se puede matar impunemente; actualmente, privar de la vida a cualquier persona, ha llegado a ser algo sin importancia. Lo que interesa es la disputa por el poder. El que los gobernantes dejen de cumplir con sus obligaciones, ha pasado a ser una cuestión secundaria. Narcos y políticos, con sus sicarios, están llevando hasta sus últimas consecuencias, lo de “el poder es el poder matar”.

Esa narcopolítica ha estado ejecutando a periodistas. El penúltimo fue el de Francisco Javier Ortiz Franco. Lo mataron en Tijuana. El último, el vil asesinato de Francisco Arratia Saldierna, en Ciudad Victoria, Tamaulipas. Lo gravísimo es que durante la administración del priista Tomás Yarrington (y su asesor Eduardo García Puebla, éste siempre tan atento a las actividades de la prensa), han sido asesinados seis periodistas más. En todos los casos ha reinado la impunidad. Matar en Tamaulipas es como matar en Ciudad Juárez y como matar en Tijuana. No importa el sexo, la profesión ni nada. Matar y ya.

El reportero José Reveles, a propósito del último crimen en Tamaulipas escribió: “Con las manos destrozadas a golpes y huellas de ácido en ellas, fue abandonado el cuerpo del periodista Francisco Arratia Saldierna, autor de la columna Portavoz que se publicaba en los periódicos El Regional y El Imparcial de Matamoros, y El Cinco en Ciudad Victoria, entre otros medios” (El Financiero: 2/IX/04). “Arratia –continúa Reveles–, es el segundo periodista ejecutado este año, el 19 de marzo fue muerto de 26 puñaladas Roberto Mora García, director editorial de El Mañana, de Nuevo Laredo, y el sexto victimado durante el gobierno de Tomás Yarrington”.

La narcopolítica, pues, en sustitución de la obligación de todo gobierno de garantizar, preventivamente, al menos, el respeto a la vida humana. Y, cuando privan los homicidios, también al menos encontrar y sancionar a los criminales. Pero no. Los gobernantes lo que hacen es otorgar impunidad. Para poder abusar del poder y saquear los dineros públicos, esos gobernantes han dejado que las delincuencias, haciendo a un lado el imperio de la ley, hagan prevalecer el imperio de la impunidad y el terror criminal, para mantener a la sociedad ocupada en defenderse para sobrevivir y descuiden la vigilancia al gobernante. Matar también periodistas, es parte de ese plan de la narcopolítica. Esto para que la prensa que investiga, critica e informa, deje de hacerlo. La impunidad exige, a su vez, mercado libre, para que el neoliberalismo criminal prospere. Mercado sin policías, sin leyes y sin administración de la justicia.

 

cepedaneri@prodigy.net.mx

 
 
 

 


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