De triunfar en las urnas el “proyecto alternativo de nación” lanzado a los cuatro vientos desde el Zócalo capitalino por el “rayito de esperanza” en agosto pasado, sin duda que nuestros escolapios del futuro habrán de visitar obligatoriamente los rumbos de Santa Fe y ahí, en el predio El Encino, sus maestros recordarán que un día de septiembre, en el 2004, “Peje Man” inauguró una calle, deambuló por los alrededores y, a un paso de franquear la frontera entre la propiedad pública y el dominio privado, se detuvo para lanzar una sentencia inmortal:
—Hasta aquí nos quedamos. No vayan a decir que violamos el Estado de Derecho…
¿La escena y la máxima fueron concebidas por los estrategas de imagen de López Obrador, mientras imaginaban la estatua de rigor con todo y placa dedicada al “prócer de la patria e hidalgo tabasqueño”? ¿Fueron producto de lo que algunos rivales de Andrés Manuel admiran, su manejo del “timing” y su sentido de la oportunidad? Misterio. Lo cierto es que, cuando arreciaban las críticas al populismo del jefe de gobierno de la ciudad de México, éste en vez de emular a Julio César (“vayamos a donde nos llaman los prodigios de los dioses y la iniquidad de nuestros enemigos; la suerte está echada”) se sacó de la manga el pacificador “hasta aquí nos quedamos”.
Claro, sólo unos días después ya estaba calificando de “estado de chueco” al Estado de Derecho, de modo que, una de dos: (1) sus asesores de imagen además de sugerirle cómo vestirse y a qué estilista visitar se encargan de redactarle lo mismo “chistoretes” madrugadores que “historias de la ciudad”; o (2) “timing” y oportunidad tampoco resisten al embate del síndrome de la popularidad.
¿Qué es lo que sigue? ¿Qué le susurran al oído “peje grillo” y sus asesores? A la luz de los acontecimientos, algo así como enviar una iniciativa a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal que, inspirada en el Benemérito de las Américas, lleve a inscribir en el ayuntamiento, con letras de oro, el “proyecto alternativo” que acabará con la pobreza y sepultará al neoliberalismo: “El respeto a mi capricho es la paz”.
Nada que ver, pues, entre Manuel Mesiánico y Hugo Chávez. Es más, lo único en común entre uno y otro es un acento muy tropical porque, para ser sinceros, el venezolano es un simple aprendiz de brujo comparado con Mesiánico Manuel, cuyas auténticas fuentes de inspiración hay que buscarlas en la antigua Roma o, más para acá en el tiempo, en Luis Echeverría.
No en balde hay quienes bromean con la obsesión de “Peje Man” por los segundos pisos. Primero en el Periférico y el Viaducto. Luego, en los reclusorios de la ciudad de México. Por último, al proponer su “proyecto alternativo” que no es otra cosa que construirle un piso más al echeverrismo. El chiste, por lo demás, tiene sustento en la realidad. Si no, pregúntenle a quienes de tanto en tanto acuden a casa de “don Luis” cuál es el nombre de su candidato favorito para el 2006. ¡Cosas de la política! ¡En otros tiempos el beso “del diablo de San Jerónimo” era peor que la amenaza de desafuero!
En cuanto al viejo imperio, baste decir que a Julio César, ese sí víctima de un complot, le encantaba citar unos versos de “Las fenicias”, de Eurípides: “si hay que violar el derecho, debe hacerse para reinar; en los demás casos, practica la rectitud”. Vamos, un mariachi lambiscón le habría cantado: “con el fuero y sin el fuero, hago siempre lo que quiero, y mi palabra es la ley…”.