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Suicidio juvenil
Claudia Ruiz

Resumen
   
 
 
 

Especialistas alertan de que la cifra de suicidios de jóvenes aumenta peligrosamente sin que las instituciones de salud cuenten con un programa para atender este problema de salud pública.

En México los jóvenes mueren principalmente por conductas de alto riesgo y por suicidio, sin que haya un plan de salud institucional que contribuya a frenar el fenómeno. Después de los accidentes y los homicidios, el suicidio es la tercera causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años, revela el Consejo Nacional de Población (Conapo).

Los motivos que llevan al suicidio son múltiples: tienen que ver con las nulas oportunidades que el actual modelo económico y social ofrece a los jóvenes, frente a la desesperanza, desempleo, desintegración familiar y estrés.

Casa Alianza, organización no gubernamental, refiere que el suicidio es la segunda causa de muerte de jóvenes de entre 15 y 19 años, después de los accidentes automovilísticos. Estima que la mayoría de los tres mil 200 suicidios que ocurren anualmente, son jóvenes de entre 11 y 20 años.

Emilia Lucio Gómez-Maqueo y Quetzalcóatl Hernández Cervantes, investigadores de la Facultad de Psicología de la UNAM, señalan que los factores de riesgo suicida entre los jóvenes son el abuso de sustancias, socio-culturales, problemas de personalidad, así como eventos de la vida adversos o estresantes.

Pese a las deficiencias que hay en las fuentes de información sobre el fenómeno, y el insuficiente registro oficial, se identificó al grupo poblacional de 15 a 24 años, residente de zonas urbanas en México, como el de mayor riesgo suicida, incluso por encima de aquellos que tienen más de 60 años.
Tabasco edén del suicidio

El problema, pues, no sólo es en el Distrito Federal. Yucatán, Campeche, Tabasco y Jalisco son ciudades con mayor incidencia de suicidios a nivel nacional. En Tabasco los suicidios ocurren diez veces con más frecuencia que en Chiapas, cifra similar a la que registran Canadá y algunas naciones del Caribe.

Según datos de la Secretaría de Salud, en 1999 la tasa anual del suicidio en México era de 5.7 por ciento y en el grupo poblacional de 15 a 24 años ocupaba la cuarta causa de muerte. De no tomar medidas preventivas, para el 2020 los casos aumentarán en este sector de la población, advierte Quetzalcóatl Hernández.

Se considera que la tasa de mortalidad por suicidios en México está en un nivel intermedio en comparación con otros países; sin embargo, Gómez-Maqueo asegura que estos datos no deben tomarse como normales.

“No podemos esperar a que sea la segunda o primera causa de muerte sin que hagamos algo. Jamás será normal que un joven se suicide, además que las otras causas más importantes de muerte son los accidentes, que bien podrían ser suicidios disfrazados”.

El caso es delicado, señala, porque las estadísticas nos dicen que en diez años este suceso ha pasado de la octava a la cuarta causa de muerte, y seguirá creciendo en los próximos diez años.

En países como Australia y Nueva Zelanda la tasa de suicidio llega a 14 por ciento, más del doble que en México, pero en ninguna nación ocupa el primer sitio de mortalidad, manteniéndose entre las principales causas de muerte entre adolescentes del mundo.

Por eso, asegura Gómez Maqueo, urge intervenir. “En Australia ya se hace una detección anual en las escuelas de adolescentes en riesgo, mientras que aquí los datos se ocupan de forma amarillista”.

La Facultad de Psicología de la UNAM, es de las pocas instituciones que además de realizar investigaciones al respecto, ofrece tratamiento clínico a jóvenes con pensamiento suicida.

Sin embargo, la encargada de este programa, Gómez Maqueo, lamenta las pocas opciones que tienen el gobierno federal para prevenir este grave problema.

“Es muy difícil hacer algo porque no hay garantías para prevenir el suicidio, por eso algunos especialistas del Instituto Mexicano de Psiquiatría no quieren trabajar con quienes ya lo han intentado, porque es muy doloroso y se ve con horror”.

Asegura que en estos procesos tan delicados no se puede prevenir sin intervenir desde el punto de vista clínico, “hay que trabajar con quienes ya lo intentaron y observar el proceso que los llevó a tomar esa decisión, porque en México no sabemos nada sobre este proceso”.

Considera que la escuela es importante en la detección de jóvenes con tendencias suicidas o problemas psico-emocionales, pero lamenta que los profesores no tengan capacidad para identificar los estados depresivos de los jóvenes y alertar a sus familiares.

Además, denuncia que la Secretaría de Educación Pública (SEP) no tiene interés en atender esta situación. “La primera investigación que se hizo fue con apoyo de la SEP, no fue financiero, sino la anuencia de trabajar en las secundarias. Después hicimos propuestas, pero es muy difícil hacer un proyecto más completo debido a los trámites burocráticos de la institución”.

Se queja de falta de comprensión y apoyo federal para la investigación. “Sólo la UNAM es quien otorga apoyo económico y profesional para un servicio social que le corresponde hacer a las instituciones de gobierno”.

Jóvenes en riesgo

El 60 por ciento de los mexicanos tiene menos de 30 años. Lo anterior se traduce en un riesgo, debido a que son quienes resienten en mayor medida los problemas de la delincuencia, violencia, adicciones, desempleo, y el suicidio.

De acuerdo a estudios epidemiológicos, la tasa "normal" de jóvenes con algún tipo de problema psico-emocional debería ser de 7 y no del 20 por ciento, como sucede actualmente. “Estos problemas están aumentando en los adolescentes porque muchos de estos padecimientos se generan durante la infancia y se quedan sin atender”, señala Gómez Maqueo.

Dice que no hay datos epidemiológicos que hablen de los problemas de trastornos en adolescentes, ya que el IMP ha trabajado con niños y adultos, pero no con adolescentes.

En todo el país, a diferencia del Plan Nacional de Salud, sólo Tabasco tiene como objetivo en su plan de salud un punto específico para impulsar la investigación sobre factores de suicidio.

También el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJ) carece de un plan para prevenir el suicidio juvenil, y sólo se suma a lo que hace el IMP, la SEP o las instituciones religiosas.

Roberto García Salgado, subdirector de Equidad y Servicios a jóvenes del INJ, justifica que no se pueden resolver en la inmediatez los problemas, “estamos tratando de dar respuesta a las necesidades juveniles, de cubrir los vacíos que perciben a través de empresas, bolsa de trabajo, organizaciones y atención a la drogadicción”.

Atención temprana

Félix Higuera, director del Hospital de Psiquiatría Infantil Juan N. Navarro, advierte que el número de niños y jóvenes con tendencias suicidas aumentará mientras no se atiendan los problemas de conducta a temprana edad.

Actualmente tres de cada diez personas que ingresan a este hospital, se les identifica con problemas que conllevan riesgo suicida. Son niños de 12 a 18 años y excepcionalmente, algunos que no llegan a cumplir los diez años de edad.

“Los adolescentes pueden mostrar cambios en su estado mental, en sus emociones o comportamientos desde muy temprana edad, que no necesariamente pueden llevar al suicidio, pero sí hay padecimientos específicos en los que se ha identificado alto riesgo de conducta suicida como la depresión”, agrega.

Son pocos los médicos especializados en psiquiatría infantil. Se calcula que hay 300 médicos para 35 millones de niños en todo el país y se concentran en las grandes ciudades.
Por su cercanía con los niños, los padres y los maestros son las primeras personas que deben atender cualquier cambio en la actitud de los infantes y buscar atención profesional, dice el especialista:

Cualquier señal de cambio en el estado de ánimo que duré más de dos meses, debe ser atendido por especialistas, “pues los niños cambian la percepción de sí mismos y modifican su autoestima, lo que constituye un riesgo para pensar en quitarse la vida”.

La Secretaría de Salud ofrece servicios de psiquiatría infantil, pero carece de cobertura nacional, pues es un área nueva en México y son pocas las personas interesadas en estudiarla. “Nuestro hospital es el único en América Latina formador de recursos humanos en psicología y trabajo social psiquiátrica con niños y adolescentes”, dice Higuera.

 
 
 

 


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