Si bien la mayoría de los medios han puesto el acento en los videoescándalos, algunos lectores como Mario Camacho y Adolfo Sánchez nos han escrito a propósito de la portada y las notas principales en el número 25 de nuestra revista.
Ellos señalan, correctamente, que si bien el espionaje telefónico es una práctica inveterada, resulta por demás importante que la misma no se produzca continuamente, la necesidad de evitar que las empresas privadas tengan un filón de oro en esta nefasta actividad y la importancia que el gobierno castigue a todos aquellos embarcados en husmear en la vida íntima de las personas.
Los dos lectores, además, piden que los reporteros de esta publicación puedan proporcionar los reglamentos y/o leyes existentes y cuáles serían, a juicio de los periodistas y analistas, los cambios necesarios para la protección de la ciudadanía.
Recordamos que hace algún tiempo, cuando investigamos el asesinato de Manuel Buendía, que este año cumple 20 de haberse cometido, un ex agente de la Dirección Federal de Seguridad que ayudó en el caso, Octavio González, nos recomendaba: “cuidado al hablar por teléfono, porque generalmente hay pájaros en el alambre”. Esto quería decir simple y llanamente que muchas de nuestras conversaciones podían ser grabadas lo mismo por el espionaje gubernamental que por otros grupos interesados.
Tiene razón, entonces, el abogado Javier Quijano al señalar enfáticamente: “parece que uno de los teléfonos corresponde a una de las oficinas de la Secretaría de Gobernación en las instalaciones de Molino del Rey, que está en la zona de Los Pinos”.
Aunque no se diga, el poder político tiene necesidad de estar enterado de todo lo que puede, ya que muchas de las acciones de sus rivales se realizan en secreto. Por lo tanto, tomar una determinación de calidad requiere contar con lo que se llama información privilegiada. Pero ello debe tener un límite, el cual es necesario establecerse para que no lleguemos a los excesos de Watergate, cuando el presidente Nixon mandó escuchar a sus rivales demócratas para poder responder a sus estrategias electorales.
Además, es necesario señalar que es correcto lo que anota Javier Moreno Valle respecto a la posibilidad de grabar con aparatos a control remoto. Hace más de 20 años, en una película que debe estar en un videoclub, la cual en español se llamaba La conversación, el actor Gene Hackman interpretaba a un fisgón que recogía en un vehículo las conversaciones de un edificio de enfrente, sin necesidad de intervenir teléfonos ni de poner micrófonos en las habitaciones. Hoy que la técnica se ha desarrollado ampliamente, es posible con una cámara instalada en un celular tomar fotos de sucesos lejanos y hasta poder obtener ciertas conversaciones que a uno le parezcan importantes.
Que el asunto es complicado y afecta a muchos, lo muestra el artículo de Claudia Villegas en ese mismo número de la revista, cuando plantea que en Televisa hay todo un sistema para que sus rivales no se enteren de las primicias que logran ni puedan obtener por adelantado las noticias exclusivas que darán a conocer. Seguramente por eso, cuando fue exhibido René Bejarano por Brozo, se le pidió que apagara su celular y se le aisló de su equipo de ayudantes, todo con el objeto de hacer algo sorpresivo y sin respuesta. ¡La guerra en todo su esplendor!
Como se verá, hay un juego interesante entre el audio, el video y la política que vale la pena seguir tratando y sobre todo, como dicen nuestros lectores, plantear cuál es la regulación y en qué sentido proponer los cambios que se necesitan.
Es necesario decir que el obtener grabaciones importantes es una tarea que ha desarrollado con éxito desde hace años nuestro director Miguel Badillo, el cual en la campaña de Vicente Fox dio a conocer algunas de ellas, por lo que malamente en una comida privada, quien era ya candidato electo pidió a Miguel que revelara sus fuentes, a lo que se opusieron más de quince periodistas que se encontraban presentes.
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